«José-Félix Fuenmayor: entre la tradición y la vanguardia» (Reseña de libro de Albio Martínez-Simanca)

En este acercamiento en primer plano que Martínez-Simanca hace a la parábola vital y literaria de Fuenmayor-Palacio, no descuida los detalles del entorno integral en que este gravita y por ello la obra es también un fresco afortunado sobre las décadas finales del Siglo XIX y las décadas iniciales del Siglo XX en Barranquilla. Nos ilustra sobre la particular situación que se respira en la ciudad. Nos dibuja con claro pincel la naciente urbe en que el biografiado vive. Nos habla de una ciudad que hierve entre el creciente comercio, la naciente industria, el floreciente periodismo y la búsqueda de una cultura que deje atrás la praxis y la economía de pueblo grande para instituirse como centro urbano en que los negocios, el desarrollo y un nuevo aliento en todos los órdenes solidifiquen un nuevo centro de la riqueza nacional. Pero no oculta tampoco las confrontaciones de carácter ideológico que se dan en el trasfondo ni las consecuencias de las guerras civiles que se cuecen y se libran en el suelo nacional. Nos pone al tanto de los conflictos sociales y políticos del momento y que eran tan delicados que, a los trece años, Fuenmayor Palacio fungió de estafeta del bando liberal, recibió entrenamiento militar, aprendió a manejar el fusil Mannlincher y fue apresado. Y nos muestra el origen y el decorado de las tertulias que se desarrollaron en La Arenosa durante el año 1903 y años subsiguientes: descubre que los atronadores cañones de la Guerra de los Mil Días no pudieron acallar el palpito de la palabra poética ni el universo de los sueños que contrarían los zarpazos de la muerte y de la crueldad.
El recorrido que hace Albio Martínez por la vida y obra de Fuenmayor es altamente completo. Una de las dificultades con la que se encontró en la investigación, según sus palabras, fueron los seudónimos que utilizó el biografiado y que no fueron fáciles de identificar, pero gracias a su tesón, ahora sabemos que el gran escritor barranquillero usó los seudónimos de Albert Du Roi, Luis de Baviera, Monago, Ciro Mota y Gómez Jarab; que transitó por las páginas de los periódicos Rigoletto, El Repórter, Guante Blanco, El Liberal y el Diario del Comercio y que sus textos aparecieron con gran distinción en la Revista Mundial y en la Revista Voces. Que siendo muy joven, se preocupó por su generación, por la formación y por el futuro de los hombres y mujeres que no podrían realizarse en un clima de muerte y desolación. Que aunque padeció de agarofobia cuando traspasado su cuarta década vital, no se cerró al mundo, antes por el contrario abrió sus luces hacia él y bebió de las que el mundo a él le regalaba, y a partir de allí adquirió mayor solvencia intelectual, espiritual y técnica para fraguar sus artículos periodísticos y sus obras literarias.
Fuenmayor fue un hombre con su formación política y literaria sirvió de apoyo para todos los proyectos culturales que se llevaron a efecto en Barranquilla entre 1903 y pocos años antes de su muerte acaecida el 30 de agosto de 1966, lo que convirtió en paradigma para escritores como Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio y otros del llamado Grupo de Barranquilla. Aunque estuvo centrado en su ciudad natal no descuidó nunca la lectura de los poetas y escritores que en el mundo hacían la diferencia y que ponían la sal y la pimienta para una nueva forma de concebir el acto creativo. Por eso, conoció a Faulkner, a Poe, a Stoker, a Anataole France y muchos más. Albio nos muestra a un José-Félix que no se encajona aunque se limite por cierto tiempo a vivir entre cuatro paredes. Es un hombre que vive y que piensa in extenso. Esto lo conduce a romper viejos moldes estéticos, a proponer nuevas vetas para el trabajo creador, aún a riesgo de ser incomprendido y a veces vapuleado, aunque siempre admirado.
Esto nos lleva al núcleo de la propuesta que hace Martínez-Simanca en torno a un José-Félix Fuenmayor que debe moverse entre las aguas de la tradición y las de la vanguardia. Se nos plantea el dilema que debe afrontar, los pasos que da en una u otra dirección. Para comprender mejor esto, es necesario precisar el sentido que dichos términos tienen globalmente y la significación desde la que Fuenmayor les rinde tributo.
La tradición tiene que ver con lo que se nos ha legado. La tradición nos lega y nos liga a unos principios, a unas costumbres, a unos patrones culturales que nos llegan desde lo que nos ha precedido. La tradición conduce a deificar y venerar los ritos y usanzas que nos han llegado desde los padres. Se nos enseña que la tradición nos identifica, que palpita en nuestra idiosincrasia y en lo más hondo de nuestro ser. Por otra parte, la vanguardia implica ruptura con el ayer, una toma de posición que agencia nuevas prácticas culturales, políticas, económicas y de todo orden. Se confronta con lo canonizado y aceptado. La innovación está al orden del día. Lo experimental cobra vigencia. No se aceptan las trabas para la creación. El artista debe hacer uso de la libertad y debe batir alas para proyectarse a nuevas y más variadas latitudes de la poiesis. Los nichos deben ser hurgados, removidos. Los dogmas deben ser revaluados, las murallas escindidas. Se desordenan los parámetros para la creación artística, hasta el desgreño vale si se sabe proyectar. Lo asimétrico se presenta dotado de belleza, las perspectivas pueden alterarse, lo neutro puede ser cromado y cremado.
Albio Martínez consigue mostrarnos a través de su libro, la manera en que José-Félix Fuenmayor se sumerge y emerge de estas aguas: Cuando comparte con los miembros de La Gruta Simbólica, cuando publica versos rimados, con métrica, vocabulario y motivos romántico-modernistas, Fuenmayor no puede sustraerse de la tradición; tampoco cuando no se sacude completamente de elementos preceptivos propios de los cánones estéticos de fines del Siglo XIX y de comienzos del Siglo XX. Pero se convierte en vanguardista cuando reinventa los personajes en contra de las corrientes literarias de la época y plantea su propuesta de utilización de antihéroes carnavalescos, es entonces cuando irrumpe en el panorama nacional con la carnavalización en sus obras «Cosme» (1927), «Una triste aventura de catorce sabios» (1928) y en los siguientes cuentos del volumen «La muerte en la calle» (1967).
Recordemos que en la teoría de la carnavalización como efecto literario, Mijail Bajtin plantea la aniquilación de las distancias del orden económico, social, cronológico, familiar o del grado de amistad entre las personas. El carnaval iguala a los individuos, en oposición a los niveles jerárquicos impuestos por la cotidianidad. El carnaval propicia que el individuo se libere y pueda hacer uso de su excentricidad: acaba con las emociones reprimidas, no teme romper los moldes de las buenas costumbres, es decir, ir contra la tradición. El carnaval acerca y quita las grandes barreras entre los valores, las ideas, los fenómenos y las cosas pertenecientes a los diferentes sectores societarios, entre lo concebido como bueno o malo se eliminan ciertas fronteras convencionales. Por este camino, el carnaval llega al profanamiento. La tradición es burlada, ignorada. Lo sacro es blasfemado.
Lo carnavalesco irrumpe por todos los ámbitos de las narraciones de Fuenmayor Palacio e incluso en algunos de sus poemas: «Y parecían tus dedos, con triste desenfado/vagando por la nítida blancura del teclado,/ un grupo de esquimales corriendo por la nieve» (poema «Escarcha»)
Y en el poema titulado «Musa del trópico» que da nombre al poemario homónimo, hallamos también cierta expresión carnavalesca:
«Sobre un barranco resbaladizo /sestea un rudo caimán, las anchas/fauces abiertas…»
E igual en uno de los poemas que publicara en la Revista Voces:
«Las /puras aguas de su ensenada rumorosa/ salpicadas con leves rizaduras,/ trazan multicolores arabescos/transparentando el caprichoso fondo/ por los cristales de sus senos frescos…»
«Nutridos batallones de palmeras/ filtran el sol ardiente de los Trópicos/ por sus desfilachadas cabelleras»
En «Cosme», el carnaval irrumpe, como lo predica Albio, con la presencia augusta de los antihéroes. Barba Jacob, el gran bardo, que lee esta novela sospecha de las intenciones satíricas y burlescas del autor y escribe sobre su título. «Tiene este nombre vulgar, gris, desprovisto de todo poder de aguda sugerencia: Cosme. Nombre que es en su misma opacidad, un artificio y un símbolo…» Pero el mismo Barba que observa lo innovador, descubre también en este libro la presencia de lo tradicional y agrega más adelante que el fondo trágico o lúgubre de dicha historia es de todos los tiempos y de todas las latitudes, pero que «el procedimiento literario responde más a las normas de hace treinta años que a las imposiciones del uso actual». Martínez-Simanca afirma: «La novela Cosme despertó una polvareda en el mundo literario nacional, ya que rompió con el esquema tradicional que este género traía, en cuanto tiene que ver con la exaltación del héroe.»
En «Una aventura de catorce sabios», halla Martínez-Simanca no sólo la presencia de lo carnavalesco, de lo funambulesco, sino también las raíces de la que luego llegaría a ser la narrativa de ciencia ficción de nuestro país que, con René Rebetez y Antonio Mora Vélez lograría desarrollar aristas diferentes. Y en Muerte en la calle hasta nos señala diálogos de la más pura catadura cantiflesca, es decir, carnavalesca.
«José-Félix Fuenmayor: entre la tradición y la vanguardia» es un texto magnífico, que orienta con claridad y autoridad en el conocimiento de la vida y obra del inmortal personaje, de la época que lo antecedió en su nativa Barranquilla y de la época en que le tocó vivir, de su incuestionable y cada vez más estimable aporte al desarrollo y refulgencia de las letras nacionales. Hay que agradecer con creces a Don Albio Martínez por este juicioso y equilibrado trabajo que presenta mayores razones para que rindamos tributo de admiración al autor de Musa del Trópico, Cosme, Una aventura de catorce sabios, Muerte en la calle y de cientos de artículos y notas periodísticos de moderna y eficaz factura. Porque Fuenmayor Palacio fue un esteta y un humanista integral, por lo que no se equivoca Francisco Soler cuando dice de él que «su riqueza literaria se puede encontrar en el estilo propio y en la perspectiva renovada que desarrolló», al igual que lo hicieron Jorge Zalamea, Hernando Téllez, Manuel Mejía Vallejo, Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez. Claro está, como diría el maestro Héctor Rojas Herazo, sin olvidar ni negar las necesarias influencias.
Bibliografía
BAJTIN, Mijail. Problemas de la poética de Doestoiesky. Fondo de Cultura Económica, México 1986.
HUERTA CALVO, Javier. Formas carnavalescas en el arte y la literatura. Ediciones SER-BAL, Barcelona 1989.
MARTÍNEZ-SIMANCA, Albio. José-Félix Fuenmayor. Entre la tradición y la vanguardia. Ed. Observatorio del Caribe Colombiano, Bogotá, Mayo 2011.
SOLER , Francisco , et al. Cuentos de la calle. Ed. Norma, Bogotá 2007.
_________________________, A propósito de cuentos de la calle. Ed. Norma, Bogotá, 2007.