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Jueves, 08 Mayo 2008 19:00

Paolo Lugari: regreso a los presocráticos

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Paolo Lugari es, antes que todo, el símbolo generacional de formas de pensar en contravía de los paradigmas cartesianos. Por esta razón lógica, comenzó siendo un ejemplar humano exótico dentro de una cultura maniquea y dogmática, basada en el principio inmutable de que el total nunca puede ser superior a la suma aritmética de las partes.

Con ese enfoque ineludible, los miembros de nuestra generación parecíamos destinados a un proceso acumulativo de aprendizaje en saberes estériles y no relacionados. Pero, además, condenados a girar ineluctablemente en los mismos círculos viciosos en que se formaron las generaciones anteriores a la nuestra. Por el hecho de que pudiera haber algo bueno dentro de ese mundo conformista y de conocimientos fragmentados, se nos enseñó siempre, como diría Fritjof Capra, que acumular más de lo mismo era no solo la mejor sino la única opción para mantener las apariencias de crecimiento. Y todo ello, a pesar de que el único resultado fuera la ampliación creciente de la brecha entre ricos y pobres. En ese paradigma cerrado nunca pudo darse una minima distribución de los beneficios del desarrollo.

En algún momento de los años sesenta, -con su diagnóstico de que "un país es pobre porque es pobre"- fue talvez el Profesor Albert Hirshman quien quiso darnos la clave para romper el círculo vicioso a que nos tenía condenados nuestra cultura conformista. Desde un rincón perdido en la Orinoquia Colombiana, Paolo Lugarí dió la primera respuesta: "los únicos desiertos son los desiertos de imaginación. Gaviotas comienza a ser un oasis de imaginación". Un mensaje que parecía venir desde las raices mismas de quien como él, solo necesita regresar a la naturaleza para romper el mito de que el total no puede ser superior a la suma aritmética de factores. El sabe muy bien que en la interacción con la naturaleza - y especialmente con la Naturaleza tropical- las emergencias contribuyen a una totalidad que rebasa siempre ese dogma preestablecido en el modelo lineal reduccionista. Algo que hizo escribir al Profesor Richard Evans Schultes, el gran maestro de nuestra megabiodiversidad en el siglo XX : "Gaviotas es de los pocos lugares del mundo donde se piensa tropicalmente".

Hace dos mil quinientos años, Paolo Lugari habría ocupado sitial de honor en la galería de los sofistas y de los filósofos presocráticos que sentaron las bases para la ciencia avanzada de nuestra época. Y, por supuesto, habría causado el mismo escándalo, pero también la misma fascinación con que, Protágoras, o Tales de Mileto, o Pitágoras, o Anaxímenes, o Heráclito, o Empédocles, o Demócrito de Abdera, creyeron descubrir en la Naturaleza Cósmica el principio de todo. Redescubrir esas huellas marcadas hace 25 siglos, contribuyó a echar por tierra muchos de los paradigmas que por 400 años le otorgaron al pensamiento antropocéntrico el monopolio de la interpretación científica. Aquellos personajes excéntricos fueron unos convencidos de que la Naturaleza fue anterior al hombre y de que hay principios que lo enlazan todo y todo lo condicionan desde la totalidad del Universo. En esa búsqueda permanente, regresaron a las entrañas de la Naturaleza para identificar su materia prima básica en el agua, en el aire, en el fuego. En ese todo que fluye y se transforma. "Panta rei", decía Heráclito de Efeso, a quien empezaron llamando "el oscuro". Edgar Morin, una de las más lúcidas inteligencias de nuestra época, lo diría de manera mucho más clara: "la tierra es una totalidad física-biológica-antropológica, en la que la vida es una emergencia de la historia de la Tierra y el hombre es una emergencia de la vida terrestre"

Desde el Centro Las Gaviotas, Paolo Lugari navegó en las mismas aguas biocéntricas. Y en las esencias de la saga presocrática sembró su primer hito en las fuentes de energía renovable. Con idéntica inspiración, nos convocó a todos los de su generación alrededor del magistral enunciado de la filosofía sistémica por boca del Gran Demócrito de Abdera. Ese "todo está en todo", tendría otra hermosa versión en la "organicidad del todo" del siempre vigente Theillard de Chardin y sería bellamente complementada por el teólogo Thomas Berry: "todo está en todo y nada es completo sin todo lo demás". A partir de ese mismo universo exploratorio en que el azar y la incertidumbre todo lo envuelven, Paolo Lugari pudo hacer de Gaviotas -en sus propias palabras- "una suma de ocurrencias emergentes no lineales originadas en el caos. Un lugar donde puede incubar el azar y donde la interacción sinérgica remplaza la competencia".

Alan Weisman, un brillante periodista científico de los diarios New York Times y Los Angeles Times, recogió esta gran síntesis para escribir una reveladora obra - "Gaviotas, Una aldea para Reinventar el Mundo"- que llegó a ser en AMAZON uno de los libros más vendidos del año. Ese título reprodujo la primera exclamación del Nóbel García Mårquez cuando se encontró con Gaviotas: "Paolo, inventor del Mundo". Sirvió, además, de inspiración a Robin Lane para construir el dramatizado musical que denominó "ENTUSIASMO", de gran impacto en amplias audiencias de la sociedad norteamericana.

No por mera casualidad fue el Presidente Belisario Betancur quien durante su mandato convirtió en propósito obsesivo el estímulo a esa visión "para cambiar el mundo". Gracias a esa voluntad política, el aparato tecnoburocrático del Estado se replegó temporalmente para permitir la construcción de miles de soluciones de vivienda con energía solar térmica incorporada, así como de incontables molinos de viento de doble efecto que llevaron agua a los hogares más aislados de la Orinoquia bien drenada.

Fue también en esa época cuando, por invitación del Presidente Betancur, el Consejo Directivo del Club de Roma, presidido por el inolvidable Aurelio Peccei, llegó hasta el Centro Las Gaviotas, para realizar una jornada memorable. Al despedirse de Colombia, para morir muy poco tiempo después, este apóstol de la ecumenicidad en el siglo XX, dejó escrita su propia imagen de Gaviotas: "un paradigma de sostenibilidad para el mundo". Diez años después, Gunter Pauli, continuador y multiplicador, como Paolo Lugari, del evangelio perdurable del Club de Roma, habría de lanzar, desde la Universidad de Naciones Unidas en Tokio, la iniciativa ZERI, una de las respuestas con más significación global, pero también local, que han podido darse a los retos planteados por la Cumbre de Río.

Tampoco resultó gratuito que, en los años previos a la fundación del Centro Las Gaviotas, desde las páginas ideológicas de El Siglo, con la inspiración del inolvidable Bernardo Ramírez, de Belisario Betancur y de Alvaro Gómez-Hurtado, el país viviera un momento estelar en la aproximación a nuevas formas de pensamiento holístico. Los primeros avances en español de la obra gigantesca de Teillard de Chardin, comenzando por "El Fenómeno Humano", se dieron en esas páginas, mientras Paolo Lugari concebía a Gaviotas como una expresión de la hermosa figura creada por Theillard con su "espíritu de la tierra", o con "la tierra pensante" o con el equivalente de la "noosfera", como la sustancia inteligente que envuelve nuestro planeta Gaia. Desde entonces Gaviotas se convirtió en una especie de meteorito venido desde un Universo también pensante, que la civilización industrial quiso ignorar olímpicamente.

Paolo Lugari nos ha enseñado a vivir en contextos, no en textos aislados. A mantenernos en procesos y no detenidos en hechos fragmentados. Sus virtudes esenciales son su genio perceptivo, su autenticidad, su humildad socrática. Como Demócrito de Abdera, su contemporáneo espiritual, nos da la lección permanente de que "el verdadero sabio es el que no se aflige por lo que no tiene y se complace en lo que tiene". Desde su universo creativo, con potencial ilimitado para multiplicar lo que se tiene, Paolo Lugari nos da la clave para romper todos los círculos viciosos. Incluyendo - en primer lugar- el de nuestra pobreza. Pero también el de la recurrencia continua en nuestra propia miopía intelectual .

Roguemos a la Diosa GAIA para que le dé un sello de perennidad a las huellas que él ha marcado.

 

Fundación Santillana, Bogotá, 15 de agosto de 2007

 

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