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ISSN 0120-0216
Resolución No. 00781
Mingobierno

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Edición No. 186 (9)

Revista Aleph No. 186 (julio/septiembre 2018. Año 52)
Edición monográfica sobre los ¡50 Años! del
"Festival Internacional de Teatro de Manizales"
y Reconocimiento a su Director
OCTAVIO ARBELÁEZ-TOBÓN
Retrato de portada elaborado por: Pilar González-Gómez

Edición digital-virtual en 4 nubes (Cortesía de NTC):

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¡Tú también, hijo mío!
                                  
Julio César
(Exclamación conjetural citada por Quevedo, citada por Shakeaspere, y acotada por Borges en “La trama”.El hacedor, 1960).

Busca por dentro
                                   Jairo Varela
                    (Canción de salsa del grupo Niche)

Fiel surtidor de hidalguía/ Manizales rumorosa,/ Bajo tu cielo de rosa/ Canta el viento su alegría.(Pasodoble “Feria de Manizales”: Letra de Guillermo González-Ospina; Música de Juan-María Asíns)

 

Plan A

El Festival Internacional de Teatro de Manizales (FITM) se inauguró en el mítico 1968, el año del cimbronazo de París, el año de la rebelión de los jóvenes en Europa, que un poco más tarde tuvo coletazos en Colombia, y en mi caso, en el bar Gambrinus de la calle 61, en Chapinero1, con réplicas hasta en Pasto.  

En el Eje Cafetero, lo que había empezado con un resentimiento entre la dirigencia porque Manizales “disponía a su favor de todo el presupuesto departamental” había terminado en una verdadera reyerta, cuya cereza del pastel fue la construcción del entonces mejor teatro para teatro de Colombia, Los Fundadores, en 1965, lo cual tuvo como episodio final la separación político-administrativa, un año después, del próspero departamento de Caldas, que quedó convertido en tres: Risaralda, Caldas y Quindío. 

Como el dinosaurio de Monterroso, el Festival de Teatro de Manizales siempre ha estado ahí. Nos ha acompañado desde la pubertad en el colegio, la adolescencia en la universidad, la juventud en la profesión médica, la adultez en la docencia. Ahora que ha cumplido su primer medio siglo de vida él está joven y rozagante, mientras nosotros, un poco mayores, oteamos ya el horizonte de la vejez y de la vida cumplida. Es la diferencia entre los ciclos de los ideales colectivos y la simple existencia de un individuo. Pero le debemos al Festival "La educación sentimental" de varias generaciones, pues como mostró bien Carlos Monsiváis en su libro Aires de Familia,ésta se debe más a las películas y obras de teatro que disfrutamos en la mocedad y no tanto a lo que leímos o vivimos. 

Los títeres de La libélula dorada, los mimos que recorrían las calles de la avenida Santander en el desfile inaugural; la plaza de Bolívar esos viernes por la noche de Festival convertida en escenario de un carnaval del Medievo; el bar Kien abarrotado de actrices, directores, poetas, estudiantes cantando Nueva Trova Cubana; los idiomas diversos que escuchamos, por primera vez, entre vinos y cervezas: el croata, el ruso, el vasco. El preferido Galpón de Bellas Artes, repleto siempre, impregnado del dulzor de la bohemia y las feromonas. El festival ha sido un compañero indeleble de nuestros recuerdos: la novia venezolana o canadiense que nos duraba la semana, el poeta italiano que le regaló a Orlando Sierra un poemario de Ungaretti firmado por Ítalo Calvino y que él arrojó, embriagado de ron y ludicidad, a las aguas de la quebrada Olivares esa misma madrugada. Liliana Herrera, con su memoria prodigiosa, recitando extasiada los aforismos de Cioran en la casa de Chipre de la poeta Gilma de los Ríos, mientras José Vélez-Sáenz miraba en silencio el plenilunio entre las montañas.  

Conocí a Carlos-Ariel Betancur hacia el año de l.953 en el Colegio de Nuestra Señora de Manizales. Yo estaba interno. Carlos-Ariel, quien había terminado su bachillerato en el mismo plantel, andaba enrolado, a pesar de su juventud, como catedrático. Yo cursaba primero. Carlos-Ariel ,  además, en el internado, era el encargado de despertarnos. Llegaba todos los santos días, lloviera o tronara, a las cinco y media de la mañana, llaves en mano, a hacerlas sonar sobre la cabecera de nuestros catres metálicos para que nos despertáramos y con estricta disciplina atacáramos el agua fría de la muy fría Manizales. Se sabía el apellido de los sesenta internos y con su gruesa voz nos decía: "García, despierte hombre, que tiene media hora para bañarse y vestirse". "A ver Hincapié, al suelo y al baño"."  "Restrepo, aquí no está en Anserma. Al agua.". Todos odiábamos a Carlos-Ariel por sus torturas mañaneras.

 

Yo salí del internado en tercero de bachillerato  y me reencontré con Betancur en sexto, como profesor de química. De nuevo la tortura. Mi primo William Ramírez  Tobón y yo decidimos enamorarnos del latín, la literatura colombiana, el francés, la filosofía, la historia y desdeñar para siempre la física y en especial la química. Carlos-Ariel, que ya para entonces lucía su cara adusta, su delgado físico, su  extraño semblante de torturador, no nos perdonó que lo ignoráramos. Reprobados y con peligro inminente de que el anhelado cartón no nos fuera entregado si no hasta el siguiente año, bajamos la cabeza y le pedimos clemencia. En ocho días con sus noches el mismo Betancur se encargó de  prepararnos para la habilitación de la materia, quedamos aprobados con cinco aclamado, y de amigos.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha utilizado su cuerpo para recrearse, ideando gesticulaciones, formas activas de expresión, solo o con otros, o para inventar diálogos con temas ocasionales, en testimonio de la capacidad de inventiva, e incluso con elementos de crítica, es decir, de considerar contextos propicios para aprobar o desaprobar procederes de otros. Todo ello se fue formalizando y dio origen al llamado “Teatro”, en las maneas de comedia, tragedia, u otras identificaciones en la taxonomía de tratadistas e historiadores.

En la Grecia Clásica esas maneras de interpretar la vida, sus aconteceres, ambiciones y frustraciones, con el recurso de los mitos, dio como resultado a autores de la talla de Esquilo, Sófocles y Eurípides, quienes dieron nacimiento a la “Tragedia”, con representaciones de situaciones tremendas, con motivaciones de compasión y terror, maneras de reflejar la condición humana, tan propicia al error y a lo trágico. Y se construyeron espacios apropiados para las representaciones, como el teatro de Epidauro, en el siglo II a.C., con capacidad de 12 mil espectadores, o el teatro de Dioniso en Atenas, para 14 a 17 mil espectadores. Desde entonces el Teatro ha sido una proeza que identifica regiones y países, por medio de giras de agrupaciones y de festivales, nacionales e internacionales.

El teatro griego fue determinante en las expresiones del teatro latino, con Roma en la forma más significativa y, en general, en los pueblos reconocidos como itálicos, cuyas manifestaciones obedecían a improvisaciones populares, en formas líricas y cómicas. De resaltar los “dramas” de Epicarno y los “mimos” de Sofrón. Livio Andrónico  en el siglo III a.C. produce obras teatrales a la manera trágica y cómica. Aparecieron los grupos ambulantes de comedias, forma prolongada en el tiempo. Del teatro romano los dos autores que mayor se recuerdan son Plauto y Terencio, dedicados a la comedia, que involucra enredos y engaños de familias. Pero fue el filósofo Séneca quien escribió ocho tragedias que se conservaron, alcanzando niveles de introspección, meditaciones sobre la condición humana.

Este periodo de tiempo que nos tocó en suerte vivir, esperanzador y lleno de simbolismos, ha obligado al sector cultural y sus gestores a participar de los procesos de reflexión que se abren a partir de la construcción de este proceso de paz y sus implicaciónes en el post-acuerdo.

La cultura ya no es referida apenas a las artes y su consumo, más bien se ha reconfigurado como un lugar desde el cual luchar por nuevos y mejores proyectos de vida colectivos, sin excluir los conflictos programáticos, teóricos y políticos. Aparecen nuevas dimensiones para una cultura democrática por espacios y tiempos de libertad y creatividad.  

La creación contemporánea especialmente la de los mundos juveniles, étnicos y de género, la de aquellos espacios que desde las disidencias intentan hacerse visibles, nos dan cuenta de la erosión en el fondo de las estructuras sociales contemporáneas. Se les puede ver y escuchar en los nuevos movimientos estudiantiles y en la de los ciudadanos por una economía solidaria y puesta al servicio del desarrollo humano. Estos ruidos del tiempo mundial actual, no son solo los de la revolución de la economía, sino, como señala Patricio Rivas “ circularmente de un modelo de civilización que puede pervivir mucho tiempo más en un tipo de decadencia que golpee mucho a los que tienen poco y lentamente a los que tienen mucho”.  

Con qué abundancia se soñó en todo tiempo, se soñó con una vida mejor que fuera posible! La vida de todos los hombres se halla cruzada por sueños soñados despierto, una parte de ellos es simplemente una fuga banal, también enervante, también presa para impostores, pero otra parte incita, no permite conformarse con lo malo existente, es decir, no permite la renuncia. 

Esta otra parte tiene en su núcleo la esperanza y es transmisible

            Ernst Bloch. El principio esperanza

 

Sinopsis

Es reconocido internacionalmente el papel que ha jugado la cultura en la transformación de la ciudad de Medellín. Las dimensiones educativa y de la cultura ciudadana se consideran hoy, más que programas de gobierno, prácticas ciudadanas y políticas de Estado que deben mantenerse y transformarse de acuerdo a los retos de la ciudad.

Podría afirmarse, que Medellín se percibe hoy como un espacio donde se escenifican transformaciones en los hábitos y modos de vida de sus habitantes, siempre en el horizonte de alcanzar una sociedad intercultural más equitativa, participativa y tolerante. Es también un escenario de riqueza cultural, donde los sectores sociales agrupados en torno a asuntos étnicos, de género, sexuales y económicos convierten la ciudad en un territorio para la expresión y el desarrollo autónomos de sus tradiciones inmateriales y materiales, para la difusión de su memoria oral, visual y escrita, así como para resolver las asimetrías propias de las dinámicas culturales contemporáneas.

Sus políticas han incorporado los temas del patrimonio cultural tangible e intangible y los procesos culturales de los sectores sociales que perciben la cultura como un escenario legítimo para las transformaciones de los aspectos que impiden el despliegue de sus 120 expresiones y hábitos de vida. Es así como ha implementado nuevas líneas de fomento a la práctica y ha generado mecanismos técnicos y conceptuales para la democratización de los recursos públicos.

No obstante lo anterior, el modelo que se construye con fundamento en la visión de Sergio Fajardo, “Del miedo a la esperanza”, sustentado en la educación y la cultura se ve amenazado por algunos factores que serán analizados en este texto, y que ponen de relieve la necesidad de defender los espacios construidos:

• Pese a los logros alcanzados por las últimas administraciones y por instituciones privadas de fomento, aún se requiere consolidar los derechos culturales de los ciudadanos y los deberes de estos con el Estado y con lo público.

• Aunque Medellín se caracteriza por la coexistencia de formas de vida y expresiones culturales diferentes, la relación entre ellas es aún asimétrica, excluyente y discriminatoria, expresada tanto en el ámbito de las relaciones sociales, como en las prácticas de las instancias públicas y privadas de la cultura.

• No obstante los logros alcanzados en cultura democrática, esta se ve amenazada por el “pesimismo democrático”, por el poco reconocimiento y uso de los espacios de concertación para la solución de conflictos y por la restricción de información sobre los mecanismos y canales de participación.

Estos tres factores, sumados al fenómeno del narcotráfico, su capacidad corruptora, y más que telón de fondo, eje transversal de los problemas de la ciudad, se convierten en una serie amenaza para los logros de esa transformación social de la ciudad.

El Festival Internacional de Teatro (en sus comienzos, latinoamericano y universitario) es sin duda el evento cultural más importante de Manizales y Caldas, pues concita la atención y la mirada de los hacedores y público aficionado al arte dramático en Colombia y del mundo desde su creación en 1968. Si este Festival ha influido en la comunidad y alentado al movimiento teatral local, nacional e internacional, no se va a discutir ahora, solo se hablará del movimiento teatral local previo al festival, de los años anteriores a la creación y puesta en funcionamiento del Festival,  esa  “la sabia locura”, como lo llamó en sus inicios el crítico chileno Sergio Vodanovic.

Durante los años sesenta del siglo pasado se vivó en el mundo una época turbulenta, de convulsión  política y por supuesto de convulsión en el arte. Los países del primer mundo instigaban guerras en sus colonias,  en Latinoamérica los dictadores asesinaban estudiantes y líderes sociales, y para rematar el cura Camilo y el Che pasaron de la ficción al heroísmo.

Grupos progresistas trataban de organizarse para enfrentar la ignominia, sin éxito aparente. Hasta que estalló la revuelta de Mayo de 1968 en París, allí grupos estudiantiles, obreros y sociedad civil se unieron para realizar la más grande movilización huelguística  que se conozca,  ella transformó sin duda las mentalidades.


Aplausos para Octavio Arbeláez-Tobón(por: Adriana Villegas-Botero; “La Patria”, 01.IV.2018). Esta semana hubo una pequeña polémica en Twitter porque tres arquitectos colombianos ganaron un premio en China y no fueron noticia. Uno de ellos se quejó diciendo que si hubiese llevado coca y estuviera sentenciado a muerte al menos le habrían hecho una entrevista. A raíz de su comentario le llovieron mensajes de todo tipo: desde felicitaciones hasta acusaciones de provinciano por pensar que ganar un premio al otro lado del mundo es mejor que recibirlo acá. Hubo quienes le dieron la razón, argumentando que la sociedad sí necesita referentes inspiradores para los jóvenes, y otros más le dijeron que en vez de lamentarse contara de qué se trata el premio, pues los periodistas no somos adivinos.
A riesgo de parecer muy provinciana, yo sí estoy muy feliz con otro premio que se ganó por allá en el lejano oriente un paisano nuestro: Jung Hun Lee, fundador y director general de la Semana de la Música de Seúl en Corea del Sur, anunció este lunes que el premio “a toda una vida” que entrega Red Mundial de Mercados de la Música será este año para Octavio Arbeláez Tobón, quien recibirá el galardón en octubre.
Me alegran mucho los reconocimientos que se dan en vida y me parece una feliz coincidencia que este homenaje llegue en el año en que el Festival Internacional de Teatro de Manizales celebra sus 50 años de vida próspera y provocadora, aunque hacer el festival sea cada vez más difícil.


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