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Hay una permanente lucha entre la realidad y sus representaciones mentales, que conduce a interpretaciones múltiples, a veces antagónicas, con expresión en la vida cotidiana de los seres humanos. Y se suceden personas y organizaciones malquerientes en la vida diaria para ganar espacios de sobrevivencia, o por la acumulación de riqueza vana, o por las ambiciones de poder. En ese jaleo resultan contraponiéndose extremos constructivos y destructores, con ideologías que los representan, en un mundo favorable como escenario para todo tipo de enfrentamientos, con la inocultable falta de un método de coexistencia socialmente aceptable. Los enunciados están, los ejemplos abundan. Pero en contrario también los casos resultan patéticos, desde los roces familiares, las peleas de pandillas en barrios, hasta las guerras de todos los tamaños y condiciones. La historia no se cansa de dar cuenta de tantos conflictos sanguinarios. Sinembargo la humanidad sobrevive con esos lastres, sin dejar de tejer ilusiones, utopías, hacia la fraternidad, la cooperación, el bienestar, el disfrute colectivo.

Antanas en el libro de autógrafos (2006)
Colombia no es una excepción. Quizá con acento en un cierto carácter violento, templado en los continuos desacuerdos altisonantes en las clases dirigentes, de dos o más colores, o de tinturas desteñidas, con expresión habitual en diatribas, en discursos virulentos, en columnas de prensa saturadas de ira, hasta de envidia. El resultado es muertes y más muertes violentas. No hemos podido aclimatar, por la educación, maneras de respetarnos en las diferencias, para asumir juntos la solución de los grandes problemas comunes. Hay fanatismo en las convicciones y en las conductas.
Y resulta satisfactorio en el panorama turbulento, actual, del país, que irrumpa una personalidad ajena a esa carga de confrontaciones inútiles, con un discurso que privilegia la educación como eje del desenvolvimiento en las políticas de Estado, que pregona construir sobre lo construido, con palabras frescas, sin ningún desafío ni retaliaciones. De ahí lo extraño y maravilloso de su acontecer público. Más bien apela a explorar en formas simbólicas para hacer pedagogía hacia la mutua comprensión en las comunidades, con honestidad a toda prueba y prédica por lo sagrado de la vida personal y de los recursos públicos, tan dilapidados por la corruptela de los políticos de oscura tradición y de entronques siniestros.
Antanas Mockus es un académico, un intelectual, que ha tenido desde temprano en la vida vocación por abordar desde la teoría problemas colectivos que afectan a la sociedad, con implicaciones prácticas. Su concepción ideológica de la Pedagogía la forjó en la escuela de Carlo Federici-Casa, científico y pensador italiano, incorporado al plantel académico de la Universidad Nacional en 1948, quien legó en sus discípulos, con Antanas a la cabeza, formas aclimatadas de pensamiento por la Educación, con crecientes ramificaciones en los ambientes escolares y significativa influencia en maestros. Antanas incursionó con éxito en la Universidad Nacional, de profesor, Vicerrector Académico y Rector. Sus realizaciones allí fueron de grueso calibre, basta con citar algunas: el proceso de reforma académica, sin antecedentes ni consecuentes, que involucró a la totalidad de la comunidad universitaria en diálogos, en estudio juicioso, en debates, hasta producir conciencia del salto adelante, materializado en el Acuerdo No.14/1990 del Consejo Académico: un monumento histórico de construcción colectiva, sin ocasionar traumatismos por desatención en las propuestas (que no la hubo), con el liderazgo de Antanas. Ese documento debería reivindicarse como un hito en los procederes institucionales, por el método de la más amplia participación y por los resultados positivos en los impactos.
La reforma académica incorporó flexibilidad en los planes de estudio, orientada hacia las pedagogías intensivas, con privilegio del conocimiento como base de los cambios, articulación de docencia e investigación, en compromiso con afrontar problemas que asedian a la sociedad, para lo cual la creación de cursos de contexto abrió posibilidades. La reforma hizo evidente la diversidad de los estilos didácticos, con estímulo a la coexistencia de ellos y de las pedagogías visibles e invisibles, pero estimulando procesos de ir adelante con paso firme y claridad progresiva en la mente. Esa reforma académica le permitió a la Universidad avanzar de manera significativa, a tal grado que la Institución no es hoy aquélla que antecedió al rectorado de Antanas. Le puso cara a los brotes de violencia en los claustros, con actitud no represiva, sino de buscar en los juegos maneras de abordarla, con propuestas creadoras que fueron evolucionando en busca de acercamientos con grupos contestatarios, con dosis marcada en los argumentos. Criterio directriz de aquel formidable reto fue el hacer las normas menos autoritarias, pero sí más exigentes en lo académico, con estímulo a que la persona se comprometiera de manera efectiva en su formación, aprender a aprender, por convicción personal.
Otro gran logro en el rectorado estuvo en la transformación radical del sistema de liquidación de matrículas. Se venía con una modalidad paternalista, quedada atrás. Antanas llegó a un acuerdo con el Presidente de la República para modificarlo, bajo un sabio principio: quien tiene más paga más, quien tiene menos paga menos, y quien nada tiene, no paga. El acuerdo con el gobierno significó que los mayores ingresos que obtuviera la Universidad por ese concepto, casi en su totalidad, fueran invertidos en desarrollo, sin mengua en la asignación estatal de presupuestos. El manejo de un proceso de esa naturaleza tuvo resultado eficaz, gracias al intenso trabajo pedagógico de Antanas con toda la comunidad universitaria, con argumentos en los debates, sin vulnerar el también sagrado principio del respeto en las diferencias. En otras manos, un paso tan riesgoso hubiera desencadenado turbulenta salida de madre.
Asimismo, tuvo liderazgo en la promulgación del decreto de Estado 1210 de 1993, el nuevo régimen orgánico de la Universidad Nacional de Colombia, resultado de amplio debate interno, en todos los niveles, con desarrollo de formulaciones constitucionales sobre autonomía e inspección y vigilancia. Régimen que entró en consonancia con la reforma académica, con estructura interna que facilitó su consolidación. El decreto fue apoyo para procesos más exigentes en los cambios de pensamiento y de compromiso, que todavía hoy continúan con políticas de relevo en su plantel docente, hacia las más altas calidades, con homologación internacional. Esos procesos tienen en el momento expresión en la acreditación de alta calidad que le confirió el Ministerio de Educación con vigencia de diez años, siendo la primera en ser reconocida de esta manera en el país, lo que la reivindica como la universidad por excelencia del Estado colombiano.
En la educación ha tenido Antanas cimentadas esperanzas de contribuir al viraje rotundo de la sociedad colombiana. Desde comienzos de los años noventa acuñó la metáfora "anfibios culturales", con base en investigaciones de Basil Bernstein, para significar la versatilidad que se alcanza en la formación, ante todo, de los educadores, quienes deben adquirir la capacidad de promover la comprensión entre las personas y los núcleos de la sociedad, a partir de entender las diversas tradiciones culturales. Es la idea de pensar y actuar en contextos, sin aislamiento, relacionando las diferentes expresiones culturales en la historia, en las disciplinas, en un mundo globalizado. Actitud válida para el docente, el profesional, el intelectual, el artista, el científico. Se trata de un camino sensato para conseguir la paz en los espíritus y en las colectividades, con sentido de colaboración y de alcanzar metas ambiciosas en común, sobre la base del trabajo cada vez más calificado y productivo. Con ese concepto, Antanas propone aprovecharlo para construir procesos apremiantes en la sociedad, tan fragmentada y de diversidad cultural de alta complejidad, como: 1. Reducir el divorcio entre ley, moral y cultura; 2. Construir democracia, y 3. Superar la violencia.
Estos hechos, históricos, muestran la singular condición del personaje para trabajar en colectivo, sin vulnerar derechos, con honestidad, total pulcritud, pero induciendo responsabilidades en el cumplimiento de los deberes. Antanas representa en Colombia, y para el mundo, aquel liderazgo fresco y renovador, sustentado en la capacidad de construir acuerdos para cumplirlos, con soporte en la ley, la ética, la cultura, con respeto al pluralismo, con efecto en las más duraderas transformaciones. Fórmula potenciada en la alianza de los cuatro ex alcaldes más exitosos en la historia de Colombia (Peñalosa, Lucho, Fajardo y Mockus)
En las dos alcaldías que regentó Antanas en Bogotá, el método fue el mismo, con radio de acción mucho mayor. La "cultura ciudadana" tomó cuerpo de aprendizaje para todos, apelando al empleo, por ejemplo, de esas formas simbólicas tan atrayentes como son los mimos, cuyo carácter es la amabilidad en la transmisión de mensajes para mejorar las conductas de los ciudadanos. Manera sostenida de construir ciudadanía, indispensable en la configuración de una nueva sociedad, caracterizada por el respeto y la solidaridad. Las consecuencias son evidentes: el uso del cinturón de seguridad en vehículos automotores, respeto de los pasos peatonales en calles y avenidas, la fortaleza de la recreación en los parques, la ambientación de escuelas y bibliotecas, como fortín del saber amable, el mejoramiento del transporte público, la reducción de homicidios. No tuvo Concejos Municipales de complacientes, pero sorteó con diálogo y debate racional las diferencias frente a proyectos sustantivos de la administración, dando ejemplo, sin antecedentes, de conseguir su aprobación, desprovisto del intercambio de favores, tan solo con el privilegio de la fuerza en los argumentos.
Hay un hecho que no ha sido lo suficientemente valorado. Cuando se presentaron derrumbes en túneles de conducción de Chingaza (1997), surtidor del acueducto de Bogotá, era inminente un programa de drástico racionamiento. Antanas adoptó, contrario a muchos pareceres técnicos, una política de cultura ciudadana, al inducir la autorregulación en el consumo de agua. A toda la población se llegó, sin amenazas, sin decretos coercitivos, sin intimidaciones, tan solo con la explicación didáctica del problema. Cuando la campaña comenzó, el consumo tenía un promedio de 27 metros cúbicos por familia-mes, y alcanzó a posicionarse, de manera sostenida, en 16 metros cúbicos por familia-mes, lo que fue en su momento de tremenda resonancia mundial. Pero parece que nuestra capacidad de aprender de los logros de otros no nos acompaña. Ejemplo ese para multiplicar en todos los escenarios de ciudad, en todas partes, por la simple razón que el agua escasea.
Ejemplo también sobresaliente de las administraciones de Antanas es la reducción apreciable de homicidios, con campañas pedagógicas, sostenidas y multiplicadas, de desarme, continuadas en las alcaldías siguientes. Los indicadores convencen: encadenadas en la política y en la actitud las cuatro alcaldías (las dos de Mockus, Peñalosa y Lucho Garzón) permitieron pasar de 80 homicidios por cien mil habitantes, en 1993, a 18 al término de la administración de Lucho.
La pulcritud en el manejo de los dineros públicos, sin hacer concesiones en la tradición maluca del clientelismo y la politiquería, siempre tan aprovechados con las finanzas del Estado, mereció reconocimientos internacionales.
Preocupación esencial en su vida de académico, de intelectual, de hombre público, ha sido la convivencia, lo que lo ha llevado a investigar en profundidad el tema, como ejemplo su libro en coautoría: "Cumplir para convivir - Factores de convivencia y su relación con normas y acuerdos" (Ed. Universidad Nacional, Bogotá 2003), donde se establecen, v. gr., cinco orientaciones para gestarla: 1. Formar en la capacidad de construir y cumplir acuerdos, 2. Utilizar medios lícitos para alcanzar fines, 3. Adherir a la ley y a las normas, 4. Promover el respeto, la tolerancia cualificada, y 5. Alcanzar el orden pero con la ley y superar los descuidos con lo acordado.
Analistas europeos, de rigor, han visto en Antanas un "político" no tradicional, con capacidad elocuente de aplicar teoría, acontecimiento reflejado en ese singular talento para combinar el debate racional, la escritura reflexiva, con formas gráficas y simbólicas, y la acción orientada por las ideas.
De manera que si Antanas consigue llegar a la más alta magistratura del Estado, con su calificado equipo de colaboradores, como se desea y espera, aquella formación recia y su pasado de ejecutorias bienhechoras darán confianza para desplegar su política de construir sobre lo construido, institucionalizar la legalidad, avanzar con paso firme y sostenido en la educación, de calidad y generalizada, con innovación, y acuerdos en las comunidades. Promoverá el empleo, luchará contra la pobreza, cerrando la brecha de la injusticia, salvaguardará la seguridad y la dignidad nacionales, con acatamiento a la Constitución y a las Leyes, y tendrá ejemplar respeto a los diferentes órganos del poder público. Con esperados avances en las múltiples formas de participación ciudadana, en proceso acentuado de construcción de Democracia.
Los mimos y los girasoles tendrán despliegue por el territorio nacional, con afianzamiento de los derechos y los deberes en la conciencia de los ciudadanos, como símbolos de creatividad y del esplendor complejo de la Naturaleza. Los niños y los jóvenes tendrán la mayor consideración, en formación y en despertar de vocaciones por la ciencia, el arte, las letras,... el trabajo. Y los adultos mayores podrán respirar con sosiego de espíritu. El "extremo centro" volverá a favorecer la reconciliación nacional, con ejercicio de un gobierno de gran concertación por los valores.
Oportuna y potencializadora esta alianza Mockus/Fajardo, por la legalidad y la dignidad de los ciudadanos. Mi voto, sin falta, será por Antanas, por lo que significa y por su pasado de ejecutorias todavía en disfrute por sectores amplios de la sociedad. Personalidad de magnanimidad y filantropía, con autoridad reflexiva en el ejercicio de las funciones, distante en años-luz de la mezcla siniestra de negocios y política, y de las apariencias o simulacros de legalidad y de los atajos. Antanas es la opción en estos momentos cruciales y de desconcierto.
Confucio enseñó que es necesario cambiar las élites del poder -absorbentes, individualistas, desmesuradas en intereses materiales, y corrompidas-, por otras en las que prime la virtud, la cultura, el talento, la competencia sana y el mérito. Al igual que reclamó autoridad en el gobernante sin ser despótico.
Con Antanas/Fajardo vamos a la fija; no tendremos pierde. La unión hace la fuerza.

En libro de autógrafos (1992)
[Manizales, Colombia, mayo de 2010] |