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Notas sobre algunas polémicas de Rousseau

1. Sobre el origen del mal

La principal de las polémicas con Voltaire aparece en la carta de agosto 18 de 1756, donde Rousseau refuta con detalle la idea central del Poema sobre el desastre de Lisboa, idea según la cual la existencia humana estaría dominada por la desgracia, como si el mal tuviera una raíz metafísica, a lo cual Rousseau responde que su único origen es de carácter social y que su fuente está en las desigualdades y no en los fenómenos naturales. Terremotos se presentan por todas partes, el problema está en que los hombres viven aglomerados en grandes ciudades.
2. Sobre la libertad humana

La refutación de Helvétius aparece en la primera parte de la Profesión de fe del Vicario Saboyano, dedicada a refutar el materialismo y su negación de la libertad de la voluntad. Helvétius había sostenido que no había diferencia entre sentir y juzgar, a lo cual Rousseau responde, para aclarar que sentir es propio de la pasividad de las impresiones, mientras que juzgar requiere de una actividad del entendimiento, que consiste en comparar y en establecer relaciones, y que sin estas relaciones no habría conocimiento. La actividad estaría en el juicio, pero el juicio se apoya en la voluntad de relacionar y sobrepasar las impresiones empíricas más inmediatas.

3. Sobre la ética política

La polémica con Diderot está en el segundo capítulo de la primera versión del Contrato Social, titulado «Sobre la sociedad general del género humano», donde Rousseau refuta la idea de la simpatía entre los seres humanos como base de la sociedad, una base psicológica, que Rousseau encuentra enteramente frágil para explicar las obligaciones entre los miembros de una sociedad.
La ética política es una ética del derecho, que está basada en la voluntad o en la capacidad de realizar acuerdos recíprocos, y no en los sentimientos. Aunque es cierto que Rousseau aprecia el apoyo que la compasión le puede ofrecer a los acuerdos realizados.

4. Sobre el derecho político

Es cierto que en la versión definitiva del Contrato Social, Rousseau busca evitar las polémicas y apoyarse únicamente en el razonamiento. Por tal razón no aparece la refutación de Diderot. Sin embargo, en esa obra mayor aparecen varias referencias a Hobbes, Maquiavelo y Montesquieu que tienen un innegable carácter polémico. Las críticas a Hobbes ya aparecen en los dos primeros Discursos y reaparecen en el primer libro del Contrato, cuando le objeta su método que busca establecer el derecho a partir de los hechos, una forma de razonar que sólo favorece a los tiranos, según afirma en las primeras páginas del texto.

No hay duda de que Rousseau sabe muy bien que discute con genios; en esos términos se refiere a Montesquieu, quien pudo establecer los principios del derecho político, pero se ocupó del viejo problema de las formas de gobierno y no del asunto básico de la soberanía democrática y del amor a la igualdad, que es una constante entre los modernos, como condición para el ejercicio de las libertades y para establecer el derecho a gobernar, propio de la legitimación democrática.

5. Sobre Maquiavelo

Maquiavelo es un caso aparte, pues es el autor político que más influyó en el gobierno. Rousseau sostuvo en el Contrato Social que «El príncipe de Maquiavelo es el libro de los republicanos, pues fingiendo dar lecciones a los reyes, se las ha dado y muy grandes a los pueblos».

Es sorprendente tal interpretación, pero no es exagerado afirmar que en los pasajes más importantes del Contrato Social aparecen citas de Maquiavelo directamente en italiano: por ejemplo en el capítulo tercero del libro segundo, párrafo tercero sobre la voluntad general, quizá el párrafo más importante de la obra, aparece una nota con cita de Maquiavelo. Igualmente en el capítulo séptimo del mismo libro segundo, dedicado al legislador, aparece otra cita de Maquiavelo, esta vez de sus Discursos sobre Tito Livio.

6. Sobre Montesquieu

Rousseau se refiere a Montesquieu como un autor célebre y como un gran genio, además, sostuvo que era el único de los filósofos modernos que podía haber establecido los principios del derecho político, pero que se limitó a tratar el derecho positivo de los gobiernos y que nada en el mundo es tan diferente como esos dos estudios.

Se impone entonces la pregunta por la influencia que pudo haber tenido el autor de Del espíritu de las leyes (1748) en el autor de El contrato social (1762). Es verdaderamente difícil hablar de influencias cuando se trata de Rousseau. Pero no hay duda de que El contrato social tiene un equilibrio interno entre los principios generales de los dos primeros libros y el afán, de los dos últimos libros, apoyado en Montesquieu, por articular tales principios con las condiciones concretas, históricas y culturales de los diferentes pueblos.

Tales condiciones concretas, en especial las costumbres, deben ser consultadas por el legislador para adaptar a ellas los principios de la legitimidad democrática. Rousseau sabía que no era suficiente concebir en abstracto los principios del derecho político; aceptaba la necesidad de integrarlos a las costumbres y además aclaraba la necesidad de la religión al lado de los nuevos valores de la igualdad y de la libertad.

Dejando de lado las influencias, lo que tienen en común Maquiavelo, Montesquieu y Rousseau es que los tres están convencidos de que la suerte de los pueblos depende de sus instituciones políticas porque sólo ellas pueden preservarlos de la arbitrariedad y la informalidad, y que la solidez de las instituciones es más importante que las cualidades de los gobernantes.

 

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Edición No. 161