María Zambrano en sus palabras – Sección de NOTAS
María Zambrano, en sus palabras. “… lo que siempre ha sido mejor para mi pensamiento: la penumbra tocada de alegría. Y entonces, calladamente –en una penumbra, yo diría más que de mi mente, de mi ánimo, de mi corazón- se fue abriendo como una flor el discernido sentir de que quizá yo no tenía por qué dejar de estudiar filosofía. Y así, como si de algo natural se tratara, aquel verano me sumergí en la Ética de Spinoza y en la 3ª. Enéada de Plotino.”
“… el socialismo me era muy cercano pero que yo no servía para la política, me llegué a mi cuarto y me puse a estudiar Historia de la Filosofía, precisamente el capítulo de los pitagóricos, y mi padre entró, con ese respeto que no deshace la intimidad, preguntándome si acaso yo tenía alguna duda acerca de la decisión que acababa de tomar. No sin cierta pausa yo le contesté que ahora lo que me importaba de veras era lo que estaba haciendo, seguir estudiando a los pitagóricos. Mi padre, que había sido socialista hasta el momento mismo en que apareció la República, me besó en la frente y se retiró silenciosamente.”
“… me atrevo a decir, ya que no se trata de ser más ni menos, de haber pasado toda mi vida en esa fidelidad a lo esencial de la actitud filosófica, es decir, de la ética del pensamiento mismo, de esa ética cuya pureza diamantina encontramos en la Ética de Spinoza y en el adentramiento singular, único, de Plotino, mediador de todo el pensamiento antiguo y aún de la recóndita religión para entregarlo más puro e intacto a la nueva época cristiana, ya que si no abrazó la naciente religión no fue por aquejamiento del ánimo sino por amor a la pureza del pensamiento… En definitiva, lo que se encuentra en Plotino es la universalidad de una religión de la luz.”
“…, el nacimiento, de la razón poética, llegado a mí casi a ciegas, en la penumbra del ser y del no ser, del saber y del no saber. Así, en ese lugar donde se nace y se desnace, que es el más adecuado, el propio del pensamiento filosófico. Cuanto más entregado más viviente. Cuanto más pasivo más ardiente, cuanto más, al parecer abandonado, más activo.”
Ref.: María Zambrano en la nota liminar (Madrid, 1986) a la reedición de su obra: “Hacia un saber sobre el alma” (Ed. Planeta DeAgostini, Barcelona 2011)
