Entre arte, literatura y política: indicios en el archivo de Jorge Zalamea-Borda
Presentación y orígenes del archivo
Parece extraño hablar de la familia en este tipo de espacios académicos.[1] Aunque Jorge Zalamea Borda fue mi abuelo, murió antes de que yo naciera y lo he venido a conocer a través de este archivo, que fue recuperado hace apenas 10 años por mis padres, es decir más de tres décadas después de su muerte.[2] De manera que no voy a discutir su obra, pues queda claro que ese análisis le corresponde a los investigadores o críticos literarios; mi propósito es presentarles este archivo en aras de abrirlo y darlo a conocer a investigadores futuros.
Comienzo con una presentación general de los elementos que componen este archivo. Luego me voy a enfocar en algunas muestras que podríamos pensar como “indicios” que revelan y superponen diversas facetas de la vida y obra de Jorge Zalamea Borda (JZB). Por un lado, estas muestras confirman algunos de los aspectos más conocidos de su figura pública, y complementan los testimonios más completos sobre su obra, entre los que se incluyen los estudios de Alfredo Iriarte, Elena Araujo, Juan Gustavo Cobo Borda y Fabio Rodríguez Amaya.[3] Pero también nos acercan a facetas menos conocidos de su persona, que a su vez indican el cruce de caminos entre arte, literatura y política, tres ámbitos inseparables tanto para su vida como su obra. Cuando Elena Araujo indaga, por ejemplo, sobre los motivos detrás de su estado de ánimo en los años cuarenta –a lo que JZB se refiere como una “época oscura” que parece trascender gracias a sus traducciones de St. John Perse—se pregunta “¿Será posible que a su estado de ánimo contribuya un hastío de las intrigas políticas?”[4] Con un acercamiento a los diarios de JZB, se abre la posibilidad de una lectura más completa, pues nos permite acceder a sus pensamientos más íntimos; son estos los años después la muerte de su esposa Amelia Costa, duelo que aparece consignado en poemas y reflexiones escritas a mano en sus cuadernos de los años cuarenta, conservados durante las siguientes décadas de vida, a pesar de sus largas travesías por países recónditos y lejanos. Este es apenas un ejemplo que nos permite entender cómo un archivo, así sea parcial, da cuenta de una vida interna rica, agitada y entrelazada con los acontecimientos políticos y culturales de medio siglo tanto en Colombia como en el mundo.

Contenidos
El archivo se compone sobre todo de carpetas que se podrían dividir inicialmente por géneros como correspondencia, creación literaria, opinión política, traducciones, etc.[5] Sin embargo, un conocimiento más cercano del archivo permite deducir que este tipo de clasificación no corresponde exactamente al pensamiento y espíritu de JZB, pues los mismos problemas políticos atraviesan sus escritos, se traslapan y se hacen difícilmente separables. A continuación, hago un breve recuento de sus contenidos a partir del tipo de documentos que existen en el archivo, sin hacer una diferenciación demasiado explícita por géneros:
[1] Esta presentación fue hecha inicialmente en el marco de un coloquio titulado Ilusión y materialidad de los archivos literarios 6, 7, y 8 de mayo del 2014, organizado por Jerónimo Pizarro con la Universidad de los Andes, Bogotá, y el Banco de la República / BLAA.
[2] Después de la muerte de JZB, este archivo fue custodiado por su segunda esposa, Yirina de Zalamea; posteriormente fue catalogado, en parte, por el segundo esposo de la viuda de JZB. El archivo fue entregado a Alberto Zalamea Costa, hijo único de JZB, a comienzos de la primera década del siglo XXI.
[3] El punto de partida fundamental para estudiar la obra de JZB se constituye, en primer lugar, por el ensayo introductorio de Alfredo Iriarte, “Ensayo crítico sobre El gran Burundún-Burundá ha muerto y La metamorfosis de su Excelencia” en Jorge Zalamea, El gran Burundún-Burundá ha muerto y La metamorfosis de su Excelencia (Bogotá: Colombia Nueva, 1966). Uno de los estudios críticos más tempranos sobre la obra en general es el texto de Elena Araujo, “Jorge Zalamea”, ECO n.161 (Buchholz, Bogotá, marzo 1974): 524-555. Los testimonios de Álvaro Mutis y Alfredo Iriarte, así como las notas críticas de Juan Gustavo Cobo Borda, aparecidos en la antología Literatura, Política y Arte, editada por Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, Biblioteca Básica Colombiana, 1978), dejan entrever tanto una agudeza crítica como un conocimiento de causa. El único libro completo sobre la obra de JZB es de Fabio Rodríguez Amaya, titulado Ideología y lenguaje en la obra narrativa de Jorge Zalamea Borda (University Press Bologna, 1995), que se centra primordialmente sobre La Metamorfosis de Su Excelencia y El gran Burundún-Burundá ha muerto, pero que incluye además la bibliografía más completa de las ediciones de JZB así como de sus traducciones.
[4] Araujo, op.cit, p. 544. Araujo se refiere a la “consolación poética” y a la “época oscura” señaladas por JZB en Minerva en la Rueca (Editorial Espiral, 1949), p. 182.
[5] Las carpetas están numeradas, pero es bastante probable que esta numeración fuese hecha después de la muerte de JZB. La clasificación por géneros fue establecida por Andres López Bermúdez durante su revisión minuciosa del archivo entre 2008-2011, mientras escribía una tesis doctoral sobre JZB en la Universidad de Antioquia.
- 1.Una cantidad significativa de correspondencia que va desde los años 20 hasta finales de los años 60. Esta correspondencia, distribuida en aproximadamente 27 carpetas, incluye cartas personales y familiares, y con figuras políticas y literarias, como León de Greiff, Miguel Angel Asturias, Nicolás Guillén, Alfonso López Pumarejo, y Eduardo Santos, entre otros. Pero también hay cuentas de cobro ysobre la distribución de sus obras; discusiones en torno a los proyectos de traducción; la correspondencia cuando ocupó cargos diplomáticos o políticos; así como lo relacionada con la revista Crítica.
- 2.Carpetas con manuscritos y borradores (escritos a máquina) de crónicas, traducciones, textos de opinión política, y algunas obras literarias inéditas o sin
- 3.En otro grupo de carpetas (17) se entremezclan recortes de prensa que documentan la recepción de su obra y de sus traducciones de St John Perse, sus viajes y su vida diplomática, el Premio Lenin de la Paz, pero también acontecimientos puntuales, como lo es un cuaderno que recoge la documentación sobre el asesinato de Gaitán, y sobre figuras como León de Greiff y Alfonso López Pumarejo, entre
- 4.Un grupo de 30 cuadernos en los que se entremezclan manuscritos de sus obras, diarios de viaje, bocetos de cartas, cuentas y todo tipo de anotaciones
- 5.Un archivo fotográfico, que documenta sobre todo sus viajes por Asia y Europa Central en los años 50 y 60, pero donde también se encuentran fotografías ocasionales de comienzos del siglo XX.
- 6.Si bien el grueso de la biblioteca de JZB no forma parte del archivo, existen algunos remanentes que incluyen sobre todo libros de historia del arte de sus viajes por Europa Central, así como la mayoría de las ediciones de sus propias publicaciones.[1] Esto incluye las versiones traducidas en idiomas múltiples, así como unos 35 libros firmados por escritores y amigos
No sabemos si la numeración de las carpetas y sus divisiones fueron pensadas por JZB, o si fue una organización póstuma por quienes tuvieron el archivo a posteriori. En todo caso, lo cierto es que a lo largo de cuatro décadas preservó sus cuadernos de juventud, en los que aparecen algunas de sus primeras inquietudes; guardó copias de su correspondencia en ambas direcciones; e hizo recortes de prensa de manera más o menos constante.
Los cuadernos como indicios
Debo aclarar que la correspondencia ha sido minuciosamente estudiada por Andrés López Bermúdez en una tesis doctoral del 2013, de la Universidad de Antioquia,[2] de manera que, en esta breve presentación, quisiera detenerme sobre todo en los cuadernos, no sólo porque son desconocidos para los estudiosos de su obra, sino porque dan cuenta de la variedad y de la integración de su pensamiento. En estos cuadernos se disuelven las fronteras disciplinares y las separaciones entre géneros literarios. Podemos también pensar el cuaderno como una ventana para asomarnos a sus procesos creativos y, en algunos casos, a sus pensamiento más íntimos.
En estos cuadernos, que van desde 1928 hasta 1968, el año antes de su muerte, se entremezclan reflexiones personales sobre política; bocetos de cartas y discursos; diarios de viaje; apuntes sobre cosas vistas; poemas; impresiones sobre sus amigos; historias de amor y duelo; cuentas; notas de opinión política; borradores de sus artículos para Crítica; y numerosos textos inéditos así como algunas versiones finales de obras literarias. A continuación presento una selección de extractos de estos cuadernos en orden cronológico, mientras sigo los pasos de una vida y obra marcadas por los viajes y su entorno político.

El imaginario de infancia y los años de formación
Jorge Zalamea nace en 1905 en Bogotá y crece en una casa ubicada en el costado norte de la Plaza de Bolívar, casa que era a su vez la empresa familiar, la Ferretería Zalamea Hermanos que se había encargado de importar la primera prensa de imprimir a vapor a Bogotá.[3] En su “Infancia y adolescencia de un viejo aprendiz de escritor” publicado en la Nueva Prensa en 1963, JZB evoca sus primeros recuerdos: en 1910, a sus cinco años, se celebraba el Centenario, pero cuenta que fue sobre todo el paso del Cometa Halley que quedó grabado en su memoria (acontecimiento que quedó intensamente registrado en el imaginario de la época a través de postales y caricaturas que anunciaban el fin del mundo): “Creo poder precisar el año porque ocurrieron en él dos sucesos que araron profundamente en mi memoria. El uno, la aparición en el cielo bogotano del cometa Halley; el otro, la celebración del centenario de nuestra independencia. ¿Será muy impertinente decir que me impresionó más el cometa que el centenario?”
Desde sus 15 años, comenzó a escribir crítica teatral y publicaba sus primeros cuentos y reseñas en Cromos, El Tiempo, El Espectador y la revista Universidad (dirigida por Germán Arciniegas). A sus 20, hacia 1925, empezó a asociarse con el grupo de “Los Nuevos”, al tiempo que emprendía sus primeros viajes por México y Centroamérica con compañías de teatro.[4] De ahí, su primer libro, una obra de teatro: El regreso de Eva, de 1927.
Si bien no tenemos cuadernos de esta etapa temprana de su vida, podemos tomar su “Infancia y Adolescencia” como un primer indicio para asomarse a una vida en retrospectiva, que además deja entrever el tono irreverente que lo caracterizó en vida y que subyace en sus escritos. Como nos lo recuerda Luis Zalamea Borda, el hermano menor de JZB, en sus propias memorias, “[l]o bueno de las memorias omniscientes, de acuerdo con Gore Vidal, es que podemos dar al traste con el tiempo lineal y lanzarnos en saltos mortales hacia el ayer o el mañana”.[5]
Entre Madrid y Londres: nostalgia, amistades y la conformación de una familia
De 1928, mientras JZB vive en Madrid como consejero comercial de la legación colombiana, tenemos el primer registro de un cuaderno [#5] en el que aparecen intercalados recuerdos, escritos enviados a El Espectador, y anotaciones sobre literatura inglesa, en particular Virginia Woolf. Inicia con una “Memoria de 23 años” donde declara una “Agridulce necesidad de rescatarme a mí mismo.” Más adelante, una entrada a la manera de un diario, fechada el 4 de enero de 1929: “Cada día más profundo el sentimiento de libertad como medio de alegría y de propio conocimiento. Una vida modesta, en un pueblo pequeño, una mujer que responda bien a las necesidades del cuerpo y que sea blanda para el espíritu (tal vez un hijo), y pocos –especiales- libros. No obstante, a veces el pensamiento de mi casa paterna me hace vacilar. Tal vez los míos me sean necesarios.” En la siguiente página, otra entrada, del 12 de enero, con una anotación sobre una tarde tediosa pasada con García Lorca: “Un tedio enorme, sin remedio. Ayer pasé 3 horas con García Lorca sin haber tenido un momento agradable. Cada día me siento más perdido entre la gente. ¿Cuándo podré conquistar el heroísmo de la soledad?”
También incluye un escrito sobre Colombia vista desde España titulado “En un país de América”: “Probablemente sea Colombia el país que menos haya fatigado la atención española. La gente, recordando haber oído hablar vagamente de su café suave, de sus esmeraldas, de su platino, de su petróleo, procura localizarla en el mapa de América y en el último momento, desconfiando de su existencia, agarra el nombre de Bolivia y cubre en él dos ausencias de certidumbre. […] El cable casi nunca tiene que emplearse en informar al mundo sobre la vida colombiana.” Y termina con el dibujo de un mapamundi a mano alzada.
También aparece uno de los temas recurrentes de sus cuadernos, los retratos de amigos: “Haré un retrato de Lleras, dibujándome a mí mismo. Lleras y yo hemos sido demasiado amigos, hemos ansiado mucha vida al mismo tiempo para que no tengamos profundas diferencias. Llamando estas diferencias daré la imagen de un Lleras más real, más cercano a él mismo. Si narrase las simpatías que nos unen, la imagen que de él diera no sería otra cosa que una idealización suya a través mío. Es decir, haría un Lleras compuesto.” Sospecho que esta anotación se hace después del retrato que inicia en la página siguiente: “Me despertaron unos golpes en la puerta de mi alcoba. Se me pasó una tarjeta que anunciaba: ‘Alberto Lleras Camargo. Buenos Aires. Corresponsal y enviado especial de El Mundo’ . El asombro tonto facilitó el “que pase”, apenas pronunciado y ya resuelto en una reacción confusa de pudor. Después de 4 años de separación completa, encontrarme con el amigo de toda la vida en ese momento [inerme y] delator que sigue a un brusco despertar, se me antojaba una burla [….]”
El cuaderno finaliza con una crítica a la temporada de teatro madrileña entre 1928-29 que tilda como “un derrumbamiento de naipes”: “Probablemente el aspecto más lamentable de la cultura española, es el que ofrece su panorama teatral del momento. La veintena de teatros que funcionan en Madrid, anuncian en sus carteles una feria de mediocridad [….]” Termina con una defensa de algunos pocos, entre los que está García Lorca: “Cuando se anunciaba la farsa erótica de García Lorca titulada (—-), las autoridades, que jamás lograrán comprender que las relaciones entre la moral y el arte son demasiado sutiles para que puedan ser apreciadas y determinadas por un cuerpo burocrático, suspendió la presentación, alegando defender con ello la moral pública.”
En su traslado a Londres como vicecónsul, inicia una vida familiar con su esposa española, Amelia Costa, y su hijo Alberto nacido ya en 1929. En los tres cuadernos londinenses de 1933, son recurrentes los recuerdos de infancia y el dolor de patria, narrado a través de un intento por recuperar el nombre y la imagen de los árboles y el paisaje colombiano. Pero aparecen también con fuerza los escritos políticos: “Marginalia política” así como una carta a Enrique Santos Montejo (Calibán) sobre las actuaciones del liberalismo, y la carta a Alberto Lleras y Francisco Umaña Bernal, con sus reflexiones sobre la realidad nacional, los Nuevos y la generación del Centenario, que aparecerá publicada por el Hawthorne Press en Londres en 1933, titulada “De Jorge Zalamea a la juventud colombiana”. Hay también textos y cartas dirigidas a Ignacio Gómez Jaramillo, que posiblemente indican sus escritos futuros sobre el artista y que serían una fuente rica de investigación para la crítica de arte.
Regreso a Colombia en los años 30: consolidación política y literaria
Después de algunos años inmerso en la política liberal colombiana, primero como secretario general del Ministerio de Educación y luego como secretario general de la Presidencia de la República, bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo, viene un período de intensa publicación: en 1941 aparecen el Rapto de las Sabinas (cuyo manuscrito final está contenido en el cuaderno n.2); La vida maravillosa de los libros (ensayos sobre la literatura española); un libro de crítica de arte Nueve artistas colombianos, en el que protagonizan Ignacio Gómez Jaramillo y Pedro Nel Gómez, entre otros; y una Introducción al arte antiguo. De estos años susbsiste también una correspondencia familiar entre Amelia y sus familiares en España, mientras sobreviven a la Guerra Civil española.[6]
Estancia mexicana e italiana: duelo y posguerra
Los cuadernos personales reaparecen en 1944, durante su estancia en México como embajador, después de la muerte súbita de su esposa Amelia de apenas 39 años. En los tres cuadernos fechados entre 1944 y 1947, se traslapan la experiencia mexicana e italiana, y el duelo por Amelia atraviesa cada uno de ellos. El primer cuaderno inicia en México el 21 de octubre de 1944: “Recuperarte será un largo dolor y una inalterable paciencia. Pero tendrá que llegar el día en que vuelvas a mi vida, creada de nuevo en mi propio tormento y ya no perecedera.” Más adelante, anota, con ironía, sus impresiones iniciales de Roma en la posguerra, cuando llega allá también como embajador, esta vez solo con su hijo Alberto: “Está Roma más sucia que antes si ello es posible. Pero más que su acentuada suciedad me preocupa este hecho: en la Roma de antes, es decir de antes de la guerra y el fascismo- los romanos se meaban en las calles con el (frío?) orgullo con que vertían el agua las ninfas y los tritones de sus fuentes: por mero places de aguas corrientes. Ahora se mean y se cagan.” En el mismo cuaderno, aparecen anotaciones veloces que dejan entrever una lectura romántica y neoplatónica de la obra de Miguel Angel: “Y entonces tuve la revelación de que Miguel Angel, era la desesperación de la grandeza [….] Nunca se tuvo, como en el momento de la capilla medicea, un más profundo y más altivo sentimiento de la muerte.”
A la vez, intercaladas con sus escritos sobre los viajes por Italia, visitados en compañía de Gabriel Turbay Abunader, reaparecen las reflexiones sobre el lugar de Colombia en el mundo: Una entrada del 2 de febrero de 1944 inicia así: “Alguien dijo que Colombia era la casa de esquina de la América del Sur. Una casa de esquina amplia, con una fachada en diagonal –accidentada, caprichosa y bella como un frontispicio barroco…” En una nota posterior, recuerda la visita de Gabriel Turbay a comienzos del verano de 1947: “Con el Director de Crítica hizo entonces un lento, provechosas y apasionado viaje: Roma, Asís, Siena, Florencia, Mántua, Padua, Venecia, Verona, Milán. En esos días, J.Z. tomó algunas notas que deberían hacer parte de su “Diario de Italia”. Y hoy, en el primer aniversario de la muerte prematura de Turbay (nov.1947), se publican tal como fueron escritas y por rendir un afectuoso homenaje a la memoria un incomparable compañero de viaje… [para Crítica en 1948].” De allí se ve que JZB retomaba sus cuadernos a través del tiempo, y usaba o ampliaba ciertas entradas, en muchos casos para su publicación en Crítica.
Las traducciones de Saint-John Perse[7]
Vuelvo atrás: en el cuaderno de 1946, queda resumida su experiencia como traductor de Saint-John Perse, actividad que lo ocupa intensamente durante su estancia en México y en Italia:
Por tercera vez en el curso de un año, publico una versión castellana de poemas de St.John Perse. A la de ‘Elogios’, siguió la de ‘Lluvias, Nieves, Exilio’. Toca hoy el turno a la de ‘Anabasis’. Hasta ahora no había sentido la necesidad de dar a esas versiones una explicación, una justificación y ni siquiera una excusa. Ni tampoco había considerado inispensable acompañarlas de un juicio personal sobre el extraordinario poeta que tan altas lecciones y tan profundas emociones me diera en los meses pasados en la intimidad de sus textos. Tratar de explicar al poeta, se me antojaba una insoportable pedantería…. Pero he aquí que, publicado ‘Elogios’ y en prensa ya ‘Lluvias, Nieves, Exilio’ vine de repente a preguntarme qué razones especiales me habían movido a verter al castellano la poesía de Perse… Y tras una de esas lentas indagaciones íntimas que mejor nos revelan a nosotros mismos y que extraen de fondos inexplorados las ocultas razones de nuestros actos, descubrí aquellas causas y con ellas, lo que a mi entender, constituye la grandeza auténtica de la poesía persiana. Si no me equivoco, me hallaba frente a una experiencia espiritual del mayor interés, no por el sujeto de ella, sino por las consecuencias generales que me parecía podrían desprenderse de la anécdota personal y por las luces que acaso arrojara sobre lo que llamaré, recordando a Nietzsche, ‘la consolación poética’. Me consideraría en falta con Perse y con la poesía, si no hiciera el relato de esa experiencia espiritual y el análisis de sus consecuencias.[8]
En 1949 saldría su traducción de Anábasis con las ilustraciones de Giorgio De Chirico en una edición de la Universidad Nacional de Colombia. Con las traducciones de St. John Perse hay un punto de partida interesante para estudiar este conjunto de traducciones con sus ilustraciones, que eran el resultado de un trabajo con artistas o arquitectos amigos, como por ejemplo Fernando Martínez Sanabria, quien ilustró tanto la edición de Vientos como de Crónica.
Colombia después de 1948: crítica política
La historia de su regreso a Colombia en 1948, poco antes del asesinato de Gaitán, es conocida por su dedicación a Crítica, que funda en octubre de 1948, en medio del proceso que lo acusa de traición e “incitamiento a la revuelta y al desorden”, por sus acciones desde la Radio Nacional el día del Bogotazo, del cual es eventualmente absuelto en enero de 1949. Es en Crítica donde aparece inicialmente La metamorfosis de su excelencia, consignada un mes antes de su publicación a finales de 1949 en un cuaderno con títulos alternos como “Las narices de su Excelencia” o “La velada de Su Excelencia”. Al cerrarse Crítica en octubre de 1951, parte en un auto-exilio en Argentina, donde aparecerá El Gran Burundún Burundá ha muerto, por primera vez, en 1952.
Los años cincuenta: viajes por los países del este
A partir de 1952 emprenderá una serie de viajes por China, la Unión Soviética y Europa Central, en calidad de Secretario del Consejo Mundial de la Paz. En su viaje a China Popular en 1952, participa en la Conferencia de Paz de los pueblos de Asia y del Pacífico, desde donde escribe su libro sobre política internacional, titulado Reunión en Pekín. Sus pensamientos quedan consignados en una serie de cuadernos que podríamos también pensar como diarios de viaje. Desde Cracovia, compone una obra teatral (sin terminar) que titula “La noche en Wawel” donde uno de los actos se basa en El juicio final del Bosco. En 1957, desde Benarés, a orillas del Ganges, cuando participa en el Congreso de Escritores Asiáticos, escribe la primera parte de El sueño de las escalinatas (publicado eventualmente en 1964).
Los años sesenta: Cuba y la actividad académica
Voy a terminar recordando sus viajes a Cuba y sus publicaciones sobre los antecedentes de la revolución cubana, su publicación en torno a la literatura vietnamita de 1967, así como su antología La poesía ignorada y olvidada de 1965. De estos años está también el cuaderno de Cantata del Che, publicada póstumamente.
Es curioso que su actividad académica quede para el final de su vida. En 1965 da su primera cátedra universitaria; se trata de un curso sobre arte de la prehistoria en la Universidad Nacional de Colombia, que queda consignada en un extenso y detallado documento con sus reflexiones en torno a la educación, y que resulta también en un libro titulado Introducción a la prehistoria.
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Es indudable que estos ires y venires, no sólo en términos de desplazamientos físicos sino por su capacidad de incursionar en materias tan variadas, marcaron de manera profunda la vida y obra de Jorge Zalamea Borda. Espero que a través de estos extractos puedan surgir algunas inquietudes e interrogantes para investigadores futuros que se interesen no sólo por la figura particular de JZB, sino por pensar la historia de Colombia atravesada por un ámbito intelectual mundial en unos momentos muy precisos, a través del testimonio íntimo que queda consignado en las posibilidades de un archivo.
[1] La mayoría de su biblioteca quedó en la Biblioteca Gabriel Turbay en Bucaramanga, pues sus libros fueron puestos a la venta por sus familiares a comienzos de los años setenta.
[2] Andrés López Bermúdez, El cosmopolitismo como función social en la obra literaria de Jorge Zalamea Borda. Universidad de Antioquia, Facultad de Comunicaciones, Doctorado en Literatura, 2013.
[3] La historia familiar puede leerse en el primer capítulo de las Memorias de un Diletante (Bogotá: Taller de Edición Rocca, 2008) de Luis Zalamea Borda (1921-2013), el hermano menor de JZB. En su novela Las guerras de la champaña (Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1992), Luis Zalamea hace también un recuento de la historia temprana de los Zalamea.
[4] Sobre “Los Nuevos” y su revista, véase Enrique Gaviria Liévano, “Los Nuevos” en la historia de Colombia. Una generación militante (1925-1999) (Bogotá: Academia Colombiana de Historia, Biblioteca de Historia Nacional vol.CLXVI, 2010).
[5] Luis Zalamea Borda, Memorias de un diletante, op.cit, p.27.
[6] Agradecemos el envío de copias de esta correspondencia a los hermanos de Amelia Costa, en particular a Alejandro Costa, con quienes nos reencontramos en 1999. Esta correspondencia sirve para cotejar y completar una parte del archivo que incluye una correspondencia familiar de los años 30 entre Amelia y su familia en España, lo cual podría ser un punto de partida interesante para un estudio de microhistoria sobre las vidas cotidianas de una familia dividida por la distancia, en plena Guerra Civil española.
[7] La Obra poética completa de Saint-John Perse en español, con traducciones e introducciones de Jorge Zalamea, apareció recientemente en dos volúmenes de la Pontificia Universidad Católica del Perú (2004).
[8] Una “explicación –muy personal y fragmentaria—que de la poesía de Saint-John Perse intentó Jorge Zalamea en su ‘Diario de Italia’” aparece titulada comom “La consolación poética” en la edición de Anábasis (Universidad Nacional de Colombia, Sección de extensión cultural, 1949), para la cual consultar la edición facsimilar del Instituto Caro y Cuervo (1992), p.37-40.