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ISSN 0120-0216
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                                                        Pilar González-Gómez

Varios han sido los científicos y viajeros extranjeros que en siglos pasados visitaron nuestro territorio  y dejaron escritas sus impresiones e investigaciones. 

Dos de ellos, de capital importancia para  el “descubrimiento” del Orinoco, del  Vichada y de los Llanos Orientales en general, fueron el jesuita José Gumilla y el sabio Alexander von Humboldt.  El primero nació en Valencia, España, en 1.686 y murió en sus amados Llanos en 1.750. Estudió teología y filosofía en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego marchó como explorador y misionero a los Llanos. De sus viajes nos dejó un precioso libro titulado: ”El Orinoco ilustrado y  defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río y de sus caudalosas vertientes”. El libro es clave para conocer las tribus indígenas que poblaban los Llanos y las riberas del Orinoco. Siempre he calificado el libro como deliciosamente fantasioso, aún así es  un  documento importante para la etnografía, la geografía y la historia. 

 

1. BIOGRAFÍA - MOMENTO HISTÓRICO – LAS IDEAS – EL EXPLORADOR

 

Georg Friedrich Alexander von Humboldt, conocido como Alexander von Humboldt, hermano menor de Wilhelm von Humboldt, nació el 14 de Septiembre de 1769, en Berlín, entonces Reino de Prusia. Su biografía puede resumirse como sigue: 

 

Hijo de Alexander Georg von Humboldt, oficial del ejército de Federico II el Grande de Prusia, y de Marie Elizabeth  Hollwege.

 

Estudios: en el castillo de  Tegel, del actual distrito de Reinickendorf, Berlin 1. Se formó intelectualmente en Berlín, Prusia, Francfort  del Oder y Gotinga. Su primer viaje formativo (1790),  lo llevó  en primavera, a lo largo del río Rin hasta Holanda y de allí a Inglaterra.  Comenzó a respirar el aire de la Revolución francesa, lo cual contribuyó al desarrollo de sus ideas libertarias. 

 

Estudió en la Escuela de Minas de Freiberg y trabajó en un departamento del gobierno. Tras la muerte de su madre, en 1796, renunció a su carrera de funcionario público y fue atraído por su  propia inclinación: los viajes de exploración científica. Pudo entonces disfrutar por herencia el beneficio de una cuantiosa fortuna. En Weimar pasó a relacionarse con Wolfang von Goethe y Friedrich Schiller.  


                                                       Pilar González-Gómez

 

Un microencuentro entre dos obras extraordinarias[1]refleja la grandeza de mundos complejos que, percibidos desde un intersticio, se ramifican, multiplican y potencian a partir de un mínimo roce[2].Este es el caso de Humboldt y Novalis, dos de los jóvenes más brillantes de la historia intelectual. Novalis estudió, entre 1797 y 1799, en la Academia de Minería de Friburgo, bajo Gottlob Werner –de donde Humboldt se había graduado previamente, en 1792– y se apasionó por todo tipo de estudios técnicos, en vista de la construcción de una enciclopedia universal (el Borrador General, 1798-1799)[3], donde se unieran las más altas expresiones de la poesía y de la ciencia. En sus cuadernos de Friburgo y en el Borrador General, Novalis se refiere varias veces a Humboldt. En esta breve nota estudiamos esos apuntes de Novalis, alrededor de la búsqueda de una unión profunda entre razón y co/razón[4], que nuestra época ha perdido de vista.



[1]O entre dos genios, si no tememos el término: personalidades sobresalientes, con obras únicas, cuya originalidad resiste a los siglos, como en esta conmemoración del bisesquicentenario de Humboldt, cuyo nacimiento (1769) se encuentra muy cercano al de Novalis (1772).   

[2]El encuentro ocurre en forma similar al desplieguede un número muy alto de hojas en una superficie de Riemann (e.g.la raíz inversa de xn, con ngrande) alrededor de un punto de ramificación (el origen, 0).

[3]Novalis, La Enciclopedia, Madrid: Editorial Fundamentos, 1976. Otras versiones: inglesa, Notes for a Romantic Encyclopedia, Albany: SUNY, 2007; francesa, Le brouillon général, París: Allia, 2000; italiana, L'"Allgemeines Brouillon", en: Opera Filosofica, vol. 2, Torino: Einaudi, 1993. Es de observar que la primera traducción se hizo al español (y desafortunadamente se olvidó), pero utilizaremos aquí la versión italiana, de lejos la más completa.

[4]Corazón = co/razón = co-razónse puede entender, en castellano, como el dual exacto("co") de la razón. Nuestro idioma parece ser el único que expresa tan fielmente la dialéctica de lo inteligible y lo sensible. La imaginación novalisiana media exactamente entre razón y co/razón. 

La más difundida de las frases que se le atribuyen a Alexander von Humboldt, usadas para describir el comportamiento de las personas que conoció en su travesía por América, es sin duda la que dice: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”.

 

Pero fueron abundantes las impresiones y apuntes como ese, los que hizo Humboldt en su expedición; naturalmente su gran trabajo científico es el que ha brillado, como debía ser. No obstante es grato descubrir la otra faceta de Humboldt, la del analítico, observador, crítico y comunicador de sus vivencias y sorpresas más importantes, como lo haría hoy en día un buen cronista. 

 

El espíritu de este artículo es precisamente el de presentarles el otro Humboldt, ese hombre de comentarios agudos que pocos conocen.  

Por siglos la literatura de viaje ha exacerbado la imaginación de los lectores sin importar su edad o condición social. Los viajes realizados por expertos itinerantes o por perspicaces hombres y mujeres que transitan territorios diversos han formado incansables espíritus viajeros que desde un sillón son capaces de recorrer el globo entero en una tarde de lluvia y hasta se sumergen en las profundidades del océano, sin limitaciones físicas, acompañadosúnicamente del deseo de conocer y aprender. Aunque en estricto sentido Alexander von Humboldt no escribió libros de viaje, libros con el único objetivo de narrar un periplo por tierras y culturas, es evidente que su voluminosa obra nos obliga a hacer un largo, entretenido e interesante viaje por fenómenos, regiones, historias, culturas y visiones de mundo diversas, que pretenden expresar de forma enigmática y compleja la totalidad que crece y se desarrolla alrededor nuestro. Este viaje que nos propone Humboldt en sus libros científicos es un viaje hacia la totalidad, mediante el análisis de datos y fenómenos que nos permitirán reconocer las intimas e invisibles conexiones que unen cada cosa y que hacen que todo vibre armónicamente en una frecuencia universal.  

Introducción

Estando en Berlín en 1996, mi amigo Adolph Kunert, exdirector del Planetario Wilhelm-Foerster, gran astrónomo fallecido el pasado 19 de mayo a la edad de 97 años, me hizo caer en la cuenta de que Alexander von Humboldt también era un gran aficionado a la astronomía y que probablemente alimentó desde niño esta pasión por el estudio del cielo gracias a las primeras cartas estelares que ya adornaban las expediciones de los viajeros por los mares del sur. Humboldt nació en 1769, el mismo año en que el almirante James Cook venía de probar con éxito en los mares del sur el cronómetro de Harrison, una herramienta fundamental en la determinación de la longitud terrestre y el mayor escollo que tenían los navegantes hasta ese momento para una navegación segura.

… Poéticamente habita el hombre sobre la tierra…
                                           
F. Hölderlin

La naturaleza nos dio sólo existencia; vida nos da el arte y plenitud la sabiduría.
                                            F. Schiller

La ciencia suele tener en motivo la razón, la secuencia en planteamientos, a partir de hipótesis, de desarrollos experimentales y de imaginación, con apego a procedimientos metódicos. Y no es frecuente encontrar relaciones fiables entre ciencia y arte, ciencia y pensamiento, ciencia y sociedad, auncuando los hallazgos de la ciencia tengan consecuencias en esas áreas. Sinembargo hay ejemplos de científicos de alta formación integral, que comprenden conocimientos en historia, filosofía, literatura, además de saberes en campos de la sociología y la política. Albert Einstein es un ejemplo, al igual que Bertrand Russell, entre otros.
Y más extraña aún resulta la relación de ciencia y poesía, no como apéndice ésta de aquella, sino como desprendimiento del gusto por la belleza en sus múltiples formas. El científico en sus aplicaciones se maravilla con los objetos de su estudio, al desentrañar componentes, relaciones y formas que le asombran, incluso con una especie de música oculta, que podrá desprenderse de movimientos apreciados desde los tamaños mínimos hasta los estelares y cósmicos.


                                                          Pilar González-Gómez

El azar, que otros llaman el sino, el hado o la ventura no permitió que un joven alemán, ansioso de mundo, pudiese cumplir con sus deseos de convertirse en explorador del enigmático Egipto. En efecto, los convulsionados tiempos de la era napoleónica alteraron los cimientos sobre los cuales se había construido la Europa monárquica, y condujeron al joven Alexander von Humboldt y a su amigo Aimé Bonpland a las antípodas de su viaje africano.

 

Fue pues por azar que estos dos aprendices de sabio, portadores de un pasaporte firmado por su propia majestad Carlos IV, un día, en las agonías del siglo XVIII, se embarcaron desde el puerto de La Coruña con destino a América. Cuando vislumbraron la Cruz del Sur en el horizonte entendieron que sus vidas serían distintas para siempre. Al desembarcar en Cumaná, y realizar las primeras salidas de campo, los jóvenes no salían de su asombro. El exuberante trópico virgen se presentaba majestuoso ante los ojos atónitos de los dos naturalistas que no alcanzaban a describir lo que estaban presenciando. No era el Nuevo Mundo, era un mundo nuevo para la ciencia. Durante los tres siglos anteriores los ojos europeos no habían tenido ojos sino para los esquivos minerales yacentes en el subsuelo o depositados en las arenas de los ríos en el reposo veraniego.

Fragmento inicial de mensaje a CER-Aleph


                                                        Pilar González-Gómez

Varios han sido los científicos y viajeros extranjeros que en siglos pasados visitaron nuestro territorio  y dejaron escritas sus impresiones e investigaciones. 

Dos de ellos, de capital importancia para  el “descubrimiento” del Orinoco, del  Vichada y de los Llanos Orientales en general, fueron el jesuita José Gumilla y el sabio Alexander von Humboldt.  El primero nació en Valencia, España, en 1.686 y murió en sus amados Llanos en 1.750. Estudió teología y filosofía en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego marchó como explorador y misionero a los Llanos. De sus viajes nos dejó un precioso libro titulado: ”El Orinoco ilustrado y  defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río y de sus caudalosas vertientes”. El libro es clave para conocer las tribus indígenas que poblaban los Llanos y las riberas del Orinoco. Siempre he calificado el libro como deliciosamente fantasioso, aún así es  un  documento importante para la etnografía, la geografía y la historia. 

 

1. BIOGRAFÍA - MOMENTO HISTÓRICO – LAS IDEAS – EL EXPLORADOR

 

Georg Friedrich Alexander von Humboldt, conocido como Alexander von Humboldt, hermano menor de Wilhelm von Humboldt, nació el 14 de Septiembre de 1769, en Berlín, entonces Reino de Prusia. Su biografía puede resumirse como sigue: 

 

Hijo de Alexander Georg von Humboldt, oficial del ejército de Federico II el Grande de Prusia, y de Marie Elizabeth  Hollwege.

 

Estudios: en el castillo de  Tegel, del actual distrito de Reinickendorf, Berlin 1. Se formó intelectualmente en Berlín, Prusia, Francfort  del Oder y Gotinga. Su primer viaje formativo (1790),  lo llevó  en primavera, a lo largo del río Rin hasta Holanda y de allí a Inglaterra.  Comenzó a respirar el aire de la Revolución francesa, lo cual contribuyó al desarrollo de sus ideas libertarias. 

 

Estudió en la Escuela de Minas de Freiberg y trabajó en un departamento del gobierno. Tras la muerte de su madre, en 1796, renunció a su carrera de funcionario público y fue atraído por su  propia inclinación: los viajes de exploración científica. Pudo entonces disfrutar por herencia el beneficio de una cuantiosa fortuna. En Weimar pasó a relacionarse con Wolfang von Goethe y Friedrich Schiller.  


                                                       Pilar González-Gómez

 

Un microencuentro entre dos obras extraordinarias[1]refleja la grandeza de mundos complejos que, percibidos desde un intersticio, se ramifican, multiplican y potencian a partir de un mínimo roce[2].Este es el caso de Humboldt y Novalis, dos de los jóvenes más brillantes de la historia intelectual. Novalis estudió, entre 1797 y 1799, en la Academia de Minería de Friburgo, bajo Gottlob Werner –de donde Humboldt se había graduado previamente, en 1792– y se apasionó por todo tipo de estudios técnicos, en vista de la construcción de una enciclopedia universal (el Borrador General, 1798-1799)[3], donde se unieran las más altas expresiones de la poesía y de la ciencia. En sus cuadernos de Friburgo y en el Borrador General, Novalis se refiere varias veces a Humboldt. En esta breve nota estudiamos esos apuntes de Novalis, alrededor de la búsqueda de una unión profunda entre razón y co/razón[4], que nuestra época ha perdido de vista.



[1]O entre dos genios, si no tememos el término: personalidades sobresalientes, con obras únicas, cuya originalidad resiste a los siglos, como en esta conmemoración del bisesquicentenario de Humboldt, cuyo nacimiento (1769) se encuentra muy cercano al de Novalis (1772).   

[2]El encuentro ocurre en forma similar al desplieguede un número muy alto de hojas en una superficie de Riemann (e.g.la raíz inversa de xn, con ngrande) alrededor de un punto de ramificación (el origen, 0).

[3]Novalis, La Enciclopedia, Madrid: Editorial Fundamentos, 1976. Otras versiones: inglesa, Notes for a Romantic Encyclopedia, Albany: SUNY, 2007; francesa, Le brouillon général, París: Allia, 2000; italiana, L'"Allgemeines Brouillon", en: Opera Filosofica, vol. 2, Torino: Einaudi, 1993. Es de observar que la primera traducción se hizo al español (y desafortunadamente se olvidó), pero utilizaremos aquí la versión italiana, de lejos la más completa.

[4]Corazón = co/razón = co-razónse puede entender, en castellano, como el dual exacto("co") de la razón. Nuestro idioma parece ser el único que expresa tan fielmente la dialéctica de lo inteligible y lo sensible. La imaginación novalisiana media exactamente entre razón y co/razón. 

La más difundida de las frases que se le atribuyen a Alexander von Humboldt, usadas para describir el comportamiento de las personas que conoció en su travesía por América, es sin duda la que dice: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”.

 

Pero fueron abundantes las impresiones y apuntes como ese, los que hizo Humboldt en su expedición; naturalmente su gran trabajo científico es el que ha brillado, como debía ser. No obstante es grato descubrir la otra faceta de Humboldt, la del analítico, observador, crítico y comunicador de sus vivencias y sorpresas más importantes, como lo haría hoy en día un buen cronista. 

 

El espíritu de este artículo es precisamente el de presentarles el otro Humboldt, ese hombre de comentarios agudos que pocos conocen.  

Por siglos la literatura de viaje ha exacerbado la imaginación de los lectores sin importar su edad o condición social. Los viajes realizados por expertos itinerantes o por perspicaces hombres y mujeres que transitan territorios diversos han formado incansables espíritus viajeros que desde un sillón son capaces de recorrer el globo entero en una tarde de lluvia y hasta se sumergen en las profundidades del océano, sin limitaciones físicas, acompañadosúnicamente del deseo de conocer y aprender. Aunque en estricto sentido Alexander von Humboldt no escribió libros de viaje, libros con el único objetivo de narrar un periplo por tierras y culturas, es evidente que su voluminosa obra nos obliga a hacer un largo, entretenido e interesante viaje por fenómenos, regiones, historias, culturas y visiones de mundo diversas, que pretenden expresar de forma enigmática y compleja la totalidad que crece y se desarrolla alrededor nuestro. Este viaje que nos propone Humboldt en sus libros científicos es un viaje hacia la totalidad, mediante el análisis de datos y fenómenos que nos permitirán reconocer las intimas e invisibles conexiones que unen cada cosa y que hacen que todo vibre armónicamente en una frecuencia universal.  

Introducción

Estando en Berlín en 1996, mi amigo Adolph Kunert, exdirector del Planetario Wilhelm-Foerster, gran astrónomo fallecido el pasado 19 de mayo a la edad de 97 años, me hizo caer en la cuenta de que Alexander von Humboldt también era un gran aficionado a la astronomía y que probablemente alimentó desde niño esta pasión por el estudio del cielo gracias a las primeras cartas estelares que ya adornaban las expediciones de los viajeros por los mares del sur. Humboldt nació en 1769, el mismo año en que el almirante James Cook venía de probar con éxito en los mares del sur el cronómetro de Harrison, una herramienta fundamental en la determinación de la longitud terrestre y el mayor escollo que tenían los navegantes hasta ese momento para una navegación segura.

… Poéticamente habita el hombre sobre la tierra…
                                           
F. Hölderlin

La naturaleza nos dio sólo existencia; vida nos da el arte y plenitud la sabiduría.
                                            F. Schiller

La ciencia suele tener en motivo la razón, la secuencia en planteamientos, a partir de hipótesis, de desarrollos experimentales y de imaginación, con apego a procedimientos metódicos. Y no es frecuente encontrar relaciones fiables entre ciencia y arte, ciencia y pensamiento, ciencia y sociedad, auncuando los hallazgos de la ciencia tengan consecuencias en esas áreas. Sinembargo hay ejemplos de científicos de alta formación integral, que comprenden conocimientos en historia, filosofía, literatura, además de saberes en campos de la sociología y la política. Albert Einstein es un ejemplo, al igual que Bertrand Russell, entre otros.
Y más extraña aún resulta la relación de ciencia y poesía, no como apéndice ésta de aquella, sino como desprendimiento del gusto por la belleza en sus múltiples formas. El científico en sus aplicaciones se maravilla con los objetos de su estudio, al desentrañar componentes, relaciones y formas que le asombran, incluso con una especie de música oculta, que podrá desprenderse de movimientos apreciados desde los tamaños mínimos hasta los estelares y cósmicos.


                                                          Pilar González-Gómez

El azar, que otros llaman el sino, el hado o la ventura no permitió que un joven alemán, ansioso de mundo, pudiese cumplir con sus deseos de convertirse en explorador del enigmático Egipto. En efecto, los convulsionados tiempos de la era napoleónica alteraron los cimientos sobre los cuales se había construido la Europa monárquica, y condujeron al joven Alexander von Humboldt y a su amigo Aimé Bonpland a las antípodas de su viaje africano.

 

Fue pues por azar que estos dos aprendices de sabio, portadores de un pasaporte firmado por su propia majestad Carlos IV, un día, en las agonías del siglo XVIII, se embarcaron desde el puerto de La Coruña con destino a América. Cuando vislumbraron la Cruz del Sur en el horizonte entendieron que sus vidas serían distintas para siempre. Al desembarcar en Cumaná, y realizar las primeras salidas de campo, los jóvenes no salían de su asombro. El exuberante trópico virgen se presentaba majestuoso ante los ojos atónitos de los dos naturalistas que no alcanzaban a describir lo que estaban presenciando. No era el Nuevo Mundo, era un mundo nuevo para la ciencia. Durante los tres siglos anteriores los ojos europeos no habían tenido ojos sino para los esquivos minerales yacentes en el subsuelo o depositados en las arenas de los ríos en el reposo veraniego.

Fragmento inicial de mensaje a CER-Aleph


                                                        Pilar González-Gómez

Varios han sido los científicos y viajeros extranjeros que en siglos pasados visitaron nuestro territorio  y dejaron escritas sus impresiones e investigaciones. 

Dos de ellos, de capital importancia para  el “descubrimiento” del Orinoco, del  Vichada y de los Llanos Orientales en general, fueron el jesuita José Gumilla y el sabio Alexander von Humboldt.  El primero nació en Valencia, España, en 1.686 y murió en sus amados Llanos en 1.750. Estudió teología y filosofía en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego marchó como explorador y misionero a los Llanos. De sus viajes nos dejó un precioso libro titulado: ”El Orinoco ilustrado y  defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río y de sus caudalosas vertientes”. El libro es clave para conocer las tribus indígenas que poblaban los Llanos y las riberas del Orinoco. Siempre he calificado el libro como deliciosamente fantasioso, aún así es  un  documento importante para la etnografía, la geografía y la historia. 

 

1. BIOGRAFÍA - MOMENTO HISTÓRICO – LAS IDEAS – EL EXPLORADOR

 

Georg Friedrich Alexander von Humboldt, conocido como Alexander von Humboldt, hermano menor de Wilhelm von Humboldt, nació el 14 de Septiembre de 1769, en Berlín, entonces Reino de Prusia. Su biografía puede resumirse como sigue: 

 

Hijo de Alexander Georg von Humboldt, oficial del ejército de Federico II el Grande de Prusia, y de Marie Elizabeth  Hollwege.

 

Estudios: en el castillo de  Tegel, del actual distrito de Reinickendorf, Berlin 1. Se formó intelectualmente en Berlín, Prusia, Francfort  del Oder y Gotinga. Su primer viaje formativo (1790),  lo llevó  en primavera, a lo largo del río Rin hasta Holanda y de allí a Inglaterra.  Comenzó a respirar el aire de la Revolución francesa, lo cual contribuyó al desarrollo de sus ideas libertarias. 

 

Estudió en la Escuela de Minas de Freiberg y trabajó en un departamento del gobierno. Tras la muerte de su madre, en 1796, renunció a su carrera de funcionario público y fue atraído por su  propia inclinación: los viajes de exploración científica. Pudo entonces disfrutar por herencia el beneficio de una cuantiosa fortuna. En Weimar pasó a relacionarse con Wolfang von Goethe y Friedrich Schiller.  


                                                       Pilar González-Gómez

 

Un microencuentro entre dos obras extraordinarias[1]refleja la grandeza de mundos complejos que, percibidos desde un intersticio, se ramifican, multiplican y potencian a partir de un mínimo roce[2].Este es el caso de Humboldt y Novalis, dos de los jóvenes más brillantes de la historia intelectual. Novalis estudió, entre 1797 y 1799, en la Academia de Minería de Friburgo, bajo Gottlob Werner –de donde Humboldt se había graduado previamente, en 1792– y se apasionó por todo tipo de estudios técnicos, en vista de la construcción de una enciclopedia universal (el Borrador General, 1798-1799)[3], donde se unieran las más altas expresiones de la poesía y de la ciencia. En sus cuadernos de Friburgo y en el Borrador General, Novalis se refiere varias veces a Humboldt. En esta breve nota estudiamos esos apuntes de Novalis, alrededor de la búsqueda de una unión profunda entre razón y co/razón[4], que nuestra época ha perdido de vista.



[1]O entre dos genios, si no tememos el término: personalidades sobresalientes, con obras únicas, cuya originalidad resiste a los siglos, como en esta conmemoración del bisesquicentenario de Humboldt, cuyo nacimiento (1769) se encuentra muy cercano al de Novalis (1772).   

[2]El encuentro ocurre en forma similar al desplieguede un número muy alto de hojas en una superficie de Riemann (e.g.la raíz inversa de xn, con ngrande) alrededor de un punto de ramificación (el origen, 0).

[3]Novalis, La Enciclopedia, Madrid: Editorial Fundamentos, 1976. Otras versiones: inglesa, Notes for a Romantic Encyclopedia, Albany: SUNY, 2007; francesa, Le brouillon général, París: Allia, 2000; italiana, L'"Allgemeines Brouillon", en: Opera Filosofica, vol. 2, Torino: Einaudi, 1993. Es de observar que la primera traducción se hizo al español (y desafortunadamente se olvidó), pero utilizaremos aquí la versión italiana, de lejos la más completa.

[4]Corazón = co/razón = co-razónse puede entender, en castellano, como el dual exacto("co") de la razón. Nuestro idioma parece ser el único que expresa tan fielmente la dialéctica de lo inteligible y lo sensible. La imaginación novalisiana media exactamente entre razón y co/razón. 

La más difundida de las frases que se le atribuyen a Alexander von Humboldt, usadas para describir el comportamiento de las personas que conoció en su travesía por América, es sin duda la que dice: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”.

 

Pero fueron abundantes las impresiones y apuntes como ese, los que hizo Humboldt en su expedición; naturalmente su gran trabajo científico es el que ha brillado, como debía ser. No obstante es grato descubrir la otra faceta de Humboldt, la del analítico, observador, crítico y comunicador de sus vivencias y sorpresas más importantes, como lo haría hoy en día un buen cronista. 

 

El espíritu de este artículo es precisamente el de presentarles el otro Humboldt, ese hombre de comentarios agudos que pocos conocen.  

Por siglos la literatura de viaje ha exacerbado la imaginación de los lectores sin importar su edad o condición social. Los viajes realizados por expertos itinerantes o por perspicaces hombres y mujeres que transitan territorios diversos han formado incansables espíritus viajeros que desde un sillón son capaces de recorrer el globo entero en una tarde de lluvia y hasta se sumergen en las profundidades del océano, sin limitaciones físicas, acompañadosúnicamente del deseo de conocer y aprender. Aunque en estricto sentido Alexander von Humboldt no escribió libros de viaje, libros con el único objetivo de narrar un periplo por tierras y culturas, es evidente que su voluminosa obra nos obliga a hacer un largo, entretenido e interesante viaje por fenómenos, regiones, historias, culturas y visiones de mundo diversas, que pretenden expresar de forma enigmática y compleja la totalidad que crece y se desarrolla alrededor nuestro. Este viaje que nos propone Humboldt en sus libros científicos es un viaje hacia la totalidad, mediante el análisis de datos y fenómenos que nos permitirán reconocer las intimas e invisibles conexiones que unen cada cosa y que hacen que todo vibre armónicamente en una frecuencia universal.  

Introducción

Estando en Berlín en 1996, mi amigo Adolph Kunert, exdirector del Planetario Wilhelm-Foerster, gran astrónomo fallecido el pasado 19 de mayo a la edad de 97 años, me hizo caer en la cuenta de que Alexander von Humboldt también era un gran aficionado a la astronomía y que probablemente alimentó desde niño esta pasión por el estudio del cielo gracias a las primeras cartas estelares que ya adornaban las expediciones de los viajeros por los mares del sur. Humboldt nació en 1769, el mismo año en que el almirante James Cook venía de probar con éxito en los mares del sur el cronómetro de Harrison, una herramienta fundamental en la determinación de la longitud terrestre y el mayor escollo que tenían los navegantes hasta ese momento para una navegación segura.

… Poéticamente habita el hombre sobre la tierra…
                                           
F. Hölderlin

La naturaleza nos dio sólo existencia; vida nos da el arte y plenitud la sabiduría.
                                            F. Schiller

La ciencia suele tener en motivo la razón, la secuencia en planteamientos, a partir de hipótesis, de desarrollos experimentales y de imaginación, con apego a procedimientos metódicos. Y no es frecuente encontrar relaciones fiables entre ciencia y arte, ciencia y pensamiento, ciencia y sociedad, auncuando los hallazgos de la ciencia tengan consecuencias en esas áreas. Sinembargo hay ejemplos de científicos de alta formación integral, que comprenden conocimientos en historia, filosofía, literatura, además de saberes en campos de la sociología y la política. Albert Einstein es un ejemplo, al igual que Bertrand Russell, entre otros.
Y más extraña aún resulta la relación de ciencia y poesía, no como apéndice ésta de aquella, sino como desprendimiento del gusto por la belleza en sus múltiples formas. El científico en sus aplicaciones se maravilla con los objetos de su estudio, al desentrañar componentes, relaciones y formas que le asombran, incluso con una especie de música oculta, que podrá desprenderse de movimientos apreciados desde los tamaños mínimos hasta los estelares y cósmicos.


                                                          Pilar González-Gómez

El azar, que otros llaman el sino, el hado o la ventura no permitió que un joven alemán, ansioso de mundo, pudiese cumplir con sus deseos de convertirse en explorador del enigmático Egipto. En efecto, los convulsionados tiempos de la era napoleónica alteraron los cimientos sobre los cuales se había construido la Europa monárquica, y condujeron al joven Alexander von Humboldt y a su amigo Aimé Bonpland a las antípodas de su viaje africano.

 

Fue pues por azar que estos dos aprendices de sabio, portadores de un pasaporte firmado por su propia majestad Carlos IV, un día, en las agonías del siglo XVIII, se embarcaron desde el puerto de La Coruña con destino a América. Cuando vislumbraron la Cruz del Sur en el horizonte entendieron que sus vidas serían distintas para siempre. Al desembarcar en Cumaná, y realizar las primeras salidas de campo, los jóvenes no salían de su asombro. El exuberante trópico virgen se presentaba majestuoso ante los ojos atónitos de los dos naturalistas que no alcanzaban a describir lo que estaban presenciando. No era el Nuevo Mundo, era un mundo nuevo para la ciencia. Durante los tres siglos anteriores los ojos europeos no habían tenido ojos sino para los esquivos minerales yacentes en el subsuelo o depositados en las arenas de los ríos en el reposo veraniego.

Fragmento inicial de mensaje a CER-Aleph

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