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Tener la razón - Reseña de libro con la autoría de Moisés Wasserman

No es frecuente encontrar especialistas que se aventuren a escribir artículos de divulgación y debate, con estilo didáctico y lenguaje literario, incluso al asumir temas palpitantes o cruciales en algún momento. Entre nosotros, en diversas disciplinas, disponemos de ejemplos notables: Fernando Sánchez-Torres, Darío Valencia-Restrepo, Antanas Mockus, José-Fernando Isaza, Alejandro Gaviria, Piedad Bonnett, Salomón Kalmanovitz, Jorge-Orlando Melo, Adriana Villegas-Botero, Héctor Abad Facio-Lince, Moisés Wasserman, entre otros. Este último ha sido columnista del periódico “El Tiempo” desde 2012, con creciente audiencia, complementada por su frecuente participación en conferencias, mesas redondas y redes sociales, en especial en “tuiter”, donde esclarece y polemiza con oportunidad, en textos breves. Y no le falta el sentido del humor, como recurso de gracia en polémicas a veces duras.

Lo más llamativo es que siendo Wasserman un investigador científico en campos de la química, la bioquímica y la microbiología, con aportes significativos de reconocimiento internacional, dispone de condición pedagógica para exponer con claridad temas de provecho en públicos amplios. Fue rector de la Universidad Nacional de Colombia y Presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, con liderazgo en el sistema nacional de educación superior. La Revista Aleph publicó una edición con apretada selección de sus columnas de prensa, acompañada de entrevista con indagación de sus ancestros, su personalidad y su notable labor científica y académica (No. 176, enero/marzo 2016). 

En el 2018 se editó un volumen, en la colección “Tierra Firme” del Fondo de Cultura Económica, con antología escogida de 127 columnas, publicadas por Wasserman en el diario mencionado, clasificadas en cuatro capítulos: “Gentes y mañas”, “Ciencia, tecnología y (poco) desarrollo”, “Institución y formación”, y “Verdades y denuncia de las falsedades”. En todas ellas hace gala de impecable argumentación y de estilo literario de encomio. Los títulos mismos evidencian una fértil imaginación, con apuntes de humor que matizan el rigor de lo expuesto. En espectro amplio de los temas se refiere a los asuntos de ciencia, la educación (con énfasis en la superior) y el desarrollo humano. Con visión estratégica recurre a elementos de la historia de la Cultura, a información científica de punta y a noticias de actualidad en el mundo y en el propio país. Establece comparaciones con indicadores internacionales para insistir en la necesidad de políticas de Estado que nos permitan salir adelante, superando situaciones de inequidad y de minusvalidez en la ciencia. A pesar de palpar casos deficitarios, su condición intelectual y moral lo reporta poseedor de optimismo, con el sí podemos mejorar con realismo en todos los órdenes, incluidos los medioambientales. 

El nombre del libro, “Cómo tener siempre la razón”, lo apuntala en obra de Schopenhauer con igual título, quien expone “38 maneras de ganar una discusión”, desbrozadas en detalles sobresalientes como aquella pretensión de reconocer la prevalencia de la posición propia en las disputas, en juego entre la retórica y la dialéctica, entre esta y la lógica, con nota antecesora en Aristóteles, sin Wasserman dejarse arrastrar por el pesimismo. 

Los dos artículos que dedica a los horóscopos incluyen elementos históricos y apreciaciones cordiales con recurso de acudir a experimentos mentales con interrogantes atinados para hacer notar la incongruencia de los pronósticos con la realidad, sin dejar de considerar los lugares comunes de validez para todos los agraciados lectores de esa sección en la prensa. Pone de ejemplo su signo Libra con el pronóstico de astrólogo de tener mucho tiempo al aire libre, lo que corrobora al anotar la razón en sus caminatas diarias por el “Park Way” en Bogotá. 

Debate el socorrido recurso de la “democracia universitaria” que en posiciones radicales trata de llevar a que se designen las directivas por votación directa, incluido el rector, proceder que de ninguna manera contribuye a la democracia, sino a la adopción de métodos de la política pedestre, que distraen la discusión de temas académicos sustantivos, para reivindicar el autor que la universidad es institución basada en el mérito. Y deja en claro referencias internacionales que convocan a postular candidatos expuestos ante comité de personalidades expertas y respetables para acoger al mejor que se ajuste al cumplimiento de un plan de desarrollo previamente formulado. 

De muy singular elaboración es el dedicado a exponer los mandamientos de un laico, como respuesta a inquietudes de jóvenes periodistas que le pidieron formular su propio decálogo, tarea que asumió con el resultado de trece puntos, de los cuales destaco los siguientes: No creerás en verdades reveladas, Todo lo que sucede en el mundo es causado por fuerzas y leyes naturales, No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti (el antiguo aforismo), Ante dos soluciones alternativas a un problema inclínate por la más benevolente, Nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, Cada individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Al conjunto de sus mandamientos le da el carácter de temporal, modificables en función del conocimiento que vaya adquiriéndose sobre la naturaleza y de los consensos éticos de la humanidad. 

Su preocupación central es hacer de la ciencia un motivo protagónico en el país, articulado a la educación con capacidad de formar científicos de alta calificación para generar conocimientos desde la ciencia básica y con capacidad creativa en las aplicaciones. Con ese objetivo el Estado debe formular políticas coherentes, sostenibles, y aportar los recursos financieros necesarios para su puesta en marcha. No deja de recordar los aportes de la “Misión de sabios” de los años 90, cuyas recomendaciones quedaron en el tintero, por la displicencia de los gobiernos y, quizá, por la falta de un liderazgo de las universidades, en condición de dolientes, con el protagonismo de nuestra UN, como institución cabeza del sistema. 

En cuestiones de reforma universitaria aboga por asimilar y desarrollar el modelo humboldtiano, centrado en la investigación que estimula el desarrollo integral y libre de la persona, con la benéfica intención de promover la equidad y la movilidad social. 

Moisés Wasserman, personalidad de la ciencia y la academia, librepensador con vocería pública, constructora de clima favorable para el mejoramiento continuo de la educación, con guiones fundamentales de la ciencia, para un más afortunado destino humano, coexistiendo en la diferencias. 

El libro referido es una muestra de esa palpitante condición de compromiso intelectual con la academia y con la sociedad.

 

[“La Patria”, domingo 13.I.2019;  p. 18. Esta reseña es un poco más amplia que la publicada en el periódico] 

 

 

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