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ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
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Edición No. 180 (8)

Revista Aleph No. 180 (enero/marzo 2017; ¡Año 51!)
Ilustración de carátula: pintura de interpretación del poemario de CER:
"Los caminos recrudecen la espera"; por: Ezequiel Gabrielli, pintor-arquitecto


Manuscritos autógrafos de Ezequiel Gabrielli (pintor/arquitecto) después de la lectura
del poemario "Los caminos recrudecen la espera" (de Carlos-Enrique Ruiz)


Intervención en el foro "Medios de comunicación universitarios y sociedad". Universidad Nacional de Colombia, Auditorio Hans Herkrath, Bogotá, 29 de noviembre de 2016

Quiero en esta breve intervención hacerme unas preguntas e intentar responderlas. Son preguntas casi infantiles en su estilo y que muy posiblemente diríamos que están superadas y son innecesarias. Sinembargo, creo que como con las preguntas ingenuas que hacen los niños, esos por qué y para qué pueden ayudar a definir lo importante, lo central en muchas de las cosas que hacemos ya por inercia, porque siempre se hacen o porque todo el mundo las hace.

¿Para qué un sistema de información universitario?

No es obvio que se necesite. De hecho durante siglos la Universidad ha publicado sus resultados de diversas formas sin la necesidad de tener un sistema de comunicación o de información dirigido al público amplio no especializado. Pero la Universidad ha cambiado y hay que reconocer que tiene nuevas tareas que antes no se le asignaban. La sociedad también ha cambiado y hoy exige respuesta a sus inversiones en recursos, en esfuerzos y en esperanzas. El concepto de “exigibilidad” o “accountability” es la norma y no hay prácticamente organización social que no deba presentarle cuentas a la sociedad amplia.

A mediados de septiembre de 2016 la Gerencia de Literatura de Idartes me invitó a presentar la novela Después y antes de Dios (Premio Nacional del Novela del Ministerio de Cultura, 2016) de Octavio Escobar-Giraldo,  en el marco de «Lectura bajo los árboles», el sábado 24 de septiembre a las 3:00 p.m. en el Parque Nacional. Ese día conversamos durante más de una hora con el escritor manizaleño sobre la novela premiada, sus intereses y su trayectoria. Tras la conversación intentamos retomar por escrito algunas cuestiones discutidas, para hacerle llegar a la redacción de la revista Aleph esta entrevista, que no es una transcripción del diálogo entablado en el Parque Nacional, sino una “revisitação” de las palabras intercambiadas ese sábado.

Es verdad que formé parte del jurado calificador que le otorgó de forma unánime el premio a la novela de Escobar-Giraldo. El acta es pública y está en línea. Los otros miembros del jurado fueron Guillermo Martínez, Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García-Márquez 2014, y Juan Diego Mejía, director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Pero también es cierto que ese 24 de septiembre yo era menos un ex jurado que un lector curioso que deseaba acercar al ganador a un público bogotano que poco lo conocía aún.

Recuerdo que el acta destacaba varios planos de la novela: la hipocresía religiosa, los pobres vergonzantes, la homosexualidad femenina y el mundo de los sirvientes, y la capacidad de Escobar-Giraldo de crear diálogos “convincentes” que “le imprimen carácter y dimensión” a Después y antes de Dios, así como, en general, a todas sus obras.

Esta conversación se cumplió en el 2010 (revisada y complementada en el 2017), con Nelson Vallejo-Gómez, un intelectual franco-colombiano, nacido en Medellín en 1962 y afincado en París desde 1982. Tiene Licenciatura y Maestría en Filosofía por la Universidad Sorbona-París IV, doctorado honoris causa por las universidades de Caldas en Colombia, Cajamarca y Ricardo Palma en el Perú. En sus diferentes ensayos ha abordado, desde el paradigma de la complejidad y la obra de su maestro Edgar Morin, problemas cruciales de filosofía y cultura, como también problemas álgidos de nuestro tiempo. Además de actividades académicas, NVG tiene una trayectoria de funcionario de carrera (Agregado de administración estatal de clase excepcional) en el ministerio de educación de Francia, especializado en cooperación internacional y en políticas públicas educativas. Del 2005 al 2010, se destacó en comisión diplomática en el ministerio de relaciones exteriores, siendo Agregado de cooperación universitaria en las embajadas de Francia en el Perú y en la Argentina. De regreso a París, es Asesor para América Latina del Presidente de la Fondation Maison des Sciences de l’Homme, Michel Wieviorka, y director del departamento de información y valorización de políticas educativas, en la dirección general de educación básica y media del ministerio de educación de Francia
Sus respuestas son breves ensayos, con efervescencia en las ideas.
La entrevista inicial se transmitió por la Radio UN (Bogotá) y fue complemento de la conferencia que dio en el ciclo de la “Cátedra abierta – Grandes temas de nuestro tiempo” (“Herencia picaresca y mestizaje latinoamericano”, 27 de mayo de 2010), con motivo del bicentenario de la Independencia de Colombia.
La primera versión dactilográfica, a partir de la grabación digital, fue realizada por Sergio Giraldo-Ruiz.

Ya en el Homenaje a Roberto Arlt (1975)[1] el escritor argentino Ricardo Piglia asumió una declarada reflexión sobre los modos de apropiación en la literatura. Señaló que la "nouvelle" simula ser un informe sobre un hallazgo real por parte del autor: un escrito inédito de Roberto Arlt. Como apéndice al relato de investigación se transcribe "Luba", el texto apócrifo-traducción y reescritura de "Las tinieblas" de Andreiev-. Haciendo uso de la estrategia de falsificación, la escritura se arriesga en un evidente acercamiento, a partir de la asimilación y (re)acentuación de las palabras ajenas. En ese intento por capturar y (re)territorializar el código básico de la escritura arltiana, se introduce el debate entre lo propio y lo ajeno; además, en tanto defensa del plagio, se sientan las bases de una posición ideológica: la propiedad en literatura entendida como robo.



[1] Ricardo Piglia. Nombre falso. Buenos Aires.: Siglo XXI, 1975: 99-172

Suelen emerger los paradigmas en aurora boreal y sazonar pródigos frutos al calor matinal, para sufrir luego del mediodía el rigor de la noche. La entropía se acusa con graves acentos en los instrumentos diseñados para verificar y aplicar las teorías. El pensador, vigía de la noche, sufre al atisbar cómo las teorías declinan ante los métodos; estos ceden a las tecnologías, pronto reducidas a técnicas, al cabo sofocadas por miles de instrucciones. Detalladas órdenes encajan en celofanes que no ocultan la miseria del regalo envenenado. Como tela de araña, no morera de crisálida, la red de minuciosos comandos captura en círculos a millones de incautos y sacrifica a quienes no se rindan a las oleadas de imitaciones propagadas como cristales uniformes. 

El pensador compara esta degradación por arrogancia de instrumentos con el tullimiento del paralítico situado a la vera de la piscina de Betesda. Con piedad quisiera sumergirlo en las aguas lustrales removidas al alba por los ángeles para devolver el movimiento a quien luego de más de siete lustros agració Cristo al  levantarlo con mirada de amor.  


Pintura de homenaje a los 50 años de la Revista Aleph (Ezequiel Gabrielli; 2015)

De tantas traducciones a nuestra lengua castellana nos agazajamos porque contribuyen a elevar nuestra ciudadanía cultural al plano del universo. Más sorprendente y maravilloso resulta ser si algún hispanohablante originario de Colombia posee talento y coraje para escribir un poema perfecto en otro idioma. Tal ha sido el extraño don de la poeta colombiana Patricia Suárez quien ha logrado una pequeña pero luminosa pieza maestra de poesía escrita nada menos que en el genuino y exigente espíritu de la literatura inglesa.

Púlsese la dificultad si se trasciende el plano literal. Porque las palabras no advienen incluso en la prosa como pasajeras solitarias arribadas desde una orilla distante a un nuevo hogar lingüístico, cada una con su propio equipaje, extrañas unas a otras, como si fueran modernas exiliadas salvadas de un naufragio por la gracia de Dios, todas aterradas al contemplar bebés ahogados en el mar sin la merced de aquella cesta que salvara a Moisés. 


Ezequiel Gabrielli, Pintor-Arquitecto, ilustrador de la edición física

En la presentación de la Revista Aleph No. 178 (por: Marta-Cecilia Betancur y Mario-Hernán López, profesores de la Universidad de Caldas). Dos homenajes se concentran en el número 178 de la Revista que presentamos hoy a la Universidad de Caldas, a la ciudad de Manizales y al país.  El nombre del  monográfico pensado y escrito a tres manos es una símbolo del importante momento que vive la nación colombiana: “Transiciones para una paz duradera e imperfecta”. Sin que fuera su propósito, la publicación de la revista coincide con el momento de la firma de los acuerdos y de la promulgación de la campaña por el plebiscito. Tal vez Aleph 178 sea el anuncio de una nuevo amanecer para Colombia.  

No es fruto del azar que pudiéramos reunir en este número la tenacidad de dos hombres y dos historias personales y colectivas, como tampoco es fruto del azar que pudiéramos reunir en él cinco décadas de la historia cultural y política del país: 50 años de Aleph, una revista cultural que, naciendo en la provincia, se posiciona como una de las revistas del pensamiento y la cultura más importantes de Colombia y América Latina. Y la posibilidad de poner fin a poco más de 50 años de guerra entre la guerrilla de las Farc y las fuerzas del Estado, con graves consecuencias para la población civil.

La tenacidad y persistencia de dos caldenses de la misma generación y con la capacidad de liderazgo suficiente para sostener dos procesos complejos se exponen allí: la persistencia de una Revista con amplias calidades académicas y capaz de convocar a las más grandes personalidades del mundo intelectual, en las diversas modalidades del pensamiento y la literatura de América Latina, gracias a la sabia dirección del Maestro Carlos-Enrique Ruiz. La paciencia y el tesón de Humberto de la Calle, cuya capacidad de mediación ha permitido que celebremos hoy los importantes acuerdos a los que ha llegado la Comisión de la Habana, que sabiamente ha dirigido por cuatro años. 

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