Entre el autoritarismo y el estalinismo: la democracia
Estimulemos el debate
En esta décima tercera entrega de becas de la Fundación Mazda para el Arte y la Ciencia quiero apartarme de las tradicionales palabras con las que se formaliza el reconocimiento a los estudiantes de ciencias y de música. No voy, por lo tanto, a hablar hoy de los orígenes del método científico, ni de los grandes problemas que ocupan el quehacer de quienes se dedican a la investigación. Voy a hacer algunas reflexiones personales sobre temas políticos, pues estoy convencido de que las decisiones que el país tome sobre el modelo de Estado determinarán que el ambiente para la creación y difusión del conocimiento sea estimulado, o por el contrario, cercenado.
El autoritarismo, el unanimismo, el fundamentalismo no han sido, como lo muestra la historia, campos fértiles para la actividad creativa; por el contrario: la democracia, el respeto a las ideas ajenas, el respeto a la oposición, el estímulo a la controversia y a la diferencia son los escenarios que estimulan el arte y la ciencia.
Una equivocada tradición colombiana, acentuada después de la denominada “violencia”, equiparaba la controversia con la “mala educación”. Se consideraba un valor el unanimismo y se estimulaba el intercambio de ideas sólo si éstas eran coincidentes. Todavía recuerdo un aviso colocado en una cafetería en Cartago, que decía: “Se prohibe hablar de política y de religión”. Al privilegiar el consenso sobre el disenso se le iban cerrando caminos a las diferentes opciones políticas, religiosas o de vida. En medio de ese ambiente se expiden normas legales que prohiben la participación en la administración pública a quienes no pertenecieran al partido “Frente Nacional”. Se desestimula la movilización ciudadana con la excepción de la de mayo de 1957 y se asimila la protesta cívica al movimiento insurreccional. De esta forma no pocas huelgas fueron reprimidas con elevados saldos de muertos. A esto deben agregarse errores políticos que promovieron que una pequeña guerrilla liberal que podía reinsertarse se transformara en las FARC. Puede especularse cuál hubiera sido el destino del país si en lugar de bombardeos a Marquetalia se le hubiera dado a este asentamiento el mismo trato que se dio en Sumapaz a la guerrilla de Juan de la Cruz Varela: el gobierno, con la realización de algunas obras de infraestructura, promovió su reinserción y en esta zona los resultados electorales, así sean contrarios a los partidos tradicionales, se han respetado.
Con algunas excepciones el ambiente era de represión y de limitación de las libertades ciudadanas; así se formaron y crecieron las organizaciones guerrilleras. Si bien su origen político es claro, el componente militar va tomando prelación sobre el político.
El genocidio de los partidos y organizaciones políticas surgidas de los procesos de cese de hostilidades explica por qué va tomando preminencia el componente militar. Para complicar aún más el panorama, el narcotráfico, que permeó diferentes instituciones nacionales, también lo ha hecho con los grupos insurreccionales.
Mirando con una perspectiva de cuarenta años, no deja de causar asombro el que se hubiera impedido a Camilo Torres la difusión de su plataforma política, lo cual posiblemente lo condujo, en una decisión apresurada, a empuñar las armas para hacer conocer sus ideas, las cuales, por considerarse contrarias al orden establecido, eran perseguidas, y en no pocas ocasiones sus difusores encarcelados. Los principales puntos del Frente Unido requerían para su implementación solo cambios legislativos que aseguraran los derechos a las minorías étnicas, la no discriminación por género, el impuesto de renta progresivo, el control a los monopolios, la ampliación de los servicios de salud, la universalización de la educación etc. Muchos de estos planteamientos considerados subversivos en su época son hoy patrimonio jurídico del país.
Es bueno recordar estos hechos históricos pues hoy se acepta, por un sector de la población, como hipótesis elevada a nivel de dogma, que la represión y la limitación de las libertades individuales son condiciones suficientes para controlar el uso ilegítimo de las armas. Por el contrario: las políticas de mayor libertad legitiman más al Estado y le quitan apoyo al uso ilegal de las armas como mecanismo de ejercer la política.
El embrujo autoritario
Tomo prestado este subtítulo de un reciente trabajo realizado por destacados académicos, que suscitó la descalificación de muchos sectores gubernamentales. Algunos de ellos lo criticaron sin haberlo leído.
Hoy, cuando se están debatiendo y aprobando normas que vulneran los mínimos derechos políticos de los ciudadanos, es bueno precisar que esos derechos no le pertenecen a la administración para que disponga de ellos, sino que, por el contrario, son patrimonio de la sociedad democrática.
Conviene recordar que entre los derechos fundamentales del ciudadano -e irrenunciables- se destacan:
– La presunción de inocencia.
– El derecho a la libertad, la cual no puede ser coartada sin orden judicial, proveniente de una rama independiente del ejecutivo.
– La inviolabilidad de toda forma de correspondencia y el derecho a la intimidad, que solamente pueden ser restringidas por orden judicial previa.
Estos derechos han sido incorporados a la legislación de cualquier país que se considere democrático. Son anteriores a la revolución americana y a la francesa. La inquisición termina cuando se acepta como derecho básico la presunción de inocencia. Aún en épocas recordadas como autoritarias, como el reinado de Luis XIV –el rey sol, de quien se recuerda su frase, hoy evocadora “el estado soy yo”, el ordenamiento jurídico no permitía el encarcelamiento arbitrario y existía el concepto del habeas corpus.
Es sorprendente que el país haya aprobado una reforma constitucional que vulnera estos derechos fundamentales. La participación en el debate de la academia, de los medios de comunicación y de muchas organizaciones no gubernamentales fue escasa. Parecería que al ciudadano le importan más los desarrollos legales que afectan su ingreso económico que los que restringen su libertad.
La Comunidad Europea, con razón, ha levantado su voz de protesta pues esta limitación a las libertades viola los acuerdos recientes hechos con el Gobierno Colombiano en el sentido de no propiciar que la legislación vulnere derechos básicos del ciudadano.
En la lucha contra la insurrección y el terrorismo no puede aceptarse el principio de “todo vale”. Hay que preservar el derecho a la libertad del inocente; no es posible aceptar como válida la denominada doctrina “Ñungo”, un coronel de ingrata recordación que afirmaba “Es mejor un inocente preso que un culpable libre”. Se oye y se lee en relación con las capturas masivas realizadas por la Fiscalía, que algunos cínicos denominan las nuevas “pescas milagrosas”, que éstas se pueden justificar así sólo una minoría de los capturados sea culpable.
Como no evocar a Bertold Brecht cuando alertaba sobre el peligro que corre una sociedad indiferente a la injusticia ejercida contra sus conciudadanos, si éstos no pertenecen a su región, a su oficio, a su vecindario, porque pronto serán las víctimas y ya será tarde.
“Primero se llevaron a los comunistas. Pero como yo no era comunista no me importó. Después se llevaron a los judíos. Pero como yo no era judío no me importó. Ahora me llevan a mí. Pero ya es tarde”.
La sociedad debe hacer todo lo que esté a su alcance para no tener que parafrasear a Brecht así: “Primero se llevaron a los habitantes de Cartagena del Chairá, pero yo no era de allí, no me importó. Después se llevaron a los habitantes de Ovejas, pero yo no era de allí, no me importó. Después se llevaron los habitantes de Guaduas, yo no era de allí, no me importó. Después se llevaron los habitantes de Bosa, yo no vivo allí, no me importó. Ahora se llevan los habitantes de Rosales, pero ya es tarde”.
Ante la opción de vivir en un país cuyos habitantes sean todos sospechosos debe preferirse la de un país habitado por ciudadanos.
El recorte de los derechos al disfrute de la libertad y a la intimidad no conlleva mejorar los niveles de seguridad; por el contrario, como la evidencia empírica ha mostrado, ésta puede debilitarse. La seguridad se obtiene avanzando en el proceso de legitimación y aceptación del Estado por parte del ciudadano.
La política de seguridad no debe priorizar la seguridad para el Estado, por el contrario, la democracia debe privilegiar la seguridad para sus miembros.
Falso dilema
Ante la insensatez de los grupos armados ilegales, su proclividad al terrorismo y su irrespeto a los derechos humanos, cuyo fin es el de implantar una alternativa política que recuerda el corte estalinista, el gobierno no debe reaccionar presentando una propuesta autoritaria cuyo espíritu hacer recordar algunos movimientos europeos de los años treinta.
Si Alemania, ante la caótica e ingobernable República de Weimar, hubiera optado por la democracia y no por el nazismo, el mundo se hubiera ahorrado un desangre.
La defensa de la democracia no se debe hacer limitándola; por el contrario, debe hacerse con mayores niveles de libertad y tolerancia. Una consecuencia de la democracia es el monopolio de las armas en manos del estado, pero como equilibrio exige que estos deben estar subordinados al poder civil y controlados por organismos independientes del ejecutivo.
Las recientes elecciones muestran que es posible encontrar, al amparo de la constitución de 1991, espacios democráticos, que demuestran la inutilidad e injusticia de las luchas armadas. Cada vez toma más fuerza el concepto de que el tableteo de las ametralladoras no deja oír la voz de la oposición. La posibilidad de ir avanzando hacia un país más equitativo y democrático exige que se abandone el concepto de combinar el quehacer de la oposición con la lucha armada.
Ante la dicotomía: autoritarismo o estalinismo, la sociedad puede rechazar estas alternativas y optar por la democracia.
Causa temor, terror y alarma que quien ostenta la más alta autoridad del Estado manifieste que quien no avale sus tesis es cómplice del terrorismo. Estas afirmaciones podrían estimular a cualquier insensato a eliminar físicamente a los opositores, creyendo equivocadamente congraciarse con el gobernante. Como no recordar el drama de T.S. Eliot “Asesinato en la Catedral” en el cual unos áulicos caballeros asesinan al Arzobispo de Canterbury, porque éste, en palabras del rey, estaba poniendo en peligro su concepción del reino al oponerse al debilitamiento de los poderes locales. Era claro que la idea del rey no era que se asesinara a su amigo Thomas Becket, pero sus imprudentes palabras desencadenaron la tragedia.
El país no puede aceptar la polarización que quieren imponerle: autoritarismo o terrorismo. Aquí también la democracia es una mejor opción.
El terrorismo busca acabar con la democracia. La respuesta del Estado no puede conducir a una tal restricción de las libertades que al final conduzca, paradójicamente, al triunfo de las tesis de quienes se oponen a la democracia.
La legitimidad de la mayoría para ejercer el poder exige un respeto total a la oposición, así, en aras de la equidad debe ofrecerse a ésta tiempo más que proporcional en los medios de comunicación, financiación de las campañas para tratar de equilibrar el poder económico de la administración, que puede ser proclive a perpetuarse en el poder empleando como propios dineros del Estado, al confundir los intereses de la administración con los de la comunidad.
La tentación al unanimismo es difícil de detener. Empieza con un discurso del siguiente corte: si más del 80% (cualquier otra cifra es válida) nos apoya ¿por qué hemos de oír o tolerar al escaso 20%? Luego sigue estrechándose el círculo: ¿y por qué aceptar entre los que quedan, a quienes no estuvieron desde el principio con nosotros, o a quienes se atreven a no aceptar las directrices de los más cercanos a la corte? Pasa luego por unas ideas del estilo ¿para qué rodear de garantía a minorías que platean diferentes opciones sociales, políticas o sexuales?, ¿por qué aceptar a quienes hablan de país y no de patria o a quienes no usan una pulsera tricolor?
Estanislao Zuleta expresa esta idea en forma impecable: “En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo-, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo, está contra mí y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la causa absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión….”
“Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho…”.
El futuro es corregible
Con toda razón puede pensarse que el panorama presentado está cargado de ideología y pesimismo. Aceptando lo anterior como cierto, no creo que el futuro sea tan oscuro. Lo sería si la sociedad no asume los correctivos. Afortunadamente en el país se están consolidando redes sociales que buscan limitar los excesos de autoritarismo; existen, así sean rechazados por los administradores, organizaciones no gubernamentales de defensa de derechos humanos y prestigiosos centros de investigación social que poco a poco permean el concepto de democracia con equidad. La academia juega un papel relevante para prevenir los excesos que la polarización conlleva.
Si bien no hay que creer en el determinismo histórico ni en el cumplimiento de las profecías, en buena medida porque la sociedad, previendo la existencia de un futuro trágico, toma los correctivos para modificar las tendencias, es bueno mencionar un trabajo que se realizó sobre escenarios futuros de Colombia.
Hace más de seis años un grupo de investigadores sociales, políticos, empresarios, insurgentes activos o reinsertados, militares, se reunieron real y virtualmente en varias sesiones para imaginar diferentes escenarios del devenir colombiano. El trabajo se publica con el título “Destino Colombia”. Resumieron cuatro de ellos que los denominaron:
?Amanecerá y veremos
?Todos a marchar
?Más vale pájaro en mano
?La unión hace la fuerza
El escenario “Más vale pájaro en mano” muestra ciertas afinidades con las políticas de paz del gobierno anterior.
Para no fatigarlos voy a resumir el denominado “Todos a marchar”. Éste surge como la reacción de la sociedad a los abusos de la insurgencia: un líder carismático toma el poder en elecciones democráticas, se incrementa sustancialmente el gasto militar, la seguridad mejora, la economía se reactiva. Poco a poco se van reduciendo las garantías ciudadanas y la oposición va siendo satanizada; surgen movimientos reeleccionistas, la economía no logra sostener indefinidamente el creciente gasto militar, la gobernabilidad se va resquebrajando por los crecientes brotes autoritaristas, el ejecutivo busca debilitar las otras ramas del poder, el judicial y el legislativo son sus objetivos directos. Navegando en la cresta de la popularidad cede a la tentación de un autogolpe. Poco a poco la gobernabilidad se va deteriorando, aparecen escándalos de corrupción y finaliza estrepitosamente el segundo período de gobierno. La insurgencia que no fue derrotada sino contenida, regresa y se inicia un nuevo ciclo con un país más empobrecido y con sus instituciones destruidas. El arquetipo de este escenario era un dictador peruano.
No resisto la tentación de transcribir literalmente algunos apartes del libro “Destino Colombia” que resumen el escenario: “Todos a Marchar”.
“Para reconstruir una nación rota y zurcir las rasgaduras hechas al tejido social del país y ante la frustración de otros intentos para alcanzar la paz, se instauró un gobierno fuerte para poner orden y superar el caos institucional…”.
“Tras el fracaso de los acuerdos de paz, nuestra esperanza se concentró en un gobernante que tuviera la energía y la imaginación suficientes para aplicar medidas extraordinarias a una situación que no tenía nada de ordinaria. Colombia tenía todo el aspecto de un país ocupado por fuerzas no previstas en nuestras normas constitucionales. Las ramas del poder público sin autonomía, porque estaban presionadas por el miedo, el chantaje y la corrupción, los narcotraficantes imponían su ley y sus negocios, la subversión avanzaba en dominio territorial y en acumulación de recursos económicos y de armas, los grupos de autodefensa, cada vez más fuertes sostenían una guerra por el territorio, palmo a palmo, las Fuerzas Armadas estaban desmoralizadas, los programas para combatir la corrupción habían fracasado, mientras ascendían los índices de pobreza y de desempleo y la crisis fiscal se hacía más profunda…”.
“Encontramos un líder que, desde la presidencia, y ante los repetidos fracasos, le impuso un límite a los derechos fundamentales, amplió el pie de fuerza del ejército y de la policía, fortaleció la economía y la institución de los militares y levantó todas las restricciones legales y constitucionales que ataban las manos de las fuerzas armadas. Tras las protestas llovieron las sanciones y comenzó un proceso de aislamiento internacional…”.
“Las medidas de estímulo para la economía y para el sector productivo, unidas a los triunfos militares, le aseguraron al presidente un segundo período, autorizado por una oportuna reforma constitucional…”
“Los actos de autoridad provocaron en una parte de la población una sensación de seguridad y de confianza, pero en otros grupos comenzaron a gestarse movimientos de oposición como reacción a las limitaciones impuestas a las libertades políticas, a la eliminación de los grupos de izquierda y a la persecución a todo aquel que expresara inconformidad con el régimen…”
“Esos altos costos afectaron asuntos vitales como la educación y la salud, que tuvieron presupuestos recortados mientras duró la alta prioridad concedida a la dotación militar…”.
“El capital fue favorecido con bajos impuestos, con iniciativas de privatización y con políticas que les dejaron un libre juego exclusivamente a las fuerzas del mercado. Así se llegó a un sistema económico privado, con muy pocas regulaciones para la actividad de las empresas privadas y con el Estado como gran promotor del libre mercado y de la iniciativa de empresarios e industriales. En estas condiciones la economía alcanzó elevadas tasas de crecimiento, pero se mantuvieron diversas tensiones sociales debidas a la brecha entre las distintas clases sociales…”. Hasta aquí la cita de “Destino Colombia”.
Quienes plantean que en la guerra todo vale y citan ejemplos del cono sur donde la insurgencia fue derrotada militarmente, deben estudiar cuidadosamente los costos que ha asumido la sociedad por haber tolerado la violación de derechos fundamentales, la muerte y la prisión de inocentes por simple sospecha y haber aceptado tácitamente la utilización de la represión con fines de venganza personal y enriquecimiento ilícito. Más de veinte años han pasado y la sociedad no ha podido alejar el fantasma de un pasado oscuro y vergonzoso. Películas como La Noche de los Lápices y Garaje Olimpo, sirven para que la sociedad no olvide, aún si perdona.
Las antes madres de la Plaza de Mayo hoy son las abuelas de la misma plaza; si ayer luchaban para que se hiciera justicia por sus hijos desaparecidos, hoy buscan recuperar a sus nietos arrebatados luego del asesinato de sus hijos. En el “triunfo” contra la insurrección en Argentina también es válida la afirmación No todo vale.
El estado corporativo
Para defender la tesis de un estado corporativo se difunde la idea que un país debe administrarse como una empresa privada. Es interesante que la academia analice esta hipótesis. Con el simple ánimo de aportar al debate, esbozo algunas ideas, que se apartan de este principio.
Un municipio es más que la suma de las haciendas y las casas que lo forman. Un país es mucho más que la suma de los departamentos, o estados que lo conforman. Las interrelaciones y complejidades sociales le añaden dimensión a la simple suma de los componentes.
El horizonte de planeación de un estadista debe ser diferente del de un empresario. Las tasas de descuento que utiliza así lo demuestran. Desde el punto de vista de rentabilidad privada, debería preferirse la inversión en educación superior –que retribuye más en incremento salarial– antes que la educación básica, que tiene efectos de equidad y de bienestar en horizontes más largos. Sinembargo, desde el punto de vista del Estado lo opuesto es lo correcto en términos de justicia y proyección intergeneracional. El uso de los recursos renovables y no renovables, desde el punto de vista de rentabilidad privada, puede conducir al agotamiento de éstos o a la extinción de muchas especies, si, por ejemplo, su tasa de reproducción es inferior a la tasa de interés del sector privado. Esta manera de calcular la renta privada condujo a la casi total extinción de las ballenas y a la deforestación de los bosques húmedos tropicales, luego de arrasar los bosques de la zona templada.
Un buen administrador privado debe vender los activos improductivos, es decir aquellos cuyo ingreso sea menor que los gastos que conlleve. Actuando como administradores y no como estadistas, los zares rusos vendieron Alaska y los gobernantes franceses Louisianna. Para un hombre de estado el territorio no es transable, así deba invertirse permanentemente en algunas zonas sin que éstas entren al acervo productivo.
No debe confundirse la eficiencia, el respeto por las personas -principios básicos del éxito empresarial, que pueden y deben transferirse a la administración del Estado, en particular al respeto a los ciudadanos-, con el simple criterio de imponer a éste los conceptos de rentabilidad, tasas de interés, tasas de descuento privadas que son y deben ser totalmente diferentes.
Ustedes, jóvenes becarios, tendrán que asumir el relevo de una generación que no conoció la paz; que vivió un asombroso cambio tecnológico y científico, que vio mejorar su calidad de vida medida por indicadores de cubrimiento de servicios, pero desmejorada en lo fundamental: el goce de vivir sin temor. Percibió unos atisbos de modernización de las costumbres políticas, cierta consolidación de la independencia de poderes y una mayor participación política en las regiones. Estos logros deben preservarse y servir de punto de partida a la inserción de nuestro país en el mundo moderno. El renunciar a lo adquirido en aras de un paralizante unanimismo nos alejaría de las sociedades civilizadas. Los invito a que mantengan vigentes el derecho a disentir y a respetar el disenso.
En un debate entre Eco y Buffalino, a raíz de la detención de un acusado de terrorismo sin las pruebas adecuadas por el simple hecho de pertenecer a un partido político minoritario, se preguntaron cuál es el papel del intelectual ante la arbitrariedad de los poderes públicos. Eco y Buffalino buscan coincidir en la siguiente metáfora: el papel del intelectual ante un incendio no puede limitarse a llamar a los bomberos, sino a tomar las precauciones para que no ocurra.
Ustedes, como académicos, tienen que jugar el papel de evitar que la sociedad y la cultura se homogenicen, en aras de la preservación de un cierto concepto de orden. Este ha sido a lo largo de los más de 900 años de la Universidad en Occidente el aporte más significativo al avance de la sociedad.