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Edición No. 176 (9)

Edición No. 176 (enero/marzo, 2016; Año ¡50!)
En carátula: Moisés Wasserman-Lerner (científico, académico)
Elaboración de Pilar González-Gómez

https://drive.google.com/file/d/0B-ABjQmYGMXbeEZyQThlbEtHdk0/view?ts=56dc51bc 

http://es.calameo.com/read/0009483282bd2fc0c869f

https://issuu.com/ntcgra/docs/aleph-176 --------------------

En la web de la revista

http://www.revistaaleph.com.co/component/k2/itemlist/category/114-edici%C3%B3n-no-176.html

 Resumen

 

Se hace en este trabajo un análisis de tres diferentes maneras en las que se puede entender la responsabilidad del científico con la ética. Una primera, apenas mencionada, es la que se encuentra más frecuentemente en la literatura moderna y que consiste en explicar a los éticos, las implicaciones de nuevos problemas que surgen de desarrollos tecnológicos también novedosos. No se trata pues de nuevos conceptos en ética sino de una contribución a la solución de nuevos problemas usando el pensamiento ético tradicional. La segunda es el estudio biológico de la génesis de los comportamientos sociales, entre ellos el surgimiento de la moral en los humanos. Se traen algunos ejemplos de los animales y se discute en qué medida estos evolucionaron biológicamente y son verdaderos antecedentes de la moral. Por último, se discute si es posible derivar o modificar normas morales a partir de conocimiento científico. Se plantean las dificultades lógicas para pasar del campo de lo que “es” (propio de la ciencia) al campo de lo que “debe ser” (propio de la ética), y se explica en qué consiste la denominada “Falacia Naturalista” denunciada por Moore. A pesar de eso, se muestran algunos ejemplos en los que resulta claro que debe existir algún mecanismo, o una vía, por medio de los cuales usando el conocimiento científico la sociedad ha modificado, en el curso de la historia, las normas morales. Una posible solución que se presenta, es que la explicación metaética de las normas si es susceptible al análisis, y a una confrontación con la realidad usando el método científico. Eso permite al hombre racional, escoger con argumentos científicos, la mejor entre dos normas alternativas, basándose en la fortaleza de sus explicaciones metaéticas.


Introducción

A muchos científicos y filósofos el título de esta conferencias les parecerá absurdo. Sinembargo, si indagáramos las razones por las cuales lo juzgan absurdo, nos encontraremos con la sorpresa de que hay total desacuerdo. Unos, sobre todo entre los científicos, lo rechazaran enfáticamente por el término “ocultos”, pues para ellos los vasos comunicantes son evidentes y están expuestos a la luz pública; mientras que otros, generalmente entre los filósofos, rechazarán la pretensión misma de que tales vasos existan.

Somos testigos de una enorme y general inquietud sobre los efectos de la ciencia y la tecnología en el comportamiento moral de la humanidad. Permanentemente se escuchan voces que llaman a los científicos a asumir su responsabilidad en el manejo de las consecuencias de su actividad sobre la sociedad y sobre el mundo. Hay muchos ejemplos que muestran que esa responsabilidad ha sido asumida en forma personal y en grupo. Han surgido disciplinas como la bioética, la bioética global, la ética de la tierra, la ética biomédica, la ética ecológica, y tantas otras. Van Rensselaer Potter, quien propuso por primera vez el término “Bioética” (1), entre los anteriores es el más popular, ha tratado de fundamentar teóricamente su propuesta de una ética nueva y globalizante. 

Sinembargo, hay que reconocer que no ha sido muy exitoso en eso, y se han impuesto mas bien unas éticas aplicadas, que pretenden encontrar soluciones prácticas a problemas nuevos, que han surgido de los también nuevos desarrollos tecnológicos. No quiero decir con eso que el esfuerzo de la bioética no sea importante, por el contrario, una de las tareas centrales de la ética moderna es dar respuesta a los problemas que han surgido de las biotecnologías. Pero, no se trata en realidad de una nueva ética, sino de nuevos problemas. Estos necesitan indudablemente del conocimiento científico para ser entendidos pero eso no quiere decir que su solución dependa sólo del conocimiento científico, ni que excluya de ninguna forma a la reflexión filosófica tradicional.  La gran inquietud contemporánea alrededor de la relación entre ciencia y ética indica que hay un problema y que es muy complejo. Para ilustrar su complejidad iniciaré con algunas citas. 

La primera es de Richard P. Feynman, posiblemente el físico más importante de la segunda mitad del siglo XX. Relataba (2) que un sacerdote budista en Hawai le dijo que “todo hombre recibe al nacer la llave del paraíso, sólo que esa llave sirve también para abrir las puertas del infierno” es él quien decide que puerta abrir. Con esto sentaba Feynman la posición de que la ciencia, y las consecuencias de su aplicación son ámbitos separados. La obligación del científico es producir conocimiento. Eso debe hacerse en forma rigurosa y el conocimiento debe ser tan veraz como sea posible. El hombre, no la ciencia, tiene la obligación de preocuparse por las implicaciones morales y sociales de la aplicación del conocimiento. Feynman mismo como hombre fue éticamente muy responsable y como científico muy riguroso. 

Científico, bioquímico Ph.D., académico con todos los galardones y honores de la Universidad Nacional de Colombia, cuyos resultados de investigación han trascendido en lo internacional, con investigación central “la dinámica molecular de plasmodium falciparum, vector causante de la malaria”. Ex presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, ex rector de la Universidad Nacional de Colombia, en dos períodos consecutivos, con significativos logros y distinciones. De recia formación humanista, librepensador, columnista de prensa con autorizada voz pública. Con liderazgo continuado en la formulación de políticas públicas para educación, ciencia, cultura.

Esta entrevista tuvo comienzo en su presencia como conferenciante en la versión 2010 de la “Cátedra abierta – Grandes temas de nuestro tiempo”, desarrollada con motivos afines a los doscientos años de la Independencia, o de las independencias. Y se llevó a cabo para su transmisión en la Radio UN, como en efecto ocurrió. Una vez rescatada la grabación, pasados cinco años, procedí a transcribirla y a desarrollarla, de común acuerdo con el profesor Wasserman. 
                                     

-¿Qué sentido tiene para usted celebrar el bicentenario de la Independencia?

Hay que celebrar las cosas celebrables. Es natural en los seres humanos y es conveniente. Y para el caso el Bicentenario es muy celebrable porque se trata de la construcción de la vida republicana, aun cuando puede haber diversas interpretaciones de la Independencia, es un hecho innegable que en América se construyó un mundo diferente, países auténticamente republicanos que generaron sociedades más cercanas a la democracia moderna de Occidente. El mundo sin América estaría muy lejos de lo que es. En particular, Colombia es una gran nación que se conformó en estos doscientos años, lo que amerita la celebración en que estamos.

De progresista a reaccionario, sin cambiar

El progreso legítimo, hoy, se parece mucho al regreso a algún pasado.

El Tiempo, 23 de enero de 2015

Los infortunados eventos de terrorismo en París me sacudieron dos veces. La primera, por ellos mismos, por su absoluta sinrazón, y la segunda, por comentarios en la prensa y en las redes que pretendían disminuir la gravedad de los hechos con explicaciones justificativas. Recordé, entonces, el tiempo en el que yo era tan “progresista” como hoy esos comentaristas.

Adopté, aún en el colegio, algunas premisas contundentes. Una fue el rechazo a la base del pensamiento religioso (no a los religiosos). Es decir, a la presunción de que hay conocimientos revelados y que por tanto son dogmáticamente verdaderos. Esa certeza de verdad ha sido origen de persecuciones y guerras, y me resultaba inaceptable.

Partí de un gran respeto por el ser humano que me llevó a pensar que con su ciencia era capaz de generar nuevo conocimiento para resolver los problemas de la humanidad, y con sus reflexiones filosóficas podía avanzar en sistemas morales cada vez mejores. Es decir, creía que existía el progreso y que un tiempo futuro podría ser mejor.

Creí que la dignidad intrínseca de los seres humanos implica la igualdad entre todos ellos y que eso lleva al respeto por las decisiones de la persona sobre su vida y su cuerpo. Me parecía abominable la discriminación por raza, nación, género u orientación sexual. El derecho individual estaba, para mí, por encima de cualquier interés, aunque fuera colectivo. Todo eso llevaba a la esperanza de un mundo abierto, sin fronteras, equitativo y en permanente mejora ética y material. A pesar de que nunca me afilié a un partido político, me identifiqué con las aspiraciones socialistas de la época y con los países que parecían haberlas adoptado.

Escribir en tinieblas es oficio pesado,

Dijo el viejo poeta (¿tan viejo como yo?),

A quien recuerdo cuando la noche ha avanzado

Entorpeciendo lo que un joven construyó.


Muy lejos el divino tesoro se ha quedado,

Y con él la frecuencia de lo que allí cantó,

Siendo la primavera su natural estado,

E ignorando la luz la sentencia del no.


Regresan sin quererlo las sombras del inicio,

Las preguntas a las que nunca halló respuesta,

Cuando se encuentra al borde del vasto precipicio.

 

Sinembargo, aún le quedan jirones en la cesta,

Con los que ejercitar el  necesario  oficio

Y oponer a lo oscuro la lumbre de otra fiesta.

En primer lugar, muchas gracias a Carlos-Enrique Ruiz y a las directivas de la Universidad Nacional – Sede Manizales por esta invitación tan amable que me han hecho para reflexionar aquí, en voz alta con ustedes, acerca de un tema que para mí es apasionante, y de una gran importancia para cualquier persona pensante, como es el pensamiento de Platón.

Hace tiempo no preparo conferencias académicas, sino que reflexiono con el público y, por lo tanto, los invito a que en cualquier momento me interrumpan, o me pidan mayor claridad sobre uno de los temas que esté exponiendo o me pidan información adicional. Lo que me gusta es esa especie de diálogo con el auditorio. Hace mucho tiempo aprendí en Karl Popper que entre el expositor y el auditorio no debe mediar una hoja de papel; no me gustan esas conferencias extensas, en las que el conferencista lee, muchas veces incluso casi sin mirar al auditorio, y el auditorio simplemente escucha; me encanta la exposición de viva voz. Generalmente es un tanto más precaria, la forma lingüística más imperfecta, pero creo que todo queda compensando en una exposición más viva y, por lo tanto, voy a empezar de una manera bastante espontánea a plantearles algunos de los temas que me parecen pertinentes en relación con esta pequeña obrita que se ha dado a publicidad, del por qué me interesé por Platón y por qué pienso que todas las personas, muy especialmente los universitarios, pueden extraer   gran utilidad de su lectura.

¿Por qué llegué a Platón? Para mí el problema fundamental de la persona humana es el problema ético, y el problema ético es: ¿qué hacer con mi vida?, ¿cuál es el patrón de comportamiento correcto?, ¿qué orientación le doy a mi existencia’?, y ¿de qué manera me relaciono con los demás? Es un problema del que podríamos decir apasionante y decepcionante, en la medida que nos estamos refiriendo al siglo V antes de Cristo. Y en el siglo V antes de Cristo se planteaban asuntos que siguen hoy vivos. Eso no ocurre en las ciencias positivas de la naturaleza; y en la matemática es mucho lo que se ha progresado desde entonces hasta hoy. Si hay algo inquietante en la lectura de Platón es de qué manera se platean preguntas y problemas que siguen hoy en la misma situación.

Carlos Gaviria-Díaz ilumina a su presentador CER, en la conferencia a oscuras, UN-Manizales, 15.VIII.2013

¿Será acaso que quienes se han dedicado a pensar en este tipo de problemas carecen del talento suficiente o del genio que han tenido los físicos o los biólogos o los matemáticos? Yo no lo creo. Lo que sucede es que este tipo de problemas tiene una estructura epistémica completamente distinta y eso los hace mucho más apasionantes, porque el problema de la caída de los cuerpos nos lo resolvieron Galileo hace mucho tiempo, y Newton con la ley de la gravitación universal. Pero el problema de cuál es el comportamiento bueno, cuál es el comportamiento correcto no nos lo ha resuelto nadie. Ese problemas lo tenemos que resolver nosotros, y eso es lo que me parece a mí que hay de apasionante y de enriquecedor en una lectura de Platón y en una lectura como ésta que quiero hacer con ustedes en voz alta.

El primer diálogo de Platón que cayó en mis manos –estaba yo iniciando mi carrera de derecho–, que leí ávidamente y que me planteó serios problemas, que siguen siendo tales, fue Eutifrón – o de la piedad.

¿Y qué tiene ese diálogo de apasionante? Muchas cosas. La primera: mi personaje –confesión personal que les hago– es Sócrates. No hay una persona en la historia de la humanidad que yo admire como admiro a Sócrates. Lo insinúo en el cuarto capítulo de esta pequeña obrita, cuando subrayo ¿qué era lo que Sócrates buscaba? Sócrates buscaba claridad e integridad.

Carlos Gaviria-Díaz hace su conferencia a oscuras; UN-Manizales, 15.VIII.2013

Domingo, 06 Marzo 2016 20:08

Poema en prosa

por

Uno de los poemas más bellos que leí es “El durmiente del valle”, de Juan Nicolás-Arturo Rimbaud. 

El durmiente del valle habla de un soldado muerto sobre un montón de berros en la ribera de un arroyo que, dice el poeta, la luz besa. Pero el poeta nos retrasa la visión de su muerte. El poema en realidad nos habla primero como engañosamente de la belleza del entorno y de un muchacho dulce, reclinado en medio del  paisaje ideal, y solo al final, un verso nos revela sin énfasis, que tiene una herida en el costado derecho. “Naturaleza, mécelo con calor: tiene frío”, dice. 

El poema de cuando en cuando me vuelve a la memoria. Y siempre me parece que en el cuerpo de la poesía del hijo de la señora Cuiff, feroz y desgarrada, es una joya rara, por su claridad  caritativa. Estos días volví a recordarlo por una asociación miserable. Diré cómo. 

Las brumas industriales del cielo del crepúsculo bogotano reflejaban el incendio tranquilo de las luces de la ciudad adormeciéndose en la bruma. Llovía mansamente. Y contra el parpadeo opaco de los semáforos, en un desgarramiento de la nube venenosa de ceniza, un puñado de estrellas vencía la fealdad urbana con un fulgor suficiente para poner un poco de felicidad en mi  alma. 

Domingo, 06 Marzo 2016 19:51

Fernando Pessoa en América Latina

por

Hace un par de años, en una reunión de amigos en Lisboa, surgió la pregunta de cómo llegó la obra de Fernando Pessoa a América Latina. Algunos de estos, poetas e intelectuales portugueses, señalaron que para ellos fue Octavio Paz, el poeta mexicano, quien  encontró para los hispanoamericanos la voz de Pessoa y la esparció por el continente de habla española. No del todo satisfecho con esta aseveración, decidí entonces empezar una búsqueda continental, un peregrinar que se extendió por 9 países, representados por algunos de sus poetas más relevantes, 19 en total. Éste ha sido, entonces, el primer foco de esta investigación. Sinembargo, ella no se queda allí y he buscado, la mayor parte por entrevistas directas, la opinión de estos poetas sobre la importancia de Pessoa en su trabajo literario, su interpretación de los heterónimos, y su importancia en Hispanoamérica. No todos los poetas respondieron a mi cuestionario, lastimosamente. Uno de ellos, Antonio Cisneros, gran lector y admirador de Pessoa como consta en muchas de sus entrevistas, murió, dolorosamente para todos los que admirábamos a la persona y al poeta, en los días en que le envié mis preguntas. Otros estaban enfermos. Uno salía en esos días como embajador de su país en Irán, y otro me confesó nunca haber leído a Pessoa. “Pero como decir esto es tan bochornoso para mí, por favor no cites mi nombre”, me pidió encarecidamente.

Es bien sabido que el libro pionero, que marca la presencia de Fernando Pessoa en lengua castellana, es la traducción que hizo Ángel Crespo de los poemas de Alberto Caeiro, publicada en Madrid en 1957. En este valioso libro destaca Crespo los trabajos críticos  publicados en España que lo anteceden, siendo estos los de Joaquín de Entrambasaguas (1946), Ildefonso Manuel Gil (1948), Charles David Ley (1951) y Francisco Lupi (1952). El  pormenorizado estudio del profesor Antonio Sáez Delgado, de la Universidad de Evora, Nota sobre la recepción de Pessoa en España, es bastante explicativo, aunque peca del desconocimiento de la traducciones de Crespo y Alonso, enfatizando para América Hispana la traducción de Paz. Es importante anotar que el poeta mexicano Eduardo Langagne, en su excelente trabajo, Presencia de Fernando Pessoa en México, se limita a señalar a Paz como el crítico que introduce la obra de Pessoa en México, sin extender su investigación a Hispanoamérica.

Si bien la situación del origen de la presencia de Pessoa en España es bastante clara, no así la de Hispanoamérica.

Octavio Paz, en el prólogo a su Antología de Fernando Pessoa, publicada en México, 1962, señala que supo de Pessoa gracias a la poeta búlgara Nora Mitrani, en París. Es seguro que Mitrani sabía de Pessoa por su relación con el surrealista portugués Alexander O’Neill. Paz señala a continuación sus búsquedas de la obra de Pessoa, y si bien destaca a los españoles, no hace ninguna mención a la traducción de los poemas de Pessoa hecha por Rodolfo Alonso (1961) y publicada en Buenos Aires en la prestigiosa casa editorial Fabril Editora, en la colección Los Poetas dirigida por Aldo Pellegrini. Además, ya en 1960 la revista Poesía Buenos Aires, que dirigía el poeta Raúl Gustavo Aguirre, había publicado a Pessoa en las traducciones de Alonso. Es importante señalar que Paz fechará posteriormente su prólogo, París 1961.

Acerca de la Res. MEN 02041 del 03.II.2016, “Por la cual se establecen las características específicas de calidad de los programas de Licenciatura para la obtención, renovación o modificación del registro calificado” (por: Moisés Wasserman L.). Yo he tenido problemas con varias disposiciones del Ministerio sobre las licenciaturas. El decreto anterior y éste que lo remplaza en mi opinión están en contra de la autonomía. No es un prurito de “defensa del terreno”, sino que pienso que entra en asuntos que no debían ser del Ministerio sino de las comunidades académicas. Llegan hasta definir, con un grado de precisión exagerado, incluso los contenidos del programa. Ni qué hablar de objetivos y orientación. Eso en mi opinión limita, porque la imaginación de quienes están formando es generalmente mayor que la de quienes están administrando y gobernando. Por otro lado homogeniza y eso es también un error. Para el Ministerio la calidad se basa en la estandarización (como para Icontec) mientras que en educación calidad es variedad y heterogeneidad.

La cosa es más grave cuando empiezan alternativamente a promover programas virtuales y luego a prohibirlos, y llega hasta lo insólito cuando en el Plan Nacional de Desarrollo disponen que programa que no consiga la acreditación de alta calidad hasta el 2018 pierde el registro calificado. (Uno voluntario y de condiciones superiores, el otro obligatorio y de condiciones mínimas). Esto además como discurso a la bandera pues dan órdenes de mejora sin proveer los medios para lograrla.

En fin, no me gusta esa normatización excesiva y de detalle. Soy partidario de un Ministerio de Educación que de marcos generales y muchos programas de fomento con pocas prohibiciones.

 

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