María Zambrano en América
En las tres décadas últimas es frecuente recibir informaciones y recoger referencias acerca de la filósofa española María Zambrano (1904-1991) desde los más variados medios de divulgación. La extensa obra de la autora se reedita y traduce a las lenguas mayoritarias, a la vez que se editan sus obras completas. Se celebran congresos nacionales e internacionales monográficos. Se representa su única obra teatral (La tumba de Antígona). Los cantautores componen e interpretan los poemas y se lleva a pantalla un film biográfico (María querida). Las tesis doctorales sobre su vida y obra se suceden y de igual modo las referencias y citas de textos se reiteran desde diversos medios. Esos y otros datos dan señales cabales que nos encontramos ante una de las voces más señeras del pensamiento occidental del siglo XX. Una voz caracterizada por la singularidad y profundidad de unas reflexiones que se hincan en las raíces más profundas del ser humana. La palabra de María Zambrano es radicalmente antropológica, pues se atiende los ámbitos más profundos del hombre.
El pensamiento zambraniano se fraguó a lo largo del siglo XX entre el dolor de las catástrofes bélicas sufridas, -guerra Civil española y II Guerra Mundial-, y el valor de afrontar un largo exilio de más de cuarenta y cinco años (1939-1984) en varios países de los continentes europeo (Francia, Italia y Suiza) y americano (México, Cuba y Puerto Rico). Esta trágica experiencia no la condujo al existencialismo pesimista ni al optimismo volitivo, sino a una filosofía centrada en la persona y sus valores, en la esperanza, la utopía, representada por la hiedra, planta vivaz y resistente a las dificultades. Zambrano, pues, recoge la tradición del pensamiento occidental, sobre todo el español y de éste rescata los fundamentos de la mística y las diversas vías para llegar a los profundos del alma humana sin olvidar a los ínferos. Estuvo atenta a los aconteceres de su tiempo y no rehusó propalar las potencialidades y esperanza que encierra la vida siempre que el ser humano sea capaz de transformar la historia, casi siempre trágica y sangrienta, y que devenga en ética, aquella en la que la luz sustituya a la sangre.
Ciertamente la filosofía de Zambrano es antropológica y experiencial, mas para llegar a este legado hubo de recibir los ecos y los amaneceres americanos. En América del Sur y el Caribe pasó varios años, salvo un tiempo breve y de paso por Nueva York, donde impartió docencia y se originaron la mayor parte de sus obras más representativas:, Pensamiento y poesía en la vida española (México-1939), Filosofía y poesía (México-1939), El freudismo, testimonio del hombre actual (Cuba-1940), Isla de Puerto Rico (Cuba-1940), La confesión, género literario y método (México-1943), El pensamiento vivo de Séneca (Argentina-1944), La agonía de Europa (1945), Hacia un saber sobre el alma (Argentina-1950), El hombre y lo divino (México-1955), Persona y democracia (Puerto Rico-1959), El sueño creador (México-1965), La tumba de Antígona (México-1967).
La primera estancia de María se produce en Chile, 1936, con motivo del nombramiento de su marido, el historiador Alfonso Rodríguez Aldave, con quien acababa de contraer matrimonio, como secretario de embajada. El barco que la conduce a Santiago de Chile se detiene en La Habana. En esta ciudad caribeña tendrá lugar un encuentro ya interminable con José Lezama Lima. Los frutos, además de una eterna amistad con el poeta, su hermana y su esposa, también le conducen a conocer al grupo de Orígenes, a mantener hasta los últimos momentos vitales de cada cual una intensa correspondencia, así como textos compartidos y abundantes citas. En Chile la filósofa participa en losdebates culturales y políticos generados por el conflicto guerracivilista hispano. Su compromiso con la República era rotundo así como su crítica contra los golpistas. En Santiago logra editar la primera Antología conocida de la poesía de García Lorca y un ensayo, Los intelectuales en el drama de España. Ensayo que posteriormente irá recreciendo hasta lograr la extensión actual. Este el modo zambraniano de confeccionar y realizar sus obras: partiendo de un texto nuclear o mandorla posteriormente recrecerá hasta germinar el texto definitivo. Así pues, gran parte de sus obras se gestan en el continente americano y van ampliándose hasta el resultado final; de ahí que muchas obras se ofrecen con títulos homónimos a artículos aparecidos en revistas o prensa.
Pronto abandona Chile y sus comodidades. La contienda bélica española se ofrece larga y cruenta sobre todo para el bando legal, el republicano. En 1937 regresa a la Península y asume responsabilidades, entre otras en el Consejo de propaganda y en el Consejo Nacional de la Infancia Evacuada mientras que su marido se incorpora al frente de batalla. Terminada la contienda,1939, inicia un largo exilio, hasta el año 1984, que se inicia en Francia.
Recibiendo categorías del filósofo, también exilado, José Gaos, María Zambrano adoptará como territorio o hábitat el exilio. Amo mi exilio será uno de sus últimos textos repleto de emoción e intensidad. Gaos afirma que el desterrado, una vez expulsado de la patria de origen a la que nunca renunciaría, no lograba otra de destino; mientras que el transterrado, una vez perdida la patria de origen adoptaba otra de destino; finalmente, la tercera categoría, el exiliado, una perdida la patria de origen nunca lograba otra de destino; es decir, el exiliado asumía esta condición como, quizá no como patria final sino como matria, pues la matria nutre y sustantiva, define y protrege. De este modo, Zambrano desde su matria auroral se alimenta y nos dona una obra con voz propia, heridaria y provocadora. Para que esto fuera posible, se itera, la experiencia americana y sus huellas han de ser profundas.
Desde Francia, en 1939, se dirige a La Habana con destino a Morelia (México). En la Universidad de la capital del estado de Michoacán imparte un cargado programa de sociología y filosofía. El día que las tropas franquistas entran en Madrid, María explicaba a sus alumnos la libertad en los griegos. En esta ciudad publica obras y artículos, a pesar de la breve estancia deja su impronta. Durante estos años son numerosas la tesis doctorales sobre su pensamiento allí desarrolladas así como el Congreso Internacional sobre su pensamiento. Se puede afirmar que su obra y pensamiento, de acuerdo con las publicaciones gestadas en Morelia, dan cuenta de la viveza y presencia de Zambrano. María no logró acomodarse en Morelia. Solicita acudir a México DF. No lo logra. Confiesa que posiblemente ocultos comportamientos misogínicos lo impiden. Decepcionada acude a La Habana.
Ciertamente será Cuba el territorio americano que Zambrano más habitó. Cuba era la referencia. Desde La Habana realizó numerosas salidas a París con motivo de la enfermedad y apuros de todo tipo de su madre y hermana. El 1 de enero de 1940 se halla en la isla caribeña. Imparte clases y dicta conferencias. Publica numerosas obras y artículos. Colabora en publicaciones seriadas de América y Europa. Mantiene viva correspondencia con diversos intelectuales y aviva su amistad con el colectivo del grupo Orígenes liderado por Lezama Lima, entre otros con Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, etc, así como con otros exiliados españoles: Gustavo Pittaluga, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, etc., a la vez que no abandona sus contactos con Octavio Paz, Albert Camus, entre otros. Las circunstancias que vive Europa la llevan a reflexionar sobre la condición humana, sobre la historia.
Desde América intenta comprender la reiterada llegada del hombre a la tragedia, a ensangrentar la historia, a la construcción de reiteradas ruinas. La tierra se ha convertido en ara sacrificial del ser humano, lugar donde no sólo se vierte sangre sino que, y además, se pierde la libertad. De la historia quedan ruinas. La ruina viviente más representativa es el ser humano y sobre tal ha de reconstruirse un futuro que Zambrano, a pesar del drama, lo atisba esperanzador, no en vano algunos la califican como «filósofa de la esperanza», otros «filósofa de la aurora», pues es al amanecer cuando se vislumbra toda la paleta de colores de la vida; y sucedió que Don Quijote eligió este momento para salir a cabalgar, a la vida. En un libro recopilatorio de artículos diversos, La Cuba secreta, se recogen estas manifestaciones. Las penalidades económicas en Cuba fueron numerosas, pero también cuantiosos sus discípulos. Encuentros, congresos, artículos y estudios que reiteradamente surgen explican la eterna presencia de Zambrano en la isla.
Las penurias económicas se suceden, por ello la filósofa andaluza ha de aceptar cuanta clase o artículo es posible. No obstante también recibe ayudas de numerosos amigos. Otro lugar caribeño e isleño será Puerto Rico. En la isla borinqueña aspiró a permanecer e instalarse, mas el permiso no llegaba. Tras diversos intentos para conseguir un empleo en la universidad no fue posible. Se atribuye a su vinculación ideológica la razón. No obstante colabora en revistas. Imparte cursos y conferencias en diversas estancias durante los años 1941, 1943 y 1945. En Puerto Rico mantiene viva amistad con el rector de la universidad de Río Piedras, profesor Benítez, y con el gobernador de la isla, Muñoz Marín. La amistad con este político inspirador de la modalidad o status quo de la isla respecto a los Estados Unidos, Estado Libre Asociado, se evidencia con la vinculación en determinados textos de la constitución puertorriqueña con una obra clave de Zambrano, Persona y democracia.
En su obra Delirio y destino, obra autobiográfica y confesional, refiere su estancia en estas islas como lugar de nacimiento, como catacumbas desde las que se debe ascender para llegar a la luz. Las islas, trozo de tierra que surge, asumen su peso y espacio sobre el mar. El insularismo, hábitat propicio para las utopías, debe acarrear una nueva visión para recuperar un mundo sostenido en el conflicto, Segunda Guerra Mundial.
Trece años suponen las estancias isleñas de María. Años febriles de actividad y fabriles en la confección de textos. Años de penuria y aislamiento de España. Años de conformación de un pensamiento propio y alejado de su maestro, Ortega y Gasset, en los que se consolida uno de los temas nucleares del pensamiento zambraniano: «la razón poética».
Este adentramiento de María en el continente americano, pues, es una continuación del ya visto a finales de la Edad Media donde una Europa agotada en luchas necesitaba encontrar una terra ignota, un mundus anversus para salir del mundus perversus envolvente. No en vano América fue antes soñada que descubierta(César Vallejo). El viático colombino alcanzó en primer término las costas isleñas. En la circunstancia bélica europeas las islas se convierten en lámparas de luz, en tierra salutífera. Nuevamente América es tierra de refugio, de promesa.
María Zambrano, exiliada y a-terrada (sin tierra) eligió América como espacio propicio para soportar la brega del vivir. Y desde América realizó propuestas para alcanzar un mundo más habitable, para ello recurrió a propuestas de nuestros clásicos iberoamericanos. Defendió a la democracia como el hábitat más natural del ser humano, como la espiral de hilos abiertos que acoge y recoge las propuestas y voluntades de las personas, como el escenario en el que la persona (person) puede subirse y ejecutar su papel, ser sujeto.
Son numerosos los calificativos dados a esta filósofa, «dama errante», «la dama peregrina», etc. Elijo «señora de la palabra», pues a ésta trató de encarnarla como el logos spermatikos (Empédocles) disuelta por todas las entrañas, mas para ello se precisa volver al origen, a la pregunta, al momento en el que la filosofía y la poesía iban de la mano, a la razón poética. La filosofía con frecuencia se ha extraviado entre lodazales historicistas y la sola hermenéutica es preciso recuperarla para que vuelva a ser alethia, ciencia de y para los hombres. Y en esta tarea urge atender y leer las reflexiones dejadas por uno de los pensamientos que, a inicios del siglo XIX, se presencia con más fortaleza.
En Santiago de Chile, La Habana, San Juan de Puerto Rico, Miami, Morelia, Buenos Aires se han celebrado congresos internacionales y monográficos referidos a la filósofa. Las publicaciones se suceden. Un modo de colocar en patena una voz de esperanza, la propia de quien nos exige la necesidad de aprender a decir la propia palabra, la voz de María Zambrano.