Daño impune, daño sin riesgo
(abrebocas sobre una conversación ajena)
David Perkins[[David Perkins, “Paradoxes of Peace and the Prospects of Peace Education”, manuscript, revised March 2001 (Harvard Graduate School of Education). Reconoce haberse apoyado mucho en conversaciones con sus colegas Gavriel Salomón, de Israel, y Carlos Vasco, de Colombia.]] afirma que «somos prisioneros de la guerra» y formula cinco paradojas:
1. Con frecuencia obtenemos guerra aunque sepamos bien que la paz podría ser mutuamente productiva.
2. La paz productiva resulta menos estable que la guerra o la guerra fría.
3. Los mecanismos de mantenimiento de la paz con frecuencia generan otra guerra, diferente.
4. La paz entre dos partes generalmente requiere involucrar a otras partes.
5. Los movimientos hacia la paz con frecuencia generan actos de guerra.
Perkins explica estas cinco paradojas a partir de lo que él mismo llama «la tragedia del daño seguro» (o del «daño impune», no sé qué traducción es mejor). Más exactamente es una tragedia de la fantasía, la tragedia de imaginarme que si el otro podría hacerme daño sin riesgo para él no dejará de hacerlo.
La mera percepción de que el otro podría hacerme daño sin riesgos para él («safe harm») suele suscitar en mí un proceso de preparación para la agresión o incluso de agresión preventiva. Para Perkins la reacción preventiva frente al safe harm puede ser un rasgo evolutivamente adquirido y por ende muy difícil de transformar. Estaría instalado en nuestra dotación vital, como un reflejo animal.
La escalada de medidas defensivas que se deriva del temor al daño impune fácilmente dispara las hostilidades (aunque aquí cabría ubicar toda la tradición no-violenta para probar que la posibilidad de la agresión puede y debe ser afrontada pero de una manera que no incentive el uso de violencia sino, por el contrario, lo vuelva muy costoso).
El safe harm schema es «un esquema que nos previene contra dejarnos colocar en una posición donde otro podría hacernos daño de una manera para él segura». Es una variante del temor: A cree que B le puede hacer daño, pero además cree que lo podría hacer sin sufrir él mismo ningún daño sustantivo (se puede tratar de un daño físico o simbólico).
Perkins vincula el esquema de daño impune con el dilema del prisionero y al perverso raciocinio del «me adelanto a hacer daño porque si no el otro podría hacerme daño sin riesgo para él, es decir colocándome en una desventaja irreversible. Jamás imaginé que el modo en que conocemos e imaginamos al «otro» pudiera jugar un papel tan decisivo.
Por otro lado, Perkins reconoce cinco modelos de paz: paz amistosa, paz ética, paz interdependiente, paz civil, paz retaliatoria (la cual roza la guerra).
A futuro sería bueno proponer o mejor aún realizar acciones que ilustren cada una de estos modelos de paz. Por ejemplo, al reconocer bases para la amistad y la confianza promovemos la paz amistosa, al realizar unilateralmente pre-compromisos avanzamos en dirección a una paz ética, al profundizar cognitivamente en las relaciones comerciales, culturales y medio ambientales avanzamos en la paz basada en la interdependencia, al preguntarnos como ciudadanos cómo podemos ayudar a fortalecer instituciones como las Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional ayudamos a fundar una paz civil, al tolerar y casi promover formas simbólicas de venganza tal vez promoveríamos esa paz tan problemática, la paz basada en la retaliación satisfecha.
El artículo proporciona (quizás sin pretenderlo) argumentos para ser muyprudentes al esgrimir un discurso de paz o incluso para no hacerlo. Casi siempre por andar tras la paz animamos la guerra… Tal vez resulta mejor construirla en silencio. Perkins muestra lo difícil que es educar para la paz.
La paradoja es clara: los progresos de la racionalidad estratégica jalan y milenios de años nos empujan en la dirección de la desconfianza hacia el otro. Nos faltan siglos tal vez de radical fragilidad asociada a una extrema interdependencia, donde tal vez cualquiera podrá causar daño impune a otros (o a todos) y sinembargo no abusará. Desde Sócrates el mismo mensaje: en los casos más límites no hay más camino que confiar en la autorregulación.