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Jueves, 14 de Septiembre de 2006 03:28

Poeta Matilde Espinosa

por Mario Rivero

Intervención en homenaje realizado en la “Casa Silva de Poesía”, Bogotá, 15 de junio de 2006.

A partir de su primer libro “Los ríos han crecido”, publicado por la Editorial Antares en 1955, Matilde Espinosa se separa del lenguaje lírico y meramente confesional en que se expresaban en aquel momento las mujeres poetas de Colombia, para comenzar a construir su poesía, ya como un acto creador estético y lleno de fuerza trascendente.

 

Con osadía y originalidad, insumisa a cánones y a género, Matilde Espinosa rompe los hierros de la jaula femenina, y se orienta con toda naturalidad hacia otros polos de mayor aliento, de mayor importancia intrínseca. Accede incluso, ya de sus inicios, a esa otra arquitectura musical del verso, desde su propia ley rítmica moderna, comportando así, estilísticamente, valores y aprendizajes más altos y de mayor universalidad.

Como figura estelar de la poesía colombiana, Espinosa se abre a la cultura del mundo, sin jactancia, pero sin complejos. Capaz de construir un razonamiento filosófico y, a la vez, de entregarse a esta gran pasión de su vida, a la que le rendiría todo: el absorto idioma de la poesía; pero asumida como acto de reflexión, como forma sensible del pensamiento, no como el ornato o distracción, que azulaba por entonces los oscuros contornos del gueto femenino. Desde el horizonte colectivo de aquel su primer libro, de frente al duro espejo de la realidad que nos aqueja, con la pena de la primera violencia colombiana al fondo, su palabra, solitaria, se alza como la forma más acabada y limpia de protesta. Y no de un modo programático, sino desde la emotividad más profunda. Convocando las imágenes con sabor a sangre, de aquellos perdidos caseríos cuando los ríos de la patria acrecían su caudal por las masacres, y el aullido de la tragedia era una tensa sirena que alertaba el aguijón de las venganzas.

Ciertamente hoy podría decirse que nada de lo humano le es poéticamente ajeno a esta palabra que no se ha debilitado en su ejercicio de más de 50 años. Que, incluso, se ha redimensionado de una manera que parecería abolir el tiempo. Hay un pulso de vida casi milagroso en la lozanía magnífica del talento y del oficio, en esta mentalidad siempre joven, a pesar de su complejidad, y en esta visión estética amplia, abierta, capaz de mirar siempre hacia delante.

Catorce libros de poesía publicados han dado su justo lugar a Matilde Espinosa dentro de las letras colombianas. Más allá de los comunes comportamientos femeninos nacionales, propone a nuestra poesía femenina una visión más honda y reflexiva, un cambio de actitud de la mujer poeta, ante la poesía (desde aquella fecha de 1955 mencionada), y ya en una plena anulación de la posible diferencia, dando a su poesía el sentido de la gravedad de la palabra.

Obra, vida, lección, son los méritos que hoy quieren exaltar y honrar el “Festival nacional de poesía”, la “Revista ULRICA” y la “Casa de poesía Silva”. Estos méritos, estéticamente perceptibles, detectables, desde nuestro presente, serían motivo de una antología particular. Pero no intento ahora ninguna exégesis de su obra poética. Solo situarla en su coyuntura, en su circunstancia, y sumarme conmovido al homenaje a esta importante poeta, a quien he tenido la suerte de tratar de cerca desde mis años juveniles, y a quien me une un verdadero vínculo, en lo personal y en lo literario, al haber ella leído y alentado mis primeros poemas, en aquel filo agudo de los veintitantos años, cuando empieza uno, con furioso deseo, a buscarse a sí mismo como destino.

Poemas[[<*>Lectura en homenaje: “Casa Silva de Poesía”, Bogotá, 15 de junio 2006.]]

Matilde Espinosa

Recién venidos

Las palabras se escapan


pero el alma es tan cierta


como la gota de agua


que me sigue mirando.


El habla nos traspasa


y la imagen trasciende


a lo desconocido.

Las paredes del mundo


son muros de piedra que duelen.


Nos conturban los soles violentos;


el asombro, el milagro,


el murmullo, frontera


que orienta los pasos


a la estancia de algún


paraíso perdido.

Somos los recién venidos


pulsando el recuerdo


en la hora implacable


que se vuelve de espuma;


en el aire y en el pecho


toma forma de largo camino.

Somos los recién venidos


cultivando los sueños


viendo correr el torrente de lluvias


que maltrata las rosas


desde la luz hasta el primer sollozo.

Llueve

En esta embarcación


sin madrugada


llueven las sombras.

Se derrumban


los reinos del amor


y vuelan las mariposas blancas


como flores silvestres.

Tras la nube más negra


se concentran los vientos


noticiosos, sedientos, llueve.

Desfilan los recuerdos;


historias de pasión con incendios,


temblores o viva muerte.

Mágicas visiones en el aire


ruedan a la tiniebla, llueve.

En esta embarcación sin madrugada


no hay recobro posible;


cerrado el horizonte, llueve.

(31 de agosto de 2005)

Uno de tantos días

Me sumerjo


en las claridades nocturnas


para entender mejor el medio día.


Umbrosa recojo las pavesas


de quienes fluye el asombro


debajo de las frondas crepusculares.


Alas angélicas o simplemente desvaríos


de una infancia que empezó con el tiempo.

Distraída busco la esperanza


sobre los pliegues del día lento


como el vuelo del pájaro que pasa.


Los árboles se agitan


y sorprende el mensaje tímido y sudoroso


del instante.

Por la insistencia de saber


que los días se van


con sus oros deshechos y sus danzas festivas


donde mueren las rosas.

Todo magnificando la soledad


floración de congojas altiva incertidumbre


de tener otra vez esas gotas


de sol entre las manos.

(10 de agosto de 2003)

Ciudad blanca

En Popayán de piedra pensativa


Eduardo Carranza

I

Cómo acercarme a ti si nada traigo


Solamente mi voz y el corazón del hijo


que sigue ardiendo.


Nombres, fechas, gotas de eternidad


crecidas en la hierba.

II

Ni la furia del trueno


ni la hora de la tempestad


hieren más alto que mi pena.


No es solazarse en la amargura


recorrer silenciosa piedra y muro


ni batir con el viento las ventanas,


ni espiar por cual rincón del cielo


nos revisa las cuentas el lucero.

III

Es toda la inocencia del paisaje


con las colinas verdes, dulces


como niñeras descalzas sacudiendo


el boscaje que reparte la brisa


-la única y feliz- cuando le besa


el rostro a la ciudad más blanca.


No es la historia, ni el bronce


ni la solemnidad de los espejos.


Es más hondo tu vuelo: son tus pasos


sonoros armados en el tambor del tiempo


Si te nombro, zozobra mi alma, esa alma


que a veces se hace flor, llanto o ceniza


desde el sigilo al sueño!

(Inédito)

En las más altas noches

De arenas movedizas


y recia mansedumbre


la mujer es presencia


en todas las edades.

La nublan los ocasos


y los amaneceres tristes


con la dulce tristeza de los niños


que atrapan la mariposa


y la ven escaparse de sus manos.

En su angustia


los ahogados las buscan


desesperadamente y ellas


maternales o amantes


les confortan los pasos


y borran la tiniebla


que les cubre los ojos.

Son las mismas


que espantan oleajes


y ven perderse en la bruma


los seres y las cosas


más amadas y deseadas.

Son las mismas


que en las más altas noches


dialogan con los astros


y sienten el estupor


de los “ayes” cautivos


y el obstinado vuelo


que rescata los sueños


sin el límite oscuro


de las paredes blancas.

(1 de julio de 2005)

Los hijos del delirio

Olvidaron sus nombres.


Sus rostros padecen un aire


que a todos los envuelve


y los distrae en un compás


en donde nadie escucha.

Las palabras caen al vacío


o se rompen en un cristal sin fondo.


Todo es confusión como en la fiesta olímpica.


¿Quién hablará de orígenes?


El viento, las raíces, los recuerdos,


las preguntas. Los fantasmas huyen.


Las ventanas sin alas como ojos inmensos


atalayan rumores que se alejan cantando.

Los hijos del delirio reconocen


“sus ires y venires” en sueños


y en las calles que cruzan ardorosas


como ellos.


En su delirio inventan escalas,


llamas que tocan dimensiones


como ángeles de fuego y columnas sonoras


donde amanece un dios despavorido


que los sigue buscando.

(22 de mayo de 2006)

esto

 

Ultima modificacion el Domingo, 18 de Septiembre de 2011 20:23
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