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El patrimonio cultural, reto para la educación estética

Este texto se presentó en el I Foro Departamental de Patrimonio, realizado por la Secretaría de de Educación para la Cultura de Antioquia -Dirección de Fomento a la Cultura- y la Universidad Nacional, sede Medellín, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Tuvo lugar en la Plaza Mayor de Medellín, en septiembre del 2007.

La invitación a este foro que agradezco sinceramente, también significa un reto para mí, y es la oportunidad de intercambiar ideas con ustedes alrededor de temas que desde hace tiempo han suscitado mi interés y orientado mi trabajo. Es de trascendental importancia esta convocatoria que se inscribe en un proceso en que muchos de ustedes hicieron parte, como fue la elaboración del Plan Departamental de Cultura Antioquia en sus diversas voces 2006-2020, actualmente en camino de difusión y de ejecución.

En un principio fue la creación…

Quiero sentar un punto de partida: la creación como hecho inédito de la expresión cultural es el fundamento del patrimonio. Sin creación no hay patrimonio, pensado éste no sólo desde el punto de vista de su materialidad, en el caso del patrimonio tangible, especialmente, en relación con todo el patrimonio en sus diversas formas, como valor simbólico, lo que constituye en última instancia su esencia. Por eso quiero compartir con ustedes dos experiencias estéticas profundas que he tenido en estos días: la exposición de dos de los más destacados artistas plásticos de la región y del país, Luis Fernando Peláez y Hugo Zapata que se realiza en este momento en el Museo de Arte Moderno de Bogotá con los nombres de Cantos de la tierra, la de Zapata y Agosto, la de Peláez.

Dice al respecto Hugo Zapata:

Las obras que expongo son piezas que hacen parte de la idea recurrente de indagar, crear y recrear que desde siempre ha animado mi trabajo. Son piezas posibles gracias a la complicidad que tiene la naturaleza con el arte, un poco con mi alma, con el azar y la razón. Es también mi afán de extrovertir, de hablar con formas de mi visión del universo, el hombre, el Tiempo, la materia.

Luis Fernando Peláez expresa:

De vidrio y niebla era el recuerdo de la casa. El rastro de sus cales blancas se mezclaba con las herrumbres y todo era tiempo sumergido en la morada. Al sur. Allí penetraban las aguas y todo parecía volverse humedad, los tonos oscuros anunciaron la noche en que disueltos los azules, apareció una luz macilenta sobre los techos que luego dejaron caer sus despojos color malva. La casa se disolvía como el último y frágil trozo de la infancia, para volverse un objeto a la deriva, sin peso, sin sombra. Eran las lluvias de mis trece años; de aquellos días, de aquel puerto, regresan estas líneas fugaces…

Estas evocaciones poéticas de los dos artistas antioqueños para introducirnos en unas obras cargadas de huellas, de escrituras, que constituyen su espacio de inspiración, nos dan el tono para adentrarnos en su proceso de creación y en esa maravillosa transformación de la materia en obra de arte, privilegio de los creadores que le da nuevos sentidos al mundo y que amplía los horizontes de vida. El creador, como lo dice bellamente el escritor brasilero Machado De Assis «deja un poco el alma sobre la tierra». Es precisamente esto lo que se convierte en patrimonio cuando se vuelve en referente de un grupo social.

Aludo a esto para reiterar una cosa que parece simple de enunciar, pero que poco pensamos a fondo: la creación cuando se consolida como un valor simbólico que le dice algo a una sociedad, se convierte entonces en patrimonio-memoria. Pero ese patrimonio no es algo «fosilizado», estático, ese patrimonio se enriquece en la expresión de nuevos significados que le van dando los seres humanos en un proceso de re-creación y que va constituyendo un acumulado social que hace posible arraigos, sentidos de pertenencia, construcción de identidades, y esto es un reto para la educación de la sensibilidad.

La educación de la sensibilidad, un acto de re-creación

El proceso de formación de individuos y de grupos sociales cada vez más debe tener un horizonte: la educación de la sensibilidad. Ésta es ni más ni menos que la capacidad de asombro frente al mundo, la posibilidad de sentir la belleza y de darle cuerpo a la expresión creativa. Es la oportunidad de que en ese asombrarse y en ese sentir, podamos crear también nosotros y compartir y dialogar con el otro, sea éste el creador o el que contempla, o el que siente, o el que se conmueve. Recientemente se realizó en Medellín el Encuentro latinoamericano de educación artística. En una de las conferencias magistrales titulada Pensamiento artístico y estética de la experiencia -repercusiones en la educación artística y cultural, un asesor del Ministerio de Cultura afirmaba: «Hablar de experiencia estética o de lo estético como experiencia es -entonces- poner en juego el torbellino de facultades que se despliegan alrededor de los sensible». … «la experiencia estética también moviliza la razón, la emoción, pasión, sentimiento, el deseo y la imaginación propiciando una rica movilización en el sujeto entre lo sentido y pensado, lo percibido y lo imaginado, consciente e inconsciente, el deseo y su simbolización»… «el sentimiento no sólo revela la profundidad del objeto estético sino que, correlativamente, produce nuestra propia profundidad vital» (Gil, 1997: 3-4).

Muchas veces se ha circunscrito la educación estética a la educación artística, sin lugar a dudas una parte fundamental de esta educación. Pero no se reduce a ella, es mucho más. Es conmovernos con la expresión cultural en sus diversas formas, la cual incentiva la expresión de la creatividad en varios campos: el de las ciencias, el de las tecnologías.

El profesor Jorge Wagensberg, destacado físico director del Museo de la Ciencia de Barcelona, uno de los más importantes museos europeos de este tipo, quien visita actualmente la ciudad con ocasión de los actos de iniciación del Parque Explora, de una manera bellamente pedagógica nos decía que: el hacha de las primeros homínidos más que un objeto útil, fue un objeto bello. Luego el hombre se acerca al cómo se hacen las cosas, al cómo está constituida la realidad y entonces crea ciencia, también se pregunta el para qué es todo este proceso de creación y entonces lo transforma en tecnología. Se hace asimismo la pregunta más de fondo, el por qué, y hace filosofía. Hago referencia a esto que el profesor catalán nos explicaba de manera magistral en una bella puesta en escena de una obra titulada Qué piensa usted señor Einstein, de su autoría, pues nos hacía ver la dimensión de lo que es la expresión estética y por ende el significado de la educación en este campo.

Si la educación estética incentiva indiscutiblemente el proceso de creación es porque se debe orientar también a la significación del hecho creado y constituido como patrimonio. El campo que se le abre es inmenso. Si somos capaces de habitar creativamente nuestro entorno físico, social y cultural y tenemos ojos abiertos, oídos atentos, y el tacto dispuesto a sentir el alma de las cosas, estaremos dándole una dimensión más amplia y de mayor riqueza a nuestra existencia individual y colectiva.

Aquí está la necesidad de traducirla en proyectos político culturales y educativos que contemplen los diversos estadios de la educación formal, pero que no se limiten a ellos. La educación es un proceso de formación permanente: formación para vivir, para convivir, formación para habitar, para sentir, formación para transformar el entorno social. De ahí que el patrimonio, o en sentido más amplio, el bien cultural, significa una invitación permanente a su apropiación simbólica que no es más que la apropiación de sus diversos sentidos. Por eso todos podemos decir «todo lo bello nos pertenece»

«Todo lo bello me pertenece»nos repetía con emoción y profundidad ese amigo, maestro y escritor, nacido y arraigado en esta tierra nuestra, Manuel Mejía Vallejo. Precisamente con esta frase que era una de sus frases cotidianas, nos estaba mostrando esa posibilidad maravillosa del valor simbólico del patrimonio expresado en: textos escritos, en lenguajes orales, en obras de arte, en arquitecturas, en músicas, danzas, en creaciones audiovisuales. Asimismo en las maneras de estar juntos, de compartir el espacio común, ese espacio que nace del encuentro con el otro, de la conversación, de intercambiar vivencias, de expresar sensibilidades frente al mundo, que es precisamente lo que le da densidad a la existencia.

De la educación de la sensibilidad para el patrimonio y del ejercicio de la vida ciudadana

Compartir algo que nos pertenece a todos, pues representa valor simbólico para los grupos sociales, es ni más ni menos que transitar un camino para el ejercicio de la vida ciudadana.

Si algo verdaderamente importante nos está demostrando la reflexión filosófica y cultural contemporánea, es la estrecha relación entre lo ético, lo estético y lo político y ello indiscutiblemente se manifiesta en el ejercicio de vida ciudadana. En un texto que elaboramos para la Secretaría de Cultura Ciudadana del municipio de Medellín, sobre los Lineamientos políticos y filosóficos de la educación y cultura ciudadana y que fue coordinado por la Fundación Fhorum y la Escuela del Hábitat Popular de la Universidad Nacional – sede Medellín, Facultad de Arquitectura, consignábamos que:

En la pedagogía y formación ciudadana se presentan como variables para ser tendidas en cuenta, lo ético, lo estético y político como dimensiones constituyentes del ser humano en tanto ser social. Lo ético se presenta como compromiso de la persona con su identidad colectiva e individual frente a lo social, lo estético como sensibilidades que responden a contextos sociohistóricos y de potencialidad creativa individual, y lo político como participación en los asuntos de interés público en procura de un querer vivir juntos.

En esa dirección hay igualmente una reivindicación de la importancia de lo cotidiano. A partir de esa vivencia constante de un ciudadano nos podemos hacer preguntas como, qué significan las cosas, cómo son, para qué y del por qué de ellas y esto es ni más ni memos que el ejercicio de la sensibilidad que encuentra un campo propicio en los bienes patrimoniales.

Debe señalarse que el concepto de ciudadanía cada vez adquiere mayor peso en una propuesta de sociedad democrática. Tanto la reflexión desde la filosofía política, como el ejercicio de las prácticas sociales, nos muestran que la ciudadanía rebasa la acepción de derechos y deberes políticos. El ciudadano adquiere en el discurso democrático contemporáneo el carácter de sujeto individual y sujeto social, estéticamente dispuesto a sentir el mundo que lo rodea, éticamente comprometido con su destino individual pero también y de manera inexorable, con el destino colectivo, y políticamente actuante para preservar y respetar el deber y derecho sagrado de lo público en cuanto atañe a la vida colectiva.

En relación con lo anterior, es bueno recordar cómo en esas construcciones sociales y político culturales que representaron el Plan Nacional de Cultura 2001-2010, Hacia una ciudadanía democrática cultural y el Plan Departamental de Cultura 2006-2020 Antioquia en sus diversas voces, se afirma y reitera el concepto de ciudadanía cultural que se afinca en los hechos fundamentales de la cultura: la creación, y el patrimonio como creación consolidada, y las prácticas sociales que lo hacen posible: el diálogo y la participación. Para ello, tal como se reitera en Antioquia en sus diversas voces, debemos darle un énfasis a la formación que deberá trascender hacia una verdadera formación cultural así:

Las relaciones estrechas entre la cultura y la educación constituyen una posibilidad real de afianzar los sentidos construidos en las memorias, repensarlos de manera creativa y lúdica, para enriquecerlos y trasformarlos y generar espacios de actuación en los que se recreen los imaginarios y se construyan nuevas relaciones de convivencia.

Para ello tienen singular importancia: las memorias resignificadas. Las memorias se alejan de la remembranza nostálgica de un «pasado perdido» que nos obliga a «rescatarlo» y se ubican en las coordenadas de una construcción cultural permanente y dinámica de las identidades colectivas… (Antioquia en sus diversas voces, 2006:32)

Con las referencias al Plan Nacional de Cultura 2001-2010 y del Plan Departamental de Cultura sugiero que tengamos muy en cuenta en nuestros trabajos, que contamos con orientaciones político culturales e instrumentos de planeación que nos permiten que esa educación de la sensibilidad en relación con el patrimonio se convierta en hechos políticos culturales. Esto es un deber de nosotros como profesores, investigadores, creadores, gestores, vigías de patrimonio funcionarios públicos y trabajadores de la cultura en general. En el Plan de Antioquia, tenemos un camino grande por recorrer por su horizonte temporal hacia el 2020. En el Plan Nacional de Cultura, que ya entra en sus tres últimos años, tenemos la labor de afianzar los procesos que se han desarrollado o consolidado desde su formulación y un deber urgente, y es que, a partir de una evaluación, mirar las perspectivas parar trabajar en una reformulación y recontextulización pues estamos en un país y en unos momentos de la cultura tanto en el orden nacional como internacional, de unas dinámicas sociales y culturales vertiginosas. En el caso de Colombia existen especificidades además complejas por lo que significa el conflicto agudo que no sólo ha atentado contra el principal patrimonio del hombre, la vida, sino que también ha afectado el patrimonio simbólico de colombianos especialmente en las regiones que más directamente les ha tocado sufrir el conflicto, un caso dramático es el de los millones de desplazados. Pero lo maravilloso es que la fuerza moral y creatividad de muchos colombianos también les ha impulsado a expresar nuevas creaciones o a restaurar otras afectadas. Un acercamiento a la Antioquia profunda y también a nuestra ciudad de Medellín, nos hace constatar con admiración cómo en medio del conflicto, el valor de las comunidades y de muchos líderes por medio de la creación cultural y del reconocimiento y resignificación de sus patrimonios, crea todo un proyecto de convivencia y de ejercicio de democracia cultural que merece admiración, apoyo, respeto y difusión.

Para terminar, lo que he querido es, a partir de un recorrido que empieza en la creación que se consolida en el reconocimiento y apropiación simbólica de nuestros patrimonios y en la construcción de ciudadanía, esbozar de manera muy sencilla un panorama que es verdaderamente un reto para tener en cuenta en nuestra manera de vivir nuestras localidades, nuestras regiones y de vincularnos al país y así dialogar con el mundo. Y de ahí la importancia de certámenes como el que nos congrega.

En la medida en que estemos afirmando estos espacios, no tenemos porqué asustarnos con la perspectiva que nos presentan los tiempos contemporáneos al abocarnos a la cultura mundo. El patrimonio, como creación consolidada y con la posibilidad de que cada vez se le encuentren nuevos significados -y esto es labor de una educación estética- como se ha tratado de explicar, nos permite tener nuestro lugar en el mundo y a partir de ese lugar, enriquecernos con el horizonte cultural de los otros lugares que se nos muestran cada vez más en esta cultura mundializada, que todos los días está más al alcance del ciudadano común a través de los avances tecnológicos y que debemos impulsar como reto también en la educación estética.

Los maestros, los trabajadores culturales en general, los gestores, los vigías de patrimonio, los funcionarios de cultura, cada uno en su lugar de arraigo, debemos incentivar esa apropiación del patrimonio que es nuestro, para que lo disfrutemos en las enormes posibilidades de su valor simbólico. Es posibilidad de asumir el desafío del ejercicio de la ciudadanía cultural que nos permite reconocer las improntas de los otros y dejar a la vez las nuestras.

Un filósofo francés recientemente fallecido, que representó sin lugar a dudas una de las figuras más fuertes del pensamiento contemporáneo, Jacques Derrida, decía unas palabras de honda repercusión en medio de este caos de la contemporaneidad que a veces nos asusta y que nos ha acercado a abismos que amenazan, como pasa por ejemplo con las guerras contemporáneas, las nuestras que tanto nos golpean, y las externas que nos afectan también, que frecuentemente vemos a través de los medios de comunicación y que son prueba dolorosamente palpable de lo absurdo de la tragedia de la guerra. Las palabras de Derrida son profundas «hay supervivencia desde el momento en que hay huella». Esa huella es precisamente la creación del hombre, esa huella es el patrimonio cultural que él ha construido al escribir su historia sobre la tierra y que implica indudablemente, como el mismo filósofo lo dice, un significado enorme vital en la medida en que le da «mayor intensidad a la vida».

Pero no quiero finalizar sin hacer referencia a un concepto que el ilustre visitante ecuatoriano y participante que ha abierto este foro, el profesor Fernando Carrión, de la FLACSO, ha desarrollado y que pude incorporar al compartir con él en un certamen internacional sobre patrimonio convocado por la Universidad Javeriana, el Ministerio de Cultura y el Instituto Distrital de Cultura y Turismo en Bogotá. Me parece que en el contexto de este certamen es fundamental reiterarlo y es el de sujeto patrimonial «la definición de sujeto patrimonial implica que lo patrimonial existe en la medida en que uno o varios sujetos lo reconocen, apropian y protegen como tal». («Centro Histórico: relación social, globalización y mitos. Políticas y gestión para la sostenibilidad del patrimonio urbano». 2001: 34).

Creo que tiene gran fuerza este concepto del profesor Carrión, y que la posibilidad de consolidar sujetos patrimoniales está en la medida en que hay una educación estética. Pero repito: no es solamente la educación para la creación artística, es también la educación para el reconocimiento, la valoración, la apropiación, el goce y la difusión del patrimonio.

La Secretaría de Educación para la Cultura de Antioquia, y su Dirección de Fomento a la Cultura que convoca, el Ministerio de Cultura aquí presente, y la Universidad Nacional – sede de Medellín, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, mi universidad, que lo organiza, tienen por adelante un horizonte que necesita de su liderazgo fuerte. Vale la pena repetir que el país en medio de los grandes conflictos que ha vivido ha dado a la vez muestras enormes de supervivencia y de valor y práctica ciudadana en sus diversas regiones y en sus comunidades y líderes educativo culturales, que al apostarle a la cultura como esa forma de expresión de la dignidad humana, le están apostando sin duda, a una vida que debe vivirse intensamente, y vivir intensamente es poder convivir con el otro en diálogo, es decir ejercer la ciudadanía cultural. Vivir intensamente es ni más ni menos que crear, recrear y sentir el mundo, lo que se traduce en la preservación de esa huella que es memoria cultural, que es patrimonio. Una huella siempre es la posibilidad de recordar caminos recorridos y también de enrutarse por nuevos senderos para seguir construyendo una historia sobre este territorio, que más allá de lo físico, adquiere la riqueza que le da la expresión de su cultura.

Bibliografía

Catálogo de la exposición Hugo Zapata: Canto a la tierra y de Luis Frenando Peláez: Agosto. Museo de Arte Moderno de Bogotá, agosto – septiembre del 2007.

Carrión, Fernando. Centro histórico: relación social, globalización y mitos. En: Políticas y gestión para la sostenibilidad del patrimonio urbano. Bogotá: Centro Editorial Javeriana. 2001.

Gil Marín, Francisco Javier. Pensamiento artístico y estética de la experiencia… repercusiones en la formación artística y cultural. Conferencia magistral número 7. 2007. Pagina web Congreso de formación artística y cultural. Este congreso fue coordinado por la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia y la Secretaria de Educación para la Cultura – Dirección de Fomento a la Cultura, y recibió el apoyo de la Unesco, del Ministerio de cultura de Colombia y de la Asociación Latinoamericana de Facultades de Arte. 2007

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Edición No. 144