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ISSN 0120-0216
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La Universidad: modelos diferentes, respuestas a nuevos retos

Lo que hace diferente al ser humano de todos sus ancestros animales en la evolución es la capacidad de acumular información, de usar las experiencias de otros y de elaborar esa información y esas experiencia para producir teorías que le dan capacidad para anticipar posibles amenazas. Desde los albores de la historia el hombre generó mecanismos para la transmisión del conocimiento. Primero directamente de padres a hijos, de maestros a aprendices y finalmente en instituciones especializadas. Durante los últimos siglos los sistemas morales han venido evolucionando en paralelo con el crecimiento y acumulación del conocimiento. Aún sin que existiera una intención explícita para ello, el conocimiento ha puesto en duda muchos de los sustentos y de las explicaciones metaéticas que soportaban los sistemas morales en la antigüedad. Por eso, no es abusivo afirmar que el crecimiento de la Universidad como institución educativa ha tenido también una incidencia directa en el progreso moral de la humanidad, reflejado en un mayor respeto por la autonomía, la libertad y la igualdad.

La universidad, como la conocemos, hoy surgió hace cerca de mil años en la Europa medieval; la primera se fundó en Bolonia como una asociación de estudiantes que contrataron a profesores para que les dieran clases. Surgieron poco después otras, de diversos orígenes. Unas (como la de Bolonia) fueron iniciativa de los estudiantes, otras se derivaron de escuelas cardenalicias o monacales y dependieron de la iglesia, y algunas surgieron como iniciativa de autoridades civiles, príncipes y cortes. La aprobación papal y la influencia muy dominante de la iglesia fueron bienes adicionales porque promovieron una lengua franca académica y un sistema temprano para la validación generalizada de las credenciales académicas; una especie de “globalización temprana”. Los estudios se dirigían a la formación escolástica del trívium, a las otras artes liberales del quadrivium, a la filosofía y la teología y a las “ciencias lucrativas” como la medicina y el derecho. Pero todas las universidades, por varios centenares de años, se caracterizaron por estar al servicio de pequeñas élites. La educación no era un bien generalizado y la instrucción de alto nivel fue una forma de conservar y transmitir generacionalmente los privilegios que otorgaban conocimientos especializados y sofisticados.


La fuerza ética y moral es mucho más contundente en el largo plazo que la fuerza armada (…) / (…) Yo soy de los que piensan que tenemos una obligación humana, una obligación ética por la dignidad del ser humano en Colombia.

Francisco de Roux

NVG – Padre, con su beneplácito, le propongo esta conversación en tejido y dos tramas, la una personal y la otra conceptual. Quiero empezar por el orden personal. Quien lo entrevista, le da primero gracias a Dios, gracias a la vida y gracias a su amable disponibilidad, pues es usted un vigía espiritual y un despertador de conciencia de paz, entre los más importantes en Colombia, y diría yo, en el mundo, ya que Colombia es reconocida, desde el Proceso de Paz y de Reconciliación Nacional iniciado en el 2012, como un laboratorio mundial de paz. Tal es el mensaje que el Premio Nobel de la Paz representa para la nación colombiana. Está en juego la terminación definitiva de un conflicto interno armado con más de medio siglo y la implementación de los Acuerdos firmados el 26 de noviembre de 2016, en Bogotá, por el Gobierno nacional y los jefes de la guerrillerada fariana. Es loable cambiar las balas por votos y luchar en conjunto por una paz estable y duradera. Hagamos votos para que el conflicto y su guerra se conviertan rápidamente en asunto de historiadores, y ya no más en bandera de pelea o estrategia de momento para políticos populistas, estigmatizadores y manipuladores, peligrosamente retóricos y pos verídicos. En ese contexto, usted dijo ayer, 1ro de junio de 2017, en París, durante la conferencia magistral de clausura del seminario anual de la FMSH sobre “Salida de la violencia y radicalización” [1], y en asociación con la Universidad Javeriana de Colombia que: “en Colombia, como en muchos otros países, hay problemas estructurales en lo económico, lo político y lo social, pero el principal problema reside en cierta idiosincrasia, cierta mentalidad y cierta ‘cultura conflictiva’ de los mismos colombianos”. Podría precisar por favor su pensamiento, pues temo que pueda emerger, en la filigrana de esa acepción sobre el drama colombiano, un peligro metafísico, es decir, tocante a cierto esencialismo y posible trascendencia justificativa de la colombianidad, en clave de filosofía negativa.



[1] La Plataforma internacional de investigación sobre el aporte de las ciencias humanas y sociales a la concepción y la evaluación de políticas públicas y reformas integrales necesarias a la “salida de la violencia y a la radicalización” fue creada en la Fondation Maison des Sciences de l’Homme por iniciativa de Michel Wieviorka, después de una comisión organizada por Nelson Vallejo-Gómez a Colombia y un convenio marco firmado entre la FMSH y el CNMH (Centro Nacional de la Memoria Histórica de Colombia), en Bogotá, el 25 de junio de 2015. Cf. http://www.fmsh.fr/fr/recherche/24279  y http://www.fmsh.fr/fr/la-fondation/24448

Todos los latinoamericanos somos hojas, ramas y frutos del mismo árbol.
                                          Marcela del Río

I.

La escritura es un arte, y como tal conlleva secretos de amores, de ilusiones y desilusiones. Maneras de conversar, de extrovertir y de introvertir. En especial es un monólogo. Se habla consigo mismo, que de pronto sale al espacio de las cosas y encuentra ojos y oídos receptores de luces y sonidos. Y el súmmum de ese arte es la Poesía que hace de las palabras y los sonidos formas de embeleso y cautiverio, en espacios multidimensionales, salidos de espíritus forjados en la tenacidad de los días, con expresión en tiempos de memorias y olvidos.

Marcela del Río (n. 1932) es una figura académica e intelectual del primer orden, carente de publicidad y de notoriedad mercantil. Patrimonio insoslayable de la cultura hispanoamericana. Su obra es extensa, cálida y calificada. Pluma avezada la suya que recorre el ensayo, el teatro, la poesía, la narrativa,… la pintura. Heredó de Don Alfonso Reyes, su tío, y de sus padres, la vocación por la sabiduría y la pasión laboriosa por la escritura, en el compartir de aulas y de indagaciones con el método de la intuición, en pesquisas deslumbrantes. Es PhD de la Universidad de California (en Irvine) y Profesora Emérita de la Universidad Central de Florida (en Orlando). Preside en México la Fundación que lleva su nombre.

Sus obras son innovadoras, de potente creación, en la rareza por ejemplo de su “Opus nueve” (1978) que reúne nueve obras de teatro, -incluso del teatro documental- a la manera inversa de la cronología, bajo su idea de estudiar la historia comenzando por el ayer, seguido de la semana anterior, el mes anterior, el año anterior, el siglo anterior, hasta el comienzo, con explicaciones de lo acontecido. En ese volumen está palpitante la poesía, como el caso de ese bello soneto, en la voz de “Urania”, con música para violín y cinta magnética: “Desde el séptimo cielo he navegado/ en rayos de zafiro y lasser gamma/ para ofrecerte el cosmos que se gana/ escapando al troquel predestinado./…” (en “Sol nostrum”)

 

(*) Estos textos hacen parte de la tesis de doctorado : “El arpa de pedal en Colombia – Evolución instrumental, de la creación musical y de la formación de arpistas”, elaborada y sustentada por Mónica Milena Gallego-López. Universidad de Burgos, Burgos (España) 2017.

1. Antecedentes

Manizales, mi ciudad natal y capital del departamento de Caldas, es considerada hoy día como una de las ciudades con mayor calidad de vida en Colombia. Además de ser ciudad universitaria, se ha destacado por la labor musical que han realizado las bandas y orquestas sinfónicas a lo largo de los años. En esta ciudad, tuve mi primer experiencia con la música y fue de la mano de esta expresión artísticia, que realicé mi labor musical como docente, creando la cátedra de arpa en el Conservatorio de Música y como intérprete, siendo la primer intérprete de este instrumento. Después de varios años de estudios y gratas experiencias musicales y pedagógias en el exterior, hoy quiero compartir parte de mi trabajo como investigadora, que me lleva de nuevo a estas tierras para indagar un poco más sobre el desarrollo del arpa de pedales.
Esta ciudad que goza del privilegio de las maravillosas vistas de la cordillera central o los llamados Andes, despierta cada día con el activo Nevado del Ruíz, y en épocas del enero festivo se oyen las voces de ¡Ay Manizales del Alma! en las bandas que desfilan por sus calles al ritmo de los pasodobles. Pero no sólo las voces de los alientos resuenan en las ferias, también se han dejado sentir las cuarenta y siete cuerdas vibrantes del arpa en la iglesia la Inmaculada de manos de una de las exalumnas -motivo de orgullo-. Y es que son ya dos décadas de formación de arpistas en esta ciudad, que deja ver el avance de uno de los instrumentos más exóticos que ha logrado llegar a los oídos de los manizaleños con sus armoniosas melodías. Y rememorando la voz de Gustavo Adolfo Becker (1ª estrofa, Rima VII): “Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa..” quiero contar mi historia y la de mi compañera de ¡tantos viajes!. De esta manera y cual palabras de Becker, lucían las dos arpas en la biblioteca del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas, hacia los años noventa; época en la cual se daban las primeras generaciones de licenciados en música e innovadores proyectos musicales como el programa Batuta, el cual, liderado por el maestro Nelson Monroy, logra que una vez más suenen las cuarenta y siete cuerdas de las antiguas Érard.
En este capítulo queremos dar a conocer a través de un esbozo musical, las primeras manifestaciones musicales sucedidas años después de la fundación de la ciudad, dadas con la llegada de las primeras compañías artísticas -por caminos a penas construidos-, que brindaron  otro tipo de esparcimiento musical a los manizaleños. De igual manera hacemos mención de los primeros teatros que acogieron a estas compañías, a las orquestas, instituciones musicales, directores y artistas tanto nacionales como extranjeros, entre ellos al inigualable arpista español Nicanor Zabaleta, los cuales dejaron sus legados musicales en pro del desarrollo musical y cultural de la ciudad. A pesar de la escaza información existente sobre nuestro tema de estudio, hemos podido tener un acercamiento por medio de los relatos de músicos de la época, encontrando detalles significantes que enriquecen nuestro trabajo, como también, los programas de concierto y archivos del periódico local, los cuales nos permiten tener una visión de la escena musical de la época, datos éstos, que junto a las escasas referencias bibliográficas existentes, se unen a la experiencia personal y profesional, dando inicio así, de esta historia que bien merece la pena ser contada y documentada.


Sigan adelante. No se dejen vencer,no se dejen engañar, no pierdan la alegría,no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa.

                  Papa Francisco (Bogotá, Sept. 2017) 

Desconcertados estamos asistiendo a la ruptura evidente entre la dimensión moral y la dimensión política; o entre la razón práctica y la razón pura, o entre lo razonable y lo racional. Para ilustrar un poco, baste con mencionar apenas dos ejemplos de la magnitud del problema: el caso de Volkswagen y el caso de Odebretcht. Las consecuencias de cada caso son distintas, pero el daño en la vida de los individuos y en las sociedades es profundo y casi irreparable. Tal vez haya que verlo como otro síntoma de la orgiástica decadencia de Occidente.

Limitándonos a Colombia –a pesar de lo ingrato y tedioso que resulta el tema de la corrupción– la situación incierta y compleja en la que está sumido el país nos obliga a los ciudadanos, en la medida de nuestras posibilidades, a no mirar a un lado, a involucrarnos con nuestras voces y, a quienes tienen la fuerza suficiente, a comprometerse con sus acciones.

Como si fuese poco el carácter tormentoso del proceso de paz, anhelado por millones de colombianos que han sufrido la absurda y brutal guerra, pero conducido contra la fuerza de algunos “hombres de principios”, “doctores de la ley”, como si eso fuese poco –repito–, a ello se suma la degradación de las más altas esferas del poder judicial. Atónitos e impotentes asistimos diariamente a los sucesivos escándalos, al carnaval ya sin máscaras de las muecas de la corrupción.

El oficio del librero, entre estantes y libros (por: Carmelita Millán, Directora del Instituto Caro y Cuervo). La Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI) “es una entidad dedicada a llevar adelante proyectos que ayuden a las librerías independientes a mejorar su influencia cultural y comercial, reivindicando el oficio del librero”, dice su página electrónica. ACLI agrupa a 30 librerías de 10 ciudades, aunque en realidad más de la mitad se encuentra en Bogotá. No es difícil imaginar que hay más librerías independientes tanto en Bogotá como en el resto del país, pero quizá estoy pensando con el deseo y por eso, por precaución, evito escribir “muchas más”.

¿De qué son independientes las librerías independientes? Claramente, no del ánimo de existir y de contar con el sello que, para mí, tienen, estén o no afiliadas a la ACLI: cuentan con libreros(as). Es más, casi todas esas librerías se han originado en la voluntad de alguien que tiene una vocación: desarrollar el oficio sutil de encaminar por entre los estantes, las pilas de libros, las habitaciones, los rincones, los pisos de sus locales, a quienes visitamos sus librerías.

Encaminar con sutileza, con tacto. Conocernos, saber que deambulamos y que, a veces, no nos gusta que nos acompañen porque queremos tener un eureka que nos permita conversar sobre el tesoro el sábado o nos redima del domingo en la tarde. Saber reconocer la necesidad de espacio para la búsqueda y el hallazgo como victoria personal es una virtud que apreciamos muchos. Encaminar con gentileza, con empatía y hasta con inteligencia emocional para detectar al que busca, pero no quiere recibir conferencias sino sugerencias. Quien no desea el lucimiento de quien recomienda, sino el entusiasmo informado —y breve— que permite ojear y hojear. 

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