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El mayo francés de 1968 – 1

Traducción del francés:
Norma Velásquez-Garcés

¿Por qué al aniversario de mayo 1968 se le ha dado tanta relevancia?

¿Por qué los medios le han dado tanta importancia, mientras que el sesquicentenario de una “verdadera revolución”, como la de 1848, fue completamente olvidado? Intentaré responder a esta pregunta.

Hace treinta años, en el verano de 1968, cuando el fuego de mayo no era ya más que cenizas, había llegado a ser de buen tono reír, al menos en la “mayoría silenciosa”, de esta revolución de risa. Yo no era de esa opinión y algunos se asombraron de que le diera tanta importancia, en mi Carta abierta a los hombres de izquierda, a los acontecimientos de Mayo. Pero compartía la opinión de mi maestro y amigo Bertrand de Jouvenel: estos “días sin mañana” no serán “sin futuro”.

En la primavera de 1968, Francia, repitámoslo, se aburría. La guerra de Argelia estaba lejos. A finales de 1965, el general de Gaulle fue reelegido, por escaso margen, presidente de la República. La izquierda se reconcilia con el partido comunista y encuentra un jefe, osado e inquietante, François Mitterrand, quien obtuvo 45% de los votos, en la segunda vuelta de la elección presidencial. Sin atreverme demasiado a decirlo, la izquierda comienza a acomodarse en el seno del régimen, para terminar por apoderarse del poder de la manera más legal del mundo.

¿Entramos mucho después de Estados Unidos, en la era de las sociedades industriales de consumo? Si no existiera otro problema que el de la repartición de las riquezas, la política, en el sentido antiguo y hegemónico de la palabra, debería languidecer. Al convertirse en una “sociedad industrial avanzada”, en el sentido en que la entienden Aron, Burham y Marcuse, Francia pasaría insensiblemente “de la lucha de clases a la satisfacción belicosa” y adoptaría poco a poco los rasgos del capitalismo estadounidense.

Los fermentos de rebelión y de insumisión subsisten sólo en los “guetos” universitarios: alumnos encerrados en sus universidades, por lo tanto, aislados de la sociedad, sin preocupaciones materiales, sometidos a influencias ideológicas negativas y de profesores contestatarios, pero libres y sin ataduras, llevan a millares de estudiantes, revolucionarios idealistas, a esperar el momento de levantar la antorcha de la revolución y llevarla hacia el edificio, que al juzgarlo desde la fachada universitaria y parisina, no alcanza a la edificación misma que va a revelarse trágicamente estable: la sociedad francesa.

Al principio, la “Bastilla” es fácil de tomar: una Universidad orgullosa y esclerótica, visiblemente inadaptada a las necesidades de una sociedad moderna. En Mayo, la rebelión arde en la Sorbona, se extiende a la provincia y, como una bola de nieve, a todo el cuerpo social. Pero esta rebelión es “espontánea”. No fue concebida, ni preparada. No tuvo jefe ni doctrina. ¿Es la hora de la izquierda?: ¿mayo 1968 va a anular mayo 1958? Ahora bien, la izquierda no existe: es la revelación sorprendente de este mes.

El P. C. (partido comunista) se considera como un partido de gobierno; los intereses de la clase obrera, aquellos de una estrategia mundial, predominan sobre las votos de los estudiantes. Lo contrario, “sería creer que con una pequeña minoría puede hacerse la revolución”. El partido sabe cual es el peso real de las fuerzas en cuestión, y, sobre todo, sabe de la solidez de la burguesía.

El P. S. U. (el partido socialista universitario) quisiera tomarse el poder; pero, al estar compuesto de intelectuales, de funcionarios, de universitarios, de cristianos o de curas de izquierda, carece de una base popular.

Del apacible desfile del primero mayo de 1968 al éxodo masivo del puente de Pentecostés, el pueblo de París va a vivir en un mes la epopeya folclórica de las revoluciones del siglo XIX. Pero el fervor revolucionario se perderá rápido. De la conjunción de la violencia, del desorden y de la fiesta nacerá una Chambre introuvable2, surgida de las urnas a favor de una increíble sorpresa.

Escuchemos, primero que todo, a Daniel Cohn-Bendit. “Poner en tela de juicio a la Universidad…no es un sentimiento de inadaptación de la enseñanza a un futuro próximo, ni siquiera el problema de los profesionales egresados, sino el rechazo de la sociedad burocrática jerarquizada… Es en eso que el movimiento estudiantil es revolucionario y no universitario. Este movimiento no rechaza las reformas, al contrario, su acción las provoca…, pero él intenta, más allá de las satisfacciones inmediatas, elaborar una estrategia que permita el cambio radical de la sociedad”.

La rebelión estudiantil había buscado durante largo tiempo un pretexto. En Nanterre, fue la libertad sexual.

El Vietnam era cosa seria. Pero no bastaba desfilar sobre las calles de París aclamando “la lucha heroica del pueblo vietnamita” para hacer retroceder a los Estados Unidos3.

Además, esto no incomodaba mucho a de Gaulle, puesto que el general estaba contra la guerra y había dado a conocer su opinión a este respecto.

Ahora bien, los estudiantes estaban contra “el poder gaullista”, no porque fuera gaullista, como sucedía con la oposición de la izquierda política, sino porque de Gaulle era el poder, un poder fuerte, al menos en el plano del verbo y de la doctrina; los estudiantes veían en ese régimen “la expresión flagrante y perfecta del autoritarismo profundo de la Sociedad francesa”. Las “carencias de esta Sociedad, su defecto profundo cuyo sentido era completamente superficial y frívolo y la falta de una verdadera comunicación” eran considerados como un escándalo. Esta clase de sociedad debía ser destruida.

Los estudiantes habían descubierto esta verdad de Perogrullo: los revolucionarios son gente que no tienen ningún proyecto. “A partir del momento en el que usted tenga un proyecto de sociedad para sustituir el existente, usted es, en el sentido estricto de la palabra, un simple reformista. Por el contrario, si usted acomete contra las estructuras diciendo que a continuación se harán o se inventarán durante el desarrollo del movimiento mismo unas nuevas, entonces usted es un revolucionario”.

Mientras que la rebelión se toma el poder de las universidades y de las calles, la sociedad permanece. Pero los estudiantes tomaban una exultante revancha. Por fin, ¡el Espíritu triunfaba sobre la Bestia! Por lo menos, Combat con Maurice Clavel a la cabeza, debía, con que lirismo, desarrollar este punto de vista. El ciclo manifestaciones-represiones-barricadas-granadas lacrimógenas, alimentó todo el mes de mayo, alentó la dialéctica de la contestación. Sin este enfrentamiento cotidiano, la rebelión se habría malogrado o tomado otros caminos.

La violencia es el signo concreto de la rebelión. Las paredes se cubren de grafitos, los adoquines vuelan, los árboles caen, las barricadas se levantan, los automóviles son incendiados, la Bolsa arde…tantos gestos que son a la vez perspectiva y conducta, símbolo y materia, ser y hacer.

Pero la destrucción debe prolongar la violencia, para así inscribirla en la realidad social. Al derribar la columna Vendôme, al quemar el Hotel de Ville4 , la Cour de Comptes5, el palacio de la Legión de Honor, los partidarios de la Comuna de 1871 infligieron a la sociedad burguesa las sangrientas cicatrices de la guerra civil.

Pero la destrucción es siempre, en definitiva, una confesión de impotencia: la destrucción no reemplaza la política.

En teoría, la violencia de mayo corresponde a una estrategia: la estrategia de la contestación, que “puede ser para Francia lo que fue la guerrilla para Cuba o “la larga marcha” para China”. Se trataba de imponer la violencia al enemigo de clase, la burguesía. Si esta última rehusaba responder y utilizaba a su vez la violencia, ella se confesaba vencida y debía someterse. Pero si esa burguesía intentaba defenderse, entonces estaba condenada en virtud de sus propios principios.

“Contra la revolución cultural, porque ella se encierra en un lenguaje y en una práctica política desarmada por la historia, la burguesía se revela culturalmente agotada y no puede recurrir sino a la violencia física: C.R.S.6 , la policía, expulsiones, golpes de bolillos… La burguesía es entonces responsable de las situaciones violentas, puesto que es ella la que, por carencia de palabras liberadoras, la desencadena”. Pero hay contradicciones en los términos: o bien el Estado burgués abdica, lo que se creyó durante quince días, o bien Él decide defenderse, y fue lo que sucedió el 30 de mayo. En 1968, habida cuenta de las fuerzas en conflicto, la revolución no podía ser victoriosa, a menos que se diera una dimisión del Gobierno.

Parece que los teóricos del “poder estudiantil” se dejaron embriagar por falsas analogías: con Cuba, con la China. Ahora bien, en Cuba fue la guerrilla, la lucha armada que tuvo toda la razón para enfrentarse a Batista. Mientras que en China, la revolución cultural no precede sino que sigue la toma del poder. Es una ilusión creer que basta apoderarse de la palabra para adueñarse del Estado.

Pero se había “tomado la palabra”, como otros se habían tomado la Bastilla.

¡Liberad la expresión! Este eslogan resume todos los otros.

Sobre todas las paredes se crea el drama:

¡Cuando el último sociólogo sea estrangulado con las tripas del último burócrata, los estudiantes serán por fin libres!

¡No más profesores! El conocimiento debe ser libre. No trabajes nunca: ESPONTANEIDAD = CREATIVIDAD.

Las siguientes declaraciones perentorias son más poéticas que políticas:

La barricada cierra la calle pero abre el camino.

¡La sociedad es una flor carnívora!

Inventar, es tomar el poder del futuro.

¡Viva la comunicación! Abajo la tele-comunicación.

En su efervescencia imaginativa, estos grafitos recuerdan los bellos días del surrealismo.

Eluard, Breton, Desnos habrían podido exclamar:

Se debe explorar sistemáticamente el azar.

Tomad vuestros deseos como realidades.

¡Corre, camarada, el viejo mundo está detrás de tí!

¡Disfrutad con los adoquines!, pudo ser una divisa de Benjamín Péret.

Pero se leía también esta frase a lo Saint-Just: ¡Jóvenes, cesad de alienar a los hombres! ¡Ofreceos a la revolución!

Esta palabra tomada, o retomada, no fue la expresión de un pensamiento nuevo, sino más bien una palabra prestada, forzada, a veces repetida como un ventrílocuo; más cerca de la comedia que del drama, más próxima del sueño que de la realidad.

De ahí estos eslogan: ¡Dejemos el miedo del comunismo a los animales cornudos” (En las paredes de Bellas Artes).

¡Dios, yo sospecho que tú eres un intelectual de izquierda! (Liceo Condorcet).
¡Yo soy marxista, tendencia Groucho! (C. 20, Nanterre).

Otros, mas amargos:

Miraos, estáis tristes (En la Sorbona).

¡Oh! Verdaderamente la naturaleza es una madrasta. (Etats généraux du cinéma)7 .

O simplemente desencantados:

¡No vayas a Grecia en este verano, quédate en la Sorbona! (En la Sorbona). El consejo no fue seguido.

Y para terminar, como un tañido fúnebre:

Yo sueño con ser un idiota feliz (Anfiteatro de música, Nanterre).

La fiesta había terminado, pero había habido fiesta: la ilusión de la Palabra liberada.

El infortunio de los estudiantes contestatarios fue el de haber desconocido sus limitaciones. Un profesor de la facultad de Ciencias de Lille, M. Jean Savard, no se equivocó al decirles: “Ustedes todos, aun los más pobres de entre ustedes, son unos privilegiados, pues tienen la suerte de escapar de la condición proletaria o de la de los mensajeros. Sus camaradas de la fábrica en verdad no lo son ya, e incluso ustedes deben admitir que los obreros nunca han sido sus camaradas. Que la sociedad sea capitalista o socialista carece de importancia, porque es gracias a las subvenciones de aquella que ustedes pueden estudiar. El joven obrero, que sufre en la cantera…, paga impuestos para que ustedes lleguen a ser sus superiores jerárquicos…Ustedes habrían sido escuchados mucho más si sus representantes hubieran dicho: ‘nosotros hemos tenido suerte’, en lugar de decir: ‘nosotros tenemos derechos’.

Y más fuertemente, Jacques Monod: “Yo confieso que todavía no he llegado a comprender como los jóvenes que se creen marxistas… llegan a confundir la Francia de 1968 con América Latina, con China o con la Rusia de 1917”.

Sartre habría enviado a los estudiantes, sin preocuparse mucho, a la masacre, listo para firmar, el momento llegado, un manifiesto muy condolido. El P. C. “no quería desencadenar una guerra civil que habría desembocado en una dictadura militar y que después de una represión militar peor que la de la Comuna de París, habría hecho retroceder el movimiento obrero, en Francia, 20 o 30 años”.

René Andrieu concluyó: “En un país como Francia no llegaremos a la revolución solamente con elecciones, pero tampoco llegaremos contra las elecciones, contra el sufragio universal. Para esto, se necesita un amplio consenso de la población”.

Finalmente, delante de la división de los adversarios, frente a los estudiantes fatigados, a pesar de todos los Libros negros, no se derramó una gota de sangre en las barricadas, el poder se rehizo.

Después de un mes de indecisión, de Gaulle reacciona como todo un estratega, y de un solo golpe impone el orden. El 30 de mayo fue su victoria del Marne.

En unas pocas horas, la pesadilla de un mes se disipa como por encantamiento. Yo estaba en el desfile gaullista; la sorpresa más grande fue encontrarla tan numerosa. Había de todo: funcionarios y ministros, estudiantes y contables, valientes jóvenes del vigésimo distrito y elegantes muchachas del decimosexto distrito, obreros, ¡pero sí, obreros!, y cocineros. Lo que más me emocionó fue ver las fortalezas burguesas de los Campos Elíseos, se abucheaba Le Figaro, y el acudir de las personas humildes a la manifestación. En la tarde, la campaña electoral era un hecho, con los solos pliegues de la bandera tricolor, sin ideas, sin programa, sin organización.

¿Mayo 1968 había sido pues una simple llamarada?

Cohn-Bendit había dicho: “La revolución que comienza pondrá en tela de juicio no sólo la sociedad capitalista, sino toda la civilización industrial. La sociedad de consumo debe perecer de muerte violenta. La sociedad de la alienación debe perecer de muerta violenta. Nosotros queremos un mundo nuevo y original. Nosotros rechazamos un mundo en el cual a la certidumbre de no morir de hambre se le agrega el riesgo de morir de tedio”.

Pero él es hoy alcalde-adjunto de Francfort y diputado europeo.

Es verdad que él había dicho también: “Nosotros no hacemos la revolución para nuestros hijos, ese sacrificio sería contrarrevolucionario”….

“Lector…vístete, pues yo espero que tu hayas leído estas páginas, y ve a cine. Mira el melancólico tedio de este espectáculo, que, generalmente, te excluye… Después, en el minuto en que la primera publicidad aparece sobre la pantalla, compra tomates y obra… Rechaza todo. Luego sale a la calle, rompe los afiches publicitarios para encontrar finalmente la expresión política de las jornadas de mayo-junio. Luego, piensa: lo esencial no ha sido dicho, pues falta inventar. Entonces, obra. Encuentra nuevas relaciones con tu amiga, ama de otra forma, rechaza la familia. Obra no para los otros sino con los otros, es por ti que tú haces la revolución, aquí y ahora”.

Este lenguaje fue comprendido. Mayo 1968, de rebote, afectó gravemente la familia, al permitir el reconocimiento de las minorías sexuales y el triunfo del individuo sobre la sociedad.

Los hechos son obstinados: en 1968 como tampoco en 1817, París no pudo imponerse sobre la provincia, y tampoco pudieron los estudiantes incorporar los obreros a su movimiento. La revolución victoriosa en las palabras no pudo contra la Quinta República, siempre de pié, treinta años más tarde. Quedaron afiches, poemas, eslogan, a menudo contradictorios:

“Lo trágico es el horizonte de la fiesta”.

“Violencia-Orgasmo- Liberación”.

“Mientras que los museos no sean gratuitos, la cultura será burguesa”.

“Proletario, suprímete, conviértete en un verdadero trabajador”.

Los izquierdistas continuaron su larga marcha hacia el pueblo. Mao era su dios, fue la época de los “Mao-Spontex”8 , pero la revolución pasó de la política a las costumbres, las que realmente sí cambiaron. “Prohibido prohibir” dio razón del conservatismo social y moral. Feminismo, apoyo a la homosexualidad, promoción de la ecología, irrupción de la droga en el liceo, impugnación del matrimonio, familias compuestas por un padre o una madre o reorganizadas, todo eso procede de Mayo 1968.

La “religión del Progreso” fue hecha trizas. La publicidad se convierte en reina. Los medios de comunicación tomaron el lugar de las Iglesias.

Después de la fiesta, los rebeldes de Mayo se convierten en lideres de la sociedad de consumo.

“Los agitadores de ayer, puede decirse, pasaron de las barricadas al “Botín mondain”9.

Lo que menos cambio, al menos en Francia, fue la política. Mayo 1968 permitió a la izquierda recuperarse.

1967: La mayoría gaullista no tiene sino un escaño de ventaja,

1968: Elección de una “Chambre introuvable”10. Esto no podía durar.

Un año más tarde: el general de Gaulle, derrotado por las coaliciones de los partidos, abandona el poder, dejándole el terreno libre a George Pompidou, luego a Giscard.

Pero ya buenos obsevadores –ver la Carta abierta a los hombres de izquierda– anunciaban la resurrección de la izquierda y su regreso al poder, doce años más tarde. La alternancia, gracias a François Mitterrand, entró a las costumbres francesas; y la alternancia, como hoy la cohabitación, es lo contrario de la guerra civil.

Queda por decir, que una sociedad tiene siempre necesidad, periódicamente, de ser puesta en tela de juicio. Tal fue el aporte esencial de Mayo 196811.

1 Al celebrarse el cuadragésimo aniversario de la revolución de Mayo del 68, el director de la Revista Aleph, Carlos-Enrique Ruíz, consideró pertinente la traducción de este artículo de Pierre de Boideffre, cuyas críticas, así personalmente no las comparta, tienen tanta validez hoy como hace diez años y, sobre todo, por las cualidades intelectuales de quien fuera embajador de Francia en Colombia (N. del T.). El texto corresponde a conferencia impartida por el autor en el Auditorio de la Universidad Nacional de Colombia, Manizales 1998, a propósito de los treinta años de ese acontecimiento (N.D.).

2 Nombre dado irónicamente a la Cámara de diputados ultrarrealista, reunida en octubre de 1815 y disuelta en septiembre de 1816, la cual sancionó, con gran complacencia, leyes reaccionarias. (Cf. Nouvea petit Larousse illustré). En el texto, Chambre introuvable, hace referencia a la Cámara con mayoria gaullista que los partidarios del general de Gaulle no esperaban. Era, entonces, una Cámara inesperada. (N. del T.).

3 No olvidemos que Estados Unidos ha sido la sociedad de consumo por antonomasia y Mayo 68 fue la primera revolución contra este tipo de sociedad (N. del T.).

4 Alcaldía de París (N. del T.).

5 Entidad administrativa encargada de vigilar los asuntos financieros de los organismos públicos. Cf. el diccionario Larousse francés-español – español-francés (N. del T.).

6 Compañía Republicana de Seguridad cuyo principal papel consiste en evitar los disturbios (N.T.).

7 Asamblea de cineastas. (N. del T.).

8 Nombre dado, con burla, por los trotskistas a los maoístas a principios de 1970, quienes creían que “el sentimiento revolucionario nacía espontáneamente en las masas populares”. El vocablo Spontex, cuyo diminutivo es Spontanéiste, es la marca de un utensilio doméstico: esponja. Con dicho término, los maoístas se diferenciaban de otros partidos de extrema ezquierda. Cf. Google. (N. del T.).

9 Guía telefónica de la sociedad.

10 Véase nota 2.

11 Quiero agradecer los invaluables consejos recibidos sobre la presente traducción a Melva Patiño y a Valentina Marulanda, el haberme ayudado a desentrañar el sentido de Chambre introuvable y de “Mao-Spontex”. (N. del T.).

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Edición No. 147