Darío Valencia-Restrepo: sensibilidad en música, letras e ingeniería / Reportajes de Aleph/

Tuve la fortuna de compartir con él tiempos de agites universitarios, desde los años 70, con trayectoria desde entonces en fiel sintonía con principios y valores, en afinidades de ciencia, técnica, arte y humanismo.
En su labor docente, Valencia-Restrepo ejerció actitud de estímulo hacia la búsqueda afanosa por el conocimiento, con el gusto de poder alcanzar metas en gradualidad, en el disfrute de lo paulatinamente logrado. Y en la dirección universitaria tuvo talento y talante para afrontar conflictos, sin perder oportunidad para formular proyectos estratégicos en el desarrollo institucional, con ejercicio pleno del respeto en las diferencias. En la Universidad Nacional de Colombia, en especial en la sede regional de Medellín, y en la Universidad de Antioquia ha quedado su impronta, por el delicado y laborioso trabajo llevado a cabo. Similar en las Empresas Públicas de Medellín, la célebre «epm», donde ejerció singular gerencia, con incorporación de procesos de investigación, aliados a la producción, un sentido anticipatorio en la necesaria relación universidad-empresa-estado, hoy con algo de enunciados y de todavía tímidos desarrollos.
En el deporte fue campeón consagrado, y en tiempos más recientes se duele de ese sentido de la competencia, por los primeros lugares, en detrimento del disfrute, del placer, del gozo de las prácticas, que no deje frustración alguna por no haber escalado los podios. Quizá también pueda ser una visión para examinar con sentido crítico lo desmedido en la moda de la «competitividad», que hace traumas en las familias, en el aula, entre regiones, empresas y países. Un mundo para la felicidad sin competencias ruinosas, podrá ser la utopía de perseguir en espacios como estos, favorables al compartir de oportunidades en el anchuroso mundo de la Cultura.
-¿Cuáles fueron tus entornos familiares y sociales que te llevaron a ingresar a la Escuela de Minas para hacerse ingeniero civil? Has dicho en alguna parte que «la vocación se hace, no se nace con ella».
Provengo de una de esas prolíficas familias antioqueñas de antaño, cuyos padres eran muy austeros y estrictos en la formación moral y que con gran esfuerzo propiciaron la educación de sus nueve hijos. Al terminar mis estudios secundarios en 1955 me sentía atraído por el estudio de la matemática, pero como por esos años no existía la carrera respectiva decidí encaminarme a la reconocida Escuela de Minas, de Medellín, en la cual los estudios de ingeniería eran muy exigentes en matemática y física. Fue una acertada decisión pues allí encontré un ambiente estimulante, recibí una muy buena preparación y encontré los mejores amigos. Además, por esos años se desarrolló un importante movimiento, encabezado por el decano de entonces, Peter Santamaría, para implantar unos serios estudios de humanidades en las carreras de ingeniería en la Escuela de Minas, decisión pionera en Colombia, lo que me permitió recibir la influencia de dos grandes profesores: Daniel Ceballos Nieto, de Colombia, y Bernardo de Nalda, de España y ya fallecido. De otra parte, desde antes de iniciar mis estudios universitarios, tuve la cercanía de dos grandes amigos europeos, uno de origen húngaro y otro de origen alemán, quienes me iniciaron en la afición por el cine y la buena música.
Como al terminar mis estudios me vinculé de inmediato como docente en la misma facultad, y durante un buen tiempo fui consejero de estudiantes que apenas iniciaban allí sus estudios, me es posible contestarte la segunda parte de tu pregunta. Observé que muchos de ellos creían estar seguros de su vocación pero con el tiempo se sentían felices de estar en una carrera que no había sido de sus preferencias inicialmente. Con frecuencia los jóvenes tomaban sus decisiones por influencias familiares o de amigos, sin un adecuado conocimiento de las muy diferentes opciones académicas. De otra parte, las vocaciones pueden estar determinadas por los buenos profesores de la secundaria.
-¿En tu tiempo de estudios cómo era el ambiente universitario de Medellín? ¿A qué actividades culturales estuviste vinculado en tu época de alumno en la UN?
Era un ambiente de gran agitación intelectual y debate, primero por las esperanzas que despertó la revolución cubana y luego por las rupturas de los años sesenta y la rebelión de los jóvenes que culminó en el Mayo de 1968 y la oposición a la guerra en Vietnam. Cuando las asambleas de estudiantes, por aquellos años muy concurridas, decretaban una huelga, los estudiantes no se iban para sus casas sino que permanecían en los claustros discutiendo y organizando conferencias y actos culturales. Varios profesores jóvenes apoyamos la introducción de las humanidades en las carreras de ingeniería de la Escuela de Minas, nada fácil por la oposición de algunos integrantes de la vieja guardia, propiciamos una modernización del currículo e introdujimos actividades culturales y artísticas de diverso tipo. Tuvimos grandes personalidades del país en ciclos de conferencias, como Marta Traba, Jorge Zalamea, Camilo Torres, Fernando González, entre otros. Asimismo, se llevaron a cabo conciertos de música clásica y se creó un cine club que desarrolló la apreciación cinematográfica con base en películas de calidad, siempre precedidas de una presentación y seguidas de una discusión entre los asistentes.
Como dato curioso, en una visita al Instituto Tecnológico de Massachusetts como profesor visitante, unas dos décadas después, pude darme cuenta de que en ese momento se discutía lo relativo a las humanidades en carreras científicas y técnicas, algo ya resuelto en algún grado por nuestra escuela de ingeniería. Pero hoy existe una lamentable tendencia en este mundo globalizado según la cual el arte y las humanidades no son importantes en dichas carreras, ni en general en las universidades, puesto que la formación de profesionales debe orientarse a las necesidades del mercado, casi al punto de convertir la educación en una mercancía.
-Al concluir carrera profesional, tú decides emprender estudios de postgrado, primero en Matemáticas, y luego vas al MIT. ¿Qué circunstancias se dieron para decidirte por el M.I.T.? Y tu aplicación al proyecto de grado que hiciste relacionado con el Río Colorado en Argentina, ¿cómo fue y cuáles fueron los resultados prácticos?
Como distinguido vicerrector que fuiste aquí en la sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia, recordarás la casi nula relación por aquellos años entre las diversas sedes de la institución. Sinembargo, hacia fines de la década del sesenta, el profesor Alfonso Ramírez Rivera, uno de los dos a quienes dediqué la conferencia de esta mañana [«Historia de la ingeniería: apuntes y lecciones para el presente», UN-Manizales, 13.V.2011] sobre historia de la ingeniería, logró que de la sede central en Bogotá se desplazara a Medellín un valioso elenco de profesores para que unos 15 o 20 profesores adelantáramos una maestría en ingeniería con especialidad en matemática aplicada, cuando todavía en el país no estaba reglamentado tal nivel de formación. Para darte una idea de la calidad académica de nuestra experiencia, basta mencionar algunos nombres de los profesores visitantes: Carlo Federici, Yu Takeuchi, Jaime Lesmes y Víctor Albis.
Con respecto a mis posteriores estudios en el MIT, quise tener una experiencia previa como profesor y una mayor madurez antes de solicitar la admisión al instituto, lo cual no es común pues muchos estudiantes emprenden los estudios de posgrado cuando apenas terminan su primer grado. No es fácil ingresar a dicha universidad, y menos en un área como sistemas que en ese momento, cuando los computadores empezaban a ser más utilizados, estaba siendo muy demandada. Al llegar quise estudiar teoría general de sistemas pero me dijeron que eso no existía allí, sólo sistemas aplicados a áreas como transporte y recursos hidráulicos. Agradecí la buena preparación recibida en la Escuela de Minas y la experiencia previa adquirida como profesor. Aprovecho para comentar que allí pude darme cuenta de que un buen número de egresados de la misma habían dejado una reputación apreciada por el instituto. Tuve la fortuna de participar en un estudio para el gobierno argentino relacionado con el desarrollo integral del río Colorado, en el cual por primera vez se aplicaron técnicas del análisis de sistemas desarrolladas por el Programa del Agua de la Universidad de Harvard. Aprendí mucho como auxiliar de investigación, a veces más que en las clases, y en asocio de mi supervisor desarrollamos como trabajo de tesis un modelo hidrológico, de tipo estocástico, que fue utilizado en dicho proyecto y que posteriormente ha sido aplicado en diferentes países del mundo, Colombia en particular. Los resultados del proyecto fueron entregados a las autoridades políticas y técnicas de Argentina para que ellas tratasen de conciliar las diferentes aspiraciones de las provincias ribereñas al agua del río.
-Cuéntanos un poco sobre el ambiente universitario de allá, en contraste con el que ya habías vivido en Medellín.
Al comparar el ambiente universitario que experimenté en el MIT con el nuestro, recuerdo varios aspectos del primero: una educación muy centrada en la investigación, la facilidad para interactuar con pares, la competencia, grandes recursos, frecuentes seminarios y coloquios, una intensa vida cultural y la actividad de consultoría que los profesores combinaban con la actividad académica, algo que me pareció beneficiaba a ambas y que no es común entre nosotros. Boston es una metrópoli muy universitaria y culta, y allí tuve la ocasión de conocer personalmente a grandes figuras como Marcuse, Galbraith, Margaret Mead, Chomsky y Carl Sagan. Fue emocionante asistir a un recital de Dietrich Fischer-Dieskau, el legendario intérprete de las canciones de Schubert, en el Symphony Hall de Boston.
-¿Pasado el tiempo, qué lecciones has desprendido de tus aplicaciones al deporte que inclusive te llevaron a obtener algunos títulos y actuar como dirigente? ¿Cómo evocas o rememoras esa época?
Le debo mucho al deporte. Aprendí lo que significan el respeto por las reglas y por el oponente, la disciplina requerida para participar en torneos y obtener después de grandes esfuerzos el título nacional de mayores en Colombia, la bondad del ejercicio, el disfrute del juego por el juego mismo, el saber ganar y perder. En particular, en el tenis de mesa, un deporte hoy de grandes exigencias físicas, es vital el desarrollo de los reflejos y la concentración. De otra parte, creo en los valores formativos del ajedrez; fui jugador activo como estudiante universitario, cuando obtuve algunos títulos, y posteriormente tuve el encargo de organizar dos campeonatos mundiales que tuvieron lugar en Medellín, respectivamente en 1974 y 1996. Es de lamentar en la actualidad la pérdida de los viejos ideales olímpicos, el imperativo de ganar a como dé lugar, la comercialización del deporte y un profesionalismo que parece de espaldas al disfrute del mismo.
-Por tus desempeños de dirección universitaria, tanto en el Vicerrectorado de la UN-Medellín, como en los rectorados de la Universidad de Antioquia y en la Universidad Nacional, ¿cómo aprecias comparativamente esas instituciones, y cuáles fueron los guiones sustantivos de dirección que formulaste, con consecuencias o logros?
Mi concepción de la vida universitaria quedó plasmada en el documento «Hacia un proyecto de universidad», elaborado como base para un debate cuando ocupaba la rectoría de la Universidad de Antioquia, el cual se encuentra en mi sitio de internet (www.valenciad.com). Con mayor o menor fortuna y con las limitaciones personales traté de llevar a la práctica ese ideario en mis posiciones de dirección, siempre con el recurso no de la imposición sino del diálogo con profesores y estudiantes. Las dos más importantes universidades colombianas que mencionas tienen logros y problemas parecidos. Como instituciones estatales que son, atienden preferentemente a jóvenes de los estratos uno, dos y tres, reflejan en algún grado la situación social y económica del país, cada vez se interesan más por los problemas nacionales y últimamente se acercan al empresariado. Son similares en ambas instituciones los problemas de orden público que trastornan la actividad académica y son crecientes sus problemas financieros en razón del aumento de la población estudiantil, la mayor calificación del profesorado, los recursos exigidos por el avance de la investigación, la aparición de nuevas tecnologías, y las necesidades de mayor espacio físico. Como el financiamiento proviene en fuerte medida del gobierno central, las dos reclaman un mayor compromiso del mismo a este respecto.
-Vista hoy en retrospectiva la universidad pública de Estado en Colombia, ¿qué avances adviertes y qué deficiencias acumula? ¿Todavía será posible pensar como tú lo formulabas en los años 70 y a comienzos de los 80, en la universidad como agente del cambio social, también como voz de la Cultura y como expresión de valores del espíritu por ejercer y fomentar en la sociedad?
Es indudable, como bien lo dices, que la universidad tiene una función como agente del cambio social pero no como institución que se lanza a la liza política o como llamada a encabezar la revolución, tal como piensan algunos que exageran su papel a este respecto. La responsabilidad primordial de la universidad es formar ciudadanos cultos, responsables y críticos, con excelente preparación en su respectivo campo profesional pero que a la vez sean capaces de establecer diálogo respetuoso con otras profesiones y disciplinas. Para ello, la institución debe promover el debate sobre grandes problemas del país y del mundo, fomentar el pensamiento crítico, interesar a los estudiantes en los principales temas de nuestro tiempo y en las grandes corrientes del pensamiento y la cultura. Son esos ciudadanos los llamados a construir una nueva sociedad que enfrente la inequidad y la miseria y que promueva la solidaridad y la compasión. Como a veces cualquier cosa es considerada cultura, pienso que la universidad debe ser fuente de una cultura que eleve el nivel de conciencia.
Mucho ha progresado la universidad colombiana, hablo de las que merecen tal nombre, cuando comparo con aquello que conocí en mis lejanos años de estudiante universitario. La investigación en ese entonces se reducía a unos pocos profesores, un poco vistos como excéntricos y que trabajaban individualmente. Ya hoy se está reconociendo que la investigación tiene que ser el eje de la vida académica, pero no en perjuicio de la docencia, como creen algunos, sino para enriquecerla. Y que esa investigación es un trabajo colectivo, de equipos que interactúan con pares nacionales e internacionales, como bien lo muestra ya en nuestro país el creciente número de grupos excelentes de investigación, según las calificaciones de Colciencias en los últimos años.
-Una gran agitación recorre en la actualidad las universidades, en especial las de carácter estatal, como consecuencia de un proyecto del Gobierno para reformar la educación superior. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Me limitaré a comentar algunos puntos principales del proyecto. Dado el carácter de servicio público esencial que tiene la educación, no se debe permitir en este campo la constitución de entidades con ánimo de lucro. Es inaceptable que se hable de sociedades anónimas que podrán ofrecer programas académicos de educación superior y expedir títulos para luego poder recibir nuevos inversionistas, repartir dividendos y vender acciones como si se tratase de un negocio o de una simple sociedad comercial o empresarial. Lo que sí es apropiado y debería fomentarse es la asociación de universidades, públicas o privadas, con empresas privadas para realizar investigaciones, estudios o proyectos específicos, lo cual ya existe en algún grado. En estos casos las universidades no deben ocuparse de actividades ordinarias sino de aquellas que enriquezcan la vida académica de profesores y estudiantes, en particular que fomenten la investigación. No se debe repetir la situación de la salud en Colombia pues muchos de sus problemas se derivan de la existencia de intermediarios financieros de carácter privado cuyo fin primordial es el lucro.
Es patente la preocupación del proyecto por el aseguramiento de la calidad de los estudios, lo cual es loable si se observa el gran número de universidades que no merecen tal nombre y de aquellas entre éstas que no parecen cumplir aquello de «sin ánimo de lucro». También me parece de rigor que las universidades rindan cuentas a la sociedad. Dada la importancia del financiamiento estatal, merece señalarse que el proyecto habla de unos aumentos porcentuales ligados al crecimiento del PIB, por encima de los hoy iguales al IPC. Para las actuales cifras de crecimiento, el aumento rondaría por el 1 ó 2% anual, algo no satisfactorio e insuficiente para atender las crecientes necesidades antes señaladas. Por último, como la inequidad en el acceso a la educación superior y la gran deserción son problemas mayúsculos, es conveniente destacar que en los próximos tres años el Estado aportará adicionalmente significativos créditos y subsidios para los más necesitados.
-En tus preocupaciones intelectuales, ¿cómo y bajo qué circunstancias accedes a lectura y estudio de la obra de Bertrand Russell?
Estando muy joven, el amigo de origen alemán ya mencionado, me habló de Russell. Desde el primer momento, me sorprendió cómo ciertos temas trascendentales y aparentemente complejos él los trataba de una manera sencilla y tan convincente que uno pensaba: cómo es que no se me había ocurrido. Lo admiraba no solo como pensador sino como hombre de acción, en particular por las nobles causas que defendía. Mi interés por la matemática me llevó a interesarme en los Principia Mathematica escritos junto a Whitehead con el fin de fundar todo con base en un conjunto de postulados, hasta cuando el proyecto recibe el gran golpe del teorema de Gödel sobre el carácter incompleto de cualquier sistema matemático. Siempre me ha atraído una construcción fundada en axiomas o postulados, tales los casos de la geometría euclidiana y de la aritmética a la manera de Peano. A pesar de lo que se diga, el pensamiento racional que se encarnó en Russell sigue teniendo importancia en sociedades, como la colombiana, que se comportan frecuentemente con un alto nivel de irracionalidad.
-Otro personaje al que les has puesto singular atención es a Henry David Thoreau…
Es bien sabido que su concepto de desobediencia civil fue fuente de inspiración para grandes personajes como Gandhi y Martin Luther King. Es emocionante su oposición a la guerra que llevó al despojo de casi la mitad del territorio mexicano, al igual que su denuncia de la esclavitud que subsistía en Estados Unidos a pesar de aquello de que «Todos los hombres nacen iguales». Como los impuestos que él pagaba se dedicaban a veces a causas injustas, decidió no pagarlos y por ello estuvo un día en la cárcel. Pasó un buen tiempo al pie del lago Walden, situado cerca de su ciudad natal de Concord, en una cabaña construida por él mismo, dedicado a reflexionar y entrar en contacto con la naturaleza. De allí salió un libro clásico de las letras norteamericanas, Walden. Se considera que su elocuente defensa del capitán Brown, un esclavo que tomó junto a otros las armas para oponerse a esa opresión, anticipó en algún grado la guerra civil de los años sesenta del siglo antepasado.
-La música ha sido una pasión en tu vida. ¿Cómo llegas a ella y cuál tu recorrido en la misma? Conozco que algún instrumento te ha acompañado, y de los estudios personales en notación y gramática, a tal punto de elaboración que nos sorprendiste en conocimientos, incluso técnicos, con tu conferencia sobre los Lieder de Schubert.
Mi familia, por el lado de mi madre, siempre estuvo muy asociada a la música de cuerdas, la de conjuntos conformados por bandola, guitarra y tiple. Sin mucho éxito, ella trató de iniciarme en la interpretación de la bandola, y ahora con menos éxito me he interesado en el teclado. Pero cuando uno aprende a leer la partitura, sobre todo si su oído no es gran cosa, descubre que la música entra tanto por los oídos como por los ojos y más de una vez se da cuenta de aspectos que no había detectado con la simple audición. Tan pronto empecé a disfrutar la pensión de jubilación, me dediqué por mi cuenta a aprender a leer partituras. Empecé con la sonata Appassionata, de Beethoven, sin distinguir nada, pero a fuer de repetir incansablemente el ejercicio empecé a aprender. Pasé luego a sonatas de violín y piano, ahora con tres pentagramas en vez de dos, luego a cuartetos… hasta llegar a la orquesta. Por supuesto que para gozar de la música solo es necesario acostumbrar el oído mediante el escuchar, escuchar y volver a escuchar, muy en particular cuando se trata de la música del siglo XX. Pero seguir la partitura de una grabación o interpretar una obra en algún instrumento como el piano, así sea modestamente, constituye una experiencia gratificante que lleva a apreciar y admirar mucho más a los grandes compositores.
-En tus pasiones musicales están Bach y Mahler, entre otros…
Tienes razón, pero debo decirte algo que puede ocurrir a otros: se empieza con Beethoven, luego aparece ese fenómeno inexplicable de grandeza que es Bach, talvez algo de música del siglo XX, pero finalmente es Mozart quien resulta más cercano a nuestro corazón. Aprovecho para comentar sobre la educación al respecto. Mucho habría agradecido que el sistema educativo me hubiera proporcionado las primeras notas a la par con las primeras letras. Se sabe del carácter formativo y de los beneficios intelectuales del aprendizaje musical, para no hablar de lo que significa para el disfrute a lo largo de la vida. En Colombia observamos la mala música que por lo general muelen los cientos de emisoras existentes y cualquiera creería que en nuestro país no hay compositores de música de cámara, de sinfonías, de óperas… cuando es todo lo contrario. Cómo puede apreciarse la música culta si nuestros niños y jóvenes no escuchan sino la llamada «música de planchar». Sin escuchar y volver a escuchar, sin estar expuesto a aquella música, pues no es posible apreciarla.
-En esa pasión por la música, ¿cómo concilias interés por la música académica y la música popular y tradicional?
Diría una frase de cajón: solo hay música buena y música mala. Tengo un gran aprecio por la música folclórica de diferentes países y observo cómo en muchos casos ella ha servido de inspiración a distinguidos compositores. Admiro el valioso trabajo de Bartok cuando rescata el folclor de diferentes culturas, en especial la húngara y la rumana, y lo aprovecha, elabora y desarrolla en diferentes obras de gran calidad, hasta el punto de crear lo que algunos denominan un folclor imaginario.
-En 1973 visitaste China, y pudiste apreciar la solución alimentaria para toda la población, como un gran logro de sociedad. Sé que a tu regreso publicaste varios artículos sobre aspectos políticos y sociales de dicho país. En la actualidad, ¿cómo aprecias ese proceso de China, en la especie de simbiosis capitalismo-socialismo, con la mayor tasa de crecimiento económico en el mundo?
Estuve como dirigente en un torneo de Asia, África y América Latina, al cual asistieron 86 países invitados por la República Popular China. Fuimos huéspedes de Estado, las atenciones y la organización fueron excepcionales y tuvimos el privilegio de conocer toda la dirigencia china, con excepción de Mao que se encontraba ya enfermo y en sus últimos años. En ese momento el país estaba prácticamente cerrado a Occidente y el turismo era casi inexistente, aunque tal vez recuerdes que poco antes se había dado la llamada «diplomacia del ping-pong» que en alguna medida permitió que ese país iniciara contactos significativos con Occidente, Estados Unidos en particular. Pudimos darnos cuenta de que toda la población ya comía, luego de años de inundaciones y sequías con terribles hambrunas. El país estaba prácticamente unificado después de las humillaciones impuestas por potencias extranjeras y de la guerra civil. Nos sorprendió el inmenso agradecimiento de las gentes al presidente Mao y el exagerado culto que se le profesaba a su personalidad. También pudimos percibir los estragos de la Revolución Cultural que apenas culminaba.
Hoy las cosas son bien distintas, a juzgar por lo que leo y lo que me cuentan amigos que han visitado el país recientemente. Se aplica la denominada economía social de mercado, cuya consecuencia es la apertura a las relaciones comerciales con muchos países, a la inversión y fábricas del exterior, a algún grado de iniciativa privada y a un menor control económico del Estado central, pero sin ninguna apertura política. Todo ello ha conducido a unas espectaculares cifras de crecimiento económico, como bien señalas, a la vez que ha dado origen a otros problemas como los relacionados con el ambiente y el aumento de la desigualdad, cuando antes China era uno de los países más igualitarios del mundo. Aunque debe reconocerse una significativa reducción de la pobreza. Solo el tiempo dirá si aquella apertura podrá conducir a la implantación de una democracia al estilo occidental, pero por el momento el partido comunista está completamente al control y es muy poco tolerante con la crítica, la disidencia y los reclamos por una mayor libertad.
-Entiendo que tuviste oportunidad de presenciar unas cirugías con anestesia acupuntural…
En efecto, durante un día libre del certamen deportivo, varios visitantes solicitamos presenciar algunas de dichas cirugías, a lo cual los anfitriones contestaron de inmediato con una invitación al Hospital Central de Pekín. Pudimos presenciar intervenciones relacionadas con el apéndice, los meniscos y el bocio, las tres con pocas agujas insertadas a pacientes que se encontraban despiertos y conversaban con nosotros durante sus respectivas operaciones. Nos informaron posteriormente durante una conversación alrededor del té, algo que ocurre siempre antes y después de cualquier visita, que no todo paciente es apto para anestesia acupuntural y que la misma exige preparación. Pero también fue interesante observar el choque de culturas cuando un médico argentino insistía ante el médico jefe del hospital que le explicara, a la manera de Occidente, en forma científica, cómo era posible el efecto de las agujas. Éste, con gran paciencia, se aproximaba al asunto desde su concepción tradicional de la medicina china, sin ningún éxito ante aquél. Al salir de la reunión, me pregunta el tenismesista argentino cómo me había parecido esa brujería. Imposible mayor ignorancia ante los hechos contundentes que acabábamos de presenciar. Por supuesto que se ha estudiado en forma científica la anestesia acupuntural, especialmente en países desarrollados, pero uno debe respetar otras concepciones del mundo, otro tipo de sabiduría, milenaria, muy en particular cuando se ha observado que ellas funcionaron en la práctica.
-Si te correspondiera asumir, por ejemplo, el Ministerio de Educación en Colombia, qué retos formularías para rescatar formulaciones que han quedado a comienzo de camino como las de los Radicales del siglo XIX y de la «República Liberal» en el XX, además de las formulaciones quedadas en el tintero de la «Misión de los diez sabios», de mediados de los 90, del siglo pasado, además de los retos personales, en la propia comprensión de los problemas que adviertes en la sociedad colombiana, que pudieran ser afrontados con más y mejor educación?
Nunca había pensado en ello. Pero para iniciar el ejercicio, es indispensable una educación laica, ahora que la Constitución Política ha definido con claridad la separación entre la Iglesia y el Estado. No es justo que los padres o el Estado impongan a un niño determinado credo o determinada doctrina; ello debería corresponder a una decisión libre del joven cuando esté en capacidad intelectual de aceptar o no aceptar. Ahora bien, creo que todos estamos de acuerdo en la necesidad de una formación responsable que se apoye en valores éticos. Mi propuesta sería unirnos al proyecto que encabeza Hans Küng sobre una ética mundial. Ante la crisis moral que recorre el mundo, este trascendental proyecto considera que creyentes de todas las religiones y no creyentes, a pesar de sus diferencias, pueden compartir y poner en práctica un conjunto de valores básicos con el fin de construir un mejor futuro para el planeta y para la especie. Es imprescindible la promoción de una ética común, una ética civil, para enfrentar los desafueros globales de un capitalismo desalmado, puestos bien de presente por la actual crisis financiera internacional, y para enfrentar con decisión la corrupción oficial y privada que hoy escandaliza a los ciudadanos de nuestro país.
De otra parte, aunque suene increíble dado el tiempo transcurrido, sería del caso promover los valores de la Ilustración, de modo que adquieran plena vigencia en Colombia. Es conveniente sustituir los currículos enciclopédicos con pocos temas bien vistos y en profundidad para desarrollar, más que la memoria, la capacidad de aprender y de transferir métodos de análisis y de trabajo a otros campos gracias al esfuerzo personal y mediante una actividad a lo largo de toda la vida. En el proceso de enseñanza aprendizaje se requiere un cambio en la función tradicional del profesor pues ya es impropio verlo como único depositario de un conocimiento que se transmite al estudiante y que éste debe recibir, así sea sin asimilar, para luego repetirlo con el fin de obtener una buena evaluación. Aunque la exposición magistral sigue siendo un buen recurso ocasional, el docente debe convertirse en un guía, un animador, un catalizador para que el estudiante avance en su propio descubrimiento y conocimiento, aprenda colectivamente con sus compañeros, desarrolle su autonomía para aprender a pensar por sí mismo y a enfrentarse a situaciones nuevas, adquiera familiaridad con el trabajo en equipo y desarrolle la capacidad de argumentar y discutir sin pelear. Las nuevas tecnologías de la información pueden potenciar la labor del profesor y facilitar la labor personal de los estudiantes. Y es fundamental que la sociedad considere al maestro como un protagonista de primer orden, se preocupe por su capacitación y le reconozca moral y materialmente la trascendental tarea que está llamado a cumplir.
-¿Podrías concebir la Educación en los distintos niveles con mayor fortaleza en artes y humanidades? ¿Qué hacer?
Es fundamental oponerse a la actual tendencia de un cierto mercado educativo a disminuir el peso académico de las artes y las humanidades por considerarlas no rentables. Como mucho se ha hablado del rezago de los valores espirituales frente al avance científico técnico, cabe preguntarse hasta qué punto un fortalecimiento de las artes y las humanidades, en todas las carreras, nos ayudará a orientar una técnica, con frecuencia ciega, al servicio de los más débiles y desvalidos. Para mí ha sido una referencia lo que bellamente a este respecto dice C. P. Snow en su famosa conferencia «Las dos culturas y la revolución científica». La defensa de las artes y las humanidades nos corresponde en particular a quienes estamos en los campos científicos y técnicos. En mi conferencia de hoy, cuando hablaba de ciertas lecciones que encierra la historia de la ingeniería, señalaba cómo la universidad debe propiciar un acercamiento de científicos y técnicos, de una parte, y artistas y humanistas, de la otra, pues los dos ámbitos constituyen visiones complementarias del mundo, y ambos son fuente de conocimiento y de crítica. Además, cualquier problema o proyecto de envergadura requiere el encuentro interdisciplinario, las múltiples miradas desde las dos dimensiones mencionadas. Algún reconocido científico de Estados Unidos decía que había aprendido a pensar críticamente, a analizar en profundidad y a escribir con claridad en los cursos universitarios de humanidades, no en los cursos de ciencias. No olvidemos que el ser humano es una unidad que no puede desintegrarse, como lo suele hacer la educación, en compartimientos estancos. La obra de Edgar Morin constituye una referencia clave a este respecto.
-En tu calidad de estudioso perseverante y lector asiduo que eres, cómo adviertes el futuro del libro impreso y de las bibliotecas tradicionales?
Pienso que los libros digitales no acabaran con los libros tradicionales, más bien veo aquellos como un complemento de éstos. Es una ventaja tener miles de libros en el bolsillo y llevarlos a cualquier parte, amén de que los dispositivos permiten una cómoda lectura, para no hablar de lo que significa para personas con dificultades visuales que el aparato electrónico lea en voz alta el texto. Con el tiempo, esos nuevos recursos van a democratizar el conocimiento. Como los muchachos hoy casi no leen, pero se desenvuelven con destreza en el mundo digital, habría que aprovechar los diferentes medios que permiten leer libros digitales para inducirlos a la lectura. Pero nada puede sustituir el placer de sostener y pasar las páginas de un buen libro, disfrutar de sus ilustraciones, sentir su textura y hasta su olor. Con respecto a las bibliotecas, su papel está cambiando radicalmente en razón de lo anterior, de la existencia de las bases de datos, de artículos, revistas y libros que aparecen prontamente en la red y de los usuarios remotos. Ahora las bibliotecas, al igual que los museos, deben mantener su tarea tradicional pero es fundamental que además se conviertan en centros de difusión e irradiación de cultura, de modo que con una amplia programación de conferencias, conciertos, teatro, lecturas, mesas redondas, cine… vuelvan a atraer a los muchos visitantes de antaño.
La personalidad de Darío Valencia tiene tanto de ancho como de largo en la noción más prístina de Cultura, con ejercicio profesional en sus campos de la ingeniería, la ciencia, la docencia y administración universitarias, o públicas, el deporte y en diversas vertientes del humanismo, con la música en lugar de privilegio. Queda aquí un testimonio de su trajinar intelectual en un mundo de complejidades, con problemas que bullen, pero con el sosiego del Arte como espacio para albergar opciones afortunadas de vida.

Darío Valencia-Restrepo firma el libro de visitantes (Biblioteca CER-UN; 13.V.2011)