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Mingobierno

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Auschwitz fotografiado por dos nazis

El portón central, a lo lejos, por donde se introduce paso a paso la multitud, es reconocible hoy entre todos ; símbolo de Auschwitz , fotografiado centenares de veces. Pero esta foto es única por la gente. El portón no está solo, como en la fotos habituales. La multitud es aquí el personaje central.

Entremos en el desorden.

 

Tres soldados nazis contienen a la gente, la dirigen, la observan. Uno de ellos se confronta a un conjunto de mujeres ; da instrucciones ; éstas lo escuchan . De ese grupo, sólo una mujer y un niño con una gorra miran hacia otro lado. ¿Qué observan ? Al lado de este último, una madre con su bebé en los brazos se desprende del resto. A su izquierda, muy junto a ella, otra parece acompañarla. Del segundo soldado, el más cercano al objetivo, se podría decir que  las observa o que se dirige lentamente en la misma dirección que ellas. A su espalda se hallan cuatro prisioneros, inconfundibles por sus uniformes rayados. El más pequeño, un adolescente, observa silencioso. A sus pies, una canasta llena reposa en el suelo. ¿Le pertenece? Su simple estar ahí tiene algo de incongruente.

Tres prisioneros más, a la derecha, forman un extraño conjunto con uno de los dos soldados que nos dan la espalda. Dos de ellos hablan a distancia entre sí. El del medio no tiene pantalones y quizás un solo zapato. Se sabe que a ciertos presos se los destinaba a encauzar a la gente  hacia las cámaras de gas. Estos tres están atareados, a la vez que confusos y desorientados. El soldado los escucha, los mira, atento a sus reacciones.

Los vagones encuadran, encajonan a la multitud. De ellos proviene ésta. Ya todos bajaron y se atumultan desordenados. Algunos miran en nuestra dirección, curiosos, sorprendidos, tal vez, por los nazis que toman la foto, y ausentes en la misma. Ellos contrastan con la mayoría que se encamina hacia el gran portón. Hacia la muerte. Hacia allá se dirigirán ellos también, una vez pasada la sorpresa, la desorientación.

Entre más cercana al portón, la gente se amontona formando una masa compacta. Es en el grupo próximo al objetivo donde la vida se destaca, se individualiza. A la izquierda, metros más al fondo, una mujer con vestido blanco camina ensimismada hacia su destino. Su vestido blanco, la cabeza gacha, su concentración, condensan en su silueta todo el horror mudo de la escena. ¿Por qué no tiene abrigo ? ¿Cómo fue arrebatada de su domicilio, de su hogar  –ya falsamente protector en ese entonces. ¿Piensa que apresurándose va a encontrar el calor que su vestido no le proporciona ? A su espalda, otra mujer, con abrigo, botas, uno o dos bolsos, más un paquete, tiene de la mano a una niña ; una tercera, a su derecha, ha dejado su cartera reposar en el suelo. Junto a ellas, otro prisionero las observa. Ambas vacilan pensativas. El rumor que las rodea las encamina, sin embargo, hacia la fatalidad.

Por encima de los vagones, vagas nubes oscuras, provenientes tal vez de las cámaras asesinas, cubren una serie de postes escuetos, indicadores del espacio encerrado del campo.

Pero regresemos a la escena central. Observando bien la multidud, ésta pareciera diferenciarse en dos conjuntos más o menos compactos. El más cercano al objetivo es un grupo predominantemente de mujeres, a excepción de los soldados, del niño con gorra y de los cuatro prisioneros. El segundo grupo está delimitado por los tres presos y el soldado que los observa. Pero hay todavía un cuarto prisionero, algo más al fondo, de espaldas, en la misma línea divisoria de los tres anteriores. Todos ellos marcan un espacio neto que separa a la mayoría cercana a los vagones, y que está constituida sobre todo de hombres. Es la prolongación de la gran masa compacta que se encamina hacia el portón. Hay entonces como una separación de sexos, que responde tal vez al objetivo final : las cámaras de gas. Hombres y mujeres diferenciados ante la muerte. No hay que olvidar que se dirigía a la multitud hacia éstas, con el pretexto de las « duchas » de desinfección. Diferenciar hombres y mujeres podía así resultar obvio.

De todo esa cantidad de hombres, mujeres, y niños, sólo los soldados continuarán viviendo. La muerte, invisible, merodea encima del tumulto y el ruido.

En la torre en la que culmina el portón de entrada se pueden ver dos siluetas. Dos soldados que vigilan no sólo la escena presente a nuestros ojos, sino el campo mismo ; todo eso que la foto no nos permite ver, pero que presentimos o imaginamos. Es sin duda un gran espacio lleno de barracas, a la que documentales y otras fotos nos han acostumbrado, por así decir. Hay movimiento, la gente que se introduce es dirigida por otros soldados hacia las cámaras de gas. No hay que perder tiempo. Las pautas establecidas por la Kommandantur son estrictas. Los trenes continuarán llegando. No hay tregua posible. Hay que dejar el espacio libre para los recién llegados, desembarazarse de los cadáveres que las cámaras expulsan sin cesar, transportarlos hacia las fosas comunes, « limpiar » el lugar. Todo el mundo está en movimiento ; salvo los enfermos, quizás.

La persona a la que debemos la restitución de esta memoria es una sobreviviente, Lily Jacob-Zelmanovic Meier, deportada a los 18 años. Ella llega a Auschwitz a finales de mayo de 1944, cuando dos agentes de la SS, Ernst Hofman y Bernhard Walter, deciden dejar, sin que se sepa por qué, este crudo testimonio fotográfico. Lily Jacob Zelmanovic Meier fue liberada del campo de concentración de Dora-Mittelbau, creado en agosto de 1943 y situado al norte de Buchenwald (suroeste de Leipzig), a unos 700  kilómetros de Auschwitz. Enferma de tifus, se recuperaba en las antiguas barracas de la SS cuando descubrió un álbum con 193 fotos en el cajón de una mesilla de noche. En ellas reconoció poco a poco a varios familiares, así como a su rabino y a algunos de sus vecinos. Todos desaparecidos. Fue en 1999, antes de morir, que lo donó a Yad Vashem, el museo de la Shoa de Jerusalem.

Es hoy sabido que durante la primavera y el verano de 1944, 400.000 húngaros judíos fueron deportados y asesinados en su gran mayoría, La foto no deja ver entonces sino una ínfima parte de ese exterminio de masas.

 

[Fuentes : Guillermo Altares, « Auschwitz fotografiado por dos nazis », artículo publicado en El País del 28 de enero de 2017.

Die Dokumentation Oberzalsberg, Die tödliche Utopie. Bilder, Texte, Dokumente, Daten zum Dritten Reich, Institut für Zeitgeschichte in Berchtesgaden, München, 2002 (1999)]

  

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