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Renacimiento en el Trópico o el retorno a la creación

Mario Calderón-Rivera (1932-2014) escribió juicioso libro, en paréntesis de enfermedad que lo llevó a la muerte, con la historia y alcances del “Centro Las Gaviotas”, en el Vichada, creado y orientado por el científico Paolo Lugari, que alcanzó a publicarse: “Renacimiento en el Trópico – Paolo Lugari o los tiempos de Gaviotas” (Ed. Gaviotas, 2012; 260 páginas).

“Juan Salvador Gaviota” (la obra de Richard Bach) es referente de alto vuelo para estar fuera del tiempo, o como lo concibiera el pionero Paolo Lugari: “Lejos de todo y cerca de nada”, medida de la capacidad de riesgo para un emprendedor de esa naturaleza. Además, con la comprensión de estar en un planeta con situaciones angustiosas por los deterioros ambientales que llevaron a plantear un renacimiento del Trópico, en cierto sentido de retorno a los procesos de la madre Naturaleza.

A la vez, alude a la obra de Alan Weisman, “Gaviotas, A Village to Reinvent the World” (Gaviotas, una aldea para reinventar el mundo), que le antecede al libro en la tarea de ponderar la dimensión histórica de una obra. Gaviotas, nombre apropiado, que resalta la dimensión creadora, puesta al servicio de resolver problemas álgidos en el mundo. Aspecto que recoge en frase sabia enunciada por Lugari al recibir el doctorado honoris-causa de Carnegie Mellon University: “De lo que se trata es de recuperar la piel de la Tierra”.

También relaciona los emprendimientos de Lugari, en obstinada labor que supera las cuatro décadas, con el pensamiento de Karl Popper, en sus componentes de valor científico, búsqueda de la verdad, con el carácter de ser comprobable y, en consecuencia, la puesta en marcha de mecanismos de racionalidad apropiados para una sociedad carente de mejores nortes.

En sus páginas, elocuentes y sabias, se pone en evidencia el conjunto de logros del “Centro Las Gaviotas”, producto de la inteligencia avizora y de la mano de persistente labor del singular hombre de ciencia y humanismo que es Paolo Lugari.

Aparece el registro, cual alusión a un Quijote redivivo, con los “molinos de viento” para el rescate de aguas subterráneas y para la generación de energía con aprovechamiento de “las suaves brisas del Llano”. Igual nombra las “bombas de doble camisa” de gran capacidad en la extracción manual de agua, los “microgeneradores” que aprovechan hasta las mínimas caídas de agua, para el abastecimiento de electricidad a los hogares, y los “calentadores solares de agua” que después se volvieron de aceptación en ciudades colombianas. Por otra parte, resalta una de las últimas realizaciones, la producción de biodisel con base en la oleorresina del pino tropical Caribe, sin utilización de químicos y sin residuos, con el cual se opera el 100% de los motores en Gaviotas. Todo esto con enorme capacidad de producir “encadenamientos energéticos”, a partir de las bondades de la naturaleza.

Como si fuera poco, de igual modo refiere cultivos, como el de los hongos alimenticios, proveedores de la proteína tan clamada en sectores menos favorecidos de la población.

En el libro se advierte la actividad creadora de Lugari, con técnicas apropiadas, para producir efectos benéficos en las gentes y en la propia naturaleza, como es la contribución a la recuperación de la piel de la Tierra, lo que se demuestra con las plantaciones de los bosques tropicales biodiversos.

Hay un detalle que no puedo en especial pasar por alto en la obra: la manera como recoge un legado que Lugari obtuvo de su padre romano: el entusiasmo, como dinámica forjadora de planes, programas y realizaciones ambiciosas. Y en verdad los resultados son categóricos. “Vale más un hombre con entusiasmo que un premio Nobel deprimido”, es la frase del recuerdo paterno.

Se adentra a estimar lo que ocurrió en los conflictos internacionales y locales en los cruciales años sesenta, considerando que en esa década se marcaron “inflexiones históricas profundas para el futuro del hombre”, y no sin razón lo advierte, al recontar acontecimientos como la guerra de Vietnam, o los sucesos detonados con la revolución del mayo parisino. Al igual con la revolución cubana y la crisis de misiles nucleares entre la URSS y USA, con amenazas reales de una guerra nuclear, de impredecible catástrofe planetaria. Y la situación de China, con clausura de un período cerrado hacia aperturas políticas y de mercados, como se observa en el momento.

La capacidad de indagación del autor llega incluso a registrar que en ese mismo período la Iglesia Católica levantó el horroroso “Índice de libros prohibidos”. Igual que refiere el reconocimiento del legado científico y de pensamiento del gran Theilard de Chardin, a quien califica con razón de haber sido “una de las mentes iluminadas del siglo XX”.

Al adentrarse en esos problemáticos años 60, observa la convergencia dada entre lo caótico y los caminos históricos que fueron abiertos. Con la irrupción, de igual modo, del “sueño americano”, el “American way of Life”, en medio de las tensiones propias de la “guerra fría”, aunadas al furor industrial y consumista. Con el consiguiente asomo del “hastío”, y los comienzos de observar, con honda preocupación, las consecuencias desastrosas de ese modo de vida consumista. Anarquía, preocupación y “hastío” que llevaron a las mentes más lúcidas a formulaciones de singular y alta creatividad, como en el caso de Paolo Lugari, cuya misión se ha conjugado con las ambiciones de una “ciencia prospectiva emergente”, a nivel planetario, pero con realizaciones localizadas. En ese contexto de problemáticas bélicas, de rebeldía no encauzada, de caos abierto, de ventanitas que se desplegaron en busca de luz apropiada y de miradas con sentido prospectivo, Lugari encontró espíritus en el mundo que se hallaban con inquietudes similares y logró la más adecuada concordancia, en especie de sinergia cósmica.

En palabras del autor, “Gaviotas se atrevió a pensar lo impensable. Pero para acortar el camino entre las soluciones impensables e idealmente perfectas y la realidad prefirió pasar de una vez, en concepto del propio Paolo Lugari, de la UTOPÍA a la TOPÍA, que es equivalente a la realidad.”

Fue estimulante la oportunidad que tuve de leer el original del libro, que celebro en su dimensión histórica, como marco referencial para valorar, con justicia, la singular y magna obra que es Gaviotas, producto de un científico-humanista, de hondo compromiso social, frente a las angustiosas situaciones en las que se debate el mundo. Está ahí el camino, falta que la política de los estados se congregue para asumir, ojalá a tiempo, los problemas medio-ambientales, y de la pobreza en el mundo, con la dignidad debida al ser humano.

 

 

[“La Patria”, domingo 12.I.2014;  p. 3-c]

 

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