Cinco poemas de Roland Orcsik
Traducción del húngaro: María Elena Szilágyi Chebi
Roland Orcsik nació en Óbecse (ciudad húngara que pertenece actualmente a Serbia) en 1975. Vive en Hungría desde 1992. Es poeta, ensayista, crítico literario y traduce al húngaro de las lenguas eslavas meridionales. Su obra ha sido reconocida con los premios Faludy (2004), Tiszatáj (2005) y Ervin Sinkó (2007). Ha publicado los poemarios Rozsdamaró [Removedor de herrumbre] (Veszprém: Vár Ucca Muhely, 2000) y Holdnak, Arccal [A la luna, de frente] (Szeged: Tiszatáj, 2007). Sus textos han sido ya traducidos al inglés, francés, croata, rumano, serbio y esloveno. La presente muestra es la primera traducción de los versos de Orcsik a la lengua española.
La panza de Garfield
No viajo a ninguna parte.
Podría maullar tanto en París
como en medio de mi cuarto.
¿Dejaría justo ahora el cómodo
ombligo de mi mundo?
Al Adria, como máximo
ahí —tal vez— daría una vuelta.
Obviamente, si me llevan
en el sacro horizontal.
Que se vaya quien no tenga cerveza.
Nada de nostalgias.
Que se ocupe del pasado el que quiera.
A mí no me apetece.
En cambio sí un jugoso bistec,
un café aromático.
Mi dios es pequeño,
me cabe en la panza.
Las piernas de Venecia
Venecia, puta vejez,
¿dime qué busco
en ti una y otra vez?
Deglutes mi paseo,
haces provecho, la gente
pendonea en tu organismo.
Esas piedras, qué especie,
la Santa María della Salute
me trae acá, vejete
pote grasiento, ¿qué se diluye
en el tiempo crish-crash, qué
es lo que entre tus piernas huye?
Herencia
Calle Somogyi Pál 6.
Voy a tientas en casa de mis abuelos,
palpo cosas desgastadas con cuidado,
mi propia historia es puro cachivache antiguo.
Sueldo el tiempo (letra a letra), deslumbres,
chirridos acompañan el movimiento. Rondo
condenado a indicios, puertas con candado.
Revuelvo buscando llaves. Toco el gélido
recuerdo como hierro al bastón caliente, cuerpos
de lata aparentan moverse, o tal vez no,
y volver a casa fuera imposible. Seguiría
(para la familia reñidora esta herencia es tóxica).
A nuevo morador le es extraño, no a las paredes,
tal vez no me echen. Eso es suficiente: recuerdo.
¿Seguir indagando? Que enrede, enrolle la muerte.
Eliminar
Uproteba coveka
El programa corrector de ortografía
subraya la palabra holocausto.
La marca en rojo
como un absceso
en el cuerpo enfermo del texto.
Sugiere eliminarlo.
No hay lugar en la memoria.
Frases de Liubliana
Me caen bien los polis de Liubliana,
se ríen de chistes de política
en las entretenidamente aburridas
reuniones públicas.
Confraternizo con bichicomes de Liubliana,
son los amigos en que más confío
en la inauguración de exposiciones
de pintores aficionados.
Compadreo con cerveceros de Liubliana,
no me preguntan de dónde vine,
quién soy, para dónde tambaleo,
omiten esos rompecabezas.
Sí, admiro a las mujeres de Liubliana,
en su revividora sonrisa
ríe el verano,
ilumina el atardecer del fin del mundo.
Me gustan las calles de Liubliana,
su atmósfera nocturna,
cuando se escucha el susurro
de árboles, edificios y estatuas.
Pero lo que más me falta
es una frase corta, compacta
de Liubliana,
donde fluyan como sangre las palabras.