Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
cer @ revistaaleph.com.co

Viernes, 02 Diciembre 2011 14:09

Dios y su amable hereje

por  David Deferrari

Bruma de oro, el Occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra

Un hombre engendra a Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el rio

una hoja en el agua que declina.
No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada;
desde su enfermedad, desde su nada,
sigue erigiendo a Dios con la palabra.

El más pródigo amor le fue otorgado,
El amor que no espera ser amado.

Jorge Luis Borges


En la segunda mitad del siglo XVII un temblor mesiánico conmovió a los judíos de la Europa cristiana y el Imperio Otomano. Nada, desde la consagración del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano y de los feudos y reinos que lo sucedieron sacudió tan radicalmente al judaísmo de la Diáspora. Ni las periódicas expulsiones, ni las matanzas de la primera Cruzada en el valle del Rin, ni el traumático exilio de España y Portugal golpearon de igual manera a las comunidades hebreas. En 1665, Sabbatai Zeví de Esmirna, un estudioso de la Ley y de la Cábala, alentado por el Rabí Nathan de Gaza, se anunció como el Mesías que había de acabar con el destierro y devolver al pueblo de Israel a su patria ancestral. Como fuego en paja seca, su mensaje se extendió desde Polonia hasta Egipto y sedujo a las muchedumbres en los guetos de Roma, de Francfort y de Praga y de las aldeas de Ucrania. Poco tiempo duró este arrebato. Pasado un año, conminado por el Sultán quien lo amenazó con el suplicio, Sabbatai Zeví se convertía al Islam.


Lápida en la tumba de Baruch Spinoza


Como el ansia de creer con fe entera en algo o en Alguien es inevitable en los humanos, la conversión de Sabbatai Zví fue interpretada como un acto previsto y calculado: su apostasía equivalía al descenso del Mesías al Averno hebreo, el señorío de las Fuerzas del Mal (klipot), cuyo poder se manifiesta particularmente entre los Gentiles, para rescatar las chispas divinas de santidad y bienaventuranza (nitzotzot) que se dispersaron cuando el pecado original de Adán. Hasta que se recuperaran esas chispas de divinidad el proceso de Redención quedaría incompleto y correspondía, pues, al Mesías hacerlo perfecto. Muchos de los seguidores de Sabbatai Zvi se convirtieron también al Islam y con el nombre de Dönméh perduraron hasta el siglo XX en pequeños grupos herméticos.

Otra herejía contemporánea, no restringida a los judíos, tomaba cuerpo en los Países Bajos en términos más duraderos y universales. El responsable: Baruj o Benedictus Spinoza, hebreo de Ámsterdam excomulgado a los 23 años por la comunidad sefardí por sus ideas audaces y heterodoxas que se negó a callar. Discípulo brillante de la sinagoga, versado en la Ley y en su interpretación, puso en tela de juicio dogmas inapelables. Su Tratado Teológico-Político (1670) y Ética demostrada según el orden geométrico (1677) no sólo amenazaban la doctrina revelada por Dios a Moisés en el Sinaí, sino que socavaban los fundamentos de todas las religiones establecidas. El anatema de la Sinagoga valió también para iglesias y gobiernos cristianos. Debió trascurrir un siglo y medio de censura, condena y silencio antes de que filósofos y científicos rescataran y difundieran a este excomulgado del Establishment de los doctos.

Muchos han escrito y reflexionado sobre Spinoza y dedicado incluso una vida entera a inquirir su pensamiento. En los párrafos que siguen sólo hemos procurado esbozar de qué modo este lejano amigo nos ha auxiliado a entender afectos, acciones y pasiones, a develar nuestra medida de libertad y de servidumbre. Cómo su pulcra prosa, "sin metáfora ni mito" a decir de Borges, y su trazado perfecto del horizonte humano limitado por el tiempo y el espacio han ser servido para acabar con sombras y telarañas.

La metafísica de Dios

Dios, palabra inmensa, creación humana, ancla a la que se aferra la nave sin capitán. Y en el inicio de su Ética, este nuevo capitán del alma leva el ancla, coge con firmeza el gobernalle y exhorta con entereza sencilla: "Adelante. Dios está en las velas que hinchen brisas y tempestades, no solamente en el limo de los fondos de este mar, que es la vida que te queda. Aprende a surcarlo. Hasta ahora Dios ha sido para ti el Ser Supremo, Hacedor del universo, demiurgo creador del cielo y de la tierra, pero siempre más allá y apartado de sus creaciones. Desde ahora Dios es ese universo. Todas las cosas que el cielo y la tierra contienen, desde los astros hasta las amebas, son en Él y han sido predeterminadas por Él, Sustancia de atributos infinitos, Esencia cuya eternidad resulta inexpresable en nuestro lenguaje limitado; Dios es un No-tiempo, un Siendo que fue, es y será." Un mensaje audaz que requiere la revisión descarnada y sin anestesia del concepto tradicional de Dios,
" (que los hombres) dicen ha hecho todas las cosas con vistas al hombre, y ha creado al hombre para que le rinda culto"1/.

No; el hombre no es sino una cosa más en el conjunto diverso y cambiante de la Naturaleza, y no un ente creado a imagen y semejanza de Dios. Y tampoco le cabe al humano afirmar que, a diferencia de los demás entes animados, es libre para decidir sus acciones y que en función de su libertad escoge qué es bueno, qué es malo:

"los hombres se imaginan ser libres, puesto que son conscientes de sus voliciones y de su apetito y ni soñando piensan en las causas que les disponen a apetecer y querer, porque las ignoran" 2/.

Tres siglos más tarde, Sigmund Freud, otro herético de porte similar a Spinoza, hará de estas palabras elfundamento de su filosofía psicoanalítica, si bien sugirió que podemos traer –trabajosamente- a la conciencia esas causas si asociamos y soñamos.

Con este giro copernicano de su pensamiento Spinoza abre el portal de la ciencia moderna, que no se conforma con dar por sentado lo ya conocido, ni entra en contorsiones para ajustarse a dogmas, sino que se basa en la observación y en la experimentación:

"... deja de llamar misterios a errores absurdos, y no confundas torpemente lo que desconocemos, o lo que aún no hemos aclarado, con aquello cuyo absurdo ha sido demostrado"3/ (carta de Spinoza a un joven católico).

Son los apetitos y deseos de los hombres, no el supuesto libre albedrío, la causa de sus acciones. Para Spinoza "bueno" resulta sinónimo de "útil" y "malo" de "inútil". Para un león hambriento, el que me coma será muy "bueno" para él y muy, muy "malo" para mí. La diferencia reside en que el león no teologiza a su víctima; simplemente la digiere, mientras que al hombre, después de comer, se le ocurre pensar que los peces del mar, las aves y los rumiantes han sido creados por los dioses, quienes

"enderezan todas las cosas a la humana utilidad, con el fin de atraer a los hombres y ser tenidos por ellos en el más alto honor; de donde resulta que todos, según su propia índole, hayan excogitado diversos modos de dar culto a Dios, con el fin de que Dios los amara más que a los otros, y dirigiese la naturaleza entera en provecho de su ciego deseo e insaciable avaricia" 4/.

De ese pensar que Dios avala el apoderamiento de lo que "me es útil" nace el desprecio del mercantilismo por la naturaleza, que resulta instrumento de su codicia: el culto de Mammon. Y si la naturaleza, que según el pensamiento tradicional ha sido creada por Dios para mi servicio, destruye o agosta lo que el hombre ha construido o sembrado con sus tempestades y terremotos y sequías, ¿qué debemos suponer? ¿Qué Dios delira? ¿O que cuando castiga por igual a justos y pecadores es por infracciones del culto? Spinoza desecha a ese Dios personal que se manifiesta en el terror ancestral ante la majestad del trueno, ídolo antropomórfico, arbitrario, cruel o compasivo, imaginado y reproducido en tallas, pinturas o combinaciones de números y letras. Al hacerlo, ¡que herida asesta al humano narcisismo! ... Dios ya no se nos asemeja ...

¿Qué queda entonces? Queda la pulcritud diáfana de los cristales que el filósofo pulía, un Dios de existencia atemporal, abstracta e impersonal, substancia o esencia de todo y sobre lo que todo se afirma y fundamenta, "que es en sí y se concibe por sí" 5/ y en cuyos atributos y modos procuramos adentrarnos, en lo que nuestro humano entendimiento nos permita percibir de esa existencia. Si se quiere, una metafísica de Dios.

El rescate de la fe

Pero no acudimos a Dios por razones metafísicas. Lo necesitamos para expresar nuestras emociones, como palabra invocable cuando nos atenaza el dolor o nos inunda la alegría. Spinoza no lo ignora; sabe que la mayoría de los hombres ignora su verdadera naturaleza, desconoce las causas que la impulsan a actuar o a abstenerse de actuar y no tiene noticia del origen de sus apetitos y pasiones. Los humanos vivimos sumidos en situaciones complejas y apremiantes, prisioneros del temor y rehenes de la esperanza. Caemos en la superstición, que en vocabulario spinoziano equivale casi a religión organizada, que Spinoza ataca sin piedad y a la que, paradójicamente, puede decirse que rescata al espumar las impurezas del culto exterior "que es más adulación que homenaje a Dios"6/. Y así Spinoza separa la filosofía de la teología poniendo como regla de la primera a la razón y de la segunda a la fe, y afirmando que ambas son formas de pensar independientes entre las cuales no pueden haber ni sometimiento ni subordinación.

Respecto de la práctica de la religión, argumenta que

"... el Verbo de Dios no ha revelado un cierto número de libros, sino únicamente esta idea sencillísima en que se resuelven todas las divinas inspiraciones de los profetas: que hay que obedecer a Dios con puro corazón, es decir, practicando la caridad y la justicia (y que) ... debe dejarse el juicio individual en libertad completa, y que entienda cada uno la religión como le plazca y que no juzgue de la piedad o de la impiedad de los demás sino por sus obras" 7/.

Bien versado en las Escrituras y en la lengua hebrea por su formación temprana con el rabino Saúl Levi Morteira, quien dirigía la yeshivá (academia bíblica y talmúdica) Keter Torá de Ámsterdam, Spinoza examina el Tanaj (la Biblia Hebrea o Antiguo Testamento) y también el Evangelio y las Epístolas. Emprende su labor con una actitud objetiva hasta entonces desconocida, ya que analiza los aspectos filológicos, es decir, el lenguaje y la cultura literaria que inspiraron los textos sagrados, rastrea autores y fuentes, examina contradicciones textuales y épocas históricas y discrimina, respecto del Tanaj, qué textos constituyen revelaciones proféticas que tocan a todos los humanos en cuanto a la práctica de la vida y de la virtud y cuáes reflejan solamente el derecho particular de la nación hebrea.

La profecía es tema central del examen spinoziano de la religión. El profeta (nabí en hebreo) es quien merced a una imaginación particularmente sensible comunica a los hombres la verdad revelada por Dios. A veces, el profeta recibe el nombre de ro'eh o hozeh (vidente). En estos términos serán profetas no sólo los señalados en el canon bíblico, sino Abraham y Moisés. San Juan Bautista y Jesús. Antes de los patriarcas pueden considerarse profetas a Enoch y a Noé y después de Jesús a Juan de Patmos, a quien suele identificarse con San Juan Evangelista. La profecía no es cualidad exclusiva del varón; Miriam, la hermana de Moisés, y Débora fueron profetisas.

Para Spinoza, profecía "es el conocimiento cierto de una cosa revelada a los hombres por Dios"8/ el conocimiento profético es como un resumen sustancial

"...de la naturaleza de Dios en tanto que de ella participa la nuestra ... sólo difiere del conocimiento que todos llaman divino, en que este último excede los límites que a aquél le contienen ." 9/.

Porque, si conforme al razonamiento de Spinoza,

"todo lo que concebimos clara y distintamente es la idea de Dios (y) la Naturaleza es quien nos lo revela y dicta ..."10/,

nada obsta para que Dios/Naturaleza se valga de medios como la profecía para trasmitir a los hombres las cosas superiores al conocimiento natural. Para hacerlo los profetas han acudido a palabras, figuras e imágenes que responden a la circunstancia de cada uno de ellos, ya que

"para profetizar no era necesario tener un espíritu más perfecto que el de los hombres sino una imaginación más viva" 11 /

Aquello que agudiza la imaginación del profeta e inspira su mensaje se denomina Rúaj Elohim (el espíritu de Dios, según la traducción más popular). Pero Spinoza, hábil hebraísta, indica y precisa con citas del Tanaj que esta palabra clave tiene más de un significado: puede ser soplo, respiración, ánimo y expresión de las pasiones, valor y fuerza, aptitud y virtud, intención, voluntad, designio, apetito, movimiento anímico y por último el alma o la inteligencia del hombre que coincidía con el espíritu de Dios hasta al caída de Adán,: "Mi espíritu no permanecerá para siempre en los mortales, porque de carne son..." 12/. El filósofo sugiere que la profecía es el reencuentro mediante la revelación de la inteligencia del hombre con el espíritu de Dios, por conducto de la imaginación del profeta. ¿A qué ley o leyes naturales responde el fenómeno de la revelación? Con toda honestidad manifiesta Spinoza: "confieso que lo ignoro" 13/ y agrega

"que cuando se tropieza con una persona que posee otros medios de percepción que los nuestros y otro modo de conocimiento, es necesario decir entonces que esa persona está por encima de los límites impuestos a la naturaleza humana." 14/

De haber sobrevivido algún profeta y conocido nuestro lejano amigo los avances de la neurobiología, tal vez especularía que las sinapsis del nabí transmiten de una a otra neurona profética mensajes bloqueados para la mayoría de los humanos ... Jugoso en este sentido es su comentario acerca de distintas formas de intelecto:

"Los hombres de gran imaginación son los menos adecuados para las funciones del entendimiento puro; y recíprocamente los que gozan de brillante inteligencia tienen un poder imaginativo más templado, más dueño de sí mismo y cuidan de sujetarlo para que no se mezcle en las operaciones intelectuales." 15/ ... Ay del profeta que "demuestre" o del científico que "profetice" ...

Sin perjuicio de la validez del mensaje, es conforme a la personalidad, la inteligencia y a las opiniones de los profetas que se manifiestan sus revelaciones. Amós, un pastor humilde, vitupera en términos pintorescos a las mujeres ricas de Samaria por sus excesos: "Escuchad, vacas de Bashan en el Monte de Samaria, que oprimís al pobre y humilláis al necesitado" 16/. En tanto que Isaías, culto y cortesano, emplea un lenguaje más elegante: "...Porque las hijas de Sion obran con soberbia y caminan irguiendo el cuello y lanzando miradas licenciosas mientras con paso menudo hacen tintinear los cascabeles en sus pies ..." 16/

Otro dogma que Spinoza cuestiona es que el don de la profecía y el conocimiento de Dios está reservado a sus antiguos correligionarios, y se los enrostra en términos indirectos pero nada amables:

"la verdadera felicidad, la beatitud consiste solamente en el goce del bien y no en la gloria que un hombre goza con exclusión de los demás. Si alguno se juzga más feliz por disfrutar ventajas de que otros se consideran privados, por ser favorito de la fortuna, ése ignora la verdadera felicidad, la beatitud, y si su alegría no es pueril, sólo puede proceder de envidia y mal corazón" 17/

Porque en el orden de la Naturaleza, es decir, del gobierno de Dios, no es el hombre quien

"pueda adoptar género de vida ni hacer cosa alguna en general, sino por vocación particular de Dios que le escogió con tal objeto excluyendo a todos los demás." 18/

Conocer las cosas por sus causas primeras y gobernar nuestras pasiones para actuar virtuosamente son cualidades propias de la naturaleza humana y no exclusivas de una nación. Por eso Job, un hitita, era considerado "hombre intachable y probo, temeroso de Dios y alejado del mal" 19/ o, como dice Pablo en su Epístola de Pablo a los Romanos
"si el circunciso infringe la ley, la circuncisión se borrará para él; y el incircunciso guarda sus preceptos, será como si fuera circuncidado." 20/.

En síntesis, que en materia de inteligencia y de virtud, todos los hombres son iguales. También Balam, convocado para maldecir a Israel, se negó a hacerlo y fue profeta cuando afirmó que era

"... La voz del que oye la palabra de Dios, que conoce la ciencia del Altísimo, que ve cara a cara al Omnipotente, y que se postra en tierra, pero con los ojos abiertos. Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh. Israel ..." 21/.

Cómo mantener la seguridad y la salud de cada grupo humano, en cambio, no depende de lo que no es inmanente a los hombres sino, en cada caso, de circunstancias externas. Éstas determinarán el tipo de sociedad más adecuado para cada grupo y en este sentido la confederación de tribus hebreas que recibieron de Moisés su código jurídico no se distingue sustantivamente de otros pueblos que para su supervivencia adoptaron otras normas.

¿Y qué de los milagros?,¿son hechos cuyas causas ignoramos o una interrupción del orden natural?. Spinoza es tajante:

"El vulgo llama milagros a los fenómenos extraordinarios de la Naturaleza." 22/;

y agrega que

"los antiguos miraban como milagro a todo lo que no podían explicar del modo como el vulgo explica las cosas, es decir, pidiendo a la memoria el recuerdo de algún acontecimiento semejante que fácilmente y sin admiración se pueda recordar, porque el vulgo cree comprender suficientemente una cosa cuando ya no le causa admiración." 23/

Digamos, de paso, que "vulgo" es muletilla que Spinoza emplea con fruición; en su tiempo la corrección política estaba reservada a los diplomáticos y a algunos obispos. Los acontecimientos que la Escritura denomina milagros no se oponen a la Naturaleza, es decir al orden divino, sino que son

"todo lo que excede o parece exceder el alcance de la inteligencia humana"24/.

Y cuando ésta alcanza finalmente a comprenderlos es cuando el oscurecimiento diurno de la luz del sol deja de ser la ira de los dioses para explicarse como un eclipse. Es la Escritura misma la que parece someter el milagro al azar, a lo imprevisible, a lo que excede a nuestro control. Y en esto no somos distintos de otros entes de la naturaleza:

"Porque el destino de los humanos y el de los animales es el mismo; unos y otros perecen. Ambos exhalan el mismo aliento y nada privilegia al humano sobre el animal; porque todo es vanidad. Todos acaban en el mismo lugar; todo nace del polvo y al polvo regresa" 25/.

Y si la Historia Sagrada habla de milagros es porque

" ... la Escritura no se propone explicar las cosas por sus causas naturales, sino únicamente hacer un cuadro de los hechos que más impresionan la imaginación, y presentarlos narrados con el orden y estilo más admirables, y que más excitan al vulgo a la devoción." 26/

Al referirse a la interpretación de las Escrituras, el amable filósofo reserva su artillería más pesada para los falsos teólogos, a quienes acusa de

"...arrancar a los libros santos la conformación de sus sueños y sistemas para encubrirlos con la autoridad de Dios" 27/.

A fin de no caer en esa trampa Spinoza enuncia tres principios o condiciones para interpretar los libros sagrados, principios cuya validez ha sido ratificada por la exégesis bíblica no dogmática iniciada en el siglo. El primer principio consiste en explicar las peculiaridades del hebreo bíblico y del lenguaje de las Escrituras Cristianas, que aunque redactadas en otro idioma están, según Spinoza, plagadas de hebraísmos. Algunas muestras de ambigṻedad: las guturales aleph, het, iaín y he pueden trocarse y las conjunciones y los adverbios expresan distintos significados. Los modos verbales hebreos no responden a los nuestros,, por ejemplo, el indicativo puede emplearse para indicar el subjuntivo o el imperativo. A esto se agrega que los hebreos del período bíblico escribían sin vocales, acentos o signos de puntuación. Recién en el siglo IX, los masoretas, escribas o rabinos doctos, terminaron la incorporación de diacríticos que hacen de vocales y dividieron los textos bíblicos en párrafos. El segundo principio apunta a que las expresiones en que atribuyen a Dios cualidades que la razón encontrase dudosas u oscuras, como que Dios es "celoso" o que es "un fuego", deben interpretarse metafóricamente conforme al sentido de la Escritura en el contexto que corresponda. El tercer principio consiste en indagar "las vicisitudes por que han pasado los libros de los profetas hasta llegar a nosotros"28/, los datos respecto del autor, de su época y de su medio, a quién iba dirigido su mensaje, qué cambios pudo haber experimentado el texto, cómo y por qué un texto fue incorporado al canon. Y así como en el estudio de la Naturaleza se va de lo general y común a todos los objetos que ésta abarca para pasar gradualmente a las cosas más particulares, en la doctrina sagrada también se ha de partir, antes de pasar a particularidades, de lo que interesa y beneficia a todos los hombres: que no hay más que un Dios único y digno de culto, que prefiere a los que aman al prójimo y llevan una vida honesta y virtuosa.

Dejamos por ahora a nuestro lejano amigo, con esa síntesis de la fe rescatada: síntesis de una filosofía engastada en la naturaleza del hombre con la firmeza de las leyes de la física, superior a todas las religiones que sólo expresan porciones o manifestaciones particulares de moralidad. El mesianismo de Spinoza excede en su humildad al de los falsos Mesías que se creen protagonistas de la redención, superhombres que rescatan las chispas divinas de la bienaventuranza para acercar el momento de la redención. En el entorno de los creyentes y de los estudiosos de la Biblia, Spinoza propone una moral universal, igual para todos, hombres y mujeres, judíos, cristianos y quienes no se consideren ligados a ninguna religión. Valga para concluir esta cita de Spinoza que, a nuestro juicio, mejor refleja su filosofía moral:

"Me limitaré a decir, para terminar, que no quiero conocer a nadie sino por sus obras. El que es rico en frutos de esta especie, esto es, el que posee la caridad, alegría, paz, paciencia, dulzura, bondad, fe, mansedumbre y continencia, de ése, digo con Pablo (epístola a los gálatas, cap.V vers. 22), que la ley de Dios no se dictó contra él: y sea que le instruya la sola razón o la sola Escritura, digo que Dios es quien verdaderamente lo instruye y quien le da perfecta felicidad. Esto es todo lo que proponía decir sobre la ley divina." 29/.


Bibliografía

Baruch Spinoza. Ética demostrada según el orden geométrico. Tecnos, 2009
Obras Completas de Spinoza, Tratado Teológico-Político. Acervo Cultural, 1977
Biblia


Citas


1/ Ética, pág. 112
2/ Ibi

d., pág. 113 (el subrayado es nuestro)
3/ Ibid., págs. 33
4/ Ibid., págs. 114-115.
5/ Ibid., pág. 67.
6/ Tratado Teológico-Político, pág. 15.
7/ Ibid., pág. 20
8/ Ibid., pág. 29
9/ Ibid., pág. 21
10/ Ibid., pág. 28
11/ Biblia. Génesis, 6:3
12/ Tratado Teológico-Político, pág. 35
13/ Ibid. pág.37, Nota IV del Cap.I
14/ Ibid. pág. 38
15/ Biblia. Amós 4:1
16/ Biblia, Isaías 3:16
17/ Tratado-Teológico-Político, pág.55
18/ Ibid., pág. 57
19/ Biblia, Job 1:1
20/ Biblia. Epístola a los Romanos, II: 25 y 26
21/ Biblia, Números 24:1
22 Tratado Teológico-Político, pág. 98
23/ Ibid., pág. 101
24/ Ibid., pág. 104
25/ Biblia, Eclesiastés 3:19-21
26/ Tratado Teológico-Político, pag. 108 (el subrayado es nuestro)
27/ Ibid. pág. 117
28/ Ibid., pág. 122
29/ Ibid., pág. 96


Visto 1237 veces
Copyright ©Powered by Ciudadeje.com