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Domingo, 27 Febrero 2011 11:26

La bella proeza de Consuelo Triviño

por  Eduardo Pastrana-Rodríguez

Guillermo Cabrera Infante, recrea en su novela Tres Tristes Tigres, la escritura de varios maestros cubanos, entre ellos José Martí, José Lezama Lima y Alejo Carpentier, con una destreza que sorprende. El versátil novelista, los imagina dando cuenta de la muerte de León Trotsky, asesinado en México en 1940. Recrear el estilo particularísimo de los tres grandes de las letras cubanas, es tarea difícil y quien la emprende, corre el riesgo de fracasar ante los ojos de la crítica, que en tales casos, suele ser implacable. Pero Cabrera Infante sale invicto al enfrentarse a semejante osadía. Porque no se trata de imitar, sino de apropiarse de las entonaciones lingüísticas y de los secretos definitorios de los estilos, de quienes crearon un lenguaje único con sus profundas y personales improntas.

Estas nociones acudieron a nosotros en el discurrir de la lectura que le hicimos a La Semilla de la Ira, la estupenda novela de Consuelo Triviño Anzola. No dudamos en afirmar que estamos ante una bella proeza literaria. A través de ella, la autora demuestra que se preparó larga y conscientemente. No de otra manera hubiera escalado la cima que se fijó como exigente meta. Su novela es la historia viva de José María Vargas Vila, el escritor colombiano que siempre ocupará un lugar destacado en las letras del continente americano.

Vargas Vila es un personaje novelesco, si los hay. Complejo y envuelto en matices, que se multiplican en proporción a los esfuerzos realizados por el investigador que decida conocerlo más allá de la leyenda. Es tan complejo y esquivo a la crítica, que los evaluadores de su obra, por lo regular optan por el fácil expediente de considerarlo escritor almibarado que no produjo una obra literaria digna de mención. Otros creen que el autor de Los Césares de la Decadencia, no fue mas que un panfletario que nada nos dice en estos tiempos de la posmodernidad y la globalización. Por estas y otras razones la novela de Consuelo Triviño, es un desafiante mentís a los facilismos de las narrativas al uso, divorciadas del trabajo investigativo que define la estatura del escritor.

Consuelo Triviño es consagrada indagadora de los universos de la palabra, por su formación académica y por los textos producidos en la Universidad Nacional de Colombia y en la Complutense de Madrid. Su pasión por permanecer en contacto con José Martí y José María Vargas Vila, a quien conoce al dedillo, le permitió el vuelo seguro a las cumbres de los parajes desconcertantes. La maestría de Cabrera Infante, sosteniendo el ritmo hacedor de los paradigmas de las letras cubanas, es admirable. Empero los textos son cortos a manera de crónicas que entregan la noticia del magnicidio de Trotsky. Conformando apenas un capitulo del abigarrado experimento novelístico de Tres Tristes Tigres. Consuelo en cambio, es la reencarnación del furente Vargas Vila, a lo largo de 278 páginas de una novela visceral. Bella proeza esta, que recupera de la invectiva a uno de los escritores americanos que más han contribuido a liberar los espíritus de miedos y supersticiones.

De Vargas Vila se puede afirmar lo dicho por José Carlos Mariátegui, apropósito de Manuel González Prada con sus arremetidas contra el Clero y las oligarquías ultramontanas del Perú, abrió el camino luminoso a los iconoclastas que aprendieron a encontrarse con la verdad, hasta llegar a las lecturas de los textos marxistas. Con José Martí, Rubén Darío, José Asunción Silva y otros transformadores, Vargas Vila es libertador y genitor de la moderna lengua castellana.

Se ha dicho, no sin razón, que los escritores modernistas, constituyen el segundo movimiento generacional, en importancia y repercusiones, después de los hombres y mujeres que llevaron a cabo las luchas de la Independencia, frente al colonialismo hispano. Los modernistas, lo revolucionaron todo: el idioma, la prosa, la poesía, el periodismo, la oratoria. En las repúblicas del continente y en las islas de las Antillas hubo modernistas que estuvieron vinculados a procesos de creación y de rupturas. En algunos casos, como ocurrió con José Martí, fueron combatientes de Patria o Muerte, que entregaron sus vidas en luchas sin cuartel.

En estas notas de alborozo por la novela de Consuelo Triviño, deseo referirme a las causas históricas y políticas que hicieron posible a José María Vargas Vila en el mundo americano de la literatura y de la ira. Sin olvidar las cualidades artísticas de la autora, que hacen del lector atrapado por su novela, el admirador sin reservas de Vargas Vila, vigente y necesario. Nos acercamos a la época de frustraciones y derrotas que se siente en la narrativa Vargasviliana. La época en que comenzó para las repúblicas latinoamericanas el retardo histórico que no termina aún.

En Colombia durante el siglo XIX, los intentos revolucionarios del liberalismo radical, por modernizar la sociedad y colocarla a las alturas de las naciones desarrolladas, fracasaron estruendosamente. El último de estos intentos fallidos, fue la llamada "Guerra de los Mil Días", que significó un trágico epílogo para las transformaciones burguesas de los liberales progresistas. En el intenso y prolongado monólogo interior que Consuelo Triviño le construye a Vargas Vila se refiere en varias ocasiones a su participación en la Guerra Civil de 1885, liderada por Ricardo Gaitán Obeso, contra la Regeneración. El fracaso fue estruendoso, inaugurándose una retardada época de represión y oscurantismo. Las libertades políticas garantizadas por la Constitución Radical de 1863, fueron suprimidas y perseguidos sus autores. La prolongada. hegemonía conservadora, otorgó poderes y privilegios a los gamonales, al Clero católico que ejerció a sus anchas la ideología del Régimen.. El colapso de la revolución en los campos de batalla, determinó el surgimiento de la Literatura vindicativa, que halló en el protagonista de La Semilla de la Ira, a su más genuino exponente. La Revolución Liberal fue aplastada en las repúblicas latinoamericanas, lo que explica la proliferación de panfletarios en la extensa geografía del continente. Verdaderos activistas de la palabra vengadora que constituyeron una red interna de insumisos. Entre ellos existió una comunicación constante y la unidad de quienes profesaban y compartían ideas comunes.

Escuchemos al mismo Vargas Vila, en el tramo final de su vida, haciendo memoria de aquellos tiempos: “Hoy más que nunca cobra sentido la lucha internacionalista que tuvo en José Martí a su máximo líder. Entonces en cada país, parecía brotar la semilla del liberalismo altruista; en el Ecuador se escuchaba el verbo lacerante de aquel cóndor que sobrevolaba los Andes, Eloy Alfaro; el espíritu más grande que ha producido nuestra raza indígena; moría asesinado por los traidores, el héroe que habría podido redimir la patria. Juan de Dios Uribe; en Venezuela se enfrentaba a los déspotas, esa alma generosa que fue Joaquín Crespo; en el Perú, Pierola; y en Chile, Francisco Vilvao, se batía contra las tinieblas. Época hermosa y heroica, que nos correspondió vivir en el destierro en donde el único alimento que nutría nuestro espíritu, era la esperanza de la libertad". (La Semilla de la Ira, pág 230).

Desde los lejanos tiempos de los profetas bíblicos, ha existido el panfleto vindicativo. No obstante en América Latina, este género comprometido con las, mejores causas, ha logrado una identidad propia. Hoy encontramos en Colombia y demás países latinoamericanos la estructura y las sonoridades del panfleto encendido que combate. Entre otras cosas, porque los motivos que desatan la cólera en la escritura, permanecen incólumes.

¿A qué se debe el éxito literario de Vargas Vila, ayer y hoy? Empecemos por el magnetismo de su prosa. Digamos que este colombiano de cultura universal, fue un autodidacta abierto de par en par a todas las corrientes estéticas y filosóficas de todas las épocas, en especial el Romanticismo, al que puso su personal acento. Con todas ellas nutre su arsenal, construyéndose un barroquismo de sonoridades coruscantes. Su lenguaje es forestal, no común al lector corriente, que es seducido por la música y los golpes de tralla de su ira. Entre las vanguardias que brotarom en la “Belle Èpoque", el genial novelista colombiano elogió con admiración la obra de Gabriele D'Annunzio, sin lugar a dudas, por la firmeza combativa de su creación estética. Otras osadías estilísticas, le parecieron proclives al facilismo y a lo efímero. Fueron los clásicos de la literatura, la filosofía y el pensamiento político, los actores que lo acompañaron siempre. La perennidad de sus libros, independientemente del género que desarrollen, se explica por su consagración al cultivo de una escritura que no le hace concesiones a la mediocridad.

¿Qué habría sido de su obra literaria, si hubiese optado por la neutralidad en política? En las memorias que reconstruye Consuelo Triviño en su novela, escrita con especial afecto, "el Divino" afirma que de no haber sido por su militancia contra pillos, corruptos y tiranuelos, su producción literaria habría alcanzado cimas superiores. No lo creemos. Lo que genera la fuerza y la belleza en la prosa Vargas-viliana, es su ira. Las novelas, ensayos históricos, filosóficos y políticos, del escritor de Los Divinos y los Humanos, son verdaderos semilleros de la palabra furente y de la creación estética. Sin la ira y sin la radicalidad política, por encumbrada que hubiese sido la elaboración de su escritura, las resonancias del eximio panfletario no serían tan actuales.

Vargas Vila, saludó la Revolución de Octubre, como un suceso que inquietaba en el horizonte de la historia. Su culto a la Libertad heredado de los románticos al estilo de Víctor Hugo, tal vez no le permitió ver que la verdadera libertad es la que se asume con todos sus riesgos desde las carencias materiales y espirituales del hombre.

De cara a la muerte en Barcelona, Vargas Vila pudo sentir la presencia de la República española que se erguía triunfante, de acuerdo con los cánones de la Democracia burguesa. La hermosa utopía del pueblo de Don Quijote y Francisco de Goya, fue brutalmente violentada por el fascismo. Si ya no estaba en las trincheras de las ideas, que dijera Martí, otros indignados creadores de la palabra y de la acción, como Pablo Neruda, alzarían la tralla de la vindicta. España en el Corazón, contiene los poemas dictados por Némesis, que Vargas Vila habría leído y recitado con alborozo.

Recordemos que en un célebre homenaje que Miguel Otero Silva y otros eximios escritores venezolanos rindieron a Vargas Vila, Neruda oficio de oferente. Ante la sorpresa de todos, el colosal poeta de Canto General, se limitó a proclamarse hijo de Vargas Vila y a leer el índice de Rosas de la Tarde.

El largo y sostenido monólogo interior, La semilla de la Ira, está construido por fragmentos interrumpidos por puntos suspensivos, que remiten a reminiscencias y épocas que acuden a la memoria del personaje redivivo. No se le escapa nada a Consuelo Triviño, que con su novela recrea de cuerpo entero las pequeñeces y grandezas de su alma, al José María Vargas Vila a quien las generaciones de hoy deben conocer y leer, con actitud indagadora y apremiante.

Recibamos con atención este mensaje del infatigable combatiente: "Próximo a emprender el vuelo, lamento que la irracionalidad siga triunfando sobre la verdad y la razón; y advierto que no habrá justicia en Colombia mientras se siga impartiendo el castigo a las víctimas y se deje en libertad a los verdugos, a los criminales, a los asesinos; esta infamia partió en dos la historia de mi patria y mi vida..."

Si hacemos abstracción de las memorias del personaje que Consuelo Triviño nos presenta en su estupenda novela, este fragmento de las páginas 269 y 270, contiene el tono y la denuncia de los contestatarios de hoy, hastiados con la impunidad que ha hecho metástasis en la sociedad colombiana. Durante la época de José María Vargas Vila, debido al liberalismo radical que sacudió al continente, era posible que en todas las repúblicas hubiesen escritores que confrontaran a las oligarquías criollas, al clero católico, su aliado, y al imperialismo del Norte. Ser escritor modernista y plegarse a los poderes del oscurantismo, era pertenecer a los plumíferos paniaguados, vende-patrias y entecos. Claro que Vargas Vila, estuvo entre los primeros gonfaloneros de la lucha que no da ni pide cuartel.

Hoy en cambio los intelectuales arriesgan muy poco. Aunque se producen algunos de vez en cuando, que merecen toda la admiración y el respeto. La Semilla de la Ira, la bella proeza de Consuelo Triviño, llega en momentos en que el papel del intelectual en América Latina, no puede desligarse de las violentas realidades que nos definen ante el mundo.

El esfuerzo de Consuelo Triviño indagando hasta el fondo de los archivos y de los libros del temible Vargas Vita, es ejemplo de innovación literaria, emprendida con especial afecto por el personaje de su novela y con la convicción de producir una obra reveladora, necesaria en esta hora de indecisiones.

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