Los sentidos de la vida
A mi amiga Mónica Jaramillo
La novela “Nada”[1] es un laboratorio donde se explora la pregunta por el sentido de la vida. Abordada desde la perspectiva de unos jóvenes adolescentes, tiene el gran valor de develar los errores que se originan tanto en la forma de situar el problema como de orientar las respuestas. Llevando al lector, paso a paso, por etapas, la autora devela los errores y las incomprensiones de que ha sido objeto el problema, los cuales son propios, no solo de los protagonistas, sino de la sociedad y la cultura contemporánea misma. Tres personajes, Pierre, Agnes y Sofie, son los individuos centrales encargados de llevar la vía de la reflexión.
[1] Nada [Ed. Seix Barral, 2011] es una novela de la escritora danesa Janne Teller, que fue objeto de fuertes y acalorados debates en el año 2000 cuanto vio la luz su primera edición; por las inquietantes reflexiones que plantea acerca del sentido de la vida su lectura fue inicialmente prohibida en algunos países, sinembargo, ha llegado a convertirse en una obra recomendada para los jóvenes. La novelista fue invitada a Colombia en 2012, al evento literario “Hay Festival” de Cartagena, donde participó en conferencias y debates públicos.
Pierre Anthon, protagonista de la obra, plantea un problema que la sociedad contemporánea heredó de acontecimientos sociales, culturales y filosóficos del siglo XIX en adelante. Como es sabido, el “desarrollo” económico, industrial y social dejó a los hombres del siglo XX sumidos en grandes frustraciones, en profundas paradojas y en fuertes crisis existenciales: ni el desarrollo de la ciencia, la industria y la técnica; ni la consecución de riquezas ni la obtención del éxito traían a los hombres la felicidad y la estabilidad que anhelaban. Las guerras, las diferencias sociales y el sufrimiento de unos y otros condujeron al fracaso existencial y espiritual de los ideales de la era de la razón ilustrada, pensamiento y sentimientos de fracaso que tuvieron entre sus formas de expresión más importantes el lenguaje literario y la filosofía existencialista.
Talvez el problema central en torno al cual giró la reflexión de la Filosofía existencialista fue la pregunta por el sentido de la vida; nacida de aquellas experiencias del pensamiento y la cultura y con fuertes implicaciones vitales, superó ampliamente las fronteras de la filosofía y la literatura, llegando a constituir un conflicto personal y social de la época, que, en alguna medida, hoy todavía nos confunde. Precisamente, “Nada” es una narración que somete a reflexión el problema, décadas después de los torbellinos más fuertes de su imbricación en la sociedad. Saca a la luz, de manera muy velada, una de las raíces del problema, como es la “forma de la pregunta”, todavía impregnada de las influencias de los ideales de la razón ilustrada, expresados en este caso en la búsqueda de una idea única, universal y eterna de “el sentido de la vida”.
El proceso de la obra consiste en hacer el tránsito velado y lento desde la imposibilidad de hallar una respuesta única a la pregunta hasta la posibilidad de entender los diversos, dinámicos y múltiples significados que las cosas tienen para cada uno de nosotros en el contexto de la propia existencia cotidiana. La narración trágica, dramática y escabrosa tiene la virtud de mostrar a jóvenes y adultos, que el drama se debe a la negación de la finitud de la vida, el devenir y los significados cotidianos de las cosas, por la aspiración a la constitución de un sentido único y totalitario.
El problema se plantea en su origen en una situación existencial; Pierre Anthon, un joven criado por su padre hippie que ha vivido la experiencia del 68, del grado 7º de un colegio cualquiera de un pueblo danés, ha sido afectado con tal fuerza por la pregunta acerca del sentido de la vida, que ha decidido retirarse del colegio. Anthon es un hijo de su tiempo, del hipismo, de la inquietud por el sentido, de la idea del absurdo. El adolescente ha encontrado la respuesta más radical: nada tiene significado, todo es lo mismo; vivimos en un círculo vicioso; repetimos las mismas experiencias y la vida de los padres; así como nacemos, morimos; “nada” hay interesante, “nada” que sea “nuevo”, nada que tenga “verdadero” significado. Y la narración avanza en la búsqueda de diversas respuestas, por parte de sus jóvenes amigos, quienes hacen ingentes esfuerzos por hallar y demostrarle lo que pueda ser el significado de la vida.
Al retirarse del colegio, Pierre Anthon ha optado por subir al árbol de ciruela ubicado cerca a su casa, desde donde vocifera a sus amigos de curso, el hallazgo que ha hecho, pues ha descubierto el absurdo de la vida o su carencia de un sentido: “Nada importa. Hace mucho lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo”… “Todo da igual –dijo un día- porque todo empieza solo para acabar. En el mismo instante en que nacéis, empezáis ya a morir. Y así ocurre todo… Existir no vale la pena en absoluto” (10); para Anthon existir no tiene sentido, pues, así como nacemos, morimos, por tanto ni existir vale la pena como tampoco actuar o hacer algo. Lo que queda es permanecer en el árbol acostumbrándose a la nada.
El primer razonamiento del joven ya plantea dos problemas nucleares: en primero lugar, considera que la necesidad de la muerte conduce al sinsentido de la vida, consideración asumida como una verdad obvia del sentido común ausente de reflexión y de crítica. Sinembargo, una vez reflexionada, en lugar de conducir al sinsentido, la comprensión de la finitud del hombre permitiría entender-como en Heidegger-el valor de la existencia. La finitud y la contingencia permiten entender la vida como posibilidad y como proyecto, donde pequeños sueños y utopías son realizables. En la narración, se hace visible el problema al dejar leer la muerte del joven como el encuentro de un nuevo sentido para la vida de los otros; en medio de lo trágico del episodio, se enseña acerca del valor de su significado. Un segundo problema se va evidenciando: que la concepción del sinsentido se convierte en cuestión de actitud frente a la existencia, que conduce a la parálisis de la acción si se toma muy en serio, como aparece en la novela:“- Te pasas las horas muertas aquí pasmado mirando el aire. ¿Acaso sea mejor eso que lo nuestro? –“, le gritó Sofie enfadada a Pierre. Ante lo cual él responde: “-Ni al aire ni pasmado. Miro al cielo y me ejercito en no hacer nada” (11).
El transcurso de la obra consiste en el tránsito de los diversos momentos de la búsqueda del significado, que aparecen en cuatro pasos con distinto nivel de complejidad; los jóvenes se han propuesto reunir, en una serrería abandonada, una serie de objetos que, efectivamente para ellos, encarnarían un valor y un significado, lo cual permitiría demostrar a Anthon el valor y la importancia que muchas cosas y acontecimientos tienen para la vida humana. El primer intento falla, al parecer, porque se desprenden de objetos de escaso valor; en el segundo intento avanzan porque se desprenden de cosas y hechos de gran significado personal, pero el esfuerzo es insuficiente; en el tercero, logran armar el “montón de significado” que serviría de prueba a Pierre Anthon pero tampoco logran el fin propuesto; finalmente, en el cuarto, simbolizado por la pérdida del montón de significado y la muerte del personaje, aparece el contrasentido de la ganancia del sentido.
Anthon es el joven que encarna en la obra la inquietud por el absurdo o el sinsentido de la vida; sus jóvenes amigos simbolizan la tragedia y el drama en la búsqueda de respuestas. Sinembargo, un problema ve la luz en la obra: la forma de la pregunta que sirve de guía orienta por un camino equivocado las respuestas; se trata de la pregunta generalizadora y totalizadora por “el sentido de la vida”, como si pudiera hallarse una respuesta única, universal, eterna e inmodificable. De manera contraria a la forma de la interrogación, las respuestas de los adolescentes se orientan hacia la vida práctica, la búsqueda de la multiplicidad, la variedad, la contingencia y el dinamismo de los sentidos que las cosas representan para cada uno en medio de la tensión de la existencia.
El primer paso se expresa en el intento de reunir un conjunto de cosas que comportaban un significado para cada uno de los jóvenes y en el que aparece un primer fracaso, cuya razón atribuyeron al escaso valor del conjunto de elementos reunidos; se trataba de cosas que habían tenido un valor en su momento para el portador pero que, al parecer, no resultaban lo suficientemente significativos. La marca de significatividad se hallaba en el escaso valor que ahora tenían para los jóvenes: la muñeca que había sido importante, pero ahora no era más que una vieja muñeca; el peine nacarado algo deteriorado, un salterio dañado, etc. Incluso, acudieron a solicitar a sus vecinos “objetos” que hubieran representado un sentido para ellos. No obstante el resultado no podía ser más frágil: “El montón de significado crecía y crecía. En pocos días alcanzó la estatura de la pequeña Ingrid. Sinembargo, era de significado endeble. Sabíamos todos muy bien que todo lo que habíamos juntado, en realidad, significaba muy poco para nosotros; siendo así, ¿cómo persuadiríamos a Pierre Anthon de la importancia de aquello?” (29). A pesar de ello, empieza a darse una pista de la respuesta: la búsqueda se orienta hacia las cosas que hubieran tenido un significado para “cada uno de ellos”, pues no en otra parte podría estar la salida. Se va dando un tránsito de “el sentido” como algo universal, impersonal y válido para todos, a “el significado” que las cosas tienen para cada uno de nosotros”, que no sería “el significado” sino “los significados”.
Por tanto, emprenden un segundo intento, en el que logran mayor éxito. Se han dado cuenta de que deben reunir elementos que tengan mayor significación para cada uno de ellos y a los que cueste trabajo renunciar. El dolor de la renuncia ayuda a comprender el valor del objeto y su importancia para cada quien. Casi sin percatarse, de forma más bien espontánea, caen en un juego cruel; ya no se trata de que cada joven decida entregar lo que sea significativo para él, sino de que cada compañero le exija a “otro” desprenderse de algo que ha mostrado ser valioso y significativo. La manera como se desenvuelve la narración da cuenta de dos aspectos importantes del problema: primero, los otros pueden comprender o tener conciencia más clara de lo que le es significativo y valioso a la persona. Los amigos y las personas cercanas son quienes mejor conocimiento tienen de ello. Segundo, hay un rasgo clave que permite entender el valor y el significado que tienen las cosas: el desprendimiento; es en el momento en que al ser humano se le exige la renuncia a tales cosas, cuando se percata o se hace consciente, por el trabajo que cuesta hacerlo, del valor que ellas tienen para “nosotros”.
De acuerdo con esa idea, un segundo momento de la obra se inicia con el desprendimiento de objetos materiales que tienen un significado para los amigos; el asunto va subiendo de tono hasta llegarse a exigir elementos de gran significado espiritual. En esta etapa ya no se trata de que cada uno decida por sí mismo la cosa de la que va a desprenderse, sino de que, quien acaba de pasar por la renuncia, sea quien decida acerca de la persona que ahora debe pasar por el trago amargo de “desprenderse” y sobre el objeto que ha de dejar. Es el otro, el amigo, el que entiende el significado que las cosas tienen para mí, por lo cual la exigencia se hace más cruel. El cambio de tono, en torno a las cosas objeto de la renuncia y al sentimiento mismo del desprendimiento, pasa por la entrega para la reunión de cosas significativas en la serrería, de objetos personales de gran valor y de elementos simbólicos de enorme significado social y sagrado.
Los objetos de valor personal tienen diversos matices, como las muletas nuevas de la pequeña Ingrid, que le permiten desplazarse con comodidad; los libros de Dennis, a los que cuesta gran dolor renunciar: pues “cuanto más chillaba Dennis más le decíamos nosotros que él mismo podía ver lo mucho que significaban esos libros para él” (30); el grado de dolor del desprendimiento era proporcional al valor significativo; entre más dolor, mayor valor tendrían para hacer bajar a Pierre A. del árbol de ciruelo. Este episodio se acompaña de una indicación de la narradora: “Cuando Dennis entregó los cuatro últimos libros de la serie Dungeons & Dragons fue como si se abriera una brecha en el significado” (30). Ahora se trataba de exigir lo que más significaba, aquello cuya renuncia mayor dolor infringía, lo cual permitiría señalar que las cosas sí tienen importancia y tienen un valor para quien las ama; ellas no son una pura materialidad sino que tienen un valor espiritual en la medida en que valen para nosotros, encarnan y representan un significado.
Tres de los desprendimientos tienen un valor sagrado y social destacado: el cristo clavado en la cruz del piadoso Kai, que significó la violación de un símbolo religioso. Era un símbolo del pueblo, instalado en el centro de la Iglesia, que fue arrancado de su espacio; quebrado, deteriorado y objeto de sacrilegio, según las creencias de Kai y los demás creyentes, que eran la mayoría de los ciudadanos. Lo exigido al joven era la violación personal de un símbolo social y sagrado, que tenía un profundo significado para todos. Pero la cosa fue a mayores, pues el cristo en la cruz no solo se extrajo de su contexto de significación, sino que se convirtió en el centro de las necesidades de Cenicienta, la perra amiga que había hecho de la serrería su hábitat. Fue tanta la indignación de Kai que a su turno solicitó al grupo “la cabeza” de Cenicienta. La crudeza de las exigencias y el sufrimiento de las renuncias develan rasgos importantes del “significado” de las cosas: que ellas valen para nosotros, valen para el pensamiento y tienen un significado afectivo, talvez mayor. Esto es crucial al develar la necesidad sentida del ser humano de constituir símbolos que ensanchen el sentido de la vida, que rodeen la existencia de significados que hagan más llevadera y amable su praxis vital. Atacar el símbolo es atacar un objeto cargado de significación afectiva y espiritual.
La trama pasa por la exigencia y el arrebatamiento de elementos de gran valor personal, como la inocencia de Sofie, hecho que marca profundamente la narración, en cuanto ese personaje femenino y la pérdida que representa, simbolizan el avance en el encuentro del sentido y la recuperación del valor de la vida. Pero antes de detenernos en él, cabe resaltar el significado de la exigencia última, solicitada a Jan-Johan, el líder de la clase, el más fuerte y frío tirano.
La guapa Rosa ha solicitado el dedo índice derecho del músico. La petición, como muchas otras fue rechazada, en este caso porque Jan-Johan tocaba la guitarra e interpretaba con exactitud las canciones de los Beatles. “-No –dijo Rikke Ursula, y los demás la apoyamos; en algún punto debía ponerse límite” (98). Sabían que las peticiones habían sobrepasado los límites de las cosas que se pueden exigir de otro: la cabeza de Cenicienta, Oscarito, el hámster de Gerda, la bandera de Dinamarca, respetada y querida por Frederick y su familia, la alfombra de rezos de Hussein… Y que habría que poner límites. Sinembargo, era necesario el último sacrificio, para hacer crecer el montón de significado. Y Sofie que había sido violentada por Jan-Johan en su aporte al significado ha dicho brevemente que ella cortaría el dedo. “Había algo horrible en esa tranquilidad -afirma Agnes, la narradora-. Lo que iba a acontecer era un sacrificio necesario en la lucha por el significado. Todos debían poner de su parte. Cada uno de nosotros habíamos aportado algo. Ahora le tocaba a Jan-Johan.” (107). Éste chillaba, lloraba, llamaba a su madre, lo que contrastaba con la fortaleza y el orgullo que había demostrado siempre. La fragilidad del sufrimiento y la violencia que representa el desprendimiento llevado al extremo en este caso por la exigencia del desmembramiento y la violencia con el propio cuerpo pone en evidencia el significado que tiene para nosotros nuestra corporalidad, que con tanta frecuencia se pierde de vista. Descubrimos el valor de nuestro cuerpo, con sus partes y sus funciones, cuando nos vemos desprovistos de ellos. La afirmación de uno de los chicos denuncia el problema: “no hay que tener miedo. Sólo se trata de un dedo.” Sinembargo un dedo es parte nuestra, de nuestra integridad y su pérdida significa la mutilación, en este caso, del dedo de la música.
La contribución en el desenlace de la terrible situación es realizada por Sofie, quien ha decidido cortar el dedo de Jan Johan, debido a que ella se había visto obligada a entregar “la inocencia”, tarea en la cual ayudaron el gran Hans y Jan-Johan. La entrega de la inocencia había resultado dura a la joven, pero al fin y al cabo, demostraba que “había algo que importaba a pesar de todo, aunque ese algo fuera algo que iba a perder” (82). Agnes trató de sacarle información sobre el alcance de su contribución; sinembargo, ésta afirma: “No quiso contarme nada. Se limitaba a andar por ahí con aspecto de haber descubierto un secreto que si bien era terrible le había dado acceso a la clave de algo de enorme significado.” (82). Se trataba del amor, del valor grande e íntimo del amor y la sexualidad, que aunque para la ocasión tenía un significado dramático, develaba el profundo sentido del placer y el sentimiento rodeados de la afectividad. Ponía al descubierto el significado que tenían cosas y acontecimientos mal comprendidos, escindidos y comúnmente materializados al extremo.
Sofie es presentada por Agnes, la narradora, como el personaje más reflexivo y que con mayor prontitud descubre el lugar del significado de la vida. Es en aquellas cosas cotidianas, íntimas, personales y sociales donde se encuentra el valor de la vida. Pero el significado es siempre también social porque es compartido y, hasta en la intimidad de la persona, está mediado por la relación con los otros. Cada quien ha entregado como aporte una cosa de gran valor para sí, aunque parece carecer de valor para los demás, valores que no son reconocidos de manera suficiente. La razón de este desfase está en que los valores y el sentido se buscan donde no es: en algo único (¿fama?, ¿dinero?) universal, eterno y que no cambia, rasgos imposibles de hallar en la vida humana. Lo cual hace que se pierda el reconocimiento de lo que es valioso para nosotros y para el otro, que no lo respetamos, ni se reconoce en su verdadera dimensión. Esto se nota en la frialdad y la burla con las que se exige el desprendimiento de aquello que los demás quieren y les importa, pues no alcanzamos a entender lo que implica que algo tenga significado para alguien. Sólo lo entendemos cuando se nos violenta a nosotros.
Agnes, quien presta su voz narrativa, va siempre muy cerca de los acontecimientos pero sin asumir el liderazgo; analizando y pensando; examinando el rostro de sus amigos; señalando los hallazgos que Sofie y ella misma consiguen. En el proceso Agnes empieza por ser vacilante, por presentar la posición escéptica de Anthon, por exhibir a través del personaje contradictor las razones de la duda existencial, que llegan incluso por momentos a ser aceptadas casi como verdaderas. La obra expone los momentos existencialistas que atravesamos todos, los momentos de duda, de vacilación y de incertidumbre frente a la vida. Sinembargo, en el camino, especialmente a través de las reflexiones de Sofie, ella va encontrando que las cosas importan en cuanto valen para nosotros y que por tanto tienen un significado. Todo el ejercicio de la novela y el proceso de la serrería es el esfuerzo de Agnes y de todos los chicos por convencerse a sí mismos de que la vida tiene un sentido. Antes de avanzar de la mano de las reflexiones de Sofie, el valor hallado, examinemos los argumentos en contra de Pierre Anthon.
Varias son las ideas que va soltando este personaje para exponer el sinsentido de la vida, forma de pensamiento que nos sumerge en la inquietud, en la desazón y en la parálisis, si se acepta de manera radical, y que nos envuelve como una actitud frente a la vida; ésta es simbolizada por Pierre en la novela, quien no quiere, de ninguna manera, reconocer el valor del “montón de significado”, ni el esfuerzo realizado por demostrar el valor de las cosas; para él no cuenta que las renuncias hayan tenido un profundo significado para sus amigos; es ciego ante eso. Además, el asunto es dramático porque la actitud es contagiosa, les roba energía y les quita coraje a los jóvenes, lo que demuestra esa capacidad humana de preguntarse por el sentido de la vida y de armar un torbellino en las respuestas, torbellino que impide a la mosca la salida de la botella. Señala el significado que el descubrimiento del problema ha implicado para la cultura humana al sacar al individuo de la monotonía de la cotidianidad y de las obviedades de la vida normal y al desarrollar en la persona la experiencia de la preocupación de sí, la autorreflexión y el pensamiento interior, pero devela a la vez el sentido de la pregunta y muestra los conflictos de la búsqueda equivocada de respuestas; muestra la manera en que puede enceguecer al hombre cuando se asume como actitud dogmática
La primera razón de Anthon es la finitud y la contingencia del hombre y del mundo. Todo se repite y acaba para volver a empezar; nacemos y morimos. Nada es eterno, ni nuestro mundo, ni el planeta, ni las estrellas, ni el movimiento del universo mismo. Todo puede acabar. Y esto convulsiona a Pierre. Los días se repiten uno a uno; lo mismo los años; crecemos y repetimos a nuestros padres, convirtiéndonos en adultos sin vida, sinsentido, que seguimos ahí sin saber por qué ni para qué. “Resistir. Persistir. Todas las cosas, ninguna, nada. Andábamos por ahí como si no existiéramos. Los días se parecían. Y aunque durante toda la semana esperábamos el fin de semana, éste siempre nos decepcionaba y ya era lunes de nuevo y todo volvía a empezar; y eso era la vida y nada más. Empezábamos a entender lo que Pierre Anthon intentaba decirnos. Y también por qué los adultos tenían ese aspecto. Aunque hubiéramos jurado que nunca nos pareceríamos a ellos, había ocurrido. Y ni siquiera habíamos cumplido los quince. Trece. Catorce. Adultos. Muertos”. (136-137)
La solicitud y la frustración de Anthon expresan el reclamo del hombre por los valores de la eternidad y la permanencia. Resulta que el mundo ha mostrado ser puro devenir, cambio y transformación; pero no todo es transformación, pues en medio de ella, algo permanece, algunas cosas se repiten como en “El mito de Sísifo” o del eterno retorno. En últimas, el mundo no es más que una tensión entre permanencia y cambio, tensión que frustra y atormenta al hombre, lo cual le impide su aceptación. El mundo y la vida son dinamismo y devenir, caracteres que el ser humano no se resigna a asumir, como tampoco la finitud y contingencia que ello implica para la existencia humana y lo que le rodea.
Peor aún, Anthon sugiere, develando la voz existencialista, que el mundo es un gran teatro o un circo donde todos fingimos, todos simulamos estar bien y ser felices; pero sabemos que las cosas no importan y nada tiene significado. De nuevo, este argumento sobrevalora una cara de la realidad, la simulación y la hipocresía, pero pierde de vista el otro lado: la capacidad humana de vivir en la sinceridad y en la expresión de sus sentimientos y necesidades; de contar con amigos y personas queridas que lo acompañan y lo escuchan; porque no todo es simulación; más bien, es que pasamos a considerar el otro lado de la moneda, prescindiendo del anterior. Como en el caso anterior, se trataría de reconocer la existencia humana en su complejidad y tensión dialéctica. Esa es la tarea que nos deja la búsqueda del sentido.
Pierre Anthon da una tercera razón de que la vida carezca de significado, en este caso la falta de unicidad y de universalidad en el sentido, pues si existiera tal, todos lo reconoceríamos, mientras que ese no es el caso. La narradora encuentra la ocasión para mostrar tal relatividad, cuando la prensa norteamericana desconoce el valor del montón de significado al negarse a viajar a Taering a hablar con los chicos y escuchar su interpretación del hallazgo. Dice Agnes: “Mucho peor fue, sinembargo, que eso sembrara en mí una sombra de duda acerca de si Pierre Anthon había dado con algo importante: que el significado es relativo y por tanto vacío de significado” (129). Esta nueva razón puede ser sometida a crítica si se entiende que de la relatividad del significado no se sigue la carencia de valor; si se acepta que el significado de la vida justamente se halla en la capacidad que tiene de ser validado de acuerdo con las necesidades y los gustos de cada quien y en la capacidad de cada ser humano de reconocer y valorar lo que tiene sentido para el otro. Es decir, si se comprende que de la relatividad del sentido solo se sigue su posibilidad de ser llenado de contenido por cada persona, lo cual hace más sugestiva y deseable la vida. El sentido de la vida, o mejor, los sentidos de la vida no son algo impersonal ni válido para todos, sino que se van constituyendo de acuerdo con los intereses, deseos, gustos, expectativas e ideas de cada quién. ¿Antes bien, no se apoya esa búsqueda del sentido universal y único en los ideales totalitaristas de la razón ilustrada?
Finalmente, una cuarta razón devela el sentido profundo que ha orientado las respuestas: la necesidad de elegir entre el todo o la nada; entre la verdad absoluta o la falsedad, también propia del modelo ilustrado. Ella es planteada también en relación con el tercer momento de la búsqueda del sentido, cual es la recopilación del significado en la serrería para ser mostrado a Pierre. Como sabemos, los maestros se enteran del macabro plan; docentes, directivos y padres los someten a castigo, porque no entienden el significado del esfuerzo de los jóvenes. Hábilmente, los muchachos convocan a la prensa, suscitando un fuerte debate sobre el significado del montón de significado. Algunos entienden el sentido del problema, otros no. Un museo norteamericano decide comprar la obra y los chicos deciden vender. “Solo quedaba pendiente acordar una fecha para que se llevaran el montón de significado” (132). Pero eso lo cambia todo. Ya la prensa se había cansado de hablar del asunto y de revolotear en Taering; todo volvía a la normalidad. Parecía como si el montón de significado hubiera perdido importancia y con ella significado. Por tanto la situación parecía contradictoria. O habían encontrado verdaderamente el significado y la obra lo tenía, o dado que ya no le interesaba a nadie, éste carecía de todo sentido. “O el montón tenía significado o no lo tenía. Y habiéndose puesto de acuerdo todo el mundo en que lo tenía, no podía ahora dejar de tenerlo.”(133)
La respuesta al significado de la vida se presenta como paradoja insalvable, como contradicción irresoluble de la forma: o sí es o no es, cuya respuesta positiva depende de que sea reconocida y aceptada por todos. Se devela el problema originado en la manera como es abordado: se busca el todo o la nada, la unidad o la nada. Del desencuentro de la totalidad y la unicidad, se concluye “la nada”; la forma es equivocada dado que espera una respuesta a la manera del modelo moderno de totalidad, unicidad, eternidad y ausencia de cambios, como se ha mostrado en transcurso del texto. El desfase se halla entre la forma de la pregunta con la respuesta que orienta y la realidad de la existencia práctica que no se desenvuelve en la única alternativa del todo o nada, sino en la variedad, la multiplicidad y el devenir. No existe el sentido de la vida universal y pre determinado de la vida, sino los sentidos que los seres humanos vamos constituyendo. Lo universal es la pregunta, mientras que la respuesta no es la misma para todos, ni es eterna, ni es rígida, ni se halla en una idea o un acontecimiento universal, sino en el transcurrir mismo cotidiano de la vida.
Una vez reunido el montón de significado se ha presentado una gran dificultad para lograr que Anthon y que la sociedad lo entiendan, frente a lo cual pueden darse dos razones: como lo señala bien Agnes, el problema de Pierre es la actitud, pues por más testimonios que se le brinden de cosas que tienen importancia, él tiene otras expectativas sobre lo que supondría que algo tuviera significado. Por ello dice la narradora: “Nos decepcionó muchísimo. Sí, tanto que casi nos arrebata el coraje, porque su actitud lo desposeía todo de significado.” (122). La actitud desde la cual se apropia del mundo es tal que se incapacita para entender el valor y el sentido que las cosas, hasta las más simples, menos famosas y menos universales, tienen para los hombres. Su actitud seguirá siendo la de negar el sentido de la vida.
Otro aspecto es incomprendido por Pierre, como por padres y maestros: cuando las cosas cambian de contexto su significado ha sufrido una transformación. Uno es el sentido que los objetos, entregados con sacrificio por los muchachos, había tenido para ellos; el sentido es tal, que su desprendimiento había sido fuente de profundos dolores. Después, en la serrería, esos objetos pasan a tener un valor simbólico en “el montón de significado”, que pasa a “dar cuenta de” o a encarnar el sentido de la lucha por “recuperar el sentido”, tanto para Pierre como para ellos mismos. Esto significa que los sentidos de la vida no son rígidos, ni es uno solo, sino que son múltiples y dinámicos.
El personaje que mejor comprende estos rasgos del significado de la vida es Sofie, por eso es quien con tesón, con fuerza y sin decaer persiste en la demostración del significado, para Anthon y para el mundo. Sólo una acusación del nihilista la lleva a perder las fuerzas y a entender el error de haber vendido el significado al museo americano. Frente a la obsesión de Pierre Anthon, interpela Sofie: “¡no quieres ver el montón de significado, porque no te atreves!” A lo cual responde Pierre: “Si vuestro montón de basura tuviera el más mínimo significado, no sería yo el que no quisiera reconocerlo!… Pero no lo tiene porque de otra manera no lo habrías vendido, ¿verdad?” “Por primera vez desde aquello de la inocencia, vi lágrimas en los ojos de Sofie” (138). Ella entiende profundamente el valor del significado, como también que han caído bajo; han perdido de nuevo un valor preciado al venderlo, al cambiarlo por dinero y enviarlo al rincón de un museo, extraído de la vida, donde quedaría nuevamente desprovisto de todo sentido y sin contexto.
La obra cierra con el último acto trágico: la muerte de Pierre Anthon en manos del grupo y la destrucción de la serrería con el montón de significado. Sinembargo hasta estas acciones finales dan pautas para entender el significado de la vida. El personaje simboliza la pérdida del sentido con toda su influencia en la vida de los jóvenes. Él es el responsable: “fue él quien nos arrebató el montón de significado. Igual que un día nos arrebató el significado… Él tenía la culpa de todo…” Sinembargo, la narradora termina dando cuenta de la magnitud de la pérdida como de la ganancia, pues han matado el símbolo del sinsentido de la vida para encontrar de nuevo el sentido, ya aclarado, ya examinado, con sus fragilidades y su contingencia, pero significados al fin y al cabo. Así narra los llantos en el funeral: “Lloramos porque habíamos perdido algo y alcanzado otra cosa. Y porque hacía daño el perder tanto como el ganar y todavía no podíamos poner en palabras lo que habíamos ganado”.