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Edición No. 134


julio/septiembre 2005

Categorias secundarias

Aunque en el libro de Indalecio Liévano-Aguirre, “Grandes conflictos de nuestra historia” se desenmascara la hipocresía de la “alta clase” social de los voceros de nuestra independencia, de un Camilo Torres y de quienes, después de su triunfo, abjuraron de los principios igualitarios que invocaron para justificar la posesión de los cargos de los españoles; y aunque en el “cuadro de costumbres” Las tres tazas de José-María Vergara y Vergara se ironizó la simulación que había acunado el “patriciado” colombiano, con su correspondiente fervor servil por los extranjeros; y aunque Jaime Jaramillo-Uribe recuerda, en uno de sus ensayos sobre “Historia social de Colombia” que el Marqués de San Jorge perdió su título -comprado, sin duda- porque no pagó los derechos correspondientes; y aunque la historia colombiana ha puesto en la picota esa “aristocracia” hasta el punto de que hoy es anacrónico ocuparse con su terca agonía: pese a eso, cuando se critica a esa clase, la réplica a la crítica es un depravado argumentum ad hominem: el que la hace, es un “resentido”

Si la Universidad fue a lo largo de toda su vida la única patria de Rafael Gutiérrez-Girardot, el método se convirtió en su divisa y la crítica en su arma preferida.

Rafael Gutiérrez-Girardot llegó a Madrid en el mes de noviembre de 1950, como becario de la dirección de Relaciones Culturales y, más tarde, del Instituto de Cultura Hispánica, al mismo tiempo que lo hacían otros dos compatriotas suyos: Eduardo Cote-Lemus y Hernando Valencia-Goelkel.

Para quienes empezamos a estudiar las letras latinoamericanas a mediados de la década de 1980, el nombre de Rafael Gutiérrez-Girardot tenía resonancias semilegendarias. Sabíamos que, a contracorriente de las modas académicas, él prefería ir abriendo innovadores caminos no sólo para que se pensara por cuenta propia, sino para que Nuestra América se desligara de ataduras e imposiciones y tuviéramos un mundo menos acartonado.

La presencia de Rafael Gutiérrez-Girardot en el ámbito de la crítica literaria hispanoamericana ha sido insoslayable por varios decenios.

Definir un proceso creativo es imposible, acercarnos a él, re-inventarlo, es la tarea del ensayo creador. George Steiner ha planteado que el máximo logro de un crítico es convertir el objeto de su búsqueda, de su inspección, en una obra de arte.

La ciencia literaria contemporánea prefiere asimilar su actividad a la del comentario bibliográfico publicitario y diferenciarse de él con ayuda de terminología y diagramas que describen los procedimientos literarios, dejando de lado su significación histórica, social y creadora.

En 1950 subió al poder Laureano Gómez. Su política ultrarreaccionaria arrasó los impulsos y conquistas culturales que se habían iniciado con el presidente Alfonso López-Pumarejo, fomentados principalmente por la Universidad Nacional bajo la rectoría de Gerardo Molina y que se habían mantenido durante el gobierno restaurativo de Eduardo Santos.

Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en su mano izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: “Elige”, yo caería, aún en el supuesto de que me equivocase, siempre y eternamente en su mano izquierda...

El crítico y filósofo colombiano Rafael Gutiérrez-Girardot falleció el viernes 27 de mayo/2005, y representa una honda pérdida para la intelectualidad nacional.


Me propongo llevar a cabo un examen puntual del impacto de Cervantes por intermedio de sus personajes Don Quijote/Sancho, que pueden ser uno mismo, en la literatura latinoamericana, pero sin la expectativa de ir más allá de un campo reducido en la poesía, precedido, ese examen, de algunas consideraciones, y acompañado de un sensible homenaje.

(Escribe: Ignacio Ramírez). Rafael Gutiérrez-Girardot, polémico filósofo, pensador, ensayista, crítico, escritor, catedrático y disciplinado hombre de palabra en todo cuanto tiene que ver con la reflexión intelectual y la literatura, falleció hace pocos minutos en Bonn, Alemania, donde residió buena parte de su vida en el ejercicio simultáneo de la razón y la búsqueda de la verdad desde la materia prima de su trabajo: la palabra.


(Mensajes recopilados por “Cronopios”, diario virtual, en sus ediciones del 29 y del 31 de mayo del 2005). 1. En la madrugada del día de hoy el reconocido escritor colombiano Rafael Gutiérrez-Girardot murió en la ciudad de Bonn (Alemania).


El diario “El País” de España, produjo la siguiente nota, que transcribimos en apartes, con fecha 11 de noviembre del 2004, sección ‘Cultura’: La editorial Taurus celebró anoche en Madrid su medio siglo de vida.


Con este título publicó Orlando Mejía-Rivera, en septiembre del 2001, un artículo dedicado a Rafael Gutiérrez-Girardot, en su columna “Biblioteca de Babel”, del diario “El Tiempo” sección: Café, en cuyos principales apartes dice: “Los aportes del intelectual boyacense son de distinto orden.


Se nos fue otro de los nuestros. Uno de los grandes. El ingeniero, profesor y maestro Armando Chaves-Agudelo, del grupo de docentes fundadores de la primera Universidad establecida en el centro occidente del país: la sede en Manizales de la Universidad Nacional de Colombia. Un hombre por múltiples motivos singular.


A nadie se le escapa la tremenda encrucijada que padece Colombia. Desde todos los ángulos avanzan elementos de discordia y deterioro. Y las grandes soluciones no aparecen, de manera concertada. Grupúsculos bombardean desde sus posiciones limitadas de poder, sin consideración a la necesidad de coexistencia con equidad en la sociedad. La fragmentación se presenta en todos los órdenes. Y somos un punto preocupante en la mira de observadores en el mundo.


(Isabel Allende, Plaza y Janés, Colombia, 2005. Escribe: Álvaro Castillo-Granada). No tengo nada en contra de los best sellers o los libros más vendidos. Es más, muchas horas de placer me han deparado el encuentro con algunos de estos libros, cuyas historias tejidas con mil hilos, como si fueran un tapiz o un gobelino donde cada detalle es importante, van llevando al lector de emoción en emoción sin permitirle jamás un descanso o una tregua en esa actividad espléndida que es la lectura. Tal vez por eso emprendí con curiosidad y emoción la lectura de la última novela de Isabel Allende, El Zorro Comienza la leyenda.

Tan buena resultó la Edición monográfica en los 400 años de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” (abril/septiembre 2004), puesta a circular por la revista Aleph de Manizales, que no solo se agotó al salir sino que quienes nos quedamos sin un ejemplar de la misma, presionamos a su director Carlos Enrique Ruiz para que buscara la forma de una reimpresión que por fortuna acaba de salir con auspicios de la Fundación Mazda para el arte y la ciencia.


(Escribe, en su memoria, Mónica Jaramillo). Todos tenemos una forma única de ser, de ahí nuestra calidad de irremplazables. La forma peculiar de ser de Adriana nos cautivó a todos. Todo en ella la hacía ser un ser adorable, atrayente en grado sumo.

Apreciado poeta y escritor Armando Romero: Un cordial saludo. Gracias al amigo común, el poeta Carlos Enrique Ruiz, he recibido tu bello libro. Quise leerlo antes de contestarte. Me ha encantado ese tono de misticismo auténtico, que a través de esas geografías extranjeras te permiten poner tu huella de buscador de símbolos.

La Casa de las Américas ha convocado a la décima edición del Premio de Musicología, con la participación de autores latinoamericanos y caribeños, por medio de libros que contribuyan a una comprensión más integral de la música y la cultura de América Latina y del Caribe, “a partir de los diversos conceptos y procedimientos de las ciencias sociales contemporáneas”. Las obras deben ser enviadas a “Casa de las Américas, 3ra. y G, El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba”, antes del 1 de septiembre del 2005.


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