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La diversa identidad latinoamericana

Para hablar de mestizaje o identidad cultural latinoamericana, habría que empezar por definir cuales son los limites del tema. Y ocurre que las definiciones son no sólo difíciles para lo latinoamericano, sino que lo son ya para el concepto de cultura. La cultura americana en general y nos referimos aquí al continente americano en su totalidad, son el resultado de la interacción de tres grandes vertientes: la indígena, es decir, la de los nativos de las tierras americanas; la europea occidental, es decir, la de los conquistadores; y la africana, es decir, la de los pueblos traídos como esclavos desde un tercer continente. La distribución y la proporción de cada una de estas tres vertientes en el largo y ancho territorio americano ha determinado a través de los siglos un mestizaje muy variado de lo aportado por cada una de ellas, con diferencias muy grandes entre una región y otra.[i]


Esto nos permite reconocer, en principio lo poco que existe de común entre un campesino mexicano, un obrero de la ciudad de Buenos Aires y un cortador de caña de azúcar de Cuba, o de Colombia. O entre, digamos, un corrido, un tango, un el bullarengue y un son montuno. 

Quizás convenga en estas primeras líneas deslindar más el tema. Por ejemplo, habría que preguntarnos ¿Cuánto hay en común entre un campesino siciliano, un obrero de Manchester y un ordeñador polaco? O ¿cuánto hay en común entre un pastor sardo, un obrero turinés y un estudiante de Reggio Emilia? Sin embargo, no acostumbramos a reparar en tales detalles cuando hablamos de Europa y de la cultura europea, ni cuando insistimos en definir los caracteres nacionales italianos. Es conveniente recordar que las diversidades culturales no son un rasgo particular de los pueblos latinoamericanos. Tampoco hay mucho en común entre un empleado egipcio de Alejandría, un montañés marroquí y un campesino angoleño, aunque sean todos africanos, ¿verdad? O entre un monje tibetano, un campesino uyghur(turco) y un funcionario de Beijing, aunque supongamos que estén todos también dentro de las fronteras políticas de un mismo continente. Es que a veces, quizás, las diversidades pesan menos que los rasgos comunes a la hora de dirimir tal o cual cuestión. Dicho de otra manera: lo diverso podrá, en determinado momento, obstaculizar los proyectos comunes que se hayan intentado emprender, o bien lo que haya de común podrá ser, en otro momento, esencial para articular a quienes estén empeñados en esta reflexión. La lengua, la religión, el reguetón, el rock, quien sabe. 



[i]Ver Jorge Enrique Adoum. «Los cuentos de hadas y su trasplante a América Latina». Cuaderno Casa de las Américas, Habana: 1969 no. 175, vols. 7-8. 

Debemos reconocer que el mundo no es tan homogéneo como ha sido planteado por un sinnúmero de fuentes bibliográficas y las partes del mundo latinoamericano tampoco, pues, -como lo señalamos antes-, al hablar de los procesos de mestizaje en América es usual que se haga referencia a las tres vertientes: la indígena, la europea y la africana. Acontece que esta necesaria generalización, si no está debidamente acotada y explicada, se presta a embarazosas confusiones. Porque ninguna de esas vertientes es una sola cultura homogénea, y porque los procesos de mestizaje se dan a lo largo de más de cinco siglos, permanentemente, y tales vertientes, como todo producto de las sociedades del ser humano, constituyen fenómenos dinámicos en constante cambio (cambio que incluye la eventual interacción).


El esquema de las tres vertientes culturales sería solo válido en tanto esquema general. Porque, en primer término, América no estaba poblada, en 1492, por una única etnia. Y las muy diversas etnias no estaban culturalmente homogeneizadas. Había muchísimos sistemas culturales y además pocas veces esos sistemas se encontraban confinados en limites geográficos precisos. Mas aun, las culturas, las lenguas y las músicas coexistían en un territorio difuso, en islotes e islas e islitas salpicados en espacios de miles de kilómetros.  América indígena era (y aún es) un hermoso conglomerado de culturas y, por ejemplo, sus piezas artísticas (musicales u ornamentales) han sido muy disímiles, con principios estructuradores y métodos diferentes. Una región geográfica puede significar unidad musical, pero también diversidad. El altiplano en el oeste de América del Sur coincide a grandes rasgos con un sistema de sistemas homogéneo, pero, a pocos kilómetros, cambian las reglas de juego, y las islitas originaban sistemas musicales que se alternaron a lo largo y ancho de valles, cordilleras, o llanuras, determinando de todos modos troncos culturales de enorme extensión cuyos huecos se superponen con otros troncos, sin molestarse ni agredirse.


Desde el punto de vista musical, cabría señalar que, los regentes de la conquista mayormente eran del norte, pero los soldados rasos no lo eran necesariamente. Y entonces preguntamos: ¿Cual sería la música de la tripulación de un velero de aquella época lanzado al Atlántico? Y más aún con embarcaciones colmadas de cristianos, musulmanes y judíos quienes habían convivido durante siglos en un intenso intercambio de costumbres o culturas. Por otra parte, Castilla, devenida España, cambia su idioma entre el siglo XVI y el siglo XVII, alejándolo de sus idiomas hermanos y primos. Elimina varias consonantes e incorpora otras. Este es un hecho de tipo verbal y musical, y no pudiera pensarse que estuviera muy aislado de lo que ocurre en lo estrictamente musical, área de la que nos resulta difícil ofrecer documentos tan fehacientes como los que manejan desde hace muchas décadas los lingüistas. Ahora, si intentamos imaginarnos un navegante de los siglos XVI al XIX es pues conveniente tener en cuenta a los navegantes de carne y hueso de nuestro tiempo. De qué música es portadora la tripulación de un barco: ¿de música culta de vanguardia? Posiblemente no. Y esa es la clave para entender muchos misterios de los aportes de la vertiente europea en los procesos de mestizaje de América.


¿Y la tercera vertiente, la negra-africana? Tampoco aquí los componentes son homogéneos. A contrapelo de lo que se ha afirmado desde un punto eurocentrista durante largo tiempo, África no es en lo musical, o en lo lingüístico, una sola y única entidad. Hay variedad de ramificaciones, pero esto no explica todo. Al hacer un mínimo rastreo por el África real y por alguna documentación fiable (que hoy día es bastante menos rara que en la primera mitad del siglo XX) se puede apreciar, como en la América indígena, hay muchas diversidades. Ocurre que la inmigración forzada del aberrante período de la esclavitud no es uniforme: no es lineal-punto a punto-ni de áreas homogéneas. La brutal masividad del trafico africano fue determinado por reagrupamientos de etnias y culturas en algunas regiones de intensa «inmigración». Pero esto no fue lo más habitual: las músicas, por ejemplo, de cien esclavos negros en el Montevideo de 1790 pudieron traer más de diez composiciones de tradiciones diferentes.[i]


A tenor de lo anterior, resulta llamativo la hipótesis expuesta por el escritor colombiano Jorge Isaac en su obra La Maríaquien se inclinaba hacia los ancestros africanos del ritmo, sin embargo, este planteamiento ha sido descartado desde hace mucho tiempo, por no encontrarse en él, elementos o tradiciones que identificaran sus relaciones musicales o rítmicas con las manifestaciones llevadas por los grupos de negros llegados a Colombia desde remotas regiones de África. Existe también una hipótesis que relaciona los orígenes españoles en la que se plantea la ascendencia vasca e indígena, y de ahí, que se haya terminado reconociendo sesgadamente un rasgo mestizo.[ii]


Dígase que, a pesar del esquematismo predominante, la interacción de las tres grandes vertientes no se produce en América en un momento dado ni en todo el territorio, sino que es gradualmente desordenada.  Y el mestizaje resulta variadísimo por la azarosa confluencia de tal o cual etnia indígena con un grupo de europeos provenientes de tal o cual región en tal o cual periodo histórico, y la de una y/u otros con un contingente africano de tal o cual conformación trasladado a través del océano en tal o cual momento. A pesar de lo cual grandes corrientes culturales subterráneas determinaran misteriosos y poderosos factores de unidad, como determinadas costumbres, determinados alimentos, determinada estética arquitectónica, o, en lo artístico, factores intrínsecos o extrínsecos. 


La interacción de las vertientes constituye un tema arduo. El mestizaje de tales mosaicos culturales produjo a través de los siglos un intrincadísimo mosaico nuevo, casi un caleidoscopio. Pero la permanencia de un mismo régimen politico-económico y por ende cultural entre alrededor de 1500 y 1800, y de otro más sutil pero también de similar comportamiento desde la “neocolonia” instaurada desde poco después de 1800, produjo ya de por sí una homogeneizaci6n subterránea que iba generando factores y hasta fuertes corrientes de parentesco de norte a sur y de este a oeste. Lima, por ejemplo, fue un potente subcentro (o sub-epicentro) de proyección de propuestas artísticas durante su vigencia como sede virreinal. La especie poético-musical conocida como triste, por ejemplo, se expandió desde allí hasta tierras tan lejanas como las de la pampa del sur.[iii]


Y no sólo la simple pertenencia a un mismo gran estado de limites indefinidos, sino también el fuerte trafico marítimo en el océano Pacífico y la enorme movilidad terrestre que a pesar de los medios de transporte de la época se daba dentro de las posesiones de los reyes de España y Portugal. Los arrieros de la época y, más concretamente, del jefe revolucionario Tupac Amaru viajaban a menudo, al frente de sus animales de carga, de Lima a Cuzco, de Cuzco a La Paz, de La Paz a Potosí, de Potosí a Buenos Aires.[iv]Les era muy fácil, en pleno siglo XVIII, llevar de una punta a otra de ese itinerario las últimas novedades culturales locales o foráneas. Y la vertiente Atlántica produce a lo largo del siglo XX especies mestizas comercializables tan fascinantes como el tango rioplatense (y no necesariamente sus generales réplicas europeas, por supuesto), como el bolero, como la rumba, como la bossa-nova, como el son cubano y su hija directa la salsa.


Por lo ya aludido, la música es ineludiblemente reflejo de los acontecimientos más importantes que vive un pueblo; es expresión de la civilización en su faceta más íntima y elocuente. No es en vano que el canto y la poesía lírica sean las manifestaciones más arcaicas de nuestras sociedades: la expresión primigenia del decir colectivo. “El canto nació con la palabra (dirá el escritor cubano Alejo Carpentier). Y la palabra fue, en sus orígenes, una expresión dotada de música, ya por onomatopeyas, ya por elección de sonidos simbólicamente representativos, ya por elección instintiva de sílaba dotada de calidad.[v]


Consciente del carácter ancestral y telúrico de la música y del canto (canto es Verbo en su estadio más puro y elemental), Carpentier consagraría gran parte de su vida y de sus esfuerzos al desarrollo de una identidad cubana y latinoamericana, no únicamente a través de su novelística general, lo cual es ya historia sabida y mil veces contada, sino también y muy particularmente a través de su ensayística musical. La crítica Selena Millares apunta como “en un siglo convulso para las letras del continente mestizo, que se debate entre grandes dilemas –americanismo y universalidad, anticolonialismo e hispanismo, tradición y revolución, utopía y desencanto- Carpentier dedicó su vida y su escritura a la búsqueda de unas señas de identidad que garantizarían la dignidad de las letras hispanoamericanas”[vi]


En esta búsqueda, la diversidad de los elementos mestizos son todas aquellas manifestaciones que contienen, o implican animismos, creencias, prácticas muy antiguas, ya sean provenientes de la cultura indígena, africana, española, o asiática y que en su contacto entre ellas y su presencia con América las hace «americanizarse», adquirir una singularidad «criolla», como lo plantea Carpentier en su ensayo «El ángel de las maracas» en el cual afirma: “En la portada de una iglesia de Misiones aparece, dentro de un clásico concierto celestial, un ángel tocando maracas. El bajo medievo americanizado.«[vii]


El carnaval en El recurso del métodoes la muestra más significativa de simbiosis cultural, en esta festividad hay una mezcla de elementos cristianos y paganos. En la novela se afirma que el carnaval es el protagonista de toda una novela pastoril latinoamericana[viii]. Se mezclan las costumbres ancestrales de las diferentes culturas, como se describe en el fragmento siguiente: “…en Carnavales se estaba, en algarabía de comparsas, gaywnbas,trompetas chinas y tambores negros, empezó la Fiesta de las Máscaras, con concursos de disfraces y carrozas de mucho ingenio como aquella del «Bucentauro Veneciano…[ix]


La procesión de Semana Santa es otro acontecimiento en que también se da esta acumulación de costumbres o usos ancestrales como es la canción que van cantando los feligreses en la procesión del Viernes Santo: “…y había seguido su camino, cuesta arriba, por la Calle de las Amarguras, mientras la multitud, coreando una vieja melodía venida de no se sabía dónde cantaba, con lentas inflexiones de canto llano: … y si he de morir mañana que me maten de una vez.«[x]

El mestizaje en este texto se muestra en la inserción de esta canción española dentro de un conjunto de una práctica cultural, de origen religioso como es la Procesión. En la música es una de las prácticas culturales en donde más fácilmente se incorporan elementos tradicionales

de los negros y de los indígenas. Recuérdese que a estos grupos culturales casi no se les permitía el trabajo en la plástica; porque sus máscaras, en el caso de los negros, eran diabólicas para los colonos cristianos. Lo que sí se les permitía era que se expresaran en la danza y la música. muestra, para los esclavistas, de la buena salud de sus hombres.


Una de las circunstancias en que se da esta simbiosis, en El recurso del método, ocurre cuando la soldadesca de Ataúlfo Galván, que se había sublevado, hace una especie de fiesta con instrumentos musicales españoles, indígenas y negros: “…y así había mitote, parranda y farra, en las noches del Vinaque con porfía decirnista, músicas de cuatro, guitarras, maracas, furruco y tambor, mientras las mulatas y zambas, pardas y cholas, zapateaban a cual mayor, en compás de bamba, jarabe y marinera, antes de alejarse de las hogueras, metiéndose en una espesura

para darle gusto al cuerpo.«[xi]En dicho texto se definen racialmente las mujeres que participaban en las fiestas; muchachas producto de la mezcla de las tres razas. Los soldados y mujeres bailaban alrededor de la hoguera al igual que los indios. Uno de los hijos del Dictador es muestra de mestizaje por sus costumbres y sus creencias. Se describe un hecho bastante insólito acerca de Marco Antonio, uno de los hijos del Dictador, el cual sufre una crisis mística, por habérsele deformado su órgano genital como un tirabuzón y cree que al irse a Roma puede ser curado. Supera dicha crisis, después de soportar un tiempo este delirio.


La orquesta en América Latina es una muestra de mestizaje ya que utilizan instrumentos musicales, españoles, indígenas y africanos. Lo que hace que se produzca una música mestiza. Como se muestra en el texto anterior al citar instrumentos musicales de diversos orígenes como: cuatro (guitarra venezolana), guitarra (española), maracas (guaraní), furruco (venezolano) y tambor (africano).


Paralelamente, Carpentier establece una estrecha relación entre los contextos culinarios, históricos y culturales, anotando que los primeros son relevantes en tanto que se les ubique y relacione con los segundos. En El recurso del métodolas costumbres alimenticias no son mero elemento decorativo; cumplen funciones precisas: mostrar las diferentes formas de asimilación, ya sea en forma individual o como costumbre social, de las culturas africanas, europeas, asiáticas y aborígenes en sus hábitos alimenticios, en relación con los cambios históricos. La comida «criolla» es la que más se cita a través de la novela. El día de los difuntos, por ejemplo, se elaboran confites con formas alusivas a dichas festividades: » Muerto de azúcar candi, muertos de crocante rosado, muertos -calaveras- de caramelo, de mazapán, de pasta de ajonjolí, entre ataúdes, urnas.«[xii]


El maíz, por ejemplo, está ligado a la cultura latinoamericana, sobre todo en las regiones donde los aborígenes lo cultivaban como en México, Centro América, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y Chile. Por lo que forma parte de cualquier comida cotidiana como es la tortilla de maíz (en México y Centroamérica), la pupusa en El Salvador, la arepa en Colombia y Venezuela, y las comidas que de esta se derivan como los tacos. En el siguiente texto destaca el narrador la tortilla de maíz como costumbre en las comidas, en este caso en el desayuno del Dictador: «y después de su acostumbrado desayuno de las tortillas de maíz cuajada paramera y carnes enchiladas se instalaba frente a la pianola …”[xiii]


Otro pasaje en que se citan comidas cuya base es el maíz como taco, tamal, vaporcito se da cuando el Dictador está muriendo, y se alegra de que Elmirita le traiga de «nuestra comida», lo que muestra la conciencia de la identidad original que el Primer Magistrado tenía de la comida de su país frente a lo extranjero: «Elmirita me trae alguna comida nuestra -taco, tamal, vaporcito, yemas dobles, natillas con su polvo de canela-, lo único que a algo me sabe«[xiv]

La caña, que está muy unida a la cultura caribeña, esencialmente, se muestra a través de toda la novela, por medio del «Ron Santa Inés» que siempre tomaba el Primer Magistrado: “El recio licor bebido en caverna armonizaba sus aromas cañeros…”[xv]


De la caña, además del azúcar, se extraen otros compuestos para endulzar como el «melado de caña», como se muestra en el siguiente texto en que se describe de nuevo un desayuno del Primer Magistrado. En éste se cita la tortilla de maíz, además de otros platos mencionados como los huevos rancheros. El texto se ubica en París, después de que el Dictador es derrocado y se va a vivir a París, pero vive bajo costumbres de allá (su patria) y leyendo los conflictos de «allá» aunque fuese con retraso: “y empezó a vivirse, allí, bajo techo de pizarra, en latitud y horas que eran de otra parte y de otra época. La mañanita se llenaba de un olor a café recio, colado en media de lana, endulzado por un melado de caña que la zamba conseguía a un costado de la Madelaine, «Arrímense», apareciera, sobre dos anchas tablas de nogal montadas en burros de carpintería, el desayuno ranchero de huevos en salsa de mucha guindilla, frijoles refritos, tortillas de maíz, chicharrones de cerdo y queso blanco, trabajado en mano de almirez y presentado con hojas de la que fuese con tal de que fuese verde- a falta de hojas de plátano.«[xvi]


En resumen, las interrelaciones raciales y culturales contribuyen en la formación y definición de las sociedades diversas que se fueron configurando en el continente americano. Se trata del mestizaje y del proceso de transculturación -como lo acuñó el antropólogo y etnólogo cubano Fernando Ortiz- entre pueblos indígenas y los grupos humanos provenientes de Europa, África y Asia. América se convierte en un crisol de culturas y pueblos que se entremezclan, superponen, desfasados en épocas distintas y niveles de desarrollo tecnológico. Conformándose así una identidad diversa y mestiza latinoamericana que a lo largo del continente muestra una gama de costumbres y tradiciones diferenciadas.



[i]VerEmilio Sisa López: Juan Pedro López, un payador de leyenda. Cumbre, Montevideo, 2ª edición ampliada, 1968.

 

[ii]Ver Javier Ocampo López. Las fiestas y el folclor en Colombia. Bogotá: El Ancora Editores, 1997, p.105

[iii]Ver Carlos Vega. «El triste». En «Las canciones folklóricas argentinas». en Hamlet Lima Quintana y alii, Gran manual del folklore. Buenos Aires: Honegger, 1964.

[iv]Ver Daniel Valcárcel.  La rebelión de Tupac Amaru. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1947

[v]Ver Katia Chornik: The Role of Music in Selected Novels and Associated Writings of Alejo Carpentier: Primeval Expression, Structural Analogies and Performance, London: The Open University, 2010.

[vi]Ver Selena Millares: Alejo Carpentier, Madrid: Síntesis, 2004.

[vii]Alejo Carpentier, «El ángel de las maracas». El correo de la UNESCO París. junio, 1973, p.19.

[viii]Alejo Carpentier, El recurso del método. 2ª. ed(1ª. edición 1974) MéxicoSiglo XXI Editores. 1974, p, 205.

[ix]Carpentier, p. 206

[x]Carpentier, p.p.13-131

[xi]Carpentier, p.66

[xii]Carpentier, p.28

[xiii]Carpentier, p.145

[xiv]Carpentier, p.335.

[xv]Carpentier, p.58

[xvi]Carpentier, p.318

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Edición No. 189