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Sobre «Bulevar de los héroes»

Cuando el llamado boom de ficción hispanoamericana surgió en los años sesenta y setenta, se empezó a hablar de realismo mágico, o como lo denominó Alejo Carpentier, lo real maravilloso (the whonderous real), fue evidente que los escritores de Sur América habían empezado a reconocer su propia y peculiar realidad y que sus tradiciones se habían expandido más allá de los aportes indígenas, africano, y de las tradiciones europeas. (…)

Fue Gabriel García-Márquez, el más famoso de los escritores del boom, quien llamó posteriormente la atención sobre el retrato de lo que había sido tomado como el fenómeno político hispanoamericano, o sea el dictador, o más exactamente, el caudillo. En su novela El otoño del patriarca podríamos encontrar un compendio de todos los dictadores. En la figura de un aparentemente joven tirano, percibimos rasgos de Porfirio Díaz, Perón, Juan Vicente Gómez o incluso de Francisco Franco de España, concluyendo que la cultura siempre es una, y que tenemos novelistas que han precedido y seguido a García-Márquez, cada uno con su peculiar estilo al diseñar su dictador. Inicia el ciclo Miguel Angel Asturias con El Señor presidente, basado en el dictador Cabrera Estrada, pero cuya novela fue pública durante el segundo periodo de Jorge Ubico de Guatemala. En la novela de Asturias, la figura del tirano es difusa. Representa el poder diabólico que mueve los hilos de las cosas, como las vemos en la novela, pero nosotros no llegamos a ver su verdadero perfil. (…)

Es evidente que el boom no fue pan comido para la segunda generación de los escritores que retomaron su antorcha y lo continuaron, demostrando lo que el movimiento significa y representa. El boom estilísticamente no es solamente un ejercicio descriptivo. La posmodernidad huye del significado; es caprichosa y genera doble confusión para hispanoamericanos que utilizan el término. (…)

Esta segunda generación ha continuado con los temas de sus predecesores, algunas veces desde diferentes ángulos. En todo caso, estos jóvenes escritores son igualmente originales y no siempre imitadores del viejo grupo. (…)

Es natural que todo tema local, como el de la dictadura e insurrección continúe interesando y reclutando jóvenes escritores. Eduardo García-Aguilar es un colombiano que al igual que García-Márquez residió en la ciudad de México, lo que le permite ver su país natal con una perspectiva externa que realza su visión de las maravillas de la realidad.

Su héroe revolucionario, el Loco Rincón, a veces parece ser una versión abierta del coronel Aureliano Buendía de García-Márquez. En el caso de Rincón su introspección se despliega al lector  a través del monólogo interior y otros recursos que hacen menos misteriosa su psicología que la del coronel, aunque es también un gran fracaso militar y político.

El es en últimas enviado al exilio en París, como lo fue el caso de muchos de los caudillos fracasados. El remoquete de Rincón nos remite una vez más a Cervantes, quien declaró que Don Quijote se había enloquecido porque su cerebro se había secado por culpa de las lecturas de los libros de caballería para darnos un auténtico héroe.

La circunstancia de su locura  implica que su heroísmo sea otra faceta de la locura, lo mismo que la santidad, la categoría en la cual Unamuno ha situado a Don Quijote. Héroes, santos y sabios, todos locos, sobreviven, antes de ser leyendas, pero todos fracasan: Jesús, Don Quijote, el coronel Aureliano Buendía, como Simón Bolívar y el Loco Rincón.

 Los dos mundos diferentes de la novela son igualmente reales y por lo tanto, igual de fantásticos. García-Aguilar ha mostrado que la cultura hispanoamericana es aun inexplicable, al menos que la podamos explicar desde la cultura europea, como cíclicamente sucedió con impredecibles periodos de locura como el Nazismo y otras extrañas manifestaciones de necesidades y sentimientos populares.

 En esta novela los dos mundos, París y el trópico, aparentemente distantes, se equilibran en la ecuación del loco Rincón; todos rodeados por la locura. García-Aguilar muestra entonces que no existe fisura entre el Mundo antiguo, que las tradiciones nos han sido dadas como algo analizado y entendido por muchos años (revisionismo de paso) y el Nuevo, siempre aceptado como una serie diferente y díficil de valores o normas.

Ellos están en las mismas condiciones humanas e igualmente sufren la misma locura. Cuando los españoles llegaron a América se encontraron con una naturaleza loca  (Crazy nature), pero al mismo tiempo una de sus locuras más típicas las protagonizó Lope de Aguirre, el loco Aguirre, más honesto en unos objetivos que en otros, como quizás ha sido recientemente interpretado.

 Bulevar de los héroes se sitúa por supuesto en París, aquel paraíso terrenal de los tiranos caídos (excepto Napoleón, quien terminó sus días en una olvidada isla del Atlántico), pero en esta novela se debe identificar como uno de los círculos (cerchi) del infierno de Dante. (…)

Este es el mismo París artificial del Baron Haussmann, con el bulevar que lleva su nombre. Tal vez Bulevar de los héroes. En París, Petronio (no tanto el Loco) encuentra a Adela, tal como la presiente y recuerda Cortázar en su maravillosa epónima: La Maga de Rayuela, habitante del temprano París del exilio. Su nombre también recuerda a Adelita, la patrona de las fuerzas villistas de la Revolución Mexicana y más tarde la encarnación de Guadalupe.

El mito se mezcla, entonces, hasta convertir a París en edén y jungla, ante la imposible realidad que vive Rincón para encontrar su propia tierra prometida. (…)

Lo que tenemos en esta novela es la segunda fase de la novela del caudillo, como parte integrante de lo nuevo, o mejor, la nueva novela cervantina de Hispanoamérica.

El capricho literario nos llevará a encontrarnos con lo que ellos han llamado intertextualidad entre parisinos y revolucionarios, culturas hispanoamericanas, ambiguas ambas como debe ser, dada la presencia de más de tres desconocidos.

Como parte que es la nueva novela hispanomericana de una gran refundición cultural, Bulevar de los héroes puede ser considerado como un aspecto de la vida del coronel Aureliano Buendía que ha tomado una dirección distinta después de haberse levantado una mañana. Petronio Rincón puede ser una de sus posibilidades si no es un Doppelganger (doble). En todo caso, estamos frente a una excelente novela que ofrece otra perspectiva con su nueva mirada del fenómeno de la revolución y del caudillismo, tal como se ha transformado éste en Hispanoamérica con el paso de los años.

 

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Edición No. 173