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Semblanza de Cayetano Betancur

¿Qué piensan ustedes de la vida? Esta pregunta tan del diario vivir la planteaba a niños y jóvenes, sus sobrinos, Cayetano Betancur, y con especial atención esperaba nuestra respuesta. Formulada por él, no era una pregunta común y corriente. Expresaba un interés profundo por comunicarse con nosotros, por establecer un diálogo sencillo pero sugerente para incitarnos a pensar, luego oírnos y comentar lo que opinábamos con el mismo entusiasmo con el que estimulaba a sus alumnos universitarios puesto que ejerció como profesor de las universidades más importantes del país.

Su oficio, su vocación, era la del maestro, que a la manera socrática invitaba a construir la verdad, en el ejercicio de la razón y la confrontación y a plantearse la existencia como expresión de la sensibilidad, del asombro y del goce del mundo, en la búsqueda de sentido de lo humano, porque humano fue Cayetano, y demasiado humano.

Hombre sencillo como el que más, albergaba en una frágil corporeidad un espíritu grande y profundo capaz de acercarse a personas de toda clase, condición y edad. Desde muy joven, se preocupó por el ejercicio del pensamiento. Preocupación que transmitió a los que lo rodeaban, desde sus tempranas incursiones en la práctica pedagógica, al empezar la enseñanza de la filosofía antes de llegar a los veinte años. Esto se le volvió una bella obsesión durante toda la existencia, por eso manifestaba «si bien no puedo vivir de la filosofía, si quiero vivir para la filosofía». Su profesión de abogado graduado en la Universidad de Antioquia, que ejerció durante tantos años, siempre estuvo acompañada por la enseñanza. Universidades como la de Antioquia, la Bolivariana, la Javeriana, la Nacional, el Colegio Mayor del Rosario, la Universidad de los Andes, entre otras, lo tuvieron como docente, destacado por sus colegas y alumnos.

Fue promotor de propuestas decisivas para el desarrollo de los estudios filosóficos en Colombia y para su divulgación, tales como la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá como impulsor de su fundación, profesor y primer decano en los años iniciales de la década del cincuenta y luego reelegido de 1961 a 1964. Asimismo fundó con otras colegas en el año 1951, ese valioso órgano de pensamiento, la revista «Ideas y Valores» de la cual fue director, que después de más de cincuenta años de existencia, sigue siendo portavoz de la enseñanza y difusión filosófica y humanística de primer orden en el panorama intelectual. Ya en el primer número de la revista, advertía Cayetano en la presentación titulada «Designios» con palabras premonitorias que adquieren hoy plena vigencia:

En esta hora oscura que vive el mundo, ni aún una revista de filosofía puede delinear un proyecto ni formularse unos propósitos. Basta con exponer unos designios, hijos de la circunstancia, del presente fugaz los cuales pueden ser sustituidos en un futuro próximo por otros más adecuados o convenientes, o, (y el día no esté lejos), por proyectos de largo alcance y arraigada posibilidad de desarrollo.

(…) No se aspira desde estas páginas a decir nada definitivo. Hay doctrinas fijadas, hay dogmas; existe una «philosophia perennis«, pero los filósofos no hacen más que expresar, mal que bien, a veces con fortuna, otras ocasiones torpemente, lo que la Idea tiene de eterna realidad y sustancialidad.

Expresión de un espíritu profundo, de un pensador que vivió para la filosofía. Si bien ejerció también el derecho como profesión para buscar una vida digna pero modesta para su numerosa familia y dar apoyo a muchos que recibimos del pariente, del amigo, la solidaridad en momentos difíciles, la abogacía no sólo fue una profesión, ante todo, una preocupación filosófica porque Cayetano Betancur fue un filósofo del derecho que hizo aportes significativos en este campo, reconocidos nacional e internacionalmente. En la presentación de su obra «Introducción a la filosofía del derecho» publicada en 1952 decía que «su propósito era contribuir a meditar sobre las bases fundamentales de la ciencia del derecho y sobre sus posibles perspectivas y límites de evolución».

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Edición No. 139