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ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

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Edición No. 178 (20)



Revista Aleph No. 178 (julio/septiembre 2016; ¡50 Años!)
Monográfico: "Transiciones para una paz duradera e imperfecta"
Ilustrador de carátula: Darío Ortiz-Robledo

Edición digital-virtual en 4 nubes (Cortesía de NTC):
https://drive.google.com/file/d/0B-ABjQmYGMXbQVJmUXAyb0VPQ2M/view
http://es.calameo.com/read/000948328ec004f9019d2
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https://es.scribd.com/document/321816427/Aleph-No-178-Fundador-y-Director-Carlos-Enrique-Ruiz

En la web de la Revista:
http://www.revistaaleph.com.co/component/k2/itemlist/category/116-edición-178-monografico-paz-duradera-e-imperfecta.html

Sábado, 20 Agosto 2016 21:33

Cambio de piel

por

Es el momento de las transformaciones profundas. Es necesario que las reflexiones alrededor del momento que vive  Colombia se hagan desprevenidamente, sin sesgos. El lente con el que se debe observar la coyuntura debe venir del futuro. La responsabilidad de esta generación es procurar una mejor sociedad para los que vienen atrás.

El conflicto se desarrolla en el plano simbólico – tanto en el encuadramiento político e ideológico como elemento cultural y emocional inevitable- como en el teatro militar y de la lucha social. El centro de gravedad de la confrontación por ahora ocurre en este segundo universo. 

La principal manera de hacer la paz es haciéndola, esto es, trabajando en el plano de lo real. No basta con cambiar el escenario simbólico. Pero, al mismo tiempo, el final de la confrontación real solo produce la paz si hay un cambio profundo en la forma como las partes reubican sus incompatibilidades básicas en la esfera de la formulación intelectual -simbólica e ideológica- y proceden a buscar pautas de nuevo relacionamiento que implica, no desistir de la lectura política de cada uno, pero si mover toda la carga intelectual hacia una órbita en la que esas incompatibilidades básicas puedan asumirse en clave de compromiso, de solución. No se trata de desistir (es más, un Acuerdo puede intensificar la confrontación simbólica, incluso la agitación desarmada), sino de aceptar canales distintos a la confrontación previa militar para resolver, no el conflicto, sino el método para sustanciarlo. 

El acuerdo suscrito el 23 de junio de 2016 en La Habana para poner fin al conflicto interno de Colombia despierta grandes esperanzas sobre la posibilidad, por primera vez en muchas décadas, de una nueva época para el país. Es una histórica oportunidad para dar comienzo a la construcción colectiva de una cultura de la paz con amplia participación ciudadana. Se requiere un consenso para enfrentar los enormes problemas que aquejan el país y, sobre todo, para lograr la convivencia después de tantos años de violencia e incapacidad de resolver las controversias en forma civilizada y democrática.

El silencio de los fusiles y cese de agresiones a la población civil implica en primer lugar que no se olvidaron las muchas víctimas que ocurrirían ante una eventual prolongación del conflicto por largos años, y que se ha evitado grandes sufrimientos futuros a la sociedad.

El mencionado acuerdo se refiere al cese bilateral y definitivo del fuego y las hostilidades, así como a la dejación de las armas por parte de la guerrilla FARC-EP. (Ver texto completo en http://tinyurl.com/TextoAcuerdo).

Otros acuerdos antes alcanzados entre el Gobierno nacional y la guerrilla contemplan unos cambios en la vida colombiana, como los relacionados con una nueva ruralidad y las condiciones para la participación política, tan necesarios y aplazados que deberían hacerse incluso si no hubiera existido la negociación en Cuba. (Ver resumen en http://tinyurl.com/ResumenAcuerdos).

Así como en tiempos pasados los ingenieros utilizaron la regla de cálculo para hacer operaciones matemáticas, los escritores apelaron (y aun apelan) al Moleskine para consignar reflexiones e impresiones de todo tipo, y los antropólogos y trabajadores sociales acudieron al lápiz Mongol acompañado de un cuaderno rayado corriente para escribir sus notas de campo, ahora se utilizan herramientas como el Whatsapp para escribir impresiones y ponerlas en circulación inmediata. Son épocas de escrituras ligeras para ser leídas en tiempo real.

Hay quienes escriben novelas utilizando las redes sociales o, como en el caso de las fuentes de este artículo, se consignan notas rápidas para luego incorporarlas total o parcialmente en trabajos académicos, en boletines o en artículos de revistas como estrategia de dudosa eficacia para resistir a los textos efímeros.

Las diez notas que se presentan enseguida son, al mismo tiempo, un recorrido a saltos más o menos ordenados por teorías, conceptos, autores y narrativas en las cuales se aborda la paz, los conflictos y las violencias. Estos textos también pueden ser leídos como mensajes extensos a una comunidad de amigos virtuales, o como la expresión de un punto de vista acerca de la transición política derivada de los diálogos de paz que se realizan por estos tiempos entre el gobierno y un sector de la guerrilla colombiana.      

En principio, los conflictos de intereses entre los hombres son solucionados mediante el recurso de la fuerza. Así sucede en todo el reino animal, del cual el hombre no habría de excluirse, pero en el caso de éste se agregan también conflictos de opiniones que alcanzan hasta las mayores alturas de la abstracción y que parecerían requerir otros recursos para su solución. En todo caso, esto sólo es una complicación relativamente reciente. Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quien debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición. Este objetivo se alcanza en forma más completa cuando la fuerza del enemigo queda definitivamente eliminada, es decir, cuando se lo mata.Tal resultado ofrece la doble ventaja de que el enemigo no puede iniciar de nuevo su oposición y de que el destino sufrido sirve como escarmiento, desanimando a otros que pretendan seguir su ejemplo. Finalmente, la muerte del enemigo satisface una tendencia instintiva que habré de mencionar más adelante (Sigmund Freud. El porqué de la guerra)

Enn su Querela pacis de 1517 Erasmo de Rotterdam exhortaba al pueblo a superar su fascinación por la guerra. Se dolía el filósofo holandés de la facilidad con que los mandatarios recurren a la guerra para resolver sus diferencias o perseguir sus ambiciones. Inspirado en el pensamiento renacentista de su época, Erasmo le apostó a la reforma educativa como medio para construir una comunidad basada en la tolerancia y el respeto de las ideas ajenas.

Colombia enfrenta hoy el desafío de dejar atrás la guerra. Por primera vez en medio siglo podemos avizorar una sociedad donde los conflictos se solucionen sin recurrir a las armas. Además de los esfuerzos económicos para realizar este ideal, tenemos el desafío de transformar nuestra cultura política. El tránsito de una sociedad arbitraria y violenta a una sociedad democrática presupone un cambio de mentalidad.

Esto porque el país no ha podido hasta ahora superar la propensión a la violencia. El conflicto armado persiste no sólo por las condiciones estructurales de injusticia sino, fundamentalmente, por la ausencia de una sociedad democrática. No sobran algunos pensadores que ven en la guerra una inclinación humana natural y la justifican en una presunta “naturaleza caída del hombre”. Una mal entendida religiosidad opaca en nuestro medio la educación republicana. Superar el pensamiento de derecho natural y construir el sujeto de la democracia son los principales retos que tenemos por delante. Las siguientes son algunas reflexiones generales en esa dirección.

Sábado, 20 Agosto 2016 19:30

Una historia de intransigencia

por

La guerra es una masacre entre gente que no se conoce, en beneficio de gente

que si se conoce pero que no se masacra.    Paul Valéry

Parece un ideal legítimo el que todos busquemos la paz con nuestros semejantes, un principio elemental de convivencia y mandato constitucional colombiano que en su artículo 22 dice que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Sin embargo la realidad nos muestra cuan lejos estamos de ese anhelo y cómo muchos no lo contemplan en sus perspectivas de vida, al menos en el conjunto cerrado llamado Colombia. Mientras termino de garabatear éstas líneas crece el enfrentamiento entre los que promueven votar por el SÍ en el plebiscito por la paz y quienes de manera beligerante y categórica defienden el NO en contrapeso a todo lo acordado durante tres años en la mesa de La Habana. 

Por este camino que la distancia no vence

va una palabra de viaje.

 

Se dirige al otro lado de las montañas

donde talvez el horizonte se alcanza.

 

Es una palabra andariega

que cruza ríos a saltos

despeja puertos

y da la vuelta al mundo

                          sin proponérselo

 

Es una palabra en busca de aposento.

 

Por este camino que la distancia no vence

cruza de viaje una palabra.

 

 

(1981)

El Geólogo Andrés-Felipe Calle fue secuestrado el 29 de junio de 2014, en la zona rural del municipio de Curumaní, departamento del Cesar, por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional –ELN. Su secuestro duró 59 días y produjo una movilización social inédita en la Universidad de Caldas de donde es egresado. La prensa reportó el hecho como un secuestro en el momento en que realizaba tareas relacionadas con mitigación de riegos asociados a fenómenos de origen geológico: trabajaba en la elaboración de estudios técnicos para el mapa nacional de amenaza por movimientos de masa; su trabajo aportaba a la planificación del territorio con implicaciones sociales en la prevención de desastres.

Por los mismos días del suceso, los analistas políticos consideraban cercano el inicio de diálogos públicos entre el gobierno nacional y la guerrilla del ELN. Dos años después del secuestro y liberación de Andrés Felipe, los avances en la agenda de negociaciones -al menos los que son de conocimiento público- dan cuenta de un plan de trabajo alrededor de cinco puntos centrales. Las informaciones ofrecidas por los medios de comunicación, señalan coincidencias de las partes en la definición de los países en los cuales se realizarán los encuentros de las delegaciones, así como un obstáculo que pone palos en la rueda del diálogo: el ELN aun no libera secuestrados como manifestación de voluntad política e inicio del desescalamiento del conflicto armado.

Si se entienden las movilizaciones pacifistas en tanto ampliaciones de los mundos marcados por las violencias, entonces podemos entender a estas últimas como “contracciones” de la vida, marcadas por expresiones de totalitarismo: ocultamientos, homogenizaciones, estigmatizaciones, colonizaciones.

En esta otra perspectiva no se entienden la paz y la violencia como contrarios, sino más bien como continuidades, por lo que no interesa definir una y otra, sino encontrar en sus tensiones, las posibilidades de movilización del mundo, de transformación y acción fundacional de alternativas para habitar sus territorios, haciendo de este habitar un ejercicio de experiencia expandida.

Para este ejercicio se ha recurrido a figuras mitológicas que representan poéticamente tanto las herramientas conceptuales propuestas por J. Galtung (1998), así como las emergencias, los nacimientos en la compresión de estas tensiones.

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