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Sábado, 18 Marzo 2017 18:16

Nelson Vallejo-Gómez: pensador-académico en los vericuetos de la complejidad / Reportajes de Aleph

por  Carlos-Enrique Ruiz / Nelson Vallejo-Gómez

Esta conversación se cumplió en el 2010 (revisada y complementada en el 2017), con Nelson Vallejo-Gómez, un intelectual franco-colombiano, nacido en Medellín en 1962 y afincado en París desde 1982. Tiene Licenciatura y Maestría en Filosofía por la Universidad Sorbona-París IV, doctorado honoris causa por las universidades de Caldas en Colombia, Cajamarca y Ricardo Palma en el Perú. En sus diferentes ensayos ha abordado, desde el paradigma de la complejidad y la obra de su maestro Edgar Morin, problemas cruciales de filosofía y cultura, como también problemas álgidos de nuestro tiempo. Además de actividades académicas, NVG tiene una trayectoria de funcionario de carrera (Agregado de administración estatal de clase excepcional) en el ministerio de educación de Francia, especializado en cooperación internacional y en políticas públicas educativas. Del 2005 al 2010, se destacó en comisión diplomática en el ministerio de relaciones exteriores, siendo Agregado de cooperación universitaria en las embajadas de Francia en el Perú y en la Argentina. De regreso a París, es Asesor para América Latina del Presidente de la Fondation Maison des Sciences de l’Homme, Michel Wieviorka, y director del departamento de información y valorización de políticas educativas, en la dirección general de educación básica y media del ministerio de educación de Francia
Sus respuestas son breves ensayos, con efervescencia en las ideas.
La entrevista inicial se transmitió por la Radio UN (Bogotá) y fue complemento de la conferencia que dio en el ciclo de la “Cátedra abierta – Grandes temas de nuestro tiempo” (“Herencia picaresca y mestizaje latinoamericano”, 27 de mayo de 2010), con motivo del bicentenario de la Independencia de Colombia.
La primera versión dactilográfica, a partir de la grabación digital, fue realizada por Sergio Giraldo-Ruiz.

CER  ¿Qué importancia le concedes al hecho de recordar los doscientos años de la independencia de algunas naciones latinoamericanas?

NVG  El bicentenario de la independencia de España es también un momento oportuno para repensar lo que fue aquel proceso de independencia como tal, lo que queda de dependencia y la tarea pendiente, de cara al proyecto republicano. Entre los Estados-Nación que están festejando su independencia de España, veo en Chile la mayor capacidad de integrar una propuesta abierta, contradictoria y complementaria. En efecto, Chile ha presentado a la comunidad latinoamericana seis valores o aristas de futuro para conmemorar el bicentenario, más de cara al porvenir que en modo remembranza y nostalgia. Chile considera que el bicentenario de la independencia pone de manifiesto la revolución socio-política y cultural pendiente. Un país libre, independiente y revolucionario es una nación que integra la diversidad de sus razas, la diversidad cultural, un país que protege su medio ambiente, un país que está preocupado por un Estado social de derecho, democrático, un país que tiene políticas públicas basadas en el desarrollo a largo plazo: sostenible, competitivo y solidario. Si hay contradicciones en esos temas, deben verse desde la complementariedad, porque la competencia, basada únicamente en lo cuantitativo, lleva a la exclusión. La competitividad positiva está hecha de emulación, auto-eco-evaluación y prospección innovadora.

La celebración del bicentenario cuestiona de entrada la relación con España. Durante el año 2007 hubo un debate en España. El tema estaba entorno a la pregunta: ¿cómo acompañar a los países americanos que iban a festejar la independencia sin intromisión española? Pues, no correspondía a España festejar un momento histórico en que el imperio español perdió sus colonias americanas. A no ser que España propusiera una reflexión histórica de auto-evaluación positiva. Cosa impensable, visto el orgullo legendario español, que hace parte de la auto-ceguera de ciertas élites latinoamericanas. Conmemorar una derrota no parecía digno de un pueblo que se consideraba supremacía civilizadora y armada invencible. Conscientes del callejón sin salida, una corriente modernista española propuso poner cara a cara el proceso de independencia de las excolonias con el proceso de recuperación de la independencia española, ya que España estaba en esa misma época invadida por el ejército napoleónico.

Sinembargo, lo que me pareció curioso por parte del gobierno español, fue proponerle a los Estados-Nación de Latinoamérica, que iban a celebrar su independencia de España, que celebraran también la Constitución española de 1812, es decir, una Constitución monárquica, así las Cortes hubieran recuperado cierta autonomía local. En otras palabras, la España del 2010 quería compartir con los Estados-Nación de las repúblicas americanas, en el momento en que éstos celebraban el advenimiento del proyecto socio-político de Res-publica, una Constitución de régimen no-republicano, la monarquía parlamentaria que, además, había sido restaurada por Franco en un Golpe de Estado brutal; Franco, cuyos secuaces fueran los asesinos de la República española y de Federico García-Lorca.

España considera, sinembargo, que tiene una “monarquía moderna”, pero si miramos la constitución de 1978, el rey sigue siendo irresponsable como Rey. Es decir, que “como Rey” no se le puede juzgar. En efecto, El rey español está más allá de la responsabilidad y su eventual irresponsabilidad está más allá del bien y del mal, en tanto el rey no es una persona jurídica, sino la permanencia absoluta, la unidad metafísica de las provincias españolas. En tal caso, se entiende que el Presidente venezolano, Hugo Chávez, interpelara al rey de España en una reunión de países de la comunidad iberoamericana, preguntándole a la asamblea presente: ¿Qué está haciendo un rey que no es elegido por el pueblo en una reunión de presidentes elegidos por el pueblo?

El Reino de España tiene un problema histórico, jurídico y constitucional pendiente, en relación con las repúblicas americanas, pues la figura estatal latinoamericana se inspira más de la Revolución Francesa y se elabora en oposición a la historia de la monarquía española. Por lo demás, España no ha hecho totalmente el duelo del golpe de Estado que Franco le dio a la República.

Con el fin de evitar las contradicciones fundamentales entre antiguo y nuevo régimen, el Gobierno español de Rodríguez-Zapatero propuso que el eje de conmemoración del bicentenario americano, visto desde Madrid, fuese recuperar para toda la comunidad de países hispanoamericanos el legado de la noción de Hispanidad. ¿Pero, y qué es Hispanidad en América Latina, fuera de la Colonia? ¿En qué consiste la marca de España para pensar el bicentenario, más allá de toda la grandeza y decadencia, horror y desgracia que encierra la noción de Colonia? Estas y muchas otras preguntas pueden elaborar un programa de estudio para pensar el bicentenario.

Por mi parte, yo recupero la palabra castiza, liberada del lenguaje, como legado de hispanidad, de lengua-cultura. “Se llevaron el oro y nos dejaron la palabra”, cantaba Pablo Neruda. Pero las lenguas indígenas, también tenían y tienen música y riqueza. Sin entrar en catálogos resentidos, me acompaña en mi memoria viva, en mi “marca española”, en mi “hispanidad” la majestuosidad del Siglo de Oro, los consejos de Don Quijote a Sancho Panza, antes de que fuera a gobernar la Ínsula, los cantes jondos andaluces que me hacen sentir judío, católico y moro, la voz de Paco Ibáñez cantando los poemas de Federico García-Lorca y un profundo reconocimiento para los españoles que se exilaron entre 1936 y 1966 en las universidades de México, Bogotá, Lima y Buenos Aires, donde tradujeron al castellano latinoamericano las obras de grandes filósofos, historiadores y escritores, en el grandioso FCE mejicano, gracias al cual yo leí a los clásicos.

Pero, con todo, es evidente que los pueblos latinoamericanos, el hombre latinoamericano, el mestizo latinoamericano del siglo XXI aporta mucho más a la era planetaria que la simple marca reciclada de su hispanidad americana.

Además de lo hispánico, el gentilicio “latinoamericano” también debería ser revisitado, en relación con el legado francés, pues acotemos que dicho vocablo fue una invención teológico-política que le permitió a “Napoleón Le Petit” (como lo llamaba con desprecio Victor Hugo, en los panfletos contra la tiranía francesa) justificar en el Parlamento la intervención militar contra México, es decir, la expansión colonial francesa, oponiéndose así a la coalición anglosajona, en filigrana, corría la vieja pelea entre católicos romanos y cristianos anglicistas.

Dos siglos son también una buena distancia para revisitar la promesa de los valores del Siglo de la Ilustración que sustentaban el proyecto político de un Estado-Nación moderno, liberado del Antiguo Régimen y del despotismo de corte teocrático, a saber: libertad, progreso, igualdad, fraternidad, república, democracia, derechos humanos. La promesa sigue pendiente en muchos ámbitos (salud, educación, libertades fundamentales, ciudadanía, gobernabilidad descentralizada, responsable y solidaria…) tanto a nivel de país en América latina, como en clave de unión regional, en particular con los países andinos, abiertos a las otras Américas y al mundo.

 

CER  ¿Cómo concibes las contribuciones y vigencia del Estado-Nación con perspectiva histórica y sentido de organización moderna del Estado? 

NVG  Me parece que dos siglos es un período suficiente para repensar lo que ha sido y podría ser mejor con respecto a la organización socio-política que nos ha legado la modernidad euro-occidental, a saber, el Estado-Nación. Esta figura está en crisis frente a la indiferencia individualista y decadente, a la insostenibilidad del estado providencia o frente a sucesos y fracasos de movimientos que la promueven, la denigran o la explotan: el comunismo revolucionario, el socialismo democrático, el federalismo populista, el neoliberalismo multinacional, la globalización liberal financiera, la ideología del terror, la revolución digital… Hay corrientes que atacan a la figura política del Estado-Nación y la consideran obsoleta frente al individualismo oligarca y cosmopolita, o frente a proyectos ideológicos, anarquistas o revolucionarios que la denigran, pero, al mismo tiempo, se convoca al Estado como salvavidas: cuando la comunidad nacional duda de su identidad histórica o la interpela un fuerte flujo migratorio, cuando hay conflictos internos o externos armados y se corre el riesgo de una guerra civil, cuando el tejido social está expuesto a peligros socio-económicos graves, a la transición ecológica, a la corrupción, a bandas organizadas para delinquir, al populismo fascista o al terrorismo ideológico sin fronteras.

Con todo, fuera del Estado-Nación, la modernidad occidental -y países influenciados por ella- no ha encontrado otra forma de organizar, democráticamente, la convivencia pacífica de millones de personas en un mismo territorio, en beneficio del bien público, respetando la diversidad cultural que las anima, articulando el equilibrio de poderes y la relación compleja entre el individuo, los grupos de presión y la sociedad, el centro y la periferia, lo antiguo y lo moderno, el interés nacional, regional y local.

El Estado moderno, democrático y republicano es una organización de instituciones encargadas de concebir y ejecutar políticas públicas, gracias a la delegación de autoridad, poder y legitimidad que le confiere la democracia representativa. El desafío para un Estado eficaz y eficiente sigue pendiente y no caduca: ejercer dicha delegación de poder de manera responsable y solidaria, con miras a justicia, seguridad y bienestar social para todas las personas bajo su jurisdicción local, regional o nacional.

En principio, el Estado no es un concepto ideal, ni abstracto, tampoco es necesariamente un monstruo frío y burocrático. Pues, en la acción positiva y constructiva del Estado social de derecho justo, se genera un valor agregado fundamental, no solamente a nivel cuantitativo de escala para macro-proyectos o regular ecuaciones fiscales, sino sobre todo a nivel cualitativo y de sentido, dirección y significación nacional, es decir, la respuesta alentadora al por qué y para qué los individuos viven como sujetos activos en un Estado, y no como sujetos pasivos, indiferentes, consumidores insaciables y siempre insatisfechos.

Es capital que el Estado genere sentido positivo, calurosamente colectivo, querencia patriótica y no únicamente tensión fiscal o control tenso de la fuerza pública.

Expuesto a la propaganda, a la manipulación de la imagen y los mensajes partidarios, el Estado corre el riesgo de convertirse en una maquinaria de poder electoralista, auto publicitaria y al servicio de grupos sociales decadentes y corruptos.

Como sistema híper-complejo de organización socio-política y cultural, el Estado está en constante movimiento, evolución, prospección, evaluación. Dicha organización compleja sufre las grandezas y decadencias de los individuos que la animan, por eso también, corre el riesgo mortal de oxidación y corrupción.


Nelson Vallejo-Gómez firma el libro de autógrafos Aleph-UN

CER ¿Cuál es el papel de la Ética en la noción de Estado, en la correlación vida social/ vida íntima?

NVG La noción de Estado se teoriza a partir del siglo XVII y se le compara, con el “Leviatán” de Thomas Hobbes, a un “organismo”, a un animal mitológico que, proveniente de los abismos marinos, sería frío y sombrío. El pensador inglés se inspiró en la visión orgánica de la sociedad que proponía Platón en el diálogo “La República” y Aristóteles en el libro “La Política”. Estos dos grandes pensadores aportaron antídotos (fármacos, hubiera dicho Jacques Derrida) para proteger de corrupción la “cosa pública” -objeto de poder y de deseo del Estado-. El antídoto más potente contra la corrupción del poder se le ha nombrado ética, es decir, comportamiento ejemplar, responsable y solidario de quien ejerce un poder que conlleva consecuencias benéficas o nefastas para terceros. El comportamiento ético bonifica y embellece la acción del individuo; por eso, los griegos relacionaban la ética con el bien, la belleza y la verdad

La ética es un acción individual, propia del individuo-sujeto, ilustrado, comprometido con un contexto local y global, ahí donde entreteje su ser, deber y quehacer. Los individuos éticos se convierten en ejemplares y excepcionales; son raros, puntos nodales para el buen tejido social. Se requiere un número crítico de individuos éticos para que un estado no se desencuaderne y para que una sociedad no se disloque. Por lo cual, hay que preparar a la generación por venir y mostrar constantemente las buenas acciones que inspiran

Hay otros dos antídotos fundamentales para preparar la lucha contra la corrupción y para el cuidado de la querencia de lo público; dependen río arriba del Estado-Nación y de la sociedad en general: la instrucción pública y la cultura ciudadana. Hay un tesoro adentro, como decía La Fontaine. Ahí, el individuo, la sociedad y el Estado se encuentran frente a un desafío, que la burguesía de aldea, el anarquismo rastrero y la indiferencia individualista no quieren reconocer como pilar fundamental para la convivencia pacífica, para el buen vivir en país. Sin dicho pilar, la querencia patriótica y el sentido que transciende el por qué y el para qué convivir bajo la jurisdicción de tal o tal Estado, carece de sentido, significación y derrotero. Sin instrucción pública ni cultura ciudadana no se genera responsabilidad y solidaridad entre los sujetos privados y las instituciones públicas. Tenemos ahí una razón transcendental por la cual todos los miembros de la comunidad nacional deben participar e invertir en el presupuesto público, sin miramientos, egoísmos, ni mezquindades. Está en juego el tejido social de la nación, a través del desarrollo cualitativo y cuantitativo de la educación pública y la cultura ciudadana.

Desde el siglo XVIII, Nicolás de Condorcet, Juan Jacobo Rousseau y otros pensadores de la Ilustración europea dejaron claro que la educación era y es el desafío para entretejer querencia nacional. Pero eso no se hace de la noche a la mañana. La Revolución francesa necesitó un siglo para instalar la instrucción pública y para firmar un concordato con la Iglesia Católica, que permitiera institucionalizar así la famosa Ley francesa, pilar de la República: instrucción pública, obligatoria, gratuita y laica.

En el siglo XXI, nos podemos inspirar del derrotero “Los sietes saberes para la educación del futuro” que propuso Edgar Morin, en la UNESCO. Sin duda hablaremos más adelante de ese texto fundador.

Con todo, no podemos pasar por alto que, desde la remota oposición entre lo social y lo individual, no basta con tener razones sociales, públicas o estatales para el buen vivir. Jesús fue uno de los primeros en plantear el dilema, al responderle a los Doctores de la Ley: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. San Agustín retomó el mensaje de humanismo individual del Cristianismo para cuestionar la diferencia entre razones públicas, privadas e íntimas, cuando, en plena decadencia romana, opuso los valores de la Ciudad Terrestre (el imperio romano) a los de la Ciudad Celeste (el mundo cristiano). Frente a la decadencia y tiranía del poder instaurado, aceptar las razones públicas de su permanencia se vuelve un dilema para el sujeto, pues éste corre el riesgo de convertirse en un colaborador de la decadencia, cómplice de la injusticia y la corrupción. Los franceses lo vivieron en carne propia, cuando el Mariscal Petain instaló el Estado francés, pactando así con Hitler y aceptando que los Nazis invadieran media Francia. Millones de franceses colaboraron con la estigmatización y exterminación de los judíos, haciendo de éstos el chivo expiatorio de la crisis económica, social, política y moral de la Europa de entonces. Así pues, el sentido que proponga el Estado para la querencia nacional, no basta. Los individuos requieren de sentidos complementarios, privados e íntimos. No basta con impuestos y seguridad ciudadana, pan y circo. En efecto, el humano ilustrado necesita también vida privada e íntima, sentimientos desinteresados, experiencias poéticas y no únicamente prosaicas. Acotemos en incisa que la prosperidad y la paz en un Estado contribuyen al buen vivir casero y a la disponibilidad para una vida íntima de los sujetos. Acotemos también que la disyunción de San Agustín, útil en época de tiranía estatal, pues permite preservar la vida privada y la libertad interior, sinembargo, se puede convertir en impase, cuando se busca movilizar la energía colectiva y las buenas voluntades para construir un paraíso terrenal, una convivencia responsable y solidaria en territorios urbanos y rurales, respetando tradiciones y reglas comunitarias, respetando lo privado, cuidando la intimidad y la dignidad de cada persona, en tanto ser humano, único, inalienable y finalidad última de una sociedad cognitiva y democrática.

Esa visita histórica y metafísica de la noción de Estado-Nación debe hacerse de la mano de grandes pensadores y visionarios, antiguos y modernos, para entender su aporte a la propuesta de una unión andina y/o suramericana que ya no esté reprimida por historias heterogéneas, por la noción compleja de soberanía o por fronteras que son más por intereses de grupos y clases que por razones geográficas y etnográficas.

Revisitar la noción de Estado-Nación requiere conceptos inéditos y un paradigma complejo que permita repensar esa figura geopolítica, reuniendo a los patriotas de cada nación como ciudadanos de inter-naciones federadas por grandes proyectos de bien público. La res-publica -razón fundamental del Estado-Nación- debe plantear en el centro del debate la dignidad de lo humano, la fragilidad y belleza de los ecosistemas vitales, en vez de egos caudillistas, élites corruptas por el dios del dinero, ideologías comunistas obsoletas o lógicas de poder a corto y mediano plazo.

Nelson Vallejo-Gómez y CER en el "Aula UN del estudiante de la mesa redonda"

CER  ¿Opciones de mejor futuro?

NVG Se requiere, a gritos, una ideología política renovada, una “política de civilización”, diría Edgar Morin, para pensar debidamente el porvenir de las naciones americanas, donde estén integradas y comprendidas las lecciones de la historia europea, tanto la colonialista como la liberadora y la utopía realista de una Unión europea, cuya divisa es “Unidos en la Diversidad”. América latina ignora la historia del proyecto de Unión Europea, que ha permitido al eje franco-alemán y a los países miembros de la Unión evitar la guerra entre Estados-Nación, regulando intereses nacionalistas, racismos y políticas populistas de corte chivo expiatorio, creando macro-proyectos de investigación, tecnología e industria, como Airbus o Arianespace.

Los países latinoamericanos tampoco han integrado en conjunto las lecciones reencontradas de las culturas prehispánicas, en particular la interrelación y cuidado que tenían aquellas en la triada individuo-naturaleza-sociedad, en las estrategias de su época para enfrentar el cambio climático y la transición ecológica.

Sigue pues, en vilo, repensar una organización política de Estado-Nación, que tome en cuenta las emergencias propias a la modernidad en América Latina, enfrentando el desafío de pensar en bucle virtuoso la diversidad y la heterogeneidad de sus culturas y sociedades, sin temerle a ese “laberinto de la soledad”, que representa la modernidad, como decía Octavio Paz, cuando estudiaba la mexicanidad.

 

CER Nelson, hay un tema también de tu preocupación y es del proceso de mestizaje que se ha vivido en Latinoamérica, tanto en lo étnico como en lo cultural, ¿cómo ves ese proceso? y ¿cuáles son tus apreciaciones de futuro?

NVG Yo creo que el mestizaje latinoamericano aporta a la globalización y a la conciencia en evolución de identidad humana planetaria una dimensión de inclusión del tercio excluido, y una comprensión serena de todas las contradicciones que implica integrar la diversidad de culturas y de orígenes, respetando la heterogeneidad de pueblos y naciones. El mestizaje latinoamericano puede ser una respuesta al “choque de civilizaciones” que nos predicen los geopolíticos de la ideología del terror.

El mestizaje de carácter latinoamericano es mucho más que simple criollización. En el mestizaje latinoamericano encontramos ya integrada, en bucle dialógico, la multiversidad del individuo, es decir, diferentes pertenencias e identidades: la dimensión indígena, africana, europea, asiática.

La dimensión africana fue ignorada por siglos. La globalización y la revolución digital de las tecnologías de la información y la comunicación han dado a conocer al mundo la literatura, la música y los ritos corporales afroamericanos del Caribe, Brasil, Colombia, Perú. Pero lo africano que llevamos dentro sigue “negriao” y despreciado en las relaciones socio-culturales y políticas.

De igual manera, la dimensión asiática del mestizaje latinoamericano ha sido ignorada, pero la vemos perfectamente integrada en la gastronomía y en los negocios en el Perú y en la región de Sao Pablo en Brasil (10% de la población del Perú es de origen asiático, en particular japonés y chino). El imaginario latinoamericano considera al Perú como un país andino, por lo Inca prehispánico, pero desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el Perú es, con parte en Brasil, un país asiático por excelencia. Con lo cual, en Lima, se vive la globalización de la era planetaria, como desde el siglo XVI se vivía ya la mundialización. Hay que releer al respecto al gran historiador, mi amigo Serge Gruzinski, en particular su libro “Las cuatro partes del mundo” (París 2004).

Con el mestizaje latinoamericano se toma conciencia de una identidad humana en clave planetaria, podríamos decir la nueva raza en síntesis cósmica, como decía Vasconcelos, es decir, ahí encontramos unidos en diversidad al indio, al negro, al blanco, al amarillo. Hay, relianza de culturas, “ríos profundos”, como lo designaba con fineza el gran escritor peruano José María Arguedas, cuando estudiaba los dilemas de un país hecho 100% de Quechua y 100% de Español.

En la zona del Caribe colombiano, por ejemplo, encontramos una contribución importante de culturas del Medio y Extremo oriente. Es el aporte de toda la emigración siria o libanesa, entre otras. En el Mestizaje latinoamericano, tenemos el sincretismo extraordinario de relianza cultural con la cruz católica y las diferentes culturas de origen indígena (Aztecas, Incas, Mochicas, Chibchas…). En el Mestizaje latinoamericano, hay corrientes pictóricas tan interesantes como la escuela de Cusco, en donde se integra de manera barroca la narración del mundo católico e hispánico con la narración del mundo indígena. Vemos una virgen india o negra, o en la última cena, papas en vez de trigo, o conejillo de indias (cuy) en vez de pescados.

Yo creo que en un mundo globalizado, en donde se teme tanto al choque de civilizaciones, el mestizaje latinoamericano aporta una dimensión interesante de tejido de culturas, de civilizaciones y de razas para pensar la identidad humana planetaria.

 

CER Nelson, por favor, recuérdanos ¿en qué circunstancias, en qué momento conociste a Edgar Morin y te acercaste a él, con proximidad de mutua colaboración hasta hoy?

NVG El encuentro con Edgar Morin fue revelador de mi doble condición franco-colombiana. Conté esa historia fundacional en un libro que publicó la Derrama Magisterial en el Perú, en agosto de 2009: “Edgar Morin, humanista planetario”, cuando recibí el Premio Nacional “Medalla Encinas”, recompensa a cuatro años de mi trabajo como Agregado de cooperación universitaria, en la embajada de Francia en Perú.

                                                  
Edgar Morin condecora a Nelson Vallejo-Gómez con las insignias de Caballero de la Orden de las Artes y las
Ciencias (París, 09.X.2013)

Morin ha sido como mi “camino a Damasco”. He dicho y escrito que el Cóndor (yo lo llamo así) me despertó del pensamiento bipolar en el cual me forjó la modernidad occidental y, volcado de golpe al caldo de cultivo del pensamiento complejo y multipolar, es decir, a mí propia otredad, pensando en la incertidumbre sin temor al error ni al caos. En suma, Morin me ha enseñado a vivir abiertamente la humana condición planetaria de lo que cada ser humano es: una máquina compleja de la triada especie-individuo-cultura, un cerebro que produce un espíritu que lo piensa y designa su unidiversidad físico-químico-psicológica y cultural exclusiva.

Mi “camino a Damasco” fue una época de mi vida en que yo no sabía si quedarme en París o regresarme a Medellín, es decir, si enfrentar de una vez por todas, al terminar los estudios universitarios, la experiencia de la cultura francesa, una inserción profesional y construcción familiar en Francia, o volver definitivamente a Colombia y en particular a Medellín, de donde yo vengo. Quiero decir con esto que el encuentro con Edgar Morin es un encuentro en un momento en donde yo vivo una vida entre dos aguas o dos culturas; es el momento también de una crisis intelectual debido a una formación filosófica clásica en donde la concepción de pensamiento era de un principio de deducción tradicional con principio de causalidad absoluto, en donde una dialéctica clásica no integraba la dimensión del tercio o del otro en mí mismo, es decir, la dialógica y la incertidumbre; era un momento en el que, profesionalmente, no me encontraba satisfecho y había abandonado la academia.

Un día de 1995, me llamó un profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, que yo no conocía, el historiador Eduardo Domínguez. No le pregunté cómo consiguió mi teléfono, ni por qué creía que era yo la persona indicada para pedirle a Edgar Morin, que yo no conocía personalmente, su participación en un congreso sobre pensamiento complejo, que estaban preparando en Medellín. Gracias a una amiga periodista, conseguí el fax de Morin (internet no era todavía un sistema de comunicación usual). Pensé mucho en los debidos términos de la carta que le iba a mandar, para que se interesara de entrada en el proyecto. Al final, le escribí simplemente tres frases, algo así como “en Colombia lo estudian y lo quieren, están preparando un congreso sobre su obra, ¿aceptaría participar?”.

En pocas horas, Morin me respondió con un fax de dos líneas, diciendo que sí, y proponiendo una cita en su oficina en la Unesco.

Yo no quería servir mucho tiempo de intermediario, pero Morin consideraba que todo contacto con la UPB debía pasar primero por mí. Al contestarle, Domínguez decidió invitarme al congreso. Para justificar mi participación, propuse hacer tres entrevistas de Edgar Morin. Una sobre su obra, otra sobre el hombre y una tercera sobre ¿qué punto en su obra tenía incidencia en el mundo contemporáneo? Los organizadores aceptaron mi propuesta y cuando Edgar Morin la aceptó, le mandé una estructura de entrevista y me respondió diciendo: “¿Usted quiere hacer una entrevista o una tesis? Resulta que le mandé una propuesta de diez páginas, justificando cada pregunta en el contexto filosófico de la historia de las ideas. Me había puesto a leerlo y creí necesario documentar lo máximo posible la futura entrevista. Dos libros suyos me sirvieron entonces de guía: “Autocrítica” y “Mis demonios”. En aquel entonces, Morin había publicado ya los cuatro primeros tomos de “El Método” (La Naturaleza de la Naturaleza, La Vida de la Vida, El Conocimiento del Conocimiento, Las Ideas). Pero, cuando empecé a leerlos, caí en la cuenta de que iba a necesitar mucho tiempo para entrar de lleno en tan magna obra. Morin crea sus propios conceptos, a la manera de un Picasso de la filosofía. Estamos en presencia de un “creador de conceptos”, como llama Gilles Deleuze a los filósofos preceptores. Y más que filósofo, Morin es un pensador. Yo diría que también es un sabio, porque más allá de crear conceptos, él no se satisface con construir nuevos tejidos conceptuales o edificios filosóficos, sino que aplica esos nuevos conceptos a la comprensión de la complejidad de los sentimientos, a la madeja de la vida cotidiana. Es un pensador que vive con los pensamientos y piensa con la vida, como decía Henri Bergson que se debe pensar y vivir.

En los años 70s, del siglo pasado, Morin gustaba presentarse como un “sociólogo de la cotidianidad o de las vivencias”. Pues es un hombre que tiene un extraordinario olfato para leer, en el caos de hechos cotidianos, una línea de sentido, y por eso, los que critican la obra de Edgar Morin, diciendo que no tiene solidez científica, se equivocan. Los críticos de Morin piensan que su obra no tiene la estructura conceptual clásica, que ellos consideran necesaria para un universitario mandarino.

En realidad, Edgar Morin es un pensamiento constantemente en creación, que se elabora a la temperatura de su propia destrucción dialéctica. Reflexiona por singularidades, periferias, fractales mentales, por caminos de travesía conceptual. Le gusta decir que él es un pensador “indisciplinado”, es decir, no se deja someter por el objeto, la lógica y el método de una disciplina. La explora desde el meollo mismo paradigmático y la visita sin pasaporte universitario. A veces, hay una frase en un texto de Edgar Morin que trastoca todo el texto, y en ese sentido para mí, él siempre ha sido un autor que inspira e invita a pensar por uno mismo, es decir, un pensador que, como Nietzsche, invita a pensar a “golpes de martillo”, pero sin cinismo. Lo tengo, en ese sentido, por uno de los grandes pensadores del siglo XXI, como Heidegger lo fuera para el siglo XX. Hay, en Morin, un trabajo constante en la conceptualización de la lengua, que va más allá de la gramática y más allá de la construcción de relatos filosóficos. Morin es un pensador que libera las palabras del lenguaje, los sentidos de las teorías, los sujetos de los prejuicios y las marcas culturales.

CER  Nelson, en un libro de tu coautoría con Cándido Mendes, encontré el significado de la complejidad de Edgar Morin en los siguientes términos: “interpretada la complejidad como el viaje de un Ulises contemporáneo hacia una paleontología del futuro de la latinidad en la búsqueda del universal por los países latinos”, ¿cómo pudieras tú interpretar esa idea en términos prácticos?

NVG  “La Latinidad a la búsqueda de lo universal” es el título de un libro que publicamos con Cándido Mendes de Almeida en 2001, como testimonio conceptual de la creación de la Academia de la Latinidad. Yo conocí al Rector de la Universidad homónima, gracias a Edgar Morin y al Primer Congreso Interlatino de Pensamiento Complejo que organizamos con auspicio de la Unesco, en la Universidad Cándido Mendes, en Río de Janeiro, en septiembre de 1998. Mendes quería crear una “compañía de letrados”, como la Academia Francesa o la Academia Brasilera de Letras, pero inspirada en la herencia cultural de la Latinidad. Por entonces, yo estaba de asesor en el gabinete del Ministro francés, Claude Allègre. Logré que se me concediera un mandato de “prefiguración” para acompañar el proyecto propuesto por Cándido Mendes.

De entrada, yo iba inspirado en la obra de Morin y en la idea de que el pensamiento complejo es una herramienta para enfrentar la incertidumbre y entender la dimensión pluricultural de las personas, desde la dimensión arqueológica de la antropología, algo como regresar a Ítaca, pero no en el sentido de una Ítaca idealizada, sino inclusiva.

Sabemos que el “regreso” propiamente no existe, pues somos flechas de tiempo en movimiento impulsado al porvenir; no hay regreso físico o espacio-temporal a lo pasado. Se regresa en remembranza, en reflexión, poéticamente, es decir, “en busca del tiempo perdido”, como decía Marcel Proust. Reflexionar es construir constantemente con el pasado una dimensión de futuro, que ya está en potencia en el pasado. Esa es también la idea de la paleontología de la latinidad como búsqueda, es decir, como saudade que añora, no lo acontecido, sino los futuros posibles que se quedaron pendientes, en potencia, cuando las circunstancias actualizaron otros acontecimientos.

Consideramos con Cándido Mendes que América del Sur y el Caribe son archipiélagos culturales, en donde se puede pensar una latinidad renovada, moderna, prospectiva, una latinidad de futuro, es decir en donde todos los valores culturales de la “Vía grecorromana” que nos constituye, de Roma a Atenas y Jerusalén, pasando por Berlín, París, Madrid, Bogotá, Lima, Rio de Janeiro o Buenos Aires, representa un crisol de creatividad. Pensamos que el mar madre/patria mediterráneo y el mar madre/patria archipiélago del Caribe fraguan un mestizaje hecho de la triada Europa, África, Américas. Nos inspiraba también la obra extraordinaria “El discurso antillano”, del poeta franco-antillano, Edouard Glissant, quien concibe al Caribe como una Relación vinculante constante. Lo que nos trae de nuevo a la dimensión del mestizaje latinoamericano. La Latinidad es una propuesta vital de grandes valores y a su vez tenemos ahí un crisol paradigmático inédito.

CER  Nelson, ¿qué relación puede establecerse entre la fenomenología y la teoría de la complejidad?

NVG Ambas buscan darnos un conocimiento de la realidad, pero la fenomenología sigue maniatada a conceptos de filosofía clásica, encerrada en oposiciones tales como fenómeno/concepto, materia/espíritu, cuerpo/alma, sin poder desligarse de la herencia del pensamiento disyuntivo, del cartesianismo simplificador; mientras que el pensamiento complejo busca pensar la complementariedad de los opuestos, que constituyen la organización de lo real. Debemos acotar que, tratándose del conocimiento, lo fenoménico es 100% espiritual y lo espiritual 100% fenoménico, que somos, al pensar, 100% especie y 100% cultura. En términos del poeta Arthur Rimbaud, se trata de poseer un alma en un cuerpo.

En el libro que escribí en 2009, “Morin, humanista planetario”, comparé la obra magna del Cóndor, “La Méthode”, con la obra de Hegel, “La enciclopedia de ciencias filosóficas”. Dije que Morin era como el Hegel del siglo XX, pero con la diferencia de que el pensador francés busca en el método de la complejidad la dinámica que ponga los conocimientos y las ideas en ciclo, en bucle, en movimiento físico-químico-psíquico-cultural, consciente de que lo que no se regenera, degenera. Y ya no, como lo quiso hacer Hegel en el siglo XIX, reunir en una lógica dialéctica y filosófica las civilizaciones y culturas del mundo, clasificadas y conocidas en aquel entonces por el eurocentrismo reinante.

Hegel buscó condensar el saber conocido en su época en una enciclopedia, con pretensión objetiva y universal, que reuniera Política, Derecho, Historia, Arte, Ontología, Religión, Moral. Por cierto, Hegel intuye que el “saber total” es imposible, que también corre el riesgo de ser totalitario, por eso se cuida de una abstracción o de una Idea desconectada de la realidad o de los fenómenos. Sinembargo, los críticos del pensador alemán vieron en su obra, mal comprendida, un peligro de totalitarismo conceptual, un círculo perfecto encerrado en sí mismo, una serpiente que se muerde la cola. Hegel buscó un hilo conductor que le permitiera compendiar cualitativamente y no cuantitativamente los conocimientos. Por eso propone que la filosofía, reina de los saberes (todavía se le creía reina, aunque otros la llamaran consoladora frente al miedo de morir o sirvienta de la teología), fuese un sistema que, gracias a la lógica dialéctica, reuniera enciclopédicamente los saberes. Hegel nombra a ese hilo de Ariadna: “La fenomenología del espíritu”. Este sintagma compendia la eterna querella entre materialistas y espiritualistas, pues si el espíritu es también fenómeno, entonces tiene materia, sensaciones, evoluciones, corrupciones. Como tal, el espíritu se vuelve humano ¡demasiado humano! -retomando un decir del famoso pensador alemán del siglo XIX, Federico Nietzsche.

Fenomenología, ciñéndonos a la etimología de la palabra, es el estudio de los fenómenos. La palabra se compone de las voces griegas φαινόμενoν (fainómenon), que significa ‘fenómeno, lo que se manifiesta, lo que se muestra’, y λóγος (lógos), ‘estudio, tratado’.

Hay de Hegel a Heidegger, pasando por Husserl, Scheler, Merleau-Ponty o Jean Paul Sartre diferentes vertientes de la corriente filosófica llamada “fenomenología”.

Husserl consideraba que su metodología consistía en “ir al fondo de las cosas mismas”, “salvar los fenómenos”, como decía Aristóteles, oponiéndose así al imperativo categórico kantiano que consideraba imposible tener conocimiento de la cosa misma o de la “cosa en sí”. Por lo visto, que razón razone en beneficio de la ciencia empírica, Kant deja arte y religión que se encarguen del Alma, la Eternidad y la Libertad.

¿Por qué camino o método se puede ir al fondo de las cosas mismas? ¿Por la fenomenología, las ideas o la complejidad? Con la “Crítica de la razón pura”, Kant nos previene sobre la ilusión de un fondo, esencia o “en sí” de la cosas. Con la fenomenología transcendental, Husserl busca recuperar la posibilidad para el sujeto consciente de acceder a una forma de absoluto. Sinembargo, ¿qué parte del fenómeno se pierde en el concepto y qué parte del concepto es como un axioma que escapa a lo espacio-temporal?

El pensamiento complejo nos ayuda a integrar la idea de que no hay esencia o fondo en las cosas mismas, sino que hay que construir un sentido de las cosas, un sentido complejo, porque no puede ser únicamente en sentido objetivo, de objetividad del fondo de las cosas mismas, como tampoco puede ser el sentido del sujeto que construya e imponga un sentido a las cosas mismas, desde la fenomenología de la conciencia, porque sabemos que no puede ser el sujeto únicamente quien construya el significado de las cosas mismas, porque la realidad es mucho más fuerte que toda construcción subjetiva, y la objetividad es estúpida, cuando solo es objetividad del objeto, en su expresión de cosa misma, como la subjetividad es la loca de la imaginación, cuando excluye la dualidad en el ego sin alter ego. Debemos acotar que para el pensamiento complejo, eso que llamamos “fenómeno” es ya una sopa de conceptos, sensaciones e interpretaciones.

Con todo, huelga tener en cuenta que la fenomenología hizo ya un gran aporte metodológico, al recordar que tenemos que “ir al fondo de las cosas”, que hay que volver “al fondo de las cosas”, que hay que volver al fondo de la realidad y que no nos podemos quedar únicamente en la interpretación de la realidad o que el significado no puede ser únicamente un juego lingüístico de dogmas de poder, de significados culturales en el lenguaje para darle el relato de significado a la cosa misma o a la realidad, sino que efectivamente estamos frente a un misterio ¿qué es la cosa, el ente? ¿Qué es la realidad?


CER  ¿Y la relación, por ejemplo, con la ciencia…?

NVG  El Ser es una propuesta irreductible al conocimiento contemporáneo. Hay una dimensión de irreductibilidad en el ser que es tal vez la posibilidad de que haya todavía necesidad de conocimiento. La ciencia ha avanzado en los últimos 60 años de una manera impresionante cuando vemos que se ha logrado llegar al conocimiento de dimensiones microscópicas y dimensiones macroscópicas del universo. Se ha llegado hasta descifrar la estructura del ácido constitutivo de nuestras células, pero vemos igualmente que hay una fuente de desafío extraordinario en lo que es el cerebro y la construcción de sentido psíquico. El acertijo, como dice Morin, es que estamos en presencia de un cerebro que produce un espíritu que lo piensa como organización y sistema. El cerebro humano está en interacciones dialógicas y recursivas, en bucles sistemáticos físico-químico-psíquico-culturales, es decir que en las células neuronales, en la interacción y la conectividad de las células neuronales, en donde por decirlo así se fabrica el sentido y se fabrican los instrumentos conceptuales para entender el mundo, para interpretar y modificar el mundo. Para crear mundo en interacciones neuronales se necesita aperturas y cerraduras, pero no en figura mecánica sino en esquemas dinámicos. Hay un juego de química y a su vez de física, en relación con el lenguaje y la cultura del individuo. Hay una dimensión energética. Somos máquinas literarias delirantes, como decían Gilles Deleuze y Félix Guattari.

La dialógica cerebro-espíritu-cultura genera sensaciones, interpretaciones, ideas, imágenes, recuerdos. Eso es una fuente extraordinaria de complejidad y de misterio, y también está el hecho de que no sea un circuito cerrado.

El otro día me paseaba por la avenida 9 de julio en Buenos Aires con mi hijo de 10 años y me preguntó: “papá, hay una cosa que yo, como niño, no entiendo: ¿por qué todos no hablamos el mismo idioma?, ¿por qué todos no somos iguales?, ¿por qué hay países diferentes y por qué hay culturas diferentes?”. Después de un segundo de sorpresa y estupefacción por la simpleza y complejidad de su pregunta, le respondí: “creo que es debido al poder psíquico, a la fuerza psíquica, al cerebro humano”.

Somos seres constituidos de un circuito complejo abierto, y en esa apertura hay la posibilidad de integrar una nueva información, y cada individuo integra nuevas y diferentes informaciones y se constituye el núcleo de sociedad que integra y desarrolla nuevas informaciones en códigos diferentes, por eso podemos hablar diferentes idiomas, es decir, tenemos en el cerebro un disco duro abierto interactivo, inter-contextualizado que maneja a su vez en equilibrio lo eco-auto organizador, para utilizar términos conceptuales de Edgar Morin, pero a su vez tiene una dimensión de apertura. Podríamos decir que esa dimensión de apertura es la dimensión de punto de escape, también si lo traemos a la sociología o a la antropología podríamos decir que es la eterna insociabilidad del hombre, o tal vez sea la figura divina en el cerebro.

                                                                                       
Edgar Morin congratula con afecto a NVG al imponerle las insignias de Caballero en Ciencias y Artes (09.X.2013)

CER  Volviendo a tu relación con Edgar Morin y con aquella anécdota que nos recordabas de ser un intermediario para un evento que organizaba una universidad en Medellín, a poco tiempo del establecimiento de esa relación y construida con esa empatía de los dos, aparece un trabajo que realizan juntos, que es el libro ya clásico imprescindible: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, te pregunto: ¿qué situaciones los animó a los dos para desarrollar esa obra y de qué manera aparecen allí temas como la identidad, la comprensión, la ética, la pertinencia de los conocimientos y el manejo de errores e ilusiones?

NVG  Digo sin temor, pero con cierto temblor y respeto, que el destino me hizo partícipe de la maravillosa aventura en que se llevó a cabo la concepción de la propuesta, la organización del proceso, la química de las ideas, la pelea política por guardar la libertad de pensamiento, la redacción aparentemente contradictoria, el ir y venir desde y con la obra de Edgar Morin, animando un dispositivo de auto-eco-re-organización del texto mismo, a partir de una matriz regeneradora y la puesta en la prueba de ácido a través de una consulta mundial a expertos de los cuatro continentes, quienes, en su contexto cultural propio, tenían la misión de “tamizar” la lectura del documento-base de trabajo y aportar un punto de vista de carácter local; en suma, como en toda creación humana, íbamos quitando y poniendo materia conceptual a lo que solamente era en un principio una propuesta-base de 25 páginas, que tenía por título provisional “Para la educación del siglo XXI”, es decir, reflexionando a su vez sobre su contenido y su forma, con el fin de consolidar un texto final, que no excediera unas 70 páginas, que tuviera suficiente fuerza propia para ser a su vez una propuesta abierta, crítica y autocrítica, que fuese pedagógico sin ser pedagogo, que fuese incitativo sin ser vago, que fuese ambicioso sin ser excesivo, que pudiese ser leído por un individuo medianamente ilustrado, teniendo el paradigma occidental por formación y a su vez sensible a la docta ignorancia, a la interiorización del pensar en sí mismo o diálogo del alma consigo misma –definición del pensamiento según Aristóteles, como también saben hacerlo los orientales, sensible a la eco-auto-crítica, que es lo propio del conocimiento científico experimental, rastreable en todas las culturas antes de convertirse en ideología de poder de corte occidental; un texto que fuese a su vez poético y prosaico; en fin, un texto capaz de ser de veras un acicate a la reforma educativa de carácter paradigmático y no programático. Se buscó lograr un texto consolidado y organizado que pudiese incitar a los responsables políticos y a los educadores a concebir una educación capaz de promover una inteligencia general, apta para referirse a lo complejo de manera multidimensional, en un contexto dado y una concepción global. Así se fraguaron pues “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”.

 

 CER  Hay unos detalles complementarios sobre la real autoría del texto… Y ¿cuál ha sido su recepción?

NVG  El prefacio publicado en el texto oficial y firmado por el Director General de la UNESCO, Federico Mayor, al dar las gracias de la institución por el trabajo realizado, y refiriéndose al desafío que representa en todo sistema la reforma educativa como fundamento para poder reformar el pensamiento de la generación del relevo, anota lo siguiente: Mis más especiales agradecimientos van para Edgar Morin por haber aceptado estimular, junto con la UNESCO, una reflexión que facilite dicho debate en el marco del proyecto transdisciplinario Educación para un futuro sostenible. Expreso igualmente todos mis agradecimientos a los expertos internacionales que han contribuido a enriquecer este texto con sus sugerencias y muy especialmente a Nelson Vallejo-Gómez.

En la edición original de Los siete saberes, Edgar Morin asume la autoría general del texto, precisando sinembargo los agradecimientos y los aportes de otras personas, en los siguientes términos: este texto ha sido puesto a consideración de personalidades universitarias y de funcionarios del Este y del Oeste, del Norte y del Sur. Entre los cuales están (sigue una lista de 20 expertos consultados por la UNESCO). En el párrafo siguiente, Morin aclara una autoría suplementaria en términos que fueron negociados de la siguiente manera: Nelson Vallejo-Gómez fue el encargado por la UNESCO de retomar e integrar las propuestas y de formular sus propios aportes. El texto resultante contó con mi aprobación.

Esta negociación hace parte del “hueco vacío” o “historia secreta” de la elaboración de Los siete saberes, pues en el contrato original estaba previsto el reconocimiento tradicional de coautoría, lo que en ese tipo de trabajos se precisa con la formulación: en colaboración con fulano o mengano.

Esos aportes fueron de toda evidencia menores, no necesariamente en cantidad o en calidad, sino simplemente cuando se les compara con la obra monumental del maestro Morin.

Sinembargo, dichos aportes y el trabajo mismo efectuado por el encargado por la UNESCO de retomar e integrar las propuestas y de formular sus propios aportes, como lo escribe el mismo Edgar Morin, son la resultante de lo que se puede llamar el rol de colaborador del texto. En ese sentido, el trabajo de retomar, integrar y aportar jugó en la dinámica del proceso elaborador-organizador-emergente de Los siete saberes un papel clave, que por ser menor, marca la frontera, el vacío, el punto de fuga en su conjunto, asumiéndose necesariamente como el laboratorio en espejo o la puesta en práctica de la propuesta misma formulada en Los siete saberes. Esto es otra manera de entender el verso misterioso del poeta Antonio Machado; verso que aparece citado constantemente por Edgar Morin como si fuera cáliz de sangre divina, es decir, de transubstanciación, cuando se trata de dar la clave de una formula o de un método: Caminante no hay camino, / se hace camino al andar.

El texto original fue elaborado en francés y presentado en su momento adicionalmente en inglés y en castellano con traducción de la profesora de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia, Mercedes Vallejo, y con el apoyo atento a su legibilidad y correcciones gramaticales en los tres idiomas por la asistente de la Dirección del programa “Educación para un futuro sostenible”, Françoise Girard.

Años después, nos encontramos frente a un documento que tiene vida propia, que se ha convertido en un faro mundial en el tema educativo, que ha sido traducido a treinta y dos idiomas, y que circula hoy libremente por millones de redes. Los siete saberes son el primer texto que trata desde lo fundamental el tema de la educación para el nuevo Hombre del siglo XXI, para el Hombre de la era planetaria, en donde se entiende y asume un destino en forma de caleidoscopio, donde se entretejen el destino de la especie, del individuo, de la sociedad, de la historia y del Planeta Tierra.

Me ha tocado ver cómo ese texto es leído y discutido en Universidades de Paris, así como en escuelas de los Andes peruanos a donde se llega todavía a caballo; también me ha tocado personalmente ver cómo, cada uno de los siete capítulos de ese documento eran estudiados por grupos de profesores de diferentes regiones de Colombia durante seis meses, para luego ser presentados los comentarios en un encuentro nacional, organizado en Bogotá por Marco-Antonio Velilla M. y la Corporación Complexus para el desarrollo, en noviembre de 2000, en presencia de Edgar Morin y del Ministro de Educación de Colombia, como contribución a la reforma educativa en dicho país. Los siete saberes es constantemente “sometido a escuchas pedagógicas” por docentes, alumnos y expertos de diferentes disciplinas. También ha sido y sigue siendo sometido a “escuchas” de empresarios y de políticos. Esto se debe a que estamos en presencia de un texto abierto que permite justamente establecer un dialogo contradictorio y constructivo entre su contenido, su forma y los diversos contextos culturales en que se le somete a la prueba del ácido del significado.
 

 CER  ¿Fue posible que ese texto adquiriera la condición de guía fundamental para una reforma educativa pertinente?

NVG  Sucede con los grandes textos clásicos de la historia de la humanidad, como también con los grandes descubrimientos, algo curioso y es que, con el tiempo, se diluye el contexto y las particularidades, lo prosaico y lo trivial, las pasiones, las penas y las alegrías en que fueron elaborados o descubiertos. Sucede también que esos textos y esos descubrimientos se han hecho ya universales, alcanzando el estatuto de patrimonio inmaterial de la humanidad, beneficiando a toda la gente sin excepción de raza, cultura o condición social; por consiguiente su autor o autores, los actores o la historia que los engendró, quedan relegados a lo que podríamos llamar hechos menores. No es que esto desaparezca, pues basta con repensar, revivir el cuerpo de todo gran texto para saber y sentir que detrás de lo universal, detrás de cada gran hombre o gran idea, hay personas comunes y corrientes, hay un contexto histórico especifico, hay “hechos”, hay destinos que combinan lo individual, lo social, lo histórico, lo cultural, pero ante todo, hay un impulso que trasciende lo local y aspira a lo global.

Pasa igual con Los siete saberes. Recordemos que en el comienzo, ese no era el título de dicho texto. Sinembargo, mientras estemos en vida podremos dar testimonio y recordar el contexto, los actores y el método o camino que se recorrió para que ocurriera un hecho histórico, un hito en la educación para la era planetaria.

Fue en el marco de la 30° sesión de la Conferencia general de la UNESCO, el 27 de octubre de 1999, que el Director general, Federico Mayor, presentó oficialmente con Edgar Morin, Gustavo López-Ospina y mi persona, el original en francés de Les sept savoirs nécessaires à l’éducation du futur.

Para los mandarines de la educación tradicional, dicho texto parecía algo marginal y se extrañaban simplemente de la importancia, reconocimiento y protocolo que le concedía el Director general de la UNESCO. Asimismo, muchos burócratas de la red mundial de la ONU, se sintieron despojados de sus controles de identidad disciplinaria, al ver el sello de la UNESCO en un texto firmado por un solo pensador, y accediendo por eso mismo al rango de documento internacional de propuesta para la reforma educativa de los Estados miembros de la ONU. De toda evidencia, lo constatamos con el tiempo, diez años después, estábamos frente un hecho histórico, y los actores en juego lo presentían con videncia, es decir, frente a una magistral desviación en la historia de la educación, la misma que marca desde entonces la pauta para la reforma del pensamiento, reforma necesaria para pensar el mundo complejo en la nueva era de la identidad planetaria.

De hecho, Los siete saberes tienen una historia propia, una historia singular, donde la pasión fogosa, el eros inspirador y la amistad reparadora fueron también elementos decisivos para llevar a cabo la elaboración de un texto que aparecía para muchos, en particular para el ala conservadora de la educación y que, en la UNESCO tiene sus mandarines propios, una propuesta abrumadora.

El texto no ignora el desafío que enfrenta, pero los conservadores acusaban de inmediato la ausencia programática, manifestando en realidad el juego de poder y concesiones entre los tecnócratas disciplinarios, los representantes de sindicatos y ONGs representando intereses diversos y privados, con que se consensuan los “documentos oficiales” elaborados por los organismos intergubernamentales internacionales, y donde finalmente lo que prima es un lenguaje apático y políticamente correcto.

 

CER  Pero hay unos antecedentes que condujeron al resultado final de ese texto magnífico… Y, por supuesto, hay que pensar en la formación de formadores…

NVG  Con todo, la primera propuesta para la realización del futuro texto que nos ocupa se discutió en una reunión de trabajo, el 13 de febrero de 1998, llevada a cabo en la sede de la “Misión Morin” para la reforma del liceo francés, en una de las dependencias del entonces “Ministerio de Educación, de la Enseñanza Superior, de la Investigación y de la Tecnología”, cuyo Ministro era Claude Allègre, calle Descartes, en París, barrio quinto. En dicha reunión estuvieron presentes: Edgar Morin, Presidente de la APC (Asociación para el Pensamiento Complejo), NVG, Secretario general de la APC y Gustavo López-Ospina, director del programa transdisciplinario de la UNESCO, “Educación para un futuro sostenible”.

En esta primera reunión, simplemente se acordó la posibilidad de establecer un convenio entre la UNESCO y la APC, con el fin de elaborar una propuesta sobre educación, a partir de los conceptos claves del Pensamiento complejo, la obra de Edgar Morin y las experiencias adquiridas en las “Jornadas Temáticas, entrelazar los conocimientos”, como en los talleres que debían realizarse durante el CILPEC (“Congreso Interlatino de Pensamiento Complejo”; Rio de Janeiro, 1998). Deseoso de conocer de antemano cual sería el margen de autonomía posible de la APC en la elaboración de un documento que tendría el sello de la UNESCO, Edgar Morin propuso que se organizara también una reunión con el Director General, Federico Mayor. El Secretariado general de la APC fue encargado de redactar un proyecto de convenio, en el cual se estipulara en anexo el objetivo general del acuerdo, los objetivos específicos y la metodología de trabajo para la redacción del texto.

A manera de incidencia, es interesante para la historia del “paradigma disyuntivo” en Occidente que la propuesta de elaborar un texto que podríamos llamar el “Manifiesto del Pensamiento Complejo” o “Propuesta para pensar el conocimiento desde el paradigma de la complejidad”, haya nacido en la calle del filósofo emblemático del “gran paradigma de Occidente”. En efecto, Edgar Morin acota en toda su obra cómo dicho paradigma, formulado por René Descartes e impuesto por los desarrollos de la historia europea desde el siglo XVII, atraviesa desde entonces la manera disyuntiva de concebir el individuo, la sociedad y la naturaleza, desde la disociación sujeto/objeto, alma/cuerpo, espíritu/materia, calidad/cantidad, finalidad/causalidad, sentimiento/razón, libertad/determinismo, existencia/esencia…

Responsable desde mediados de los años 90s de aportar a la UNESCO los instrumentos conceptuales para repensar las nociones modernas y por eso mismo ya inoperantes de “progreso”, “desarrollo”, “sostenibilidad”, en el marco del programa internacional lanzado por la Comisión para el Desarrollo sostenible de la ONU sobre la “Educación, la sensibilización del público y la formación para la viabilidad”, Gustavo López-Ospina se había acercado ya a los planteamientos de la obra de Morin, en particular en los libros Para salir del siglo XX (1981), Ciencia con Consciencia (1982) y Tierra-Patria (1993). En efecto, López-Ospina sabía de entrada que no habría reforma política de desarrollo de fondo posible, en lo que a la economía y a la sociedad se refiere, capaz de implementar un desarrollo sostenible y sustentable, desde un punto de vista integral e interdisciplinario, interdependiente y multidimensional, además de justo y solidario, sin una reforma educativa río arriba y asumida como finalidad política fundamental por los responsables políticos y administrativos, por la sociedad civil y sobre todo por los mismos maestros. Ya que, como lo recuerda Morin citando a los reformadores socialistas rusos del siglo XIX, la pregunta fundamental en toda reforma educativa es “¿quién va formar a los formadores?” o “¿quién va educar a los educadores?”. Uno presiente que el tema puede ser tan general como inabordable, pues lo primero que viene a la mentalidad racionalista clásica es la figura del “circulo vicioso” o la historia del “huevo y la gallina”.

Percibimos aquí las paradojas milenarias elaboradas en la Antigua Grecia por el presocrático Zenón de Elea, relativas a la liebre y la tortuga, o a la división de cero a uno, de manera infinitesimal, del espacio real confundido con la abstracción aritmética del mismo. También sabemos ya, desde que Morin retomó en su obra los hilos ancestrales del pensamiento complejo, que el problema central sobre el conocimiento del conocimiento no está en la verdad o falsedad de las ideas, sino en la dimensión paradigmática de las mismas, es decir, en la manera como se organizan las ideas de los conocimientos con respecto a la cultura, a la sociedad, al individuo y a la naturaleza. Por otro lado, la cuestión reside también, tanto en el sujeto formador como en el objeto de formación y, sobre todo, en la política de formación –que Morin nombra profundamente “política del hombre” o “política de civilización”, es decir, en la propuesta organizadora, paradigmática, que una política educativa es capaz de asumir.

Retomando la pregunta de los reformadores socialistas, uno podría responder que es “la política educativa” la encargada de formar a los formadores y de educar a los educadores. Pero todavía es necesario elaborar e implementar una política educativa que asuma de manera integral la reforma del pensamiento en la era planetaria. Esta política está esbozada en ciertos planteamientos innovadores a nivel local, nacional e internacional, pero no prima, porque los intereses financieros y las identidades culturales de los Estados Nación mantienen todavía el tema educativo como un instrumento soberano para la reproducción de élites con idiosincrasia local.

La educación vehicula una promesa de universalidad que permanece siempre sin cumplirse, pues de lo contrario, el individuo ilustrado accedería a la condición de identidad global, humana, planetaria. Y esta condición es difícil de asumir, porque implica la conciencia de un arraigamiento-desarraigado y un desarraigamiento-arraigado; en lo cual se perfila una condición de sabiduría y una capacidad mental de estar fuera y dentro del individuo, fuera y dentro de la sociedad, fuera y dentro de la naturaleza, fuera y dentro del universo, es decir de estar fuera y dentro de la parte y del todo. Mostraremos más adelante que, en términos cognitivos, es lo que se define, desde Sócrates hasta Edgar Morin, pasando por Nicolás de Cusa, como estar y tener la condición de docta ignorancia.

El 21 de julio de 1998, Gustavo López-Ospina organizó un almuerzo de trabajo en el último piso del edificio de la UNESCO en París, Place de Fontenoy, con la presencia de Federico Mayor, Edgar Morin y NVG, en el cual se estipuló la situación y el contexto diagnosticados para la elaboración del texto, se estableció la metodología y las condiciones de elaboración, se acordaron los términos del convenio entre la APC y la Dirección del programa “Educación para un futuro sostenible”, y se hizo un pacto de caballeros entre el Director General de la UNESCO y el Presidente de la APC, en donde se aseguraba total libertad de pensamiento en la formulación de la matriz generadora del texto, cuya redacción de base corría por cuenta de Edgar Morin. Así mismo, Edgar Morin aceptó que dicha matriz o documento-base fuese sometido libremente a la prueba del ácido de expertos en diferentes contextos culturales, y que se retomaran e integraran propuestas, así como los propios aportes del Secretario general de la APC, encargado por la UNESCO de integrar y estabilizar, bajo la mirada de Cóndor de Morin, el texto final. Se acordó que el objetivo específico del texto final fuese una contribución al debate internacional sobre la forma de reorientar la educación hacia el desarrollo sostenible. En el prólogo de la publicación original del texto, el Director General de la UNESCO precisó dicho objetivo en estos términos: Mi intención es que estas ideas (Los siete saberes) susciten un debate que contribuya a ayudar a educadores y dirigentes a aclarar su propio pensamiento sobre este problema vital.


CER
  Importante también aludir al método de trabajo, con la mira puesta en el “destino planetario”…

NVG  Detengámonos un momento en el diagnóstico, el contexto y el método que sostienen la elaboración de Los siete saberes. La humanidad ha logrado en los tres últimos siglos, desde el advenimiento de la Modernidad, y en particular en la segunda mitad del siglo XX, un desarrollo enorme de las ciencias y de la tecnología, que conlleva una híper especialización de las disciplinas, donde la concepción del hombre, la sociedad y el mundo desaparece entre dos infinitos. La obra de Morin acota por doquier la necesidad de repensar el Individuo, la Sociedad y la Especie desde una visión global, interconcectada y una concepción multidimensional, en interconexión de los conocimientos para pensar desde la complejidad. La educación debe promover una inteligencia general y global, contextualizada y compleja, entrelazada del Hombre, la Cultura y el Mundo.

Analizando lo ocurrido durante el siglo XX, Morin dice que se trata de la “era de hierro planetaria”, es decir, de una fase en el proceso de humanización. Por lo mismo,  predice y evoca que el siglo XXI será el siglo del renacimiento de un nuevo humanismo o no será; entendiéndose como el siglo de una era de nueva ilustración sobre la condición humana. La humanidad deberá ser repensada con un nuevo paradigma, desde la complejidad de su género en triada individuo↔sociedad↔especie, pues los avances especializados y de punta de las ciencias naturales, sociales y humanas muestran, por eso mismo, que la humanidad en general y el hombre en particular no pueden ser pensados como una noción únicamente físico-química, biológica, cultural, religiosa, jurídica, sociológicamente abstracta en “actor social” o idealmente cosmopolita; la humanidad es ahora una comunidad de destino planetario, algo por realizar mediante una acción individual y colectiva de un nuevo tipo, una antropo-ética. Se trata de la resultante de la toma de consciencia provocada por la condición de vida misma del común de la gente, expuesta y volcada al mundo globalizado, en crisis de vida o muerte en el individuo, en la sociedad y en la especie. La humanidad requiere ahora asumirse como la unidad diversa de un complejo en triada auto-eco-organizadora-destructora y regeneradora de individuo↔sociedad↔especie, que habita un único territorio posible para su supervivencia, la Tierra-Patria.

Se entiende que esta nueva era de la humanidad, la era planetaria, requiere de una educación capaz de transmitir la tradición y a su vez asumir la ignorancia e incertidumbres que genera por doquier el aumento de conocimiento, lo inédito y lo imprevisible, sin caer en la trampa de la moda, que presenta lo repetitivo y el simulacro como si fuera lo original, sin caer en las trampas de la “diversidad cultural” que diluye y desintegra las identidades individuales y locales en el discurso oportunista del consensual-ismo, sin caer en la trampa de la globalización que ofrece una visión unidimensional del hombre, la sociedad, la economía, el urbanismo, la cultura, la comida.

Una visión maniquea podría presentar a Los siete saberes y al “Pensamiento complejo” como la saga de un combate entre el “paradigma de disyunción” y el “paradigma de complejidad”, mientras que en realidad, como el texto mismo lo precisa en su versión original, inspirado en los aportes de Emilio Roger Ciurana a la matriz: se trata de comprender un pensamiento que separa y que reduce junto con un pensamiento que distingue y entrelaza. No se trata de abandonar el conocimiento de las partes por el Conocimiento de las totalidades ni el análisis por la síntesis, hay que conjugarlos. Es un verbo que utilizamos a menudo sin estar consciente de todo lo que significa su acción: conjugar. Por lo demás, Morin lo acota por doquier en su obra, a saber: el “Pensamiento complejo” no es el bálsamo o remedio como tal del buen pensar, la realidad es que el mismo “Pensamiento complejo” enfrenta sus propios desafíos a los cuales los desarrollos propios de nuestra era planetaria nos confrontan ineluctablemente.

Dos acontecimientos importantes en la historia de la Asociación para el Pensamiento complejo y en la obra de Edgar Morin se cristalizan en el año 1998, condicionando la emergencia de Los siete saberes. Se trata por un lado de la “Misión Morin”, en el marco del Consejo científico de la consulta nacional: “¿Qué saberes enseñar en los colegios?”, con el fin de proponer una reforma de la educación media en Francia, en particular de los currículos en los tres últimos años del bachillerato. Misión que se llevó a cabo en el gabinete del Ministro de Educación de Francia, aproximadamente entre octubre de 1997 y agosto de 1998, gracias al apoyo incondicional del entonces Asesor especial del Ministro, el profesor Didier Dacuhna-Castelle. La logística, la animación, la organización de las actividades propuestas y la publicación de los resultados obtenidos estuvieron a cargo de la APC. La Secretaría General de la “Misión Morin” fue confiada por el Gabinete del Ministro, en acuerdo con Edgar Morin, al Secretario General de la APC, es decir, a mi persona. Por otro lado, la APC venía, desde finales de 1996, en el marco de sus diversas actividades asociativas, preparando la organización en la Universidad Candido Mendes, en acuerdo con la UNESCO, del Primer Congreso Inter Latino de Pensamiento Complejo, que se realizó, como ya lo indicamos, en septiembre de 1998, en Rio de Janeiro.

La “Misión Morin” dió lugar a la organización de unas impresionantes Jornadas Temáticas, entrelazar los conocimientos, como propuesta estratégica de encuentro entre más de 60 expertos de diversas disciplinas y reconocimiento internacional, en un diálogo a partir no propiamente de un objeto disciplinario, sino de temas globales propuestos por Edgar Morin con un argumento de trabajo transdiciplinario. Dichos “objetos globales culturales” fueron: “El Mundo”, “La Tierra”, “La Vida”, “la Humanidad”, “Lengua, Civilización, Literatura, Arte, Cinema”, “La Historia”, “Las Culturas adolescentes”. La última jornada fue consagrada a una tentativa por estudiar los conceptos articuladores de dichos objetos globales, y se llamó: “Entrelazar los conocimientos”. Cada experto, que viniera de las ciencias humanas o de las ciencias duras, tenía por misión el proponer una lectura de uno de esos objetos, de manera sintética y global, como un sabio que, antes de morir, redacta el manual fundamental de vida y pensamiento que legaría a su hijo. Las actas de las Jornadas fueron publicadas por la editora francesa Le Seuil, en octubre de 1999, gracias al apoyo del mecenazgo de la empresa francesa Carrefour y del apoyo de Jean-Michel Djian, quien fuera entonces director del suplemento educación y cultura del diario Le Monde. La finalidad de esa “Jornadas” no era la elaboración de nuevos currículos de estudio, sino privilegiar el “aspecto reflexivo de la reforma educativa” y situar la propuesta de “conceptos estratégicos” en una doble inscripción dentro del sistema educativo nacional: revisitar las finalidades de la educación desde objetivos generales y el estudio de disciplinas en la perspectiva interdisciplinaria de grandes temas culturales.

Las Jornadas temáticas, entrelazar los conocimientos partieron del hecho de que el desarrollo del conocimiento desde el advenimiento de la Modernidad y de la Técnica en Occidente ha compartimentado y aislado los conocimientos los unos de los otros. Lo que no había sido el caso durante el auge del Renacimiento -véase el caso de un Pico della Mirandola o de un Leonardo Da Vinci.

Presidiendo al Consejo científico de la “Misión Morin”, el pensador francés acotaba en su propuesta metodológica que una reforma educativa presente, cuya finalidad está al horizonte del siglo mismo, es decir poder ser, como luego lo precisara el texto Los siete saberes: la educación del futuro -no entendida en sentido de direccionalidad, ni de instrumentalización, sino de intencionalidad- apunta la reforma a armar las mentes de los jóvenes de las generaciones por venir, enfrentando en las ideas mismas, en las mentes, en el mundo neológico, el desafío de entrelazar los conocimientos, para poder entonces pensar los grandes problemas de la era planetaria, que son problemas complejos, transversales, multidimensionales, interculturales y transnacionales.

Edgar Morin gusta decir que el ministro francés no tuvo en cuenta las propuestas de la “Misión Morin” para la reforma de la educación media, pero que ese informe le permitió extraer los elementos para la elaboración de su libro La tête bien faite (“La mente  bien ordenada”).

Sinembargo, también hay que decir que era la primera vez, en Francia, que un ministro de Educación se interesaba directamente en la obra de Edgar Morin y asumía públicamente nombrarlo presidente de un Consejo científico encargado de proponer los ejes fundamentales para reformar la educación media en dicho país.

El segundo acontecimiento importante o caldo de cultivo durante el año 1998, preparatorio a la emergencia de Los siete saberes, y que ya hemos mencionado, fue la organización y la realización en Rio de Janeiro del 1er Congreso Inter Latino de Pensamiento Complejo.


CER  Nelson, cambiando de tema, ¿cómo aprecias tú el futuro del libro en papel que hemos amado tanto, frente a los progresos del libro digital? Y ¿cuál será el futuro de las bibliotecas?

NVG: No es tanto el futuro del libro como tal lo que me preocupa, como el futuro de la lectura, yo lo veo en mis propios hijos. La dificultad que hay para leer, para leer de manera tradicional, es decir, un objeto de lectura que vaya de una página de número uno a otra de numero tal. Los jóvenes de hoy, del mundo virtual y de la globalización del internet, de las nuevas tecnologías, tienen una lectura interactiva, que de cierto modo es el trabajo que nosotros hacemos también con un libro cuando la lectura que hacemos es yendo y viniendo de un sentido al otro, es decir cuando pasamos de la página 2 a la página 50, pero lo hacemos cuando ya hemos hecho un mapeo global del libro, podemos recorrerlo y volver al capítulo 1, al capítulo 3, podemos hacer una interactividad con el texto. Sinembargo, ese trabajo de interactividad con un libro, que es un trabajo de lectura, los jóvenes lo pueden hacer con internet de manera mucho más rápida y, me da la impresión, sin tener los lazos de interrelación, sino que es de manera desorganizada y sin ninguna prioridad, con una interactividad abierta al infinito que es el internet, y no tienen la capacidad de poderse centrar en un conjunto organizado, que es lo que puede presentar el libro de papel como tal, es un objeto contextualizado, lo abres, lo cierras, te vas a abrir al mundo, pero la materialidad está contextualizada.


CER  Y quizá con otro problema que es el mayor: el chico entra por internet y tiene todas las fuentes, y la capacidad crítica no es de su aliento, entonces él corta y pega, y arma. La visión crítica, la estructura mental de libre examen para juzgar y componer de nuevo, establecer relaciones conscientes en los textos, parece no estar muy presente por el momento.

NVG  El futuro del libro es el futuro de la lectura. La pregunta pendiente es: ¿y de qué manera vamos a acceder al conocimiento que no sea ya a través del libro? Entendido  el libro de manera como lo entendemos desde la creación de la imprenta, es decir, un objeto determinado en un espacio y tiempo cerrado, que permite parar el tiempo, parar el espacio, no se está en movimiento. Por el contrario, en internet hay movimiento interactivo constante, conexiones con heterogeneidades múltiples. El futuro del libro va a ser: cómo enfrentar una nueva manera de leer descuadernada, donde lo que cuenta, como dice Edgar Morin, es la organización del conocimiento, cortando y pegando, como hacen los escultores clásicos con un bloque de mármol.

 
CER  ¿Se tratará de una transición? No se sabe cuál será el paso que se consolide más adelante en cuanto al desarrollo de las capacidades de comprensión y de juicio.

NVG: Hay otro tema, que es la base técnica del libro virtual. Depende de la tecnología de comunicación, de problemas de red, es decir, una biblioteca entera puede desaparecer en un segundo por un disco duro que se dañó. Dirán que igual, la biblioteca de Alejandría, la más importante de la Antigüedad greco-romana, se perdió en un incendio. Sinembargo, parece que hay más fragilidad en la transmisión de conocimiento a partir de soportes técnicos virtuales digitales, que a partir del soporte del libro en papel. Un libro puede pasar 50 años y aguantar el polvo y el paso del tiempo, los circuitos técnicos del soporte digital se malogran muy rápido con el polvo y los cambios de temperatura. Hay una fragilidad técnica. Es probable que la revolución digital traiga consigo el hecho de que la compilación del conocimiento se vuelva desechable. Con todo, lo digital apunta a la interconexión dinámica con la que se organizan las ideas, al juego de posibilidades, al corte y pegue del pensar. Por eso, lo digital se convierte como en un cerebro y memoria subsidiarios.

 
     Nelson Vallejo-Gómez y CER en la "Biblioteca CER de la UN-Manizales"

CER Nelson, entiendo que tú desde muy joven has tenido una vocación por la poesía, además tuvimos la oportunidad de disfrutar de esa sensibilidad tuya por la poesía en el 2009 cuando nos hablaste sobre la vida y la obra de Blanca Varela. Quiero que me cuentes cuál es tu relación personal actual con la poesía y que particularmente me hables un poco sobre la relación entre filosofía y poesía. Recuerdo en particular a una María Zambrano, pensadora española de la generación de los republicanos del exilio que fue ducha en esa relación.

NVG  La relación con la poesía es una relación que nos lleva a la fuente misma de la filosofía, ya que como tú sabes el origen de los primeros textos que llamamos filosóficos, son poemas. Véase por ejemplo, el poema de Parménides sobre la naturaleza, y el poema de Heráclito sobre el ser. Mi relación con la poesía ha sido filosófica, y poética con la filosofía, es una relación matizada por María Zambrano y por los estudios que hace Heidegger de los poemas de Parménides, Hölderlin, Georg Trakl. Mi relación personal con la poseía es una relación de búsqueda de un punto de fuga que me dé serenidad en el caos interpretativo, es un momento cuando florece el significado en el poema, la “palabra liberada del lenguaje”, como dice Zambrano. Es un momento en donde intuición, sensación, sentido, memoria, aromas y sabores encuentran para mí un equilibrio, un destello de luz significativa, como lo puede encontrar también el sosiego de una sonata de Mozart o de Beethoven, o las “Variaciones Goldberg” de Bach, en la interpretación sublime de Glenn Gould. Ahí se serenan contradicciones. Lo poético, más que la poesía, es también, para mí, como una biblia de cabecera. Siempre tengo un libro de poesía en mi mesita de noche, y cuando viajo me acompañan Neruda o Lorca, Blanca Varela, Rimbaud, Char o Glissant. Lo poético me permite ir buscando una ventana en lo desconocido y la incertidumbre, mi pedacito de infinito, una sed de belleza, un recoger significado que vaya más allá de lo conceptual, de lo preestablecido. Me sucede que la poesía me acompaña para desnudar en concentración un nudo semántico, conceptual, significativo de una problemática filosófica que esté trabajando y en sendas perdidas. Lo poético me da osmosis intelectual. Lo poético es, para decirlo en una palabra, lo que me apoya a entrar en dialógica, es lo que me ayuda a no encerrarme en un dogma o en una sola idea, es contrapuntos y fugas en cromática de infinitud.

 
CER  ¿Alguna vez escribiste poesía?

NVG  Escribí poesía cuando era adolecente. Poemas de amor, por supuesto. También escribí poesía social, pero me siento más libre en la prosa y el ensayo. Reconozco que el trance poético me abruma y vuelve tembloroso. La inmersión en el ser poético es un desafío muy grande. Sinembargo, recordemos la sentencia de Hölderlin: solo poéticamente se vive, o solo poéticamente el hombre habita la tierra. Lo que pasa es que uno no pasa el tiempo viviendo, uno pasa el tiempo queriendo vivir, o sobreviviendo, o tratando de buscar una manera de vivir, o buscando proyecciones de vida. Vivir poéticamente es estar buscando interconexiones en la inmensidad de la vida y nos ocurre en momentos de extrema conciencia frente a un peligro grave o una crisis intelectual o familiar, o una enfermedad grave, o puede ocurrir en experiencias extremas, como lo hacían los poetas malditos en el siglo XIX, o a través de fármacos, retomando una vieja tradición dionisiaca, es decir, pasar a un estado de excepción extraordinario para acceder a otro tipo de conocimiento de la realidad.


CER  Nelson, hay tres iniciativas tuyas, trascendentales, que quisiera quedaran consignadas en esta conversación: la primera es aquella comisión de intelectuales universitarios franceses que tú lideraste en París, de la cual hicieron parte Blanquer, Touraine, Morin, Pécaut, entre otros; te propongo que recuentes esa comisión en qué quedó, si todavía sigue vigente y actúan. Y las otras dos iniciativas también muy especiales, una de ellas que tal vez se alcanzó a vincular en conversaciones tuyas con William Ospina, es la idea de un “Plan Colombia educativo y cultural”, y la otra, en mayor grado pertinente en este país, promover una campaña nacional de moral práctica. Esta iniciativa última por ejemplo me recuerda un trabajo de ese gran humanista Don Alfonso Reyes, que a comienzos de los años 40 fue invitado por el gobierno de México para que se inventara una campaña educativa moralizante que se pudiera emprender en esa nación; tal iniciativa lo llevó a diseñar un pequeño manual que se llama “Cartilla moral”: son 14 lecciones muy abreviadas en las cuales en términos muy asimilables por la gente del común pudiera desplegarse una gran campaña de recuperación o de cimentación de valores de humanidad. La iniciativa tuya de campaña nacional de moral práctica me parece que pudiera tener esa conexión de antecedente en América latina. Entonces te repito, hay tres iniciativas que quiero me recuentes: la comisión de intelectuales universitarios franceses, el plan Colombia educativo y cultural, y la campaña nacional de moral práctica.

NVG  La experiencia de crear un grupo y una red académica por Colombia la llevamos a cabo a comienzos del 2000, cuando estuvo de embajador de Colombia en Francia Juan-Camilo Restrepo. Su esposa, la periodista María-Teresa Herrán, me pidió que ayudara a reunir intelectuales y buenas voluntades en favor de una Colombia mejor. La imagen colombiana en Francia seguía ensombrecida por prejuicios en función del narcotráfico, la violencia, el paramilitarismo. Para combatir esos prejuicios y entrar en temas de fondo, creamos ARCO (“Asociación de Reflexiones y Acciones por Colombia”). Una vez por mes, en función de un tema y un invitado especial a introducir el tema, nos reuníamos con Alain Touraine, Daniel Pécaut, Jean-Michel Blanquer, Michel Wieviorka, Yvon Le Bot. Gonzalo Sánchez-Gómez, de paso en varias ocasiones por París, nos acompañaba. Fue, a mi parecer, el periodo más activo en relación con la dinámica intelectual y académica de la Embajada de Colombia en Francia. ARCO resumía las intervenciones y proponía declaraciones. Personalmente, me animaba la idea de lanzar, desde París, la capital de los Derechos Humanos, un “Plan Colombia educativo y cultural”, alternativo al “Plan Colombia” de la “Seguridad democrática”. La idea consistía en aplicar, por medio de dicho “Plan”, los “Siete saberes”, texto del cual ya hemos hablado. Fue así que, con el apoyo de la Directora general del ICFES de entonces, Patricia Martínez, y con el Magistrado Marco-Antonio Velilla M., se propuso a partir de la Corporación COMPLEXUS para el desarrollo, institución que creamos en el 2000 con Edgar Morin, Belisario Betancur y Fernando Savater, liderar con el ICFES algo así como un “pequeño tratado de grandes virtudes”, retomando el título de un libro del filósofo francés Compte-Sponville. Revisitar virtudes cardinales, re-contextualizarlas en la modernidad colombiana, a partir de reflexiones de grandes filósofos.

       Anotemos que, cuando entras a pensar el tema de las virtudes, constatas que no hay casi nada nuevo bajo el sol. Recordemos que, en plena decadencia del imperio romano, los filósofos llamados “Estoicos”, por ejemplo, van a profundizar el tema de la virtud y a confrontarlo con todo el bagaje de la tradición platónica, aristotélica, presocrática. La reflexión sobre la virtud en sentido griego o moral romano, responde a la pregunta ¿Cómo debe comportarse el individuo en sociedad? Lo referente al comportamiento, ya lo hemos dicho, tiene que ver con la ética y la moral. Los antiguos griegos intuían que el buen comportamiento tiene que ver con dos cosas contradictorias: un principio y una acción. Lo uno condiciona lo otro. Pero ¿cuál es primero? En otras palabras: ¿la virtud se aprende o se hereda? Platón hacía depender el acto virtuoso del conocimiento del bien, es decir, de la idea de lo bueno. Aristóteles consideraba esa posición insuficiente o demasiado teórica. El estagirita prefería una persona activamente virtuosa a una teóricamente virtuosa. Es mejor ser virtuoso que saberse virtuoso. ¿Cuál es la vara de medida? Aristóteles propuso que la medida fuera la acción virtuosa y no el ideal de virtud. “Por sus actos los conoceréis”, dirá luego El Evangelio cristiano. Con todo, se requieren ciertos requisitos en la formación y la educación del hombre virtuoso, pero no educación ideal, sino práctica o vivencial. Por lo cual, la relación intergeneracional es muy importante. Lo que llaman el ejemplo de los mayores.

Hay cientos de tratados de moral y de ética. Y sinembargo, no se erradica el mal, la corrupción, el odio y la venganza.

El desafío está entonces en ¿cómo lograr una pedagogía de la virtud? No buscábamos un manual de reglas virtuosas, sino estrategias pedagógicas en pos de la virtud, dinámicas de grupo o de acción individual, de las cuales emerjan acciones positivas, buenas y creadoras, es decir, que se establezcan círculos virtuosos, no círculos viciosos. Una ética de interconexión de la humana condición, responsable y solidaria está ligado a la idea de un plan de educación y cultural. La tarea sigue pendiente.

 

CER Nelson, la pregunta del millón: al observar los grandes problemas del mundo actual, acumulados y crecidos por siglos, como la superpoblación, la pobreza, la producción y consumo de drogas, las desigualdades sociales, la creciente concentración de la riqueza, la multiplicación en las formas de violencia y las guerras con desarrollos insólitos en armas automáticas, químicas y atómicas, y en su comercio legal e ilegal, el deterioro medioambiental, etc.; te pregunto si eres optimista frente al futuro que nos espera, y si es posible tener esperanza. La esperanza es un tema también abordado por Morin…

NVG  Optimismo y pesimismo son dos estados de ánimo o fuerzas positivas y negativas con las que nos enfrentamos al mal, a la crueldad y a la muerte. ¿Se hereda o se aprende a decirle un SÍ al futuro abierto, libre y desinteresado, sin miedo y sin agravios? ¿Se hereda o se aprende a decirle un NO al futuro con una lista pesimista y terrible de catástrofes naturales, desastres socio-económicos, angustias psicológicas? Sin la herencia específica del miedo, el individuo correría el riesgo de desintegrarse; sin aprendizaje socio-cultural, el sujeto no podría sobrevivir en un mar de incertidumbre, caos y contradicciones. Hay momentos especiales en los que el humano logra el equilibrio regulado entre el SÍ y el NO, lo benéfico y lo maléfico, lo optimista y lo pesimista. Son momentos poéticos, musicales y amorosos por antonomasia. Con todo, el cómputo celular y el circuito mental del algoritmo biocultural nos condiciona. Leyendo a los antiguos griegos, en vez de optimista, me gustaría ser trágico; en vez de pesimista, ser lúcido.

Las catástrofes, tragedias, dramas y sufrimientos que viven los humanos y las sociedades, en suma, la parca es la vara que mide el pesimismo y el optimismo. Sinembargo, el optimismo trágico de nuestros mayores arrieros y labriegos reza con humor: “lo que no mata engorda”. Nietzsche también lo decía, pero irónicamente: lo que no te mata, te deja tan maltrecho que uno cree volverse más fuerte. Algo así como tener más cicatrices que piel, es decir, más cultura que natura.

Antropólogos, arqueólogos e historiadores dirían que el nudo gordiano de la diada optimismo/pesimismo se encuentra en la tradición funeraria. Los ritos de entierro y de duelo buscaban conectar al humano con fuerzas transcendentales. El invento de la escritura, la poesía, la religión y la filosofía secundan los ritos funerarios y generan relatos para darle la vuelta a la muerte. En su ensayo sobre la dimensión trágica en la Grecia antigua, Nietzsche llega a la conclusión de que los griegos crearon las artes y primero que todo un espíritu musical para consolarse de la muerte. Costumbres, rituales y artes son pues figuras antropológicas para la protección de la vida y el testimonia de memoria.

Más actual pero también contemporáneo, el método del pensamiento complejo que propone Edgar Morin en su obra, es otra conjuración contra el miedo a la muerte, al caos, al desorden, a la incertidumbre y a la desorganización. Ya no se trata de saber si somos o no pesimistas u optimistas, de cara al origen o al destino final del universo, de la vida o de la aventura humana, del infierno, el purgatorio o el paraíso. Se trata de pensar la complejidad humana desde el bucle interactivo especie-individuo-sociedad, enfrentándonos con la conciencia de la finitud, la desorganización y la frialdad, apostándole al juego maravilloso de la aventura humana planetaria, aventura cuya alfa y omega están en entredicho.

Visto con el prisma de la especie o del sistema físico-químico, el humano es un máquina-energética, que se auto-eco-reorganiza a la temperatura de su propia estructuración/destrucción, hasta que su ente complejo se desgasta y desorganiza, se dispersa y se enfría. Sus componentes físico-químicos no desaparecen, simplemente se transforman e integran otros sistemas orgánicos o inorgánicos. ¿Nos genera este dato optimismo o pesimismo?

De hecho, la extrema sofisticación del ente biológico humano no basta para sobrevivir. De todos los mamíferos, el infante humano es el más frágil. Sin la organización socio-cultural del grupo materno que lo cuida y hace crecer, sin el desarrollo de su cerebro en mente y espíritu, no tendría las armas mentales y socio-culturales para sobrevivir. Hay una dialógica entre el individuo biológico y el sujeto socio-cultural, donde reside la relación vida/muerte.

Así pues, visto con el prisma individuo-cultura, se produce en el humano la emergencia del sujeto como tal. Podríamos decir que con el sufrimiento del desgarramiento del cordón umbilical, el individuo-infante aporta una dosis vital de pesimismo, pero la querencia materna y la protección del grupo aportan incontinenti una fuente cultural de optimismo. Con todo, ya sabemos también que las civilizaciones no son perennes.

Durante el siglo XVII y XVIII, hubo grandes debates sobre el optimismo y el pesimismo, el bien y el mal. El dilema consistía en que la existencia del mal ponía en entredicho la de un creador omnipotente, omnisciente y todo bondadoso, pero también fragilizaba la confianza en la técnica y la ciencia, con las cuales Descartes esperaba que el hombre se dotara de poderes para poseer y transformar a la naturaleza, curarse de males y prevenir hambrunas, sin esperar en el más allá.

El más conocido de esos debates metafísicos, lo encontramos en el libro del filósofo Leibniz: “Ensayo de Teodicea o acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal”. Como vemos, el título lo dice ya casi todo. Leibniz llega a la conclusión de que el problema no está en erradicar el mal, pues la muerte es real, ni tampoco dar soporte a todo con el optimismo científico, sino en educarnos a vivir de tal manera que no opongamos mal absoluto y bien absoluto, sino que vivamos en busca de lo mejor posible.

Pascal, filósofo, místico y matemático propuso una solución interesante para resolver el dilema del bien versus el mal, el optimismo versus el pesimismo, la existencia o no de dios. El fármaco pascaliano fue innovador para la época, pues pasa por alto la disyunción y clásica bipolaridad entre ciencia y religión, razón y fe. Pascal propone que la probabilidad matemática se anude al azar y a lo improbable en la figura ya clásica de la “Apuesta de Pascal”. Se trata de apostarle, de manera desinteresada, a la existencia de Dios, el Bien y el Optimismo. Ergo, si Dios existe se gana Todo y no se pierde Nada; si Dios no existe, nada se pierde, porque no hay Nada.

¿Vivimos en el mejor o en el peor de los mundos posibles? Esa pregunta nos lleva a un debate metafísico del cual no sale uno indemne. Hay muchas razones válidas para creer en el progreso humano y ser optimista, pero basta que el árbitro pase por alto una mano en el área y marquen un gol ilegal, para que la mitad del estadio se agarre a insultos y golpes y hasta se entremate con la otra mitad. El progreso racional, experimental y científico es asombroso. El hombre ha alcanzado el conocimiento y el control de la fuerza nuclear y logra ahora hasta modificar el código genético de los organismos. Sinembargo, los bienes del desarrollo técnico-industrial traen tantos y nefastos efectos colaterales que estamos ad portas de una masa crítica negativa, en cuanto a la supervivencia de muchas especies en la naturaleza y hasta de la especie humana misma.

En cuanto al progreso espiritual, ya no como homínido sino como humanoide, estamos en la era de la prehistoria de la humanidad, previene Morin. Dirán que no se puede comparar el progreso cuantitativo con el cualitativo. La realidad es que la humanidad corre a su perdición con la lógica disyuntiva del progreso material contra el espiritual. Cuando observamos la complejidad de lo real, somos optimistas. Hay esperanza de metamorfosis. Pero cuando vemos el simplismo del razonar bipolar, reductor, estigmatizador y disyuntivo, entonces caemos en el pesimismo y la depresión. El progreso científico requiere atención y cuidado con la fragilidad de lo humano. Pero la lógica de la técnica y la economía mueven el desarrollo científico de tal manera que se genera un algoritmo de experto e inteligencia artificial, sin regulación humana, una tendencia al desecho de lo incalculable e inmaterial en lo humano, a la obsolescencia de cosas sin interés y de seres libres, a la indiferencia, al cansancio, a la inatención.

Nietzsche diagnosticó, desde el siglo XIX, que el principal mal de la decadencia europea era el nihilismo. Ese mal llevó a la autodestrucción de Europa durante dos Guerras Mundiales. Por eso Morin llama al siglo XX: “Siglo de hierro planetario”. El nihilismo diagnosticado por Nietzsche está de regreso en el siglo XXI. No se trata de no creer en nada o que haya una pérdida de valores, sino que estamos en la desconsideración de la persona humana como finalidad. Hay una inatención grave al mundo, al medioambiente, a uno mismo. Si fuéramos más atentos, más concretos, más cuidadosos, más observadores, tal vez potenciaríamos mucho más las fuerzas positivas, las energías positivas para enfrentar tantos males reales e ideológicos. Las instituciones multilaterales reformadas de verdad, como la ONU, deberían asumir el rol decisivo de una regulación interdependiente mundial para responder a desafíos planetarios, donde esté en juego la supervivencia de la humanidad. Los humanos no lo saben todavía, pero somos una especie en vía de perdición y de desaparición. La producción técnico-industrial sin control, la ciencia sin conciencia, como diría Morin, generan degradación y destrucción. La resultante oculta de los inventos de los últimos 30 años ha generado una curva dramática, además ligada a un apetito constantemente desenfrenado de codicia y de riqueza cuantitativa.

¿Vivimos en el mejor o en el peor de los mundos posibles? La realidad es que no tenemos sino una Tierra-Patria y nos comportamos en lo íntimo, lo privado y lo público como si tuviéramos muchas otras posibles y recargables. Sin cambio de paradigma, sin conciencia de complejidad, sin lucidez para enfrentar la revolución digital, la revolución genética y la transición ambiental, nadie podrá lograr que la curiosidad mental y la esperanza espiritual retomen fuerzas capaces de transformar en bienes los males de la Caja de Pandora.

En su libro “Tierra-Patria”, Edgar Morin propone un “evangelio de la perdición”, que consiste en intercambiar la esperanza de un paraíso por venir por la conciencia viva de apostarle a la aventura humana en el planeta, a su fragilidad. La pérdida de que habla Morin es la misma de la que hablaba el Zaratustra de Nietzsche cuando interpela las religiones y los dogmas ideológicos con la sentencia: “Dios ha muerto”. Se trata del dios ideal que aliena o del ideal convertido en divinidad. Reglón seguido, Nietzsche precisa que no hay que angustiarse ni ser pesimistas, frente a tan eminente desaparición, pues el Hombre es, como dirá medio siglo después Henri Bergson, “una máquina que fabrica dioses”. Huelga acotar que en ese panteón, el Dios-Amor resplandece de poesía.

La juventud del mundo debería tener por ideal revolucionario el cuidado amoroso y la salvación de la vida, aquí y ahora, de la biodiversidad y, por ende, de la especie humana. Las fuentes de angustia y de dicha, de pesimismo y de optimismo están en tensión constante, agotarlas en debates metafísicos sobre el más allá o ideológicos sobre la preeminencia de tal dios o civilización es insensato. Un instante de descuido y se filtra la corrupción, la angustia, la destrucción del sistema complejo que nos anima y nos rodea. Se nos vuelve el corazón de piedra y lo reviste un manto invernal de soledad desoladora.

No es pesimismo u optimismo lo que necesitamos, sino coraje y entereza para retomar los hilos de la trama y seguir el corte del tejido humano y social, individual y colectivo. Se necesita fraternidad y amor para combatir la crueldad y el miedo. La réplica al pesimismo no es el optimismo, es la confianza, la fraternidad y el amor.


CER  Se aprecia en los textos de Morin el trabajo sobre la esperanza, los llamados que hace a la humanidad por reconfigurarse, volviendo como a una manera de vivir un tanto más elemental, para apuntar a una vocación de futuro y de esperanza. Hay un texto de Ernesto Sábato, que es el penúltimo libro de él: “Antes del fin”, texto desgarrador por todo el pesimismo que ha acumulado el autor, paradójico por su origen de científico, pero tiene un último capítulo que yo le pido a mis estudiantes cuando trato el tema, que hay que leerlo primero. Él después de mostrar con cifras todo el panorama desolador del mundo y de la capacidad destructiva creciente del modelo económico y mundializado, hace esfuerzo en el último capítulo para dirigirse a los jóvenes; dice, hombre sí, pero tiene que haber esperanza, y empieza a modelar un llamado a la juventud en términos de que es posible que no hayamos sobrepasado la línea del no retorno. En contraste, me parece rescatable la idea de esperanza en el libro de Edgar Morin: “Política de civilización”…

NVG: Lo peor -la muerte- es lo probable, pero como la vida se alimenta de muerte y se metamorfosea, lo peor no es lo certero. Hay bucle virtuoso, hay energía, hay organización inimaginable en el universo, hay poesía. La vida puede seguir. Los ánimos pueden volver. Pascal como Morin son dos místicos de la complejidad, visionarios e inspiradores, poetas para tiempos desolados. El uno le apuesta a la salvación de la humanidad, el otro a la existencia de Dios, al Dios que salva lo humano en la humanidad. En esa faz sin máscara, como diría tal vez Emanuel Levinas, los vemos y nos vemos. Propongo entonces que vayamos más lejos que una apuesta y que “golpe a golpe, verso a verso” (Machado) tratemos de ser optimistas, de estar felices, de creer y de esperar por lo mejor, así sea únicamente para dar ejemplo y por la belleza del gesto.

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Como puede apreciarse, Nelson Vallejo-Gómez es personalidad intelectual descollante, pensador formado en el rigor de la filosofía, con pasión estética en las letras y las artes, intérprete creativo de obras clásicas y contemporáneas. Ha estado comprometido, de estudioso y difusor, con la obra de Edgar Morin, y ha tenido desempeños efectivos en las relaciones culturales y educativas entre Francia y Latinoamérica. Las páginas de la Revista Aleph se han enriquecido con sus contribuciones.

 

 

 

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