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Viernes, 02 Diciembre 2011 16:43

El verano de Spinoza

por  Fernando Savater

A comienzos de julio leí una nota periodística que supongo pasaría inadvertida para la mayoría, entre tantas otras. El gobierno holandés, en vista de los escasos conocimientos sobre la historia del país de sus estudiantes, ha decidido hacer obligatoria una asignatura en la que se estudiarán los cincuenta sucesos y personajes más relevantes en la conformación actual de los Países Bajos, desde el megalítico y los asentamientos romanos hasta el euro. Entre los personajes que habrán de ser estudiados están previsiblemente Erasmo, Guillermo de Orange...y Spinoza. Pues bien, las escuelas cristianas ya se han apresurado a indicar que prefieren configurar su propia lista de celebridades, destinada a evitar que la fe aparezca como "fuente de conflictos". Y por ello proponen suprimir a Spinoza e incluir en cambio el Concilio Vaticano II y la lucha por la libertad de educación (que culmina según ellos en la apertura de centros católicos y protestantes en 1848, los cuales reciben subvenciones estatales desde 1920).


Se trata de un planteamiento revelador precisamente de la ignorancia histórica que se intenta combatir, porque sin la revolución intelectual encabezada por Spinoza y seguida luego por gente casi tan impía como él no se habría llegado a reconocer derechos como la libertad de enseñanza o la de conciencia, que la Iglesia Católica no admitió por cierto hasta el mencionado Concilio, ya muy avanzado el siglo XX. Pero indica también algo más, la pervivencia inaudita del odio teológico contra Spinoza, que le hostigó durante toda su vida, profanó su tumba luego con injurias y sigue pataleando contra él, aquí y allá, desde hace más de tres siglos. Todavía no hace mucho, los enemigos de Ayam Hirsi Ali que querían desacreditarla por sus críticas al integrismo islámico la presentaban como "una Spinoza contemporánea". Lo cual pretendía ser un insulto y en realidad constituía un homenaje incluso exagerado a esa mujer valiente.

He disfrutado este verano leyendo un par de buenos libros recientes sobre el gran pensador judío, de origen español pero que gracias a los desvelos de nuestros sempiternos inquisidores nació en Ámsterdam. Se trata de la biografía de Steven Nadler ("Spinoza", Acento Editorial) y "El hereje y el cortesano", de Matthew Stewart (Biblioteca Buridán), que cuenta la conflictiva pero íntima relación entre Spinoza y su rival Leibniz, tan opuesto a él en carácter intelectual. Ambas pueden ser útiles no sólo para el spinozista devoto, como yo, sino también a los que deseen acercarse a su obra por primera vez. Lo cual inevitablemente me hace recordar mi propia iniciación en la "Ética", durante una visita forzosa a la cárcel de Carabanchel en 1969...

Este pensador solitario y rebelde, tan minuciosamente odiado, basó su filosofía en la fuerza de la razón, la alegría activa de comprender y la necesaria fraternidad de los humanos. Su "Tratado teologico-político" sigue pudiendo ser leído hoy como el mejor bosquejo de lo que ha de significar la tolerancia y la libertad de conciencia en una sociedad democrática...que él adivinó, sin llegar a conocer. Mientras nos agobian en España los rebuznos oscurantistas –clericales unos y otros más profanos- contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, alivia el bochorno estival regresar a este espíritu libre que tanto tiene aún que decirnos precisamente sobre ese tema.

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