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Einar Goyo-Ponte, académico de letras y musicólogo / Reportajes de Aleph

En el año 2011 realizamos en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, una nueva versión de la “Cátedra abierta: Grandes temas de nuestro tiempo”, con el tema: “Música, literatura y pensamiento”, con invitados especiales colombianos y extranjeros. Entre estos estuvo el profesor Einar Goyo-Ponte, de Venezuela, quien disertó sobre “La música literaria de Franz Liszt, en el bicentenario de su nacimiento (1811-2011)”. Otros participantes fueron Valentina Marulanda, Carmen Millán de Benavides, Ellie-Anne Duque y Ramón Mier.  Además de hacer su presentación y tutoriar su visita, aproveché para entrevistarlo con destino a su transmisión en UN Radio, lo cual ocurrió el 28 de abril de aquel año. En la presentación que le hice dije, entre otras cosas, lo siguiente:

Continuamos con el examen abierto de la confrontación de música y literatura, en busca de una solución de armonía, incluso en la disonancia o en los desencuentros que buscan nuevas expresiones para el gozo o la distracción de los afanes. Y en ese escudriñar de ambas interviene la razón con la medida de la sinrazón, por medio de juegos, merodeos, y aún elaboraciones de pensamiento. Situación que encuentra camino en la componente sensible, bajo formas de asombro, con la música como expresión suprema de la creación humana. La ecuación literatura-música-pensamiento sigue siendo el desafío.


Einar Goyo-Ponte firma el «Libro de Autógrafos Aleph-UN» (28.IV.2011)

Lo dijo la gran escritora española Ana-María Matute, con sencilla sabiduría, al recibir el “Premio Cervantes” (2011): “Con alivio, he comprobado que toda la música del mundo, la audible y la interna –esa que llevamos dentro, como un secreto- nos la inventamos.”

Se Continuó la “Cátedra abierta” con invitado especial, otra personalidad sobresaliente, venezolana, en los campos de la música y la literatura, que ha ejercido como docente e investigador en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador y en el Instituto Pedagógico de Caracas, con extensión de labores en la Universidad Central de Venezuela, en la Universidad de Carabobo y en la Universidad Simón Bolívar, entre otras.

Se trata del profesor Einar Goyo-Ponte, ocupado en las literaturas europeas y latinoamericanas, del teatro en el Siglo de Oro y en especial de algunos autores como Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, y de los más actuales como Alejo Carpentier, también de la Poesía en Venezuela. Y en música ha trabajado compositores universales como Verdi, Rossini, Lizst, y la Ópera en Latinoamérica, además de interesante labor que ha cumplido en columnas de prensa con la crítica musical, en los diarios más importantes de su país. Destacado ha sido, por ejemplo, su examen cuidadoso de la “Sinfonía para la Divina Comedia de Dante”, de Franz Liszt, como expresión musical de la gran literatura universal. Ha publicado varios libros, entre los cuales menciono la “Breve historia de la Ópera” (1991), “Rossini, el desconocido” (1993), la historia del célebre “Teatro Carreño” en Caracas (1998), “Verdi, va pensiero” (1994) y “Tópicos de literatura española” (2001), entre otros.

Einar es licenciado en letras de la Universidad Central de Venezuela, Magister en Literatura Latinoamericana en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, profesor titular en el Instituto Pedagógico de Caracas desde 1988, jefe de la cátedra de literaturas europeas hasta su jubilación en 2016, coordinador de la maestría en literaturas latinoamericanas del Instituto Pedagógico de Caracas desde 1998 hasta el 2002, coordinador del departamento de castellano, literatura y latín de esa misma institución desde el 2006 hasta junio del 2008, jefe del departamento de castellano, literatura y latín desde junio del 2008 hasta 2016. Profesor de la maestría en teatro latinoamericano de la Universidad Central de Venezuela y ha tenido a cargo seminarios sobre la poesía venezolana en la maestría en literatura venezolana de esa misma Universidad. Profesor de Literaturas Medievales, Literatura española del Siglo de Oro y Literatura del Renacimiento y del Barroco en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, desde 2012.

Es de anotar que por haber sido hecha esta entrevista hace ocho años, las condiciones actuales de Venezuela divergen profundamente. Más adelante se incorpora nota pie de página haciendo claridad al respecto, elaborada por el mismo profesor Goyo-Ponte, al consultarle el texto en conjunto.

– Einar, ¿Cómo fueron tus comienzos en la música?

Desde muy joven yo me sentí atraído por la música, tuve algunos amigos de mi misma edad que ya conocían de música -estoy hablando de mi adolescencia-, estaba terminando los estudios de bachillerato, y me hicieron llegar algunos discos de música académica que me impactaron tremendamente. Luego tuve una experiencia al ver en vivo una presentación del Mesíasde Haendel y eso para mí significó realmente una revelación, no podía creer aquel tipo de música que estábamos escuchando. Cuando sonó el “Aleluya”, de repente veo que la gente se levanta y yo no entendía qué pasaba, porque eso solamente lo había visto con los himnos nacionales, y algo dentro de mí me dijo que también tenía que pararme; el amigo que me acompañó me preguntó: ¿tú por qué te paraste? Respondí: yo vi a todo el mundo parado y sentí dentro de mí que tenía que pararme. Entonces me explica que era una costumbre que impuso el rey Jorge cuando Haendel estrenó frente a él El Mesías. Yo no sabía nada de eso, pero sentí que tenía que pararme, por la intensidad de la música. Entonces, quise hurgar en aquel momento, por supuesto, de manera inconsciente, después lo fui convirtiendo un poco más en trabajo personal y metódico, riguroso; ahondar en el impacto de la música académica, de esta música que llaman clásica, y bueno, comencé a leer, a estudiar, a hacer colecciones de discos y grabaciones. 

Luego la vida me llevó por tránsitos donde esta investigación  podía ser expresada, y podía encontrar acopio pero también respuesta y difusión. Fue entonces cuando me vi con posibilidad de escribir para la prensa sobre música, de investigar, de hacer trabajos; me solicitaban ciertas colaboraciones, y así poco a poco fue esta relación de música y literatura. Apenas concluí mi licenciatura, en la Universidad Central de Venezuela, en la Escuela de Letras, apasionado ya por la ópera concretamente, di en buscar cómo formarme técnicamente, cómo estudiar canto, y aprender un poco de técnica vocal. Mi idea en ese momento era tratar de convertirme en un cantante o lo que pudiera ser. Estudié cinco años de técnica vocal, de teoría y solfeo, también por esos años gané el concurso de oposición en Literatura Española en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, y ya el trabajo universitario me absorbió de una manera tremenda, pero la música me quedó allí como una pasión, como un aprendizaje, que aunque estaba latente, todavía rendía sus frutos, y de pronto me encontré efectivamente con esta posibilidad de escribir para la prensa, de escribir para diferentes medios sobre música y dije que esta era la manera de aprovechar lo que había aprendido en el campo musical, para compartirlo y dedicarlo a trabajos de investigación. Esta es un poco la historia de mi trayectoria.

– También es importante, Einar, que nos cuentes algo sobre la naturaleza y funciones de la Universidad Pedagógica Experimental Libertadory del Instituto Pedagógicode Caracas donde has laborado.

Por supuesto, lo haré con mucho orgullo. El Instituto Pedagógico de Caracas, que es realmente la institución matriz generadora de la Universidad, fue fundado en 1936 por uno de nuestros más grandes escritores, Mariano Picón Salas, porque necesitábamos efectivamente una cantera de maestros para la Venezuela que estaba saliendo de la dictadura de Juan Vicente Gómez y que necesitaba incorporarse de manera urgente al siglo XX. El mismo Mariano Picón Salas nos dijo en alguno de sus escritos que el siglo XX para Venezuela había comenzado en 1936. Él quiso colaborar a ese incorporarnos al siglo XX con la fundación del Instituto Pedagógico de Caracas; para ello él, que había vivido en Chile en años anteriores, trajo lo que se llamó en aquel momento la “Misión chilena”, un contingente de maestros, profesores formados específicamente en las teorías pedagógicas del momento y con ello formó, entonces, el Instituto Pedagógico de Caracas [Cumplió entonces 75 años en noviembre del 2011]. 

Y es sólo a finales de los 80s cuando con la necesidad de expandirse a toda Venezuela, de tener distintos núcleos de universidades para formación de docentes, se crea la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, cuyos núcleos son los institutos pedagógicos, que estaban ya formados en toda Venezuela, en Barquisimeto, en Maracay, en Maturín, en algunas regiones de Los Andes. Esa aglutinación de núcleos forma la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, que en realidad es sólo eso, el conglomerado de todos los institutos pedagógicos nacionales. Su fundamento es, como lo acabo de señalar, la formación de docentes, es una universidad que forma docentes con rango de Educación Superior o de tercer nivel. Hace la carrera docente, los profesores formadores, maestros, en el plano de la educación preescolar, que ahora la llaman educación inicial, la educación para los niños más pequeños, educación especial para lo que llaman ahora discapacidados, y por supuesto en las áreas específicas de la ciencia, de la lengua, de la literatura. El departamento de castellano, literatura y latín, que es donde yo trabajo en el Pedagógico de Caracas, cumple años siempre conjuntamente con el Instituto Pedagógico, pues fueron fundados en simultaneidad. Para nosotros es motivo de orgullo y también espero que esto sirva para promover fuera de nuestras fronteras el trabajo de nuestro Pedagógico, que por cierto ha formado en sus aulas muchos escritores venezolanos importantes, ganadores de premios y buena parte de nuestra actual Academia Venezolana de la Lengua, que forma parte de la Real Academia de la Lengua Española, está conformada por profesores, escritores e investigadores egresados de las aulas de nuestro Pedagógico de Caracas. 

– Einar, tú has tenido a cargo la cátedra de literaturas europeas; es interesante que también recontaras el método de trabajo que has tenido, las experiencias y resultados, por supuesto esto enriquecido con lo que acabas de mencionar, de cómo escritores de cierta notoriedad han pasado por esas aulas.

En la cátedra que yo coordino tuve de predecesores a profesores como Buenaventura Piñero, María Isabel Martin de Puerta, pero también estuvieron allí el profesor Manuel Bermúdez y el profesor Argenis Pérez Huggins, que son investigadores muy respetados en nuestro medio. El profesor Manuel Bermúdez y el profesor Buenaventura Piñero ya fallecieron desgraciadamente, pero su huella queda impresa allí. De alguna forma, me he tomado el trabajo de mantener un poco también esa herencia de ellos, y en el campo de las literaturas europeas trabajamos lo que más convencionalmente se llama literatura universal. De hecho la cátedra de literaturas europeas se compone de tres grandes asignaturas: literatura universal y literatura española I y II; luego agregamos una electiva que es literatura universal contemporánea. Nuestro pénsum de estudio se ve un poquito limitado porque debe darle cabida a las asignaturas de corte pedagógico y de formación técnica y teórica para el trabajo pedagógico; por lo tanto lo que nosotros llamamos la especialidad, que es todo lo que se dicta en el Departamento de Castellano, Literatura y Latín, tiene un contenido limitado. 

Sinembargo, nosotros hemos podido también hacer un trabajo importante porque hemos querido, siempre desde la vía de la extra cátedra, de las actividades de extensión, complementar esa formación que a muchos de nosotros nos parece escasa,  por razones de tiempo y razones de currículo. La cátedra de literaturas europeas ha colaborado en ello haciendo cine-foros, ofreciendo actividades de síntesis entre diferentes artes, diferentes disciplinas, diferentes literaturas. Últimamente nos hemos embarcado en una aventura de trabajo inter-cátedra, es decir, reunimos todas las cátedras de literatura; la de análisis literario, la literatura venezolana, la literatura latinoamericana y del Caribe, que así se llaman, la de literaturas infantiles y las europeas, y entonces hacemos como grandes jornadas, simposios donde involucramos a los alumnos a que presenten trabajos de investigación, a que hagan pequeñas ponencias, los profesores también intercambian, nos metemos el uno en la cátedra del compañero, en la asignatura aportamos lo que en la literatura europea podemos encontrar útil y de provechoso para la investigación de lo que hace por ejemplo el docente de literatura latinoamericana, y ha habido unos frutos bien interesantes, de hecho para los 75 años del pedagógico y del departamento, se planificaron algunas actividades que tienen que ver incluso con gastronomía, con música, con literatura. Y nuestras acostumbradas jornadas de literatura que intentamos hacerlas anualmente, aunque no siempre es posible, pero tienen una regularidad entre bianual y anual.

– En ese campo de las literaturas europeas que has trabajado y en particulare con el nexo de las literaturas latinoamericanas, ¿de qué autores en especial te ocupas?

Yo trabajo más acuciosamente y con más reiteración en el área de la literatura clásica, básicamente los poemas épicos de Homero, IlíadaOdisea, de hecho mi trabajo de ascenso por el que obtuve la categoría de Titular en la Universidad, tiene que ver mucho con esta área y hay todo un ensayo sobre ciertas lecturas de la Odisea, aplicando cuestiones intertextuales. También trabajo la épica española relacionándola efectivamente con la épica clásica; y la tragedia griega también es un tópico que me interesa particularmente y está asimismo incluido en ese trabajo de ascenso. Hay una suerte de genealogía del mito de Electra que me he puesto a trabajar, y ahí incluyo -por supuesto desde el texto, no de la música, porque la naturaleza del trabajo escrito no me permitía demasiado hacer hincapié en partes musicales o de alguna manera integrarlas específicamente en el texto-, pero sí trabajo el libreto de la Electrade Hugo von Hofmannsthal, que tiene el mismo nombre que la de Richard Strauss. Fuera del trabajo de ascenso, trabajo de manera consuetudinaria en la parte de literatura española, al Don Quijote de la Mancha. En el año 2005, cuando se celebraba el cuarto centenario de la primera edición de esta novela, hicimos un maratón de lectura donde nos leímos el Quijotecompleto, reuniendo a escritores, a profesores, a egresados, a profesores jubilados, a actores, a varios estudiantes a que nos acompañaran durante una semana entera. Cada uno de nosotros leía un capítulo, fue una experiencia bien enriquecedora que promovió mucho el trabajo académico en el Pedagógico y el que tuvo una convocatoria para mí sorprendente, porque eso empezó de una cuestión muy íntima, un proyecto un poco “quijotesco”, desde el propio Departamento y se expandió a toda la universidad.

También he trabajado, en el plano multimedia, a William Shakespeare, con un compañero del departamento de idiomas, sección de literatura inglesa; montamos una vez un seminario llamado “Shakespeare va al cine” y trabajamos cinco o seis obras de Shakespeare, no recuerdo bien, con sus respectivas versiones cinematográficas. Trabajamos las relaciones intertextuales entre el original shakesperiano y la manera como el cine recrea  las imágenes inmersas en el texto de Shakespeare, cómo lograban la imagen cinematográfica, cómo interpretaban la obra, de qué manera consiguen esas traslaciones contemporáneas, si funcionan y se mantienen los detalles y la esencia de la obra shakesperiana. Este fue un seminario también muy enriquecedor y muy importante que  tuvo cierta trascendencia en el trabajo de la universidad.

– Vamos a acercarnos un poco a nuestro tiempo, y me agradaría conocer con apreciaciones tuyas sobre la actualidad en ese movimiento musical de Venezuela, que incluso ha sido ejemplificante a nivel internacional, en particular a comienzos de los años 90 Colombia lo asimiló para crear un sistema nacional llamado Batuta, con diversas regionales en el país, entonces te pregunto: ¿Cómo aprecias esa dinámica musical de Venezuela no solo en el contexto nacional de este país hermano, sino también en lo latinoamericano?

Lo veo de una manera muy importante y con mucha gratificación y con mucho orgullo. En efecto, la música académica como tal encuentra en Venezuela su partida en 1936 con la fundación de la Orquesta Sinfónica, por el maestro Vicente Emilio Sojo. De esa manera comenzó un movimiento musical importante, pues no teníamos orquesta,  se montaron repertorios sinfónicos, empezaron a llegar a Caracas directores y artistas importantes durante las décadas de los 40, los 50 y los 60. A partir de allí hubo entonces una formación musical importante, y es a finales de los años 70 cuando el maestro José Antonio Abreu decide, aunque la empresa en aquel momento parecía muy utópica, crear el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, que comenzó con la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar (OSJVSB), llamada así por él, y poco a poco fue expandiéndose por núcleos en distintos estados de Venezuela. Es un sistema orgullo del país e incluso del mundo, que ha promovido la pujanza musical de los jóvenes venezolanos, y que ha destacado a un director de envergadura internacional, Gustavo Dudamel, motivo de admiración para los grandes directores de orquesta del mundo. 

El maestro Dudamel ha sido director de la Filarmónica de los Ángeles, pero él ha llegado allí efectivamente por el trabajo, con el sistema de orquesta, por la manera como él acompañó las orquestas juveniles de Venezuela por todo el mundo, las giras que casi todos los años hizo con ellas por Europa, por nororiente, por toda Latinoamérica, por Estados Unidos. Eso marcó a Venezuela con una vida musical realmente pujante. En Caracas hay como 30 núcleos de las orquestas, o 30 conservatorios donde se forman los muchachos que conforman esas orquestas. De hecho la OSJVSB no es una sola orquesta, son varios formatos, ellos la llaman la sinfónica A, la B, la C y la D, y se rotan constantemente.(*)

(*)A partir de este momento el texto de la entrevista se resiente de los casi ocho años que tiene ya de distancia entre la conversación y este momento: la situación política que afecta a Venezuela ha vulnerado tanto la veracidad actual de la oferta musical caraqueña hasta el subsidio de las orquestas, pasando hasta por las diferentes fases asumidas por Gustavo Dudamel a la largo de esta crisis republicana, sin mencionar que en el ínterin, el Maestro Abreu ha fallecido hace prácticamente un año, y el régimen ha usurpado (también en ese campo) las competencias de dirección y desarrollo del Sistema
Por tanto, resulta de primordial importancia comprender el momento de hoy en Venezuela, respecto a la época en la cual se hizo esta entrevista. El relato que continúa tiene un presente de otro momento, ya distante, de lo contrario se estaría considerando un grave anacronismo, por la discrepancia cronológica. (E.G.P.)

Para cumplir los compromisos internacionales que tienen, como para cumplir la agenda de conciertos que en Caracas solo es bastante nutrida, Caracas es una ciudad que los fines de semana usted tiene como hasta siete conciertos sinfónicos o de música académica en oferta abierta prácticamente todas las semanas. De esa manera se consiguió la formación alta de los músicos. La formación en las orquestas sinfónicas de los conservatorios, los hacen muy sólidos para el trabajo musical, y ellos desde allí han formado agrupaciones de música venezolana folclórica, pero con cierta raigambre sinfónica o académica, lo cual le imprime un sabor y una estructura inédita a la música venezolana, porque antes había estado trabajada al modo rústico o en la forma original como fue creada en las regiones. 

También la han hecho en el plano del Jazz, en el plano de la salsa que es un género musical que en Caracas tiene mucho auge y mucha movida, ya que la vida nocturna “caraqueña” es bastante activa. Se trata de fusiones de la música tradicional con la música clásica. Eso ha hecho entonces que el movimiento musical venezolano se haya expandido a diversos géneros, y que tengamos artistas solistas de trascendencia internacional. No solo es el maestro Dudamel quien nos representa en el exterior, también tenemos a nuestra pianista Gabriela Montero, que incluso tocó en la toma de posesión del presidente Obama al lado de Yo-Yo Ma, y de Itzhak Perlman, notables en el mundo. Está, asimismo, el violinista Alexis Cárdenas que no ha dejado nunca de trabajar con grupos que en el exterior; tiene en París un grupo llamado Recovecoformado por músicos venezolanos que viven en Europa, y hacen música venezolana desde la experiencia con los intercambios europeos, con el estilo de la música académica pero siempre aplicándoselo a las raíces, a la estructura y a los ritmos de la música típica venezolana. Tenemos también al tenor Aquiles Machado que ha figurado en teatros de Europa. Esperamos que otra promoción de directores surja en los escenarios internacionales. Hacia comienzos de año, el director Diego Matheuz dirigió un Rigolettoen La Fenice de Venecia. Diego Matheuz está formado en la misma escuela del maestro Dudamel, son contemporáneos, compañeros de estudio y de formación; todos ellos alumnos del maestro Abreu. Como puede apreciarse, tenemos  cimentadas esperanzas en el futuro musical venezolano, el que esperamos contagie a Latinoamérica. 

Hace dos años tuvimos la visita del gran peruano Juan-Diego Flórez, tenor de ópera  rossiniana y mozartiana -tenor lírico ligero, tenore di graziaque se llama en la ópera-, más importante de la actualidad. Dió un recital en Caracas, pero también quiso recoger información y experiencia, porque él quiere  fundar en el Perú un movimiento similar al de las orquestas sinfónicas juveniles e infantiles de Venezuela. Esperamos que ese virus encantador de la música y de la formación musical podamos de alguna manera exportarlo y expandirlo por el territorio latinoamericano.

– Pasando a otro terreno de tu formación, la literatura, quisiera conocer apreciaciones tuyas, sobre lo que ha quedado de esencial del “Boom latinoamericano” y qué le ha seguido, en movimientos emuladores de América Latina.

El llamado “Boom” literario latinoamericano todavía tiene repercusiones importantes; el año pasado (2010) se le otorgó el premio Nobel a Mario Vargas-Llosa, uno de los pilares fundamentales del “Boom” latinoamericano. Las obras de García-Márquez todavía son muy buscadas, muy esperadas, muy perseguidas por las librerías del mundo. Algunos de los escritores del “Boom” han fallecido, pero su impronta perdura, es el caso de Julio Cortázar que no deja de leerse ni en las universidades ni por el público en general con atracción por la literatura, por la fantasía, por el juego que Cortázar propone. En un primer momento se trató solo de una palabra que intentaba identificar un trabajo de años en la literatura latinoamericana y que sólo en esa época de los años 60 y 70, gracias a la atención editorial de Seix Barral y las editoriales barcelonesas, pudo convertirse en lo que hoy llamamos el “Boom”. No surgió de la nada. Nuestros escritores latinoamericanos venían trabajando y disponiendo una visión del mundo muy particular que hace eclosión efectivamente en ese momento. 

Ha sido una línea sostenida que en ese momento aprovecha el impulso, la pantalla que el “Boom” latinoamericano le dio para continuar presentando visiones del mundo que se caracterizan por lo singular, lo disímil, lo divergente. La literatura latinoamericana tiene una particular filiación con los temas escabrosos, pero también con los temas urbanos, con las partes más oscuras, más difíciles de nuestras urbes latinoamericanas. La expresión de ese abigarramiento de nuestras urbes le da un sello bien particular a la literatura latinoamericana. Pienso sobre todo en trabajos como los de Rubem Fonseca en Brasil, o en algunos escritores argentinos, en algunos escritores chilenos, que cultivan por ejemplo el género de la novela policiaca pero adecuada al ambiente feroz de nuestras urbes latinoamericanas. Recuerdo por ejemplo al escritor Andrés Caicedo a quien tuve oportunidad de trabajar para un artículo de prensa, el ambiente que describía era la ciudad de Cali, pero sé bien que hay novelas como “Rosario Tijeras” de Jorge Franco que se ambientan en Medellín. Las de Fonseca se ambientan en Rio de Janeiro. Hay algunas novelas, algunos experimentos o ejercicios narrativos también en Caracas, por el escritor Israel Centeno. 

La adecuación de un formato proveniente de la literatura europea como es la novela policiaca, encuentra en Latinoamérica una respuesta y una expresión que es absolutamente distinta, porque el énfasis en la literatura europea está en buscar al asesino, al criminal, incluso a la retrospección psicológica del carácter del criminal y del detective, que a veces se parecen demasiado en novelas como por ejemplo las de Maigret, y de Simenon;  como las de Patricia Highsmith, para hablar un poco de los patrones europeos. Pero en Latinoamérica la novela policial, el  trabajo del tema del crimen, del criminal, es decir, ese juego del bien y el mal se transforma en otra cosa, porque es muy difícil en las ciudades latinoamericanas poder precisar quién es el bueno y quien es el malo, por lo tanto hay una dicotomía, o el trabajo tiene que basarse en otra cosa, como la ferocidad, el ámbito social, en la búsqueda de las razones de la violencia, entonces eso hace que la literatura latinoamericana, tomando como base ese formato de la novela policiaca, encuentra otra expresión. Lo mismo ocurre por ejemplo con el llamado movimiento musical literario latinoamericano, con novelas que tienen como base boleros, canciones, rancheras, tangos,  con títulos del acervo popular, pero de lo que tratan es de la historia doméstica, intima, en muchos casos femenina, culinaria de nuestras ciudades, de nuestras casas; las historias puertas adentro de nuestras ciudades latinoamericanas y que toman como pretexto, como intertexto, o contexto al que se alude en los textos musicales, los tangos, por ejemplo. Tenemos por caso a José Ignacio Cabrujas, dramaturgo que utilizó el tango, la canción “El día que me quieras” y la visita de Gardel para pintarnos toda la última época del gomecismo en Venezuela, similar a Manuel Puig con “Boquitas Pintadas”, con otros textos que tienen que ver con los tangos de Gardel, “Arráncame la vida” de Ángel Mastretta e infinidad de obras literarias que están inspiradas en el acervo popular latinoamericano. Son algunas de las vertientes por las que la literatura latinoamericana se desarrolla en estos momentos, pero sobre todo en esa inspección de las ciudades latinoamericanas, lo que ocurre en el corazón de ellas. 

Gracias profesor Einar Goyo-Ponte. De esta manera concluimos la muy importante entrevista con un distinguido, eminente académico, musicólogo, hombre de letras de la hermana patria venezolana, hoy (2018/19) sumida en conflictos graves, sin pronta salida.

                                                          

 Manizales, Universidad Nacional de Colombia, 2011

 

 
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Edición No. 189