Ediciones

ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

Consejo Editorial

Luciano Mora-Osejo (א)
Valentina Marulanda (א)
Heriberto Santacruz-Ibarra
Lia Master
Marta-Cecilia Betancur G.
Carlos-Alberto Ospina H.
Andres-Felipe Sierra S.
Carlos-Enrique Ruiz.

Director
Carlos-Enrique Ruiz

Contacto
Tel-Fax: +57.6.8864085
Carrera 17 No 71-87
Manizales, Colombia,
Sudamérica.
cer @ revistaaleph.com.co

Sábado, 18 Marzo 2017 17:40

Educación y sociedad: en pos de un nuevo paradigma

por  Gabriel Restrepo F.

Suelen emerger los paradigmas en aurora boreal y sazonar pródigos frutos al calor matinal, para sufrir luego del mediodía el rigor de la noche. La entropía se acusa con graves acentos en los instrumentos diseñados para verificar y aplicar las teorías. El pensador, vigía de la noche, sufre al atisbar cómo las teorías declinan ante los métodos; estos ceden a las tecnologías, pronto reducidas a técnicas, al cabo sofocadas por miles de instrucciones. Detalladas órdenes encajan en celofanes que no ocultan la miseria del regalo envenenado. Como tela de araña, no morera de crisálida, la red de minuciosos comandos captura en círculos a millones de incautos y sacrifica a quienes no se rindan a las oleadas de imitaciones propagadas como cristales uniformes. 

El pensador compara esta degradación por arrogancia de instrumentos con el tullimiento del paralítico situado a la vera de la piscina de Betesda. Con piedad quisiera sumergirlo en las aguas lustrales removidas al alba por los ángeles para devolver el movimiento a quien luego de más de siete lustros agració Cristo al  levantarlo con mirada de amor.  


Pintura de homenaje a los 50 años de la Revista Aleph (Ezequiel Gabrielli; 2015)

A quienes duden de San Juan, remito a Max Weber: tradición o burocracia estallan mediante estremecimientos colectivos destilados por épica solitaria de agraciados con dones excepcionales del carisma, pero el tiempo desgasta teorías cuando las  rutas degeneran en rutinas: la gracia se torna mando, la norma sucede a la creación y lo nuevo se apolilla.

Hoy los saberes padecen del malestar de la sociedad global: inmensa riqueza corre paralela a enorme pobreza material y a miseria de sentidos espirituales. Cierto que en ciencias naturales y sociales conviven paradigmas hermosos y diferentes. Pero como en los opíparos banquetes de Epulón, los comensales advierten la mendicidad  bajo la mesa. En la educación asombra  igual paradoja de suma riqueza y desusada pobreza. Cuatro hitos alentados por la UNESCO fueron arroyos devenidos río y mar: Coombs, la Crisis de la Educación, 1968;  Fauré, 1973: Aprender a Ser, Jacques Delors,  1996:  La Educación encierra un Tesoro; Edgar Morin y su proverbial faro del 2000: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. McClelland  rompió en 1973 la omnipotencia  de la inteligencia única como patrón de calidad. Deslumbra luego la saga de Howard Gardner con las inteligencias múltiples y la teoría de la comprensión. Galaxia prometedora, poco explorada, se devela en el último Foucault al recuperar de Grecia antigua psicagogía y parrhesia. Ecos se atisban en la propuesta de Touraine centrada en la Escuela del Sujeto, bajo el  principio: “iguales y diferentes”.

¿Qué rasgos comunes emparentan estos brotes arraigados en tradiciones milenarias? Primacia del aprendizaje frente a la enseñanza. Lleva sellado en lacre áureo el sacro lema nova et vetera. Aprender a aprender se hallaba en Sócrates como brújula de humilde imán: saber que no se sabe para agraciar la pregunta como senda de sabiduría. Similar talante alentó al gran nominalista Guillermo de Occkam, orgulloso al nombrarse como venerable aprendiz. La Universidad de Bolonia  fue escuela de aprendices, contraria a la de Paris, instituto de maestros. Fue inspirada en los talleres medievales donde maestros y aprendices circulaban hermanados en la poética de una obra común en construcción. En nuestros trillos reluce  Simón Rodríguez cuando afirmaba: maestro es el que sabe aprender.

Empero, la educación se erigió como institución total en la modernidad sólida, organización jerárquica para el control total. Pese a mutaciones conserva vetusto  gigantismo de dinosaurios, como demostró Foucault al figurarla como panópticos. Estados e imperios regulan la doma del rebaño humano:  escuelas, colegios y universidades son la caldera de mayor energía por extendida moratoria de niños, adolescentes, jóvenes y enseñantes.

Así, de  hace cuatro décadas se registra una grave contrahechura: la gran riqueza de paradigmas se angosta como embudo al filtrarse por los artefactos de la evaluación de competencias. Instrumento siervo de paradigmas,  se irguió amo y señor al eclipsarlos. Con los atributos de ubicuidad y omnipotencia divina, propagan distorsiones análogas al Lecho de Procusto: si individuos o criterios de calidad exceden la talla de férrea cama, se los encoge o corta; si son más angostos, se los estira.  

Sucede como en el embeleco del fin de la historia, que resulta ser la historia del fin de los fines. Si una sociedad detiene su búsqueda de ideales por contentamiento o resignación, nada se podrá hacer ante el patético cuadro de  8 millonarios poseedores de la riqueza de 3.500; la lenta muerte por calentamiento global; el millón de suicidios al año; la depresión como mayor causa de enfermedad y de muerte; el retorno de otra crisis financiera global con la secuela de transferir a la multitud el pago de la deuda causada por especuladores irresponsables; el deseo de millones de pobres del sur de traspasar las fronteras con la patética imagen de bebés flotando en el mar sin la piedad de la cesta que amparó a Moisés.

Sociedad y nueva educación deben vibrar unísonas en la exploración de nuevos fines universales: hombres y mujeres renovados en creatividad para conjurar la tendencia al caos. El artefacto monolítico de la evaluación eleva un medio a fin de sí mismo, tendencia del automatismo entrópico donde la tecnología se despoja de su carácter mediador para erigirse en causa de sí misma.  Como en los mecanismos cibernéticos, el producto medido por  la evaluación se erige en reversa como norma de todos los procesos. ¿Qué mide? La capacidad de responder.

Si se comparan a distancia el catecismo del Astete, 1.598, y los cuestionarios de hoy, el pensador no catará diferencia. Aquel contenía 350 preguntas, pero cada una forzaba a única respuesta. Todo resultaba agregado de imperativos disfrazados. Quien elabora preguntas obedece a un principio estadístico de la trampa: las respuestas equivocadas, los  distractores, han ser capciosas, esto es  capturar  a  tontos  para separarlos de inteligentes.

El dispositivo es propio de una sociedad sólida de contornos fijos y vetusto determinismo, nada propicio para una líquida y  fluida,  menos para una atmosférica, como es la contemporánea: incierta, indeterminada, paradójica, riesgosa, mutante, evanescente. La cuestión de  Schrödinger en torno al gato vivo y muerto es imposible de convertir en respuesta única. La sociedad sólida es correlativa a un YO granítico, cuando cada individuo es un Y/O, ampuloso como partícula, casi vacío como onda, pero además rompecabezas abismado por asimetrías del  YO secreto, el ser íntimo, el carácter o carátula, el antifaz de persona y la mascarada de papeles sociales. Cuando los fines se desvanecen ante el imperio de los medios, los límites entre educación e instrucción se desvanecen: se adiestra para responder a demandas de afuera, pero nadie forma en la inteligencia como intus legere, leerse muy dentro para aumentar energía al fundir pedazos náufragos del yo. 

No propongo eliminar las evaluaciones actuales, sino destituirlas de su monopolio y resituarlas como medios. Así, deberían aparejarse con otras evaluaciones que apunten al panorama integral de los fines: examinar si las instituciones contribuyen al conocimiento de sí mismos de los sujetos; equilibran racionalidad y afecto; aportan al saber convivir en contextos; contribuyen a las inteligencias espaciales, musicales, dancísticas, estéticas, poéticas, ecológicas. 

¿Qué hacer pues ante tanta pluralidad para no ser congelados por exceso de riqueza y pasmarse por el cerrojo de los instrumentos?  El aliento de creatividad anima a pensadores cuya acerada inteligencia nunca sofoca la imantación poética. Con persistente coraje transforman la perplejidad en complejidad pensada. Obran como exploradores interplanetarios. Con propio impulso alcanzan la órbita de un paradigma: al ahorrar su energía por  movimiento gravitatorio girarán miles de veces y enviarán sondas para conocimiento aproximado. Pero para  no anquilosarse gastarán reservas de su fuerza para exorbitar hacia otra constelación teórica. Conjugan pensamiento convergente y divergente. Y este vaivén es lo que falta para alcanzar la creatividad, que no se limita como en las evaluaciones  al pensamiento convergente. Si solo se enseña a responder, se maniatará como quiere todo imperio al obligar a obedecer y no a inquirir. Nunca aparecerá ese niño que se atreva a decir que el emperador va desnudo, como suelen andar los emperadores.  

Nadie disputará que responsabilidad es responder a la tradición y discernir los frutos de las cizañas. Una palabra indoeuropea lo precisa: Gift en inglés es don, en alemán veneno. Orbitar en torno a un paradigma es trazar  el estado del arte: investigar es seguir vestigios. Chercher y rechercher sugieren como  círculo o espiral que la investigación no prosigue en línea recta. Quien indaga, ha de servirse de la energía de sus propias tradiciones, lo cual significa ser fiel a sus idearios: configuran su firmamento como deseo, de–sidere, orientarse por astros entrañables, y tal es el mandato de  una ética de convicción. Pero si quiere evitar el desastre (des-astra) como pérdida de orientación en el firmamento, debe considerar (cum sidere) la amplitud estelar, y esto fuerza a  aparear la ética de convicción con una de responsabilidad,  por la cual se  obliga a que su pensamiento convergente sea de entrada divergente porque sopesa lo que se opone a sus creencias y lo acepta si encuentra firme evidencia.

Pero con el pensamiento convergente redefinido en amplitud no se roza la creatividad como excelencia próxima a la sabiduría, no medida por el aparato de evaluaciones: el pensamiento divergente. Este fuerza al pensador a fructificar el limo de la tradición con inéditas siembras de preguntas que son surtidores de nuevas preguntas y de una en otra  se arriba a tierra nueva para instaurar una nueva tradición, en la cual pervive la antigua remozada. Investigar en inglés se designa inquiry, inquirir, palabra anclada en matriz entrañable: quaere: querencia, cuita, cuidado, cuestión, inquietud, peregrinación, bendecidas por la raíz indoeuropea Kerd: corazón y coraje.

¿Qué entrelaza el péndulo de pensamiento convergente y divergente en  áurea diapasón de conservación e innovación? El aufheben, traducido por tacañería como “superar conservando”. De su introducción en la biblia alemana por Lutero, a su abuso en Hegel y Marx, el pródigo concepto persistió como Gift con más ponzoña que don. De una lectura recortada de San Pablo, no enriquecida por las dos misivas de amor humilde a los Corintios, Lutero extrajo el  aufheben como superación del catolicismo por vuelta al origen. Se podría conceder la bondad de su prédica de salvación por fe y gracia y no por obras e indulgencias y su llamado al encuentro individual con la biblia y con Dios. Pero su fanatismo por sequedad de un amor adusto develó una furia que lo puso en peor rasero. Sus diatribas iniciaron guerras interminables; sus catilinarias contra los judíos fueron pabilo para el incendiario combustible del nazismo.  A falta de misericordioso amor, el aufheben condensará de Lutero a Hegel,  Marx o  Karl Schmitt el peor retorno a las guerras inveteradas de los imperios, basados en la docilidad sumisa de la gleba.

Opuesto es el aufheben desplegado en la semántica de Cristo en el pasaje de la mujer adúltera: Cristo se inclina dos veces a la tierra y escribe en ella, y dos veces se levanta con signos de misericordia y perdón. Preludio a dos noches y tres días de pasaje de la ley antigua a la nueva, reprodujo el concepto de aufheben en el sentido arcano como poética del  sembrador: inclinarse respetuoso ante el surco para disponer las semillas en tierra preparada, levantar el fruto y entresacar nuevos retoños para nueva simiente: pensamiento convergente y divergente se fecundan en el ciclo del eterno retorno de la vida y prefiguraran la misión del pensador como quien cura, cuida, cosecha y siembra por un amor al saber animado por el saber del amor. Al aparejar racionalidad y afectividad amanece el milagro de la sabiduría, concepto hoy devaluado, pero preciosa noción distinta a la suma de saberes por ser un complejo y vasto saber de vida en su conjunto, pero con la savia de ser un saber que dona nueva vida por la gracia del amor.

En su Filosofía de la Historia Hegel excluía a América del espíritu universal por ser tierra de futuro. Error arrogante, pues Monroe afirmaba entonces el destino manifiesto. Y si se lee bien, tal destino sería sellado por la fabulosa revolución educativa. Alborada prodigiosa, ella fue prefigurada por uno de los pensadores más asombrosos de la educación: Henry Adams.  Bisnieto del segundo presidente y nieto del sexto, a cuyo servicio figuraba Monroe, fue un protestante que decidió ser “católico, conservador y anarquista”: dedicó su vida a aprender a aprender, despojado de todo poder que no fuera el poder del saber. Su épica solitaria fue apasionante: al encarnar el arquetipo de formación continua, el pensador demostró una verdad trágica  ineludible: aprender a aprender significa aprender a desaprender, por ende una lucha sin piedad contra la propia ignorancia y contra los prejuicios arraigados.

Una pareja de arquetipos preludiaba futuro semejante al del norte: Simón Bolívar personificó  el saber del poder y su maestro humilde condensó el poder del saber. La tragedia fue su divorcio. Bolívar al hablar por el numen de Simón Rodríguez, trazó en su mejor discurso en la inauguración del Congreso de Angostura nuestra gran utopía: constituir la educación como cuarto poder público. Inaudito atisbo al orbe venidero, la idea quedó congelada en Pisba y con ello se sumergió el lema de Simón Rodríguez cuando insistía: “o inventamos o erramos”.

Yo, “católico, conservador y anarquista” como Adams y tan fiero como Simón Rodríguez en ser leal al poder del saber, me he propuesto una peregrinación por los humedales para resucitar lo congelado. Que el Santo Espíritu sea mi bastón, pues me destinó por el don de vivir en el vacío a contemplar el rostro de Dios en el rostro de los otros y otras  y ser fiel al llamado de obedecer a una responsabilidad absoluta por los demás, aún sin ninguna correspondencia o premio, aceptada como destino pese a mis sollozos sin cuidado.

Es fácil indicar la bifurcación de dos grandes cosmovisiones resumidas al abreviar el concepto de aufheben. La primera es condensación de una cosmovisión alopática de un modelo cibernético imperativo: de Lutero conduce a la guerra de los treinta años y a sus diatribas incendiarias contra judíos y católicos;  al Leviatán de Hobbes: erección del Estado como Becerro de Oro; su sacralización por Hegel como supuesta encarnación ética del espíritu universal; el mesianismo incendiario de Marx; Prusia y Bismark; Lenin y la Revolución Rusa;  Karl Schmit y el nazismo.

La segunda vía sigue una cosmovisión homeopática, eco-bio-sófica: el principio antiguo: similia similibus curantur, el semejante cuida,  cura y procura al semejante, y de la fecunda noción indoeuropea de la palabra Gar, bucle de sollozo y cuidado, se elevará la experiencia crucial en Cristo, seguido por San Pablo y retomada en el siglo XX por  Simone Weil, Levinas, Elías Canetti y René Girard: ética de amor, benevolencia  y misericordia. 

En una sociedad atmosférica se valida la anticipación insólita de Shakespeare cifrada  como el cierre de su escritura testamentaria  en el último drama,  La Tempestad,  no por azar situada en el maravilloso Caribe, puesta en escena en el teatro El Globo. En el drama, cuyo nudo consiste en la transformación alquímica de pasiones tristes en amor, se entrelaza la mejor herencia de Europa en la figura del alquimista Próspero y de su hija Miranda, con la hermosa figuración de América Latina por el leve Ariel con el trasfondo de corrientes milenarias animistas africanas personificadas en Calibán por su terca estancia en la tierra y en la bruja Xicorax por su nostalgia sin cura debida al desarraigo. 

We are such stuff/As dreams are made on, and our little life/Is rounded with a sleep

Somos entretejidos en aquel sutil telar/Del cual están zurcidos los sueños, y nuestra parva vida/Se encierra en el círculo de una ensoñación. (Traducción de Gabriel Restrepo).

Por tal cábala sería conducente elevar una plegaria a la gran madre del universo, el alma del mundo que nos sueña desde el vacío primordial, para que enderece el timón de la educación y oriente como imán nuestros deseos en la consideración de siderales dones de amor, compasión y misericordia.
 

Algunas referencias de apoyo

Coombs, Philip H. 1971 (1968). La crisis mundial de la educación. Barcelona: Península.

Fauré, Edgar. 1.997. Aprender a Ser. La educación del futuro. Paris: UNESCO.
Delors, Jacques. 1.996. La Educación encierra un tesoro. Paris: Unesco

Morin, Edgar. 2.000. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Bogotá: Ministerio de Educación.

McClelland, David C. 1973. Testing for Competence rather than for “Intelligence”. En: American Psychologist. January.
Gardner, Howard. 1.993. Las Estructuras de la Mente. Las inteligencias Múltiples. México, México: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, Michel. 1.994. Hermenéutica del Sujeto. Madrid: Piqueta.

----------------------. 2.002. La hermenéutica del sujeto. México: Fondo de Cultura Económica.

----------------------. 2.009. El gobierno de sí y de los otros. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

----------------------. 2.010. El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Touraine, Alain. 1.997. ¿Podremos vivir juntos? Iguales y Diferentes. México: Fondo de Cultura Económico.

Foucault, Michel, 1990 (1975). Vigilar y castigar. México: Siglo XXI.

Bauman, Zygmunt. 2004. Modernidad Líquida. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Visto 52 veces Modificado por última vez en Domingo, 19 Marzo 2017 14:45
Copyright ©Powered by Ciudadeje.com