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Edición No. 181 (9)

Revista Aleph No. 181 (abril/junio 2017; Año LI)
Ilustrada con dibujos/bocetos del maestro Guillermo Botero-Gutiérrez (1917-1999)

En la tradición religiosa judía ha existido siempre una importante discusión sobre el origen de los diez mandamientos, de las tablas de la ley, que Dios le dio a Moisés para que se las comunicara a todo el pueblo que lo seguía rumbo a la tierra prometida. Algunos cabalistas, entre ellos Maimónides, sostuvieron que esas leyes no fueron realmente transmitidas por Dios, y que lo único que en verdad los judíos escucharon fue el Aleph con el que el texto hebreo de la Biblia empieza el primer mandamiento. En esta vieja lengua sagrada el Aleph no es más que el arranque laringal de la voz que antecede a una vocal al principio de una palabra; es el elemento sonoro del que proviene toda voz articulada, toda palabra inteligiblemente pronunciada pero que no es, sinembargo, portadora de ningún sentido específico. Al formular esta interpretación, la cabalística judía redujo la revelación divina a una experiencia puramente mística desbordante y llena de sentido pero carente, al mismo tiempo, de todo significado determinado y concreto que brota sólo del uso del lenguaje. Dios sólo se revela a los hombres con un murmullo pre-lingüístico para evitar que su existencia anunciada resulte plenamente inteligible a su entendimiento.

En el principio era el delirio…dice María Zambrano, la pensadora española que ha sostenido con mayor intensidad el tema de la Razón Poética.  Es un honor haber sido invitada para exponer, desde el Aula María Zambrano que pertenece a la Cátedra de Estudios Andalusíes, este tema que me ocupa permanentemente. La necesidad y oportunidad de aproximar Poesía, Filosofía y Mística en tiempos en que vuelven a  aparecer sus eternos enemigos nominalistas y sofistas, hablando de “posverdad” y enarbolando defensas del  objetivismo, la tecnociencia y las máquinas en desmedro del sujeto, el sueño, el delirio y la renovación de la cultura que hace humano al hombre.
Martín Heidegger hizo una profunda aproximación de la filosofía   a la mirada, la actitud y el lenguaje del poeta. Pero ha sido la pensadora andaluza María Zambrano (1904-1991) quien  dio pasos definitivos hacia el logos oscuro, como  ha llamado Jesús Moreno Sanz, uno de sus mejores discípulos:   a ese logos poético, místico, trans-racional, al que asedió, reivindicó y apropió filosóficamente en un acto de decisiva transgresión.

Patriotas

Durante los primeros treinta años del siglo XIX la independencia política de América con respecto a España se había logrado; sinembargo, fuertes cadenas de opresión ideológica mantenían atados a los americanos a la Metrópoli, de tal suerte que las manifestaciones libertarias seguían muy limitadas, situación que se manifestaba en cualquier expresión artística. Por consiguiente, la novela estará sujeta a las ataduras religiosas y políticas que fueron legadas por el aparato de dominación que durante cuatro siglos se impuso a los americanos; la novela recogerá entonces diversas manifestaciones sociales, entre ellas las guerras, los usos, las costumbres, el folclor, y en general, la confrontación de la lucha por el poder, todo matizado con el romanticismo de la época.

Durante ese período, los hombres que encarnaban la lucha por las ideas políticas en América se mantuvieron demasiado ocupados en expulsar al ejército invasor; el aparato ideológico estaba muy arraigado, de tal manera que cualquier expresión literaria tenía la impronta de ser una narrativa impregnada de valores morales y religiosos, combinados con acciones administrativas, injusticias, opresiones y, lógicamente, alzamientos originados por esta misma situación. No era fácil que los americanos se pusiesen de acuerdo en un proyecto continental en donde se inscribían en un caldo de mestizajes los españoles que quedaron, los criollos que vieron la oportunidad de acceder al poder, los indios y negros sojuzgados y los zambos y mulatos que sin esperar mucho, deseaban por lo menos algún tipo de dignificación como seres humanos.


Este artículo, que forma parte de uno de los capítulos de mi tesis de maestría en Estética e Historia del Arte, es un pequeño y sentido homenaje a una centuria del natalicio del artista caldense Guillermo Botero-Gutiérrez. Un escultor que a través de su prolífica producción desarrolló particulares objetos en los que  trascendió el oficio de un arte-sano, en los que entró en un profundo diálogo con testimonios y vivencias de los lugares que habitó y que traducidos en obras plantean los discursos de tiempos revolucionarios y plasman las grandes motivaciones enraizadas en un contexto humano y cultural. También es una mirada al desarrollo de la técnica escultórica del mural realizado bajo el procedimiento de talla en madera empotrada a la pared, la cual, según los resultados que arrojó este trabajo de investigación, posiciona a Botero Gutiérrez como el primer artista del contexto escultórico colombiano en desarrollarla de una forma amplia, a gran escala y con altos desarrollos técnicos.

Yo busco en la madera el alma del árbol. Un árbol es un ser vivo que amó, se reprodujo y en él cantaron los pájaros, amaron las mariposas; hubo vientos, lluvias y un día murió. De ese árbol veo yo su mundo viviente y veo en él sus vetas, su desarrollo, su dureza.

Guillermo Botero-Gutiérrez 

Amílcar Osorio nació en Santa Rosa de Cabal, Risaralda, en 1940. Estudió un año en el seminario diocesano de San Juan de Eudes, en Jericó, Antioquia. Trabajó como empleado de la Librería Horizonte de Medellín. Fue uno de los cofundadores del nadaísmo antioqueño al lado de Gonzalo Arango, Alberto Escobar, Guillermo Trujillo, Humberto Navarro y Eduardo Escobar, y de los primeros poetas que acompañaron a Gonzalo Arango en los  cuestionamientos, rupturas y  propuestas  literarias, estéticas, políticas y sociales. Es uno de los  nadaístas más sobresalientes e interesantes: culto, refinado, con auténtico interés y conocimiento artístico. De abundantes, novedosas, y selectas lecturas, que participaba a sus amigos, y que renovaba en su trabajo de librero[1]. Poeta y prosista, pintor y cuentista. De depurada sensibilidad de artista. Con una profunda y singular mirada. Poeta puro, como denominó Gonzalo Arango a los mejores y a los verdaderos[2].  Murió en 1985, a los 45 años, ahogado en la laguna de La Oculta,  finca entonces perteneciente a Jericó.  Sus versos se publican por primera vez en  diciembre de 1984, en una editorial pequeña y local, de Hernán-Darío Buriticá. En mayo de 1989,  muerto el poeta, se publicó la segunda edición de Vana Stanza, de 300 ejemplares, en la colección literaria de la Fundación Simón y Lola Guberek, que presentó al país los primeros escritos de algunos reconocidos nadaístas.    




[1] Eduardo Escobar, en Cuando nada concuerda  (Bogotá: Siglo del Hombre, 2013), habla de la experiencia conjunta de los nadaístas con los libros,  cuáles les señaló Amílcar Osorio, cuáles leyeron y comentaron en grupo, cómo resolvió A.Osorio la pregunta  de dios, cómo los invitaba a leer a Nabokov o a compartir  sus traducciones de Rimbaud, uno de sus poetas favoritos.

[2] Gonzalo Arango. Última página. Medellín: Ed. Universidad de Antioquia, 2000, p. 149.

Contrario a la mayoría de lectores de El corazón de las tinieblas, mi primer contacto con el imaginario que representa esta obra fundamental del novelista polaco Joseph Conrad no fue a través de las adaptaciones televisivas o la afamada Apocalypse Now, con que Ford Coppola lo homenajeó. Mucho menos a través del libro.
Ahora, absorbido ante el amable diseño de esta edición de Alianza Editorial adquirida en la siempre amable “Libélula libros”, recuerdo que cuando apenas disfrutaba de mi primer computador de mesa, por allá en el año 2001, capturó mi atención un inquietante juego para PC en el que el protagonista debía superar manglares oscuros con ramas animadas como subsuelo, enigmáticos lagos, riachuelos bruscos y vericuetos conducentes a la más empedernida oscuridad, de donde emergían “temibles y terroríficas” criaturas. Se llamaba asimismo, el jueguito: Heart of darkness. Nunca superé el primer nivel, pero cerrar la última página de la novela, por fin, puede tomarse como un desquite.

like golden lamps in a green night
                     Andrew Marvell

 

 

el verde de tus islas es un verde

profundo al más allá de tus pupilas

recóndito anidarse de tu espíritu

 

espíritu de Omeros tu Odisea

deposita tanta agua reflejada

en los ojos de todo marinero

 

escudriñando tanta tierra firme

que no posee ninguna de tus islas

áspid del corazón que se enamora

 

no el corazón marino que es viajero

ovillándose disonancias cuando parte

jinete de las olas que no vuelve

 

termómetro de ausencias y arrecifes

tejidos que en el agua se diluyen

cuando al cruzar las piernas se hacen fértiles

 

pillaje al corazón del marinero

manuscrito poético ensenada

inmensidad oceánica que abarca

toda tu soledad inmensurable

  

                           


En Yola, Nigeria (África), 19.III.2017

 

 

Martes, 20 Junio 2017 17:23

N O T A S

por

Guillermo Botero-Gutiérrez (1917-1999), escultor, a los 100 años de su nacimiento (por: Carlos-Enrique Ruiz).  El arte es una expresión consustancial a la vida en la Naturaleza, de múltiples e inesperadas manifestaciones. Desde los trazos ingenuos de los primitivos pobladores del planeta, hasta las más elaboradas formas en el plano y en el espacio, producto de la destreza en mirada y manos. También apreciamos expresiones naturales, producto de la evolución en todo lo que nos circunda, que podemos admirar como arte por su belleza, incluso por lo extraño en el modo de manifestarse.
El pasado 17 de abril se cumplió el centenario del nacimiento de Guillermo Botero-Gutiérrez, nuestro escultor y artista plástico mayor, una personalidad de recordar siempre, de historia asombrosa que relató en su autobiografía: “Y fue un día” (UN, 1997). Alumno-fundador de la Escuela de Bellas Artes de Manizales (1932), becado en 1941 por la gobernación del departamento de Caldas para continuar estudios en Chile. Durante veinte años permanece fuera de Colombia, con estudio y trabajo al lado de grandes maestros en la escultura. Lector atinado, con temprano afloramiento de la palabra sabia y poética, al lado de su oficio llevado en dedicación absoluta. Vive en Chile, Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay,… con labor en talleres de otros y montaje de los propios. Deja obra regada por esos lugares, y regresa a Colombia en 1961, radicándose en Manizales, con su taller y su trabajo incansable en creación y exploración de todo tipo de materiales. Estimó que estos tienen alma y con su trabajo descubría las maneras de manifestarse los sentimientos de aquellos.
 
                                                             Bocetos del escultor Guillermo Botero-Gutiérrez (1917-1999). Colección privada

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