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Presentación del monográfico sobre Fernando González

Sobre Fernando González hay muchas páginas luminosas escritas por amigos, escritores, discípulos, y críticos. Un lugar principal han tenido algunos  nadaístas en la amorosa reconstrucción de los recuerdos de su amistad y en la continuidad de la memoria de Fernando González. Gonzalo Arango  elogió su autenticidad, las enseñanzas recibidas en la búsqueda de sí mismo, las lúcidas reflexiones mientras caminaba, el esfuerzo por  desarmar las mentiras de su tiempo, y el orgullo que sentía frente a lo latinoamericano.  Eduardo Escobar  ha  destacado la  honradez y el coraje intelectual, la originalidad y vigencia de su pensamiento, la claridad y el humor de su escritura, y  su honda y reflexiva interioridad… Entre otros escritores, Alberto Aguirre   explicó los múltiples valores de su prosa, su transparencia y precisión,  admiró su amor por la vida y sus importantes    valores personales,  ignorados y negados en su tiempo, y William Ospina  señaló su condición de poeta,   soñador, y  místico.

Fernando González fue un hombre de lectura y de pensamiento original e independiente.  Se destacó su vocación natural de    maestro de escuela, su sencillez y humildad. No buscó honores, ni medallas, ni reconocimientos. Se distanció de ricos y poderosos. No aprendió a hacer zalemas ni a decir mentiras convenientes. Cuestionó las maquinaciones y trampas de la política. Se distinguió por la aguda observación, y singular capacidad analítica y argumental. Fue un hombre reflexivo y sincero, dedicado a la escritura de sí mismo, y a desnudar valerosamente sus ambivalencias y contradicciones.

La revista Aleph con este monográfico le rinde un merecido  homenaje  a su vida ejemplar, al vigor e individualidad de su pensamiento, y a las amplias y certeras calidades literarias de su obra. La entrevista de Fernando González realizada por El Relator en 1936 presenta aspectos poco conocidos.   Eduardo Escobar recorre algunas vivencias, anhelos y pasos del escritor  a través de la intimidad de su memoria, y  nos recuerda con  sincero afecto y gratitud a uno de los más grandes escritores  colombianos del siglo XX, a un escritor imprescindible, dirá, y su  influencia y amistad con los nadaístas. La semblanza  de Fernando González  por Gonzalo Arango ilumina  una bella manera de ser y de decir y descubre una presencia vital, que sirvió de estímulo fundamental a la generación nadaísta. Entre las memorias de Baldomero Sanín Cano y las de Gonzalo Arango se contrastan dos generaciones y dos maneras de mirar a Fernando González.

Dentro de los colaboradores más recientes,  Nicolás Duque propone a F. González como antifilósofo,  cuestionador de la filosofía sistemática, de respuestas definitivas. Pedro Rojas habla del caminar de F. G., y su experiencia en la búsqueda de un camino propio. Jhon-Henry Orozco reflexiona entorno al tema del fracaso,  y  Luis-Javier Villegas ofrece un bello recorrido biográfico y literario que ayuda a contextualizar la vida y la escritura del escritor envigadeño.

 

 

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Edición No. 166