Edición No. 139

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Quienes tenemos la vida inexorablemente unida y marcada por Manizales, adonde nos trasladamos en sueños no sólo diurnos sino nocturnos, sentimos la revista Aleph como una cosa nostra. Hoy, ya cuarentona, la publicación que naciera en 1966 tiene vocación cosmopolita, se internacionalizó, llega a recónditas bibliotecas de países lejanos, la leen corresponsales de todo el orbe y cuenta con una nómina de colaboradores, muchos de ellos traducidos de otras lenguas. Habla bien de su salud el hecho de que su horizonte, su alcance y su cobertura hayan trascendido los límites endogámicos del patio local.
Cuando la historiografía crítico literaria se refiere a la María (1867) de Jorge Isaacs como obra "clásica" nos presenta, en primera instancia, un texto cuya grandeza lo haría incuestionable. Y esta atribución de valor supremo, e inmodificable, plantea, por lo tanto, una condición de resistencia interpretativa puesto que si el texto "clásico" es "sagrado", incapaz de provocar cualquier cuestionamiento y que sus valores esenciales están por encima de una construcción histórico-crítica, entonces ¿cuál sería el propósito de examinarlo?
Trabajo leído en el Simposio Internacional organizado por Darío Henao en la Universidad del Valle: "Jorge Isaacs. El creador en todas sus facetas",celebrado en Cali desde el 31 de octubre al 4 de noviembre de 2005.
¿Qué piensan ustedes de la vida? Esta pregunta tan del diario vivir la planteaba a niños y jóvenes, sus sobrinos, Cayetano Betancur, y con especial atención esperaba nuestra respuesta. Formulada por él, no era una pregunta común y corriente.
Vaya, no es fácil saberlo. ¿Se habrán encontrado alguna vez un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección? Si tan enriquecedora asamblea no se ha dado aún en el pasado, es difícil que ocurra próximamente porque ya deben quedar muy pocas máquinas de coser.
Cierta madrugada me sentí de regreso, navegando por una laguna oscura. La madera de mi barca era un ensamblaje de palabras castellanas. Dos jovencitas me ayudaban con los remos.
De ser posible, recostaría mi cuerpo de centuria feneciente en algún lugar desde donde pueda ver sin que me vean, y me dedicaría a leer definitivamente los poetas venezolanos que he visto crecer y en cuyos poemas hoy día mejor me reconozco.
para: Livia
Era un secreto y sensual movimiento
en la casta frialdad del universo,...
Il s'avance dans la ville opaque où déferle un orage d'été. La nuit chaude la tempête et ce battement d'eau qui cingle ses jambes. Des torrents noirs plongeant sous les ponts. Les monuments pétrifiés à la gloire des héros sans mémoire. Et des horloges sans aiguilles, marquant l'éternité.
Presentación en el auditorio "Ernesto Gutiérrez Arango" de la Universidad de Caldas, Manizales, 1 de septiembre de 2006.
La guerra se había desencadenado. Las advertencias de los pacifistas nunca se tuvieron en cuenta. Jeremías Anderson fue el único sobreviviente del submarino nuclear de los ejércitos del norte. Recorrían los primeros glaciares antárticos cuando el motor falló y él, gracias a su fortaleza, logró emerger a las heladas aguas de la superficie y encontrar refugio en ese pequeño islote, que durante ocho meses del año estaba cubierto por una nieve espesa.
Parecerá un poco excesivo, pero es difícil encontrar a alguien en la ciudad que supere los trabajos literarios de Carlos Mendieta; celebro cada novela que publica, cada cuento reseñado en las antologías, cada artículo que escribe para el periódico local.
De siempre he sentido una particular inclinación por los bestiarios, y pensando en ellos me gustaría rendirle un homenaje al gran poeta alemán Christian Morgenstern (*1871-†1914) y a su Proposición de nuevas formas a la Naturaleza, 100% intraducibles por cuanto en ellas se juega con los códigos significantes dentro del propio idioma.
Para Eyra, tan lejana y tan presente.
El día que escribí el primer poema comenzó mi desgracia.
Si bien es cierto que ya había leído varias veces a los poetas judíos de Toledo y a Blake, todavía no era capaz de confundir a la congregación con salmos de este tenor: Ecia vlume veldé, eninoc qu! que en idioma vulgar no era otra cosa que una letanía de amor. Tal vez por castigarme contra las tentaciones de la poesía, el prior del monasterio me mandó a refrescar el magín en el río.
(Escribe: Roberto Burgos-Cantor). A pesar de los esfuerzos de los videntes, leedoras de barajas y de asiento del café, intérpretes de figuras de ramitas de cerezo, el destino humano tiene zonas de inexpugnable reserva y misterio. Qué le depara a cada quien el futuro es una conjetura cuyo territorio sólo muestra vacío, ilusión.Esa realidad resulta un asunto conflictivo en la vivencia amorosa de los enamorados. Nos negamos al riesgo de que el amor es instante puro.
(Escribe: Antanas Mockus S.). El pasado 21 de julio hubiera cumplido cien años. Con él no había conversación banal, previsible, rutinaria. La calidad de la conversación se notaba en el modo en que recibía la primera frase escuchada, con un sonido gutural con el cual reconocía y aprobaba la preocupación subyacente. Era como si dijera: "Sí, ahí, en lo que usted dice, hay algo para pensar, algo para dilucidar". Y luego, mediante dos o tres frases más, llevaba la conversación al meollo del asunto, despejaba el problema de todos sus adornos, de todas sus circunstancias irrelevantes. Pasados unos minutos, se sentía uno discutiendo el problema de su vida.
(Escribe: Álvaro Castillo-Granada). "Es Paul Robeson", fue la respuesta que me diste a la última pregunta que te hice, mirando las fotos que cubrían las puertas del clóset de la habitación del hospital en que estabas. Fotos que te miraban: amores, amigos, compañeros. Ahí estaban todos, estábamos, los que de alguna manera habían conversado contigo.
(Por Enrique Santos-Molano. Palabras pronunciadas en la presentación del libro La Ciudad Delirante, en la Cámara de Comercio Norte, de Bogotá, el pasado 27 de septiembre). Presentar a una personalidad de la literatura como Eduardo Gómez no es tarea fácil, aun para quien lo ha conocido por más de treinta años y seguido con atención y con admiración el curso espiral ascendente de su creación como poeta y de su afirmación como crítico y como ensayista.
(Escribe: Ignacio Ramírez). Carlos-Enrique Ruiz (CER) completa ahora 40 años consagrado a múltiples labores creativas, entre ellas la publicación de la Revista Aleph, que edita en Manizales y circula por el mundo entre privilegiados del gusto que proporciona la alegría de leer.
Felicitaciones, querido CER, por todos estos años de trabajo en favor de la cultura colombiana, a ti, a Mario Rivero y al amigo de siempre, Milciades, viva muestra de unos valores que deben servirnos de ejemplo: la constancia, el amor a la palabra, la generosidad, la vida como desinteresado servicio a los otros.
Alfonso Carvajal-Escobar (à), Marta Traba (à), Bernardo Trejos-Arcila, Jorge Ramírez-Giraldo (à), Luciano Mora-Osejo, José-Fernando Isaza D., Rubén Sierra-Mejía, Jesús Mejía-Ossa, Guillermo Botero-Gutiérrez (à), Jaime Valencia-Bernal (à), Mirta Negreira-Lucas, Bernardo Ramírez (à), Livia González, Matilde Espinosa, Maruja Vieira, Hugo Marulanda-López (à), Antonio Gallego-Uribe (à), Gustavo Duque-Franco (à), Santiago Moreno G., Eduardo López-Villegas, León Duque-Orrego, Pilar González-Gómez, Rodrigo Ramírez-Cardona (à), Norma Velásquez-Garcés, Valentina Marulanda, Luis-Eduardo Mora O. (à), Carmenza Isaza D., Antanas Mockus S., Guillermo Páramo-Rocha, Carlos Gaviria-Díaz, Humberto Mora O., Adela Londoño-Carvajal, Fernando Mejía-Fernández, Álvaro Gutiérrez

