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Miguel León-Portilla, historiador indigenista en la flor y el canto

He venido, con Livia, al México grande y de contrastes, con una tradición cultural que tiene hilo conductor de varios milenios y que con frescura testimoniaron los nahuas, entre otros, suscitando vocaciones de investigadores y despertando hitos como el de Benito Juárez en la suprema dirección del Estado, con fórmula memorable para resolver el problema crucial de la violencia: “El respeto al derecho ajeno es la paz”, que todavía la humanidad se resiste a asumir en la vida diaria.

Asimismo el grupo de intelectuales congregados en el “Ateneo de la Juventud”, cuyos efectos transformadores en la sociedad mexicana tienen aún presencia, desde la refundación de la UNAM con la llegada al rectorado de Don Justo Sierra, de ruptura con el positivismo, y con las radicales acciones emprendidas por uno de sus miembros, como expresión del grupo: José Vasconcelos, quien en no más de tres años de Ministro de Educación Nacional llevó la educación, el libro, el arte…, a todos los rincones. Está de igual modo el grupo de los Contemporáneos, de gran impacto en las letras hispanoamericanas. De manera análoga los muralistas, con un Clemente Orozco de expresión mayor, y un Rufino Tamayo señalado en su grandeza por la diferencia. Y los nacionalistas y post nacionalistas en la música.

Y tantas expresiones actuales en la más creativa literatura continental, con la poesía de expresión suprema, las artes plásticas, la arquitectura con un Luis Barragán representativo. Y la universidad primera en calidad en Latinoamérica: UNAM, con 300.000 alumnos, de matrícula gratuita, y 30.000 académicos profesores, con campus abierto a la comunidad, de ofertas múltiples y sorprendentes, donde el rostro de muchachas y muchachos es alegre, sonriente, aunque con capacidad para ejercer el derecho al recuerdo y a la protesta, como ocurrió este 2 de octubre, cuando la Universidad se movilizó masivamente en memoria de las víctimas (200 a 300) en la masacre de Tlatelolco, la “Plaza de las tres culturas”, ocurrida hace 40 años. El rector, José Narro, presidió acto en la explanada de la torre del rectorado, con descubrimiento de placa en recuerdo agradecido del dignatario académico de aquel entonces, Dr. Javier Barros-Sierra, quien supo erguirse pacíficamente al frente de su comunidad, a favor de la autonomía universitaria.
La antiguas culturas, en todas las latitudes, siempre supusieron estar en manos de destinos superiores, de dioses, en virtud de la incomprensión de la inmensidad inabarcable que nos circunda, donde estamos inmersos, como puntos adimensionales, pero con la sensación de existir. Y al pensar que existimos, damos pasos, hablamos, conversamos, ocasionamos problemas y con falta de rigor a veces atinamos en algo. De ahí que ese palpitar en el vacío originó la palabra articulada a formas de poesía-sensaciones-pensamiento. Los presocráticos tuvieron la palabra y en el caso de indoamérica, la cultura de los nahua en el México vernáculo e inmemorial consiguieron niveles superiores de expresión, con cantos e ideas, en la sabiduría de los “tlamatinime”, con el caso singular del rey-sabio Nezahualcóyotl (1402-1472), testimoniados en códices. Cultura estudiada por sabios como Ángel-María Garibay y por su discípulo Miguel León-Portilla, hoy de 82 años, con extensa obra publicada, profesor-investigador de la UNAM, donde sigue ejerciendo el magisterio, con oficina (en uno de los edificios azules, llamados “los pitufos”, en la zona cultural) de recurrencia obligada para los estudiosos de la historia, la antropología, la filología y ciencias afines.

Conocedor de nueve idiomas, con la base del griego, el latín y el náhuatl, académico de número de la lengua, galardonado con el “Príncipe de Asturias” y ahora con la “Medalla Eduardo Neri”. Descubrió la existencia de una filosofía, no a la manera de los sistemas filosóficos de occidente, con penetración en
lo profundo de la lengua y de las expresiones de la flor y el canto. Garibay se ocupó de desentrañar una gran literatura en los nahuas, y León-Portilla dio paso adelante al ocuparse del pensamiento, la filosofía, en esa cultura emblemática. Por ejemplo, encontró una cierta forma de “dialéctica interna” en el pensamiento de Nezahualcóyotl, quien “afirma que nadie puede ser amigo del Dador de la vida, que nadie puede estar acaso a su lado en la tierra, pero al mismo tiempo sostiene que es destino humano buscarlo, como quien entre las flores va en pos de alguien”. Y, agrega León-Portilla, “el pensamiento puro lleva probablemente a la duda”, con alusión a las propias palabras de Nezahualcóyotl: “¿eres tú verdadero, tienes raíz? Porque “todo lo que es verdadero, dicen que no es verdadero…”

Volver a México es reencontrarse con esas culturas de gran vigor en la arquitectura de ciudades aborígenes, coloniales y alguna parte de la moderna; en la palabra, el canto, la sensibilidad y el pensamiento. La sabiduría de los ancestros confrontada con los desenvolvimientos que dejó esa tajante ruptura llamada “Conquista”, o, eufemísticamente, “encuentro de culturas”. Realidades que no se ocultan, y que vemos discurrir por las calles, los museos, los mercados y en la consideración respetuosa, con orgullo, de su pasado, testimoniado con despliegue asombroso de ciencia, técnica e imagen en el “Museo de Antropología”, o en la imponente y sobrecogedora Teotihuacán, el “lugar donde los hombres se convierten en dioses”.

“No es aquí nuestra casa/ no viviremos aquí,/ tú de igual modo tendrás que marcharte.” (Nez.)

La conversación comienza refiriéndose el maestro León-Portilla a visita reciente que hizo a Bogotá, encontrándola muy transformada, con museos de excelencia. Hablamos un poco de la gestión cumplida en especial por Antanas Mockus con programas centrales de cultura ciudadana. Pronto llegamos a compartir la preocupación por las mafias del narcotráfico que hacen de las suyas en nuestros dos países. Pronto el maestro dice que la solución no está en perseguir y enfrentar esas mafias, sino en legalizar el consumo de la droga, con normativa sensata, de manera similar al proceder de los gringos en su tiempo con el problema de los licores, en especial del whisky. Pero los gringos no quieren una solución de esa naturaleza, prefieren que veinte millones de ellos se destruyan a dejar derrumbar el imperio de dólares que se sustenta con el narcotráfico. Plantea de igual modo el maestro que habría solución buscando una alianza de Europa con América Latina para decidir y asumir la legalización, al margen de los gringos… Pide cambio de tema y me obsequia la más reciente edición de su monumental obra “La filosofía náhuatl – Estudiada en sus fuentes”, publicada por la UNAM (décima edición, 2006), contando que ha sido traducida al inglés, ruso, alemán, francés y checo. Pero antes de pasar al diálogo fundamental refiere que el sector donde vive tiene por nombre Coyoacán, antes un pueblo, ahora integrado a la Ciudad de México, y cuenta haber encontrado testimonios sobre él de los náhuatl del siglo VII.


– ¿Cómo aprecia hoy la vida, la personalidad y la obra de Ángel-María Garibay, su maestro?

El doctor Ángel-María Garibay, mi maestro, fue un hombre extraordinario. Gracias a él conocimos la literatura náhuatl, como creación humanista. Lo traté durante muchos años. Parecía un rabino. Era hombre de cáscara dura, pero con las puertas del corazón de par en par. Murió joven, de 75 años. Prefería que sus alumnos fueran a su casa. Se sentaba con ellos al pie de los estantes atestados de libros. Tenía curiosidades, como una gramática hebrea, y con él me inicié también en esa lengua.

… Recuerdo, maestro, esa anécdota de cuando usted regresa de Estados Unidos y se le presenta a Garibay manifestándole interés de trabajar a su lado en temas de la cultura náhuatl, y él le pregunta si sabe la lengua; al responderle que no, le pide que se vaya a aprenderla y cuando la sepa vuelva para hablar del tema. A los seis meses usted regresa a verlo, con el náhuatl aprendido, y ocurrió su vinculación definitiva al trabajo que todavía hoy continúa…

¿A qué se debió su interés en Bergson para su trabajo de grado en California?

Porque era una especie de filósofo-poeta, a la manera de Unamuno. En sus obras se ocupa de tema que me ha preocupado mucho: el tiempo, la duración. La tesis fue sobre las fuentes de la moral y la religión.
– Cuando usted estableció nexo con Garibay se planteó el problema de la existencia de un pensamiento filosófico en los náhuatl, lo que lo llevó a formular su tesis doctoral de 1956, después de comprender que aquel se ocupó en demostrar la existencia de una literatura náhuatl. ¿Cómo fue ese momento y el respectivo proceso?

Ha habido resistencia en nuestros países para reconocer que los indígenas tienen una gran cultura. En el caso de México tenemos una cultura con tradición de tres mil años desde los Olmecas. A Garibay mismo le costó trabajo que se reconociera la existencia de una literatura náhuatl. Alfonso Reyes se refirió despectivamente al trabajo de Garibay, a quien le reconoció su fuerte formación clásica, pero aludió con ironía a sus hallazgos de poesìa náhuatl. Hoy día todo el mundo reconoce la existencia de esa literatura. Yo publiqué con un norteamericano un libro de 800 páginas que se llama “Antigua y nueva palabra”, mostrando el desarrollo literario desde las inscripciones mayas hasta nuestros días.

En lo del pensamiento me costó más trabajo, puesto que los filosofos de México se reían al considerarme un loco que reconocía que los indios pensaban. Ahora la situación ha cambiado bastante, incluso me han invitado a varios congresos de filosofía para presentar esos hallazgos que he expuesto en el libro “La filosofía náhuatl”.

– ¿Cómo es posible estimar que los nahuas dispusieron, en su sistema educativo, de centro de educación superior, los Calmécac, con la tarea de los tlamatinime de “humanizar el querer de la gente”, hacia la “formación de rostros y corazones”, que quizá podrían nombrarse hoy como universidades?

Los Calmécac eran en cierta forma universidad. Fray Bernardino de Sahagún describe muy bien el currículo que tenían. No hay que olvidar que Sahagún es el iniciador de la moderna antropología en el Nuevo Mundo. Al describir a los indígenas dice con tristeza que hoy no son ni sombra de lo que fueron.

¿De qué manera influyó el pensamiento de Vasconcelos, quien observó en la arquitectura una manifestación de pensamiento y aun de filosofía en pueblos indígenas, en contraste con lo aseverado por Samuel Ramos de no existir ni filosofía ni ciencia en el México prehispánico?

Yo no soy devoto de Vasconcelos, porque comenzó bien haciendo las misiones educativas, patrocinando a los pintores muralistas, pero poco a poco fue asumiendo una postura antindigenista terrible y suprahispanista, incluso creo que llegó a alabar a Franco. Vasconcelos se apartó totalmente de la cuestión indígena. Llegó a decir que no se perdió nada de los testimonios indígenas con la Conquista, porque nada valía la pena, porque ni siquiera sabían leer ni pensar. Así dice en el prólogo de su “Breve historia de México”.

– ¿Qué opinión le merece el libro “Nezahualcóyotl, vida y obra” (1972), de José-Luis Martínez, publicado para recordar los quinientos años de la muerte del “rey-poeta de Tezcoco”?

Es muy buen libro. José-Luis Martínez fue director de la Academia Mexicana de la Lengua; fui muy amigo de él. Es también autor de una biografía de Hernán Cortés que continúa teniendo muy buena recepción, con cuatro tomos de documentos. La figura de Hernán Cortés no es popular en México, pero también se llegó a extremos al achacarle todos los males. Personalmente opino que si negamos la herencia indígena y la herencia europeo-española, quedamos en cero. México tiene dos herencias magníficas: la herencia mesoamericana y la herencia mediterránea. A mis alumnos suelo decirles que esas herencias son muy buenas, lo que nos da madera para hacer muchas cosas.

– ¿Pudiera compartirnos en especial el proceso de su obra Visión de los vencidos?

Esa obra surgió porque yo leí lo de Sahagún recogido por Garibay sobre la Conquista, y luego me fui adentrando en muchos códices y papeles, proponiéndole a Garibay que hiciéramos una obra con ese nombre: Visión de los vencidos, el reverso de la conquista. Le pareció magnífico, entonces me dediqué a prepararla, se la di a leer a algunos amigos. La obra no es un ataque contra nadie. Al final digo que fue un encuentro de dos mundos, y aquí lo presentamos sin filias ni fobias para que se vea una de nuestras caras, la del pueblo Mexica. Se publicó por la UNAM y fue muy bien recibida, ya con más de treinta ediciones, y traducciones a 16 lenguas, incluyendo el braile y el esperanto. En Colombia tuvieron la intención de publicarla, y el asunto quedó pendiente. En España lleva varias ediciones, también fue publicada en Cuba y recientemente en Venezuela.

¿Conoce usted la obra de nuestro historiador indigenista Juan Friede, quien sostuvo siempre posición recia en defensa de los indios, con obra significativa?

Por supuesto que conocí personalmente a Juan Friede. Yo trabajaba con el doctor Manuel Gamio [su tío] en el Instituto Indigenista Interamericano, donde le publicamos varios trabajos. Tuvo posición recia en defensa de los indios, pero algo antihispánica. Era un gran conocedor y divulgador de fray Bartolomé de Las Casas.

¿Su descubrimiento de la visión estética de los nahuas, en la forma de la flor y el canto, de qué modo lo condujo a discernir sobre la relación entre poesía y filosofía?

Tengo presente la cita que usted hace en “La filosofía náhuatl” de Irwin Edman (1949): “el poeta es un comentador de la vida y la existencia; en su manera inmediata e imaginativa es un filósofo.”

Yo estudié filosofía, como usted lo sabe, en Estados Unidos, incluso tuve bases con los jesuitas sobre la momia esa que es la filosofía escolástica. Advierto que hay muchas formas de pensar. Entre Aristóteles y Platón me quedo con este. Entre Santo Tomás y San Agustín me quedo también con este. Entre Marx y Hegel, no me quedo con ninguno de los dos. Por eso escogí yo a Bergson para esa tesis en Estados Unidos, por su condición poética. En “La filosofía náhuatl” digo que para ellos el símbolo era la única manera de expresarse en flor y canto. Hay un diálogo en este libro chiquito de los antiguos mexicanos, llamado el diálogo de la flor y el canto, que usted puede leer. Se trata de un señor que a finales del siglo XV hace una reunión con colegas poetas para que elucubraran sobre la flor y el canto; dan muchas opiniones y al final dice: la flor y el canto es lo que hace posible nuestra amistad.

Además de investigador científico tiene usted vocación poética, la que se ha hecho manifiesta en su libro “Poesía náhuatl. La de ellos y la mía” (Ed. Diana,2006), con expresiones como “Nuestra casa, recinto de flores» y “Cuando muere una lengua” (con el que terminó su intervención en el Congreso de la Lengua Española de Valladolid, octubre 2001), ambos en náhuatl y español. ¿Cómo aprecia o valora esa condición suya de poeta?

Como dice el dicho: de poetas y locos todos tenemos un poco. De veras, yo hubiera querido ser un poeta. Tengo un amigo, muy buen poeta, Rubén Bonifaz-Nuño, quien asistía a mi seminario de la cultura náhuatl, y él dice que yo soy un falsario, porque soy poeta y no me atrevo a decirlo, valorando en especial las traducciones que he hecho de la poesía náhuatl.

– ¿Qué afinidades ha encontrado entre la filosofía náhuatl y la de Sócrates-Platón, por ejemplo, y la de los sistemas de los filósofos de la modernidad, entre otros? Pienso en especial en Kant, en Hegel, en Descartes, en Heidegger… Hago la pregunta sin desconocer la advertencia que hace Garibay en el prólogo a su tesis doctoral, al considerar que en ella “no se hacen cotejos con filosofías de ningún género”, puesto que sería inoportuno y extemporáneo.

Como en Heidegger el poeta canta y habla. ¿Cómo era entre los náhuatl la filosofía? Era un canto. Bailando preguntaban si podemos decir palabras verdaderas en la tierra; ¿qué hay más allá?, ¿hay acaso un dios? ¿Cómo darle rumbo al corazón? Era un filosofar al aire libre, con música, canto y baile.

¿Hubo influencia en su formación de los intelectuales del transtierro español, para utilizar la expresión que José Gaos consagró?

Sí. Personalmente conocí a Gaos y en el Instituto de Historia hubo varios profesores transterrados. Mi esposa, Ascensión Hernández-Triviño (del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM), aquí presente, escribió libro bajo el título: “España desde México. Vida y testimonios de transterrados”, donde recoge entrevistas que hizo con personalidades del primer orden, por ejemplo don Pedro Bosch-Gimpera, el último rector republicano en la Universidad de Barcelona. Ella dio interpretación de las relaciones entre México y España. Ese libro se publicó por la UNAM y hace poco se publicó también en España.

Cuando sustenté mi tesis de doctorado, presidió el tribunal Francisco Larroyo que era un filósofo neokantiano, en el otro polo de mí, y hubo otro maestro, Hernández-Luna, de Michoacán, quien sí creyó desde un principio que había pensamiento indígena. También estuvo el padre Garibay, al igual que Justino Fernández, filósofo del arte, magnífico, y Juan Comas, antropólogo español del exilio. Al terminar el examen Garibay me felicitó, ante todo porque pude contestar las preguntas del neokantiano, que ni siquiera entendía lo que yo le quería decir.

A Gaos le pareció muy interesante mi trabajo, y un día que nos encontramos, años después, me pidió volverme a ver en febrero del año siguiente, en su cubículo, a las seis y media de la tarde, para comentar conmigo el libro del pensamiento náhuatl. Llegó el día 6 de febrero, ya pasada la hora,fui sinembargo a su cubículo y ya no estaba. Luego me lo encontré y me dijo que lo que me iba a decir no valía la pena. Y murió en mis brazos, de un infarto fulminante, en la presentación de examen en el Colegio de México de un hijo de transterrados, José-María Muriá Gaos dejó enorme huella en la UNAM. En mi Instituto llegó a haber ocho españoles del transtierro. Su influencia fue tan grande en México como si hubieran llegado cinco o diez mil sabios.

¿Cómo ha sido su experiencia en el “seminario de cultura náhuatl” en la UNAM, que usted creó y ha regentado, y también en la “casa de escritores de lenguas indígenas” que también fue trabajo suyo?

El seminario de cultura náhuatl lo creamos en 1957 Garibay y yo, pero lo he dirigido siempre, y sigue funcionando. En el 2007 se conmemoraron los 50 años, con acto presidido por el rector. El seminario se concibió para transmitir el conocimiento de la lengua y de la cultura, con estudiantes de diversos países del mundo (Israel, Japón, Polonia, Estados Unidos, Alemania, Francia…) y vienen también muchos indígenas. En él se han formado personas que continúan haciendo investigaciones importantes. El mérito ha estado en haber formado un montón de gente, labor que continúa. Tengo alumnos inscritos, regulares, y otros que van de oyentes.

En cuanto a la “casa de los escritores” lo que yo hice fue conseguir recursos de la Unesco y de la Secretaría de Educación para que se creara. El primer director fue Natalio Hernández, náhuatl, de mi seminario, y luego ha tenido varios directores, como Juan-Gregorio Regino, un poeta mazateco, el actual se llama Francisco de la Cruz Jiménez, escritor zapoteca de Tehuantepec. Han tenido muchas dificultades después de haberse suspendido los apoyos de Unesco y de la Secretaría, incluso llegó momento que ni sede tenían. Acudí a varias instancias, pero clamé en el desierto, pero seguimos insistiendo con la idea que esas dificultades tienen que resolverse. En Yucatán hay otra casa, y de igual modo en otros países de América. Allí se tienen talleres de escritura contribuyendo a su formación. Hay otro académico, Carlos Montemayor, que ha dedicado mucha atención a esos talleres de escritura con los indígenas, y de veras hay una producción contemporánea de escritores indígenas muy buena.

Maestro, el origen de su familia….

León es apellido, y mi hermano y yo decidimos poner un guión entre ambos apellidos, León-Portilla, para que no nos dijeran los “Portilla”, identificándonos solo por el segundo apellido. La familia proviene de Santander, en España. Un investigador en mi Instituto que trabaja en notarías me hizo una genealogía.

Hoy tenemos conocimiento que el origen del tiempo está en el big bang, ocurrido hace 10 a 20 mil millones de años. ¿Cuál se estima que sea ese origen en las culturas náhuatl y maya?

Aquí en mesoamérica sabemos que hubo poblamiento probablemente hace 25 o 30 mil años, conocimiento adquirido por los vestigios arqueológicos. La cultura mesoamericana nace con los olmecas en las costas del Golfo de México, en zona colindante entre Veracruz y Tabasco. Surgen allí cambios, con aldeas pobladas, empieza a haber un protourbanismo, esculturas colosales en piedra, comienza el desarrollo del calendario, la escritura, la estratificación social, lo que se difunde hacia el área maya, al altiplano, hacia Oaxaca, y en menor escala hacia el occidente de México. Estoy hablando ya de más o menos 1.200 años antes de Cristo. La cultura clásica de Teotihuacán casi coincide con la era cristiana, los mayas unos dos siglos más tarde. En Oaxaca, en Montealbán, lugar que vale la pena visitar, tenemos inscripciones de 600 años antes de la era cristiana. Cuando representé a México en la Unesco obtuve que me enviaran de México unas estelas con reproducción de escrituras y las puse en un lugar que se llama “los pasos perdidos”, en París, escribiendo debajo: “No sólo en el viejo mundo hubo escritura”.

¿Cómo observa la situación de los indígenas tzeltales y tzotziles en el movimiento zapatista de Chiapas?

Ese fue un golpe de cierta manera magistral, porque ocurrió el día que el presidente Salinas suscribió el tratado de libre comercio con Estados Unidos, y ese mismo día se levantaron en armas. Mi esposa y yo nos encontrábamos en Europa y vimos en un periódico que decía: han tomado la ciudad de San Cristóbal, en Chiapas, y nos preguntábamos como iba a ser eso posible, si ya había pasado el día de los santos inocentes. Pero fue cierto. Ese movimiento tiene aspectos negativos y positivos. Negativos porque hubo derramamiento de sangre, lo que no era necesario… Nunca es necesario un derramamiento de sangre… Y positivos porque fue una aldabonazo en la conciencia de México, haciendonotar que los indios existen. Por desgracia los acuerdos a los que llegaron con algunos enviados del gobierno nunca se han cumplido, involucrado el mismo Congreso de la República, por el problema, a mi manera de ver, de confundir autonomía con soberanía. Ellos quieren ser autónomos, con sus propias formas de gobierno y representantes en las cámaras, por ser indígenas, y no sólo por ser de tal lugar. Y esa conciencia se estableció. El llamado subcomandante Marcos, famoso, se llama Guillén, era un estudiante que hizo relaciones con el obispo del lugar… Los tzeltales y tzotziles han sufrido mucho, porque el gobierno les quitó maestros. Mi esposa y yo fuimos a Acteal donde hubo matanza terrible de 45 indígenas tzotziles [22 de diciembre de1997]. Por ese tiempo a mí me dieron en España el Premio Bartolomé de las Casas, y ofrecí donarlo para esas comunidades indígenas; fuimos y llevamos a cabo la donación, con la cual elaboraron material didáctico muy bien hecho. Hablamos con ellos, la situación era muy desgarradora, y los pobres siguen marginados. Tengo un alumno tzotzil que se llama Miguel Hernández, como el poeta, que está escribiendo sobre el pensamiento tzotzil. Hay un antropólogo de la misma comunidad, Jacinto Arias, y hay muchos escritores tzotziles. Tenemos esperanza en los indígenas, porque ya tienen intelectuales, tienen líderes.

En discursos suyos, como en artículos de prensa, se ha referido críticamente a la “globalización”, a la superpotencia reinante en el mundo y a la reconquista de Latinoamérica por parte de los capitales españoles. ¿De conjunto, cómo aprecia la situación del mundo en la actualidad? ¿La cultura, en sus diversas expresiones propias de las comunidades, y en la más elaborada de la ciencia, podrá tener algún papel real en la recuperación de sentido de equidad y justicia?

Yo me opongo no a la globalización por ejemplo técnica: ustedes no se vinieron en burro desde Colombia, sino en avión. Y prefiero tener una mesa con luz eléctrica que con una vela. A mi me preocupa la globalización cultural. Estados Unidos nos ha bombardeado de una manera espantosa. En nuestros países las tres cuartas partes de la películas de televisión son gringas de asesinatos, de crímenes, de matanzas… Una vez publiqué un artículo en “La Jornada” titulado “Enseñando a matar”, cuando el caso de ese niño de una escuela gringa que mató con arma de alto poder a cierto número de compañeritos, simplemente por el gusto de matar. Estados Unidos con las modas y su cultura, y México con 3.500 kilómetros de frontera, sinembargo hemos resistido. A un niño norteamericano le preguntaron que dijera tres platos típicos de Estados Unidos y el tercero que mencionó fueron los tacos mexicanos, después de los perros calientes y de las hamburguesas.

Los historiadores sabemos que hay épocas terribles, y la que más fuerte impresión nos causa es la que uno vive. El tiempo presente es el más preocupante y esta época moderna es muy preocupante por dos razones: una, por esos intentos de globalización y de destruir en el fondo una cultura humanista, como los retrocesos que ha habido en reformas de la educación, por caso el intento de suprimir en parte la historia de los pénsumes escolares, al igual que la gramática, entre otras áreas.

Una vez que se hizo exposición de México en la National Gallery de Washington con obras del Templo Mayor y de los mexicas, en el Washington Post salió que estaban profanando la National Gallery con esa exposición, lo que fue contestado por un historiador norteamericano diciendo que los aztecas hacían sacrificios humanos porque creían que con ello fortalecían al Sol, pero nosotros no hemos parado de guerritas desde que terminó la segunda guerra mundial, primero en Korea, luego en Viet-Nam, ahora en Afganistán, en Irak… A diferencia de los mexicas nosotros ofrecemos sangre ajena y podemos terminar en una guerra nuclear, acabando con el Sol. Y santo remedio. La situación actual en el mundo es muy complicada, con guerras estúpidas por todas partes. Para mí Bush es un loco asesino que dice que Dios le aconseja… Bush ha desatado tragedias espantosas en el mundo, y antes de irse puede dejar más regalitos como la crisis económica mundial que a todos nos va a afectar… El capitalismo salvaje que proclamaron los Estados Unidos está haciendo crisis… La situación es terrible. Si la economía se nos va de cabeza, la universidades van a tener pocos recursos, y en general la educación. La educación no es la panacea, pero es la que nos permite formar gente para que tengan trabajos dignos, disponer de formación ética y moral, del orgullo de cumplir a cabalidad con el deber, respetar el derecho ajeno, para citar a Juárez. Esta formación la dan los maestros.
En lo personal vislumbro la esperanza, porque el día que no tengamos esperanza, pues a lo mejor nos vamos…

La injerencia de transnacionales en México ha sido catastrófica, por ejemplo la banca, que se estableció en el siglo XIX con capitales francés e inglés, especialmente de esta procedencia, y con el tiempo mexicanos ricos fueron adquiriendo acciones hasta que la banca llegó a ser mexicana totalmente (Banco Nacional, Banco del Comercio…), pero en la crisis económica en tiempos del presidente López Portillo, él para salvar rostro la estatalizó, lo que ocasionó un desequilibrio espantoso. Después De la Madrid la privatizó, vendiéndola muy barato a capitalistas mexicanos. Luego vino la banca internacional y les compraron diez veces más caro, sin pagar impuestos. ¿Acaso esto no es corrupción?

¿Qué expresiones literarias, poéticas, filosóficas, identificaría usted como representativas de la situación en nuestro tiempo? ¿Acaso pudieran serlo las obras de un Kafka, o de un Pessoa, o de un Saramago?

Kafka tenía razón por todo lo que estamos viendo hoy, que parecen todas absurdas. El siglo XX comenzó con una población mundial de 1.500 millones, ahora somos 6.500 millones… Y se ha dicho que la capacidad del planeta es de 11.000 millones, superable en no más de cien años… Por desgracia los países que más crecen en población son los más pobres.

En cuanto a escritores admiro mucho a García-Márquez y a Carlos Fuentes, quienes tuvieron largos diálogos con Clinton cuando era presidente de los Estados Unidos, acerca de problemas contemporáneos. También admiro a Günter Grass. A Saramago lo he leído poco y cuando intento se me cae de las manos. Fernando Savater también me llega… Alfonso Reyes es un gran escritor de México, a pesar de haber dicho que el padre Garibay inventaba. Juan Rulfo era muy especial, a quien traté mucho, muy tímido, escribió poco pero de largo alcance. Tuvimos un poeta muy bueno que fue Enrique González-Martínez, me gusta mucho. En nuestros países continúa habiendo un florecimiento literario. Rosario Castellanos fue directora de difusión cultural en la UNAM, muy inteligente, no bonita; una vez viajé con ella de Oxford a Londres y le pusimos juntos una tarjeta a Rubén Bonifaz-Nuño. No nació en Chiapas pero era chiapaneca puesto que se crió allá, autora de “Balún canán”, novela muy buena. De paso, Chiapas perteneció a la capitanía de Guatemala, y cuando la independencia de México se nos unieron, llegando México entonces hasta Costa Rica; tuvimos frontera México y Colombia, curioso, aun que por poco tiempo, antes de que los gringos les quitaran Panamá, otra infamia… Es difícil encontrar algún país de América al que no le hayan hecho infamia. México también tuvo frontera con Rusia en California.

Volviendo a los escritores me gusta mucho Antonio Machado… En el Colegio Nacional que somos cuarenta miembros, un poco a la manera del College de Francia, hay muy buenos escritores como Fernando del Passo, con las “Noticias del Imperio”. El Colegio Nacional es muy grato porque somos todos de diversas disciplinas, hay matemáticos, astrónomos, físicos, químicos, ecologistas, historiadores, antropólogos, artistas…, de tal manera que nuestro diálogo es muy enriquecedor. Tenemos la sesión y luego comemos juntos opíparamente, y siempre platicando. Invitamos a ministros y al presidente de la República. El lunes de esta semana, que no pude ir por estar enfermo, fue el presidente Calderón, que no había ido… En general los gobiernos de derecha no suelen apoyar mucho la cultura, la consideran peligrosa.

Concluye la entrevista en su residencia leyéndonos su poema “Canto a Nezahualcóyotl” (“Nezahualcoyotl icuic”, en náhuatl), que termina con esta estancia: “Y ahora digamos:/ con flores, con cantos,/ vas pintando tu libro, Nezahualcóyotl,/ con tu pintura, con tu palabra,/ podremos vivir en la tierra.”

De salida, recorremos con él su casa-biblioteca, en la Delegación Coyoacán, en la calle Alberto Zamora, entre Fernández Leal y el Callejón del Espíritu Santo, con testimonios singulares de pinturas y retratos. Casa antigua, de tapias, que fueron mejorando, donde reside con su esposa desde hace 43 años. De por medio rememora palabras indígenas vigentes en el español, entre ellas nahutlismos: tomate, aguacate, chicle, cacahuate, chocolate, cacao, tocayo,…

Y en su enorme capacidad de compartir nos indica los lugares históricos que deberemos visitar, en las cercanías de su residencia, comenzando por una capillita que mandó a construir Hernán Cortés, luego, nos dice, le dan vuelta a la plaza y encontrarán casa antigua que fue de la Malinche… Después, preguntando, llegarán a la casa-museo de Frida Kalho y a otros lugares que les interese. Personalmente nos pide por teléfono un taxi de confianza para que nos lleve por el recorrido.

Experiencia profundamente aleccionadora la de haber estado por un par de horas en diálogo con este sabio americano.

Ciudad de México, Coyoacán, 8 de octubre de 2008

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Edición No. 148