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Azul de Albergue

El mundo desde siempre se ha debatido entre extremos. Por un lado la destrucción obstinada en las guerras y sus secuelas. Por el otro, los procesos continuos de creación y de elaboración de condiciones para el bienestar. Hay momentos en los que la visión se nos nubla al percibir los desastres, con la crueldad de informaciones en directo de los medios, sin la menor compasión con la audiencia, o con la “televideaudiencia” (para recordar expresión del olvidado Enrique Uribe-White, en los comienzos de la TV en Colombia). Pero es necesario despejar la mirada y no dejarnos ocultar aquellas labores constructivas que vienen y siguen con perseverancia. La investigación científica es el soporte esencial, y sus aplicaciones se multiplican. La educación es la fortaleza mayor en desarrollo con la formación de juventudes promisorias, cada vez de mejor calidad. Por mis desempeños académicos puedo decir que los mejores estudiantes de ahora son mejores que los mejores de antes, lo que me afianza en el sentido de esperanza.
 

En el año 2006 el biólogo evolucionista norteamericano Edward Wilson publicó libro singular: “La creación: salvemos la vida en la Tierra”. Se trata de un minucioso mensaje a un Pastor exponiendo la tremenda capacidad de las religiones en llegarle a sus fieles con la urgencia de salvar la vida en el planeta, tan afectada por la pérdida del hábitat, las especies invasoras, la contaminación ambiental, la superpoblación humana y la sobreexplotación de los recursos naturales. La acción antrópica tiene ahí responsabilidad grande, sin desconocer el papel de las catástrofes naturales.

Por fortuna en todos los países y lugares hay personas en familias y en sistemas asociativos trabajando en la recuperación y preservación de la biodiversidad, cuya sumatoria de persistir y expandirse habrá de producir impactos enormes en la salvaguarda de la vida. Los ejemplos abundan, por caso uno cercano: “El albergue azul”, en la vereda “Alto del Naranjo”, en Manizales, establecido y sostenido durante 30 años por su propietaria Cecilia Rivas, con extensión de 1.7 Ha. y 1820 msnm. Se trata de un espacio agroecológico, que no tiene un centímetro cuadrado en abandono. Ha recuperado especies nativas y aclimatado otras. Bien dispuesto con senderos para ilustrar a los visitantes sobre las especies que cultiva y su aprovechamiento. Aplica la rotación de cultivos y produce para el propio sostenimiento, con excedentes de venta entre conocidos.

Promovió la creación de la “Asociación de mujeres campesinas del Alto del Naranjo”, con acción pedagógica al aprovechar las potencialidades de cada persona, sin proselitismo religioso o político. Recibe de continuo jóvenes pasantes extranjeros con deseos de aprender de la agroecología; dispone de alojamientos y atiende visitas guiadas con quienes desean enterarse de la naturaleza y eficiencia de ese lugar. Especie de ecoturismo.

Cecilia es de origen campesino y ha sabido instruirse, al lado de su esposo geólogo y sus dos hijos, con la solidaria colaboración de su hermana Alba-Mery. Incluso estudió el tema de su especialidad en Francia. Ahora la familia se aficiona por la Astronomía. Mira su mundo con sentido integrador, ecosistémico, al amparo de la biodiversidad, y compromiso difusor al compartir conocimientos y experiencias. Incluso dispone de biblioteca para que los niños de la vereda realicen consultas y hagan sus tareas.

Cultiva soya, quinua, amaranto, sagú, yacón, mafafa, café, trigo amazónico, etc., además de plantas atractivas para las mariposas como el alcaparro y el curubo, entre otras. Tiene gallinas, patos, cabras. Y dispone de cercas vivas con moras, heliconias y plantas de leña. Ha identificado noventa especies de aves que se pasean con seguridad por el predio. Realiza talleres para la formación de quienes quieran hacerse a un oficio de supervivencia, o recreativo, en agroecología, recuperación de terrenos, abonos naturales, en el arte de la siembra, la preparación de alimentos, y asimismo en cuestión de manualidades para elaborar objetos decorativos y de uso doméstico, incluso papel con fibras vegetales.

En sábado reciente nuestra “Familia Aleph” pasó un día de buen respiro en el lugar, con la tierna hospitalidad de Cecilia y Alba-Mery, con recolección de las verduras y hortalizas en mancomún para el almuerzo, con resultado de exquisita sopa, ensalada sabrosa, pan integral fabricado entre todos, cocido en horno de leña. De sorpresa, pato asado. Nos recibieron con una fría y deliciosa limonada de chía, en día soleado, al término de subir algunos a pie la cuesta de acceso, también ofrecida de sobremesa. Sin falta el buen café de la mañana y después de comer.

¡Sí se puede!, amigos míos. Hay que replicar modelos de esa naturaleza por doquier. ¡Que se puede, se puede! Referente de trabajo para la insurgencia desmovilizada en los sitios de concentración definitiva. Colombia sería potencia mundial en la producción de alimentos sanos.

 

[“La Patria”, domingo 12 de marzo de 2017;  p. 18]

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