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Sábado, 18 Marzo 2017 19:07

Octavio Escobar-Giraldo, escritor galardonado / Entrevista

por  Jerónimo Pizarro-Jaramillo

A mediados de septiembre de 2016 la Gerencia de Literatura de Idartes me invitó a presentar la novela Después y antes de Dios (Premio Nacional del Novela del Ministerio de Cultura, 2016) de Octavio Escobar-Giraldo,  en el marco de «Lectura bajo los árboles», el sábado 24 de septiembre a las 3:00 p.m. en el Parque Nacional. Ese día conversamos durante más de una hora con el escritor manizaleño sobre la novela premiada, sus intereses y su trayectoria. Tras la conversación intentamos retomar por escrito algunas cuestiones discutidas, para hacerle llegar a la redacción de la revista Aleph esta entrevista, que no es una transcripción del diálogo entablado en el Parque Nacional, sino una “revisitação” de las palabras intercambiadas ese sábado.

Es verdad que formé parte del jurado calificador que le otorgó de forma unánime el premio a la novela de Escobar-Giraldo. El acta es pública y está en línea. Los otros miembros del jurado fueron Guillermo Martínez, Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García-Márquez 2014, y Juan Diego Mejía, director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Pero también es cierto que ese 24 de septiembre yo era menos un ex jurado que un lector curioso que deseaba acercar al ganador a un público bogotano que poco lo conocía aún.

Recuerdo que el acta destacaba varios planos de la novela: la hipocresía religiosa, los pobres vergonzantes, la homosexualidad femenina y el mundo de los sirvientes, y la capacidad de Escobar-Giraldo de crear diálogos “convincentes” que “le imprimen carácter y dimensión” a Después y antes de Dios, así como, en general, a todas sus obras.

Como explicó Mariana Garcés-Córdoba, Ministra de Cultura, «el premio Nacional de Novela se entrega a través del Programa Nacional de Estímulos» y la novela ganadora es enviada a las 1.424 bibliotecas del país. La obra de Escobar-Giraldo también incluye los libros de cuentos De música ligera (1998) y Hotel en Shangri-Lá (2002), y las novelas El último diario de Tony Flowers (1994), 1852 (2007) y Cielo parcialmente nublado (2013), entre otras. Después y antes de Dios fue escrita entre 2010 y 2014 y hoy es fácil leerla y disfrutarla gracias a la reedición que impulsó el premio atribuido.

 

GPJ Después y antes de Dios es una novela corta, pero le tomó cuatro años escribirla. ¿Existieron varios borradores? ¿Recuerda el proceso?

 

OEG Algunos de las anécdotas de Después y antes de Dios formaban parte de una de mis novelas anteriores, Destinos intermedios, pero una primera versión con ambas tramas intentando convivir,  no funcionó. Había incompatibilidades, retos técnicos a los que no encontré solución, así que separé las dos novelas. La siguiente dificultad fue buscar esa voz narrativa femenina, ambigua, cargada de resonancias sociales  y con una religiosidad de la que yo carezco. Encontrar ese tono para la narración fue lo que me permitió concentrarme en hacer verosímil una historia en la que la truculencia tiene una presencia fundamental desde las primeras páginas, a las que sirvieron de inspiración hechos de la vida real.

 

JPJLeer Después y antes y de Dios me ha llevado a releer Rosario Tijeras y a leer despacio 1280 almas, dos libros que usted suele recomendar. ¿Cuáles son sus afinidades electivas con esas obras?

 

OEG Como lector del género negro y aficionado al cine, es apenas natural que me gusten las novelas más conocidas de Jorge Franco y Jim Thompson. Ambas, planteadas desde un romanticismo más bien retorcido, diseccionan a sus respectivas sociedades con la mira puesta en sucesos personales, casi íntimos. La posibilidad de que el lector vea en lo pequeño lo grande, lo colectivo, me gusta mucho. Que los destinos individuales sean síntoma de los males de un conglomerado humano es algo patente en otras novelas del género negro, en ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy, por ejemplo, o en la más conocida El cartero llama dos veces, de James M. Cain.  E íconos cinematográficos como  Humphrey Bogart o Robert Mitchum, para remitirme al Hollywood clásico, se establecieron también como lado oscuro del triunfo del capitalismo.

 

JPJ A propósito, Después y antes de Dios tiene un capítulo que podría ser llevado al cine y que recuerda una “road movie” famosa, “Thelma y Louise”. ¿Por qué le hace constantes guiños al cine? ¿Qué le debe al cine y a qué tipo de películas?

 

OEG Porque crecí viendo televisión y después fui cineclubista. En mi formación es tan importante el lenguaje audiovisual como el literario. Y lo creo coherente, porque buena parte del arsenal narrativo del cine procede de la literatura, de La Biblia y de los folletines del siglo XIX, tan importantes para David Wark Griffith, uno de los directores que contribuyó a sistematizar el lenguaje cinematográfico. Para mi es tan natural citar la escena de una película, como citar un verso o el párrafo de un cuento. Creo que el cine dio velocidad a muchos recursos literarios, y los acercó a grupos humanos que habitualmente no leen. No me parece sensato olvidar que los escritores de hoy nos dirigimos a lectores que también son espectadores, que han crecido frente a muchos tipos de pantalla, y para quienes son naturales formas de narrar que se comenzaron a modificar desde hace poco más de un siglo.

 

JPJ En Manizales Después y antes de Dios ha sido muy leída y comentada, pero no sé si no se ha formado un cierto silencio alrededor de ella. ¿Cuál es su opinión? Finalmente la novela recuerda hechos reales, habla de los pobres vergonzantes, pone las palabras de la Biblia en los labios de una mujer que comete un matricidio, etcétera, etcétera.

 

OEG Libreros amigos afirman que se ha vendido bien, y a veces los lectores se acercan y me dicen que les ha gustado mucho. Creo que es uno de esos casos en los que lo literario vence las prevenciones del lector, hace que sus convicciones queden suspensas en beneficio de una trama que cuestiona su mundo. También considero que en Manizales, como en cualquier otra ciudad, muchos lectores son conscientes de las contradicciones y debilidades de su sociedad. Finalmente yo describo un mundo cerrado, pacato e hipócrita que existe en todas partes. Debe haber silencios, por supuesto, y también censuras. Ocurre con todos los libros.

 

JPJ Muchos lectores han confesado haber leído la novela en pocas horas, de un tirón y sin poder soltarla. ¿A qué atribuye este logro?

 

OEG Al trabajo que realicé con el ritmo de la novela, una de los aspectos que más cuidé. Si bien la narradora protagonista discute consigo misma la forma en que vive la religión, los retos íntimos que plantean las situaciones extremas que está viviendo, yo tenía que vigilar que estos períodos de reflexión no detuvieran la narración, que las citas de La Biblia no hicieran bostezar al lector. Y en esto me concentré, buscando que ese permanente debate personal se conectara con los hechos, fluyera con naturalidad. No fue fácil.

 

JPJ El jurado del Premio Nacional de Novela destacó la construcción de los diálogos en Después y antes de Dios. ¿Escribir diálogos ha implicado un aprendizaje? ¿No temió escribirlos en español tras el dictamen de García-Márquez al respecto?

 

OEG Respecto al diálogo hubo un aprendizaje. Desde la literatura norteamericana, desde el cine, desde el teatro, que el Festival Internacional de Teatro de Manizales ha puesto a mi alcance. A García Márquez le parecía que el español no se prestaba mucho para los diálogos, pero creo que otros autores de los setenta –Cabrera Infante, Bryce Echenique-, nos acostumbraron a apreciar nuestras oralidades específicas, y creo que hoy hay muchos escritores latinoamericanos que escriben diálogos con fluidez. El diálogo es, por ejemplo, un recurso invaluable para conseguir la fluidez de la que ya he hablado.

 

JPJ En 2016, se publicaron una novela para niños y otra histórica. ¿Se pueden catalogar así? ¿Qué lo ha llevado a proyectos tan diferentes? ¿Qué lo hizo alejarse del siglo XX, en el que transcurren otras de sus obras?

 

OEG Para mí escribir tiene un componente lúdico muy importante, de reto y de regodearse en vencer obstáculos y miedos, y en aprender recursos de otros escritores para conseguirlo. Y a mí no me gusta jugar siempre lo mismo. Por eso los cambios de registro, que a veces sorprenden mucho a los académicos. Como todos, seguramente me repito, pero trato de no hacerlo. El lector de Después y antes de Dios encontrará un narrador muy diferente en El mapa de Sara o 1851, y me gustaría que disfrutara conmigo esa apuesta por la diversidad.

 

JPJ Hay libros de Octavio Escobar-Giraldo que son difíciles de localizar y que no se han vuelto a imprimir. El último diario de Tony Flowers (1994), por ejemplo. Y hay otros que se encuentran con facilidad, como Destinos intermedios (2010). ¿Qué espera que suceda después del premio y qué libros le gustaría recuperar?

 

OEG Espero que aquellos libros míos que no están en circulación, tienten a los editores. El último diario de Tony Flowers, por ejemplo, fue editado por última vez en la Argentina y creo que no se consigue en Colombia ni en las librerías de viejo. Pero también quisiera que el premio llamara la atención sobre aquellos que si participan del mercado, pero que por ser yo un autor de provincia, sin vínculos con los centro de poder intelectual y alejado de los medios, empiezan a acumular polvo en los estantes de las librerías. La mayor aspiración de un escritor es que lo lean, y en nuestros tiempos es muy difícil que eso ocurra si alguien no te recomienda. Un premio es eso: un llamado para los editores y una sugerencia para los lectores. 

 

 

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