«Declaración sobre la independencia de la mente» -A 100 años de haber sido promulgada
Nota del traductor. La siguiente declaración fue propuesta por el escritor francés Romain Rolland y publicada por primera vez en el periódico L’Humanitéel 26 de junio de 1919. Fue suscrita por grandes personalidades del momento, entre las cuales se puede mencionar a Rabindranath Tagore, Albert Einstein, Bertrand Russell, Ernest Bloch, Hermann Hesse, Upton Sinclair yStefan Zweig. La versión original del texto en francés se refería al espíritu y no a la mente como aparece en la edición inglesa. Aunque el contexto actual es muy diferente al que existía al término de la Primera Guerra Mundial, la declaración mantiene su vigencia en una época de la llamada posverdad, las noticias falsas, el surgimiento del nacionalismo extremo y la aparición de fundamentalismos de diverso orden.
Darío Valencia-Restrepo
Trabajadores inteligentes, camaradas, dispersos por todo el mundo, separados durante cinco años por los ejércitos, la censura y el odio mutuo de las naciones en guerra, ahora que caen las barreras y se reabren las fronteras, les hacemos un llamado para reconstituir nuestra unión fraternal, pero con el fin de que ella sea una nueva unión, con fundación más firme y construcción más fuerte que la antes existente.
La guerra ha desordenado nuestras posiciones. La mayoría de los intelectuales pusieron su ciencia, su arte, su razón al servicio de los gobiernos. No deseamos formular ninguna acusación, lanzar ningún reproche. Conocemos la debilidad de la mente individual y la fuerza elemental de las grandes corrientes colectivas. Estas últimas, en su momento, barrieron a la primera porque no hubo preparación para la resistencia. ¡Que al menos esta experiencia nos sirva de lección para el futuro!

En primer lugar, permítannos señalar los desastres que han resultado de la casi completa abdicación de la inteligencia en todo el mundo, y de su voluntario sometimiento a fuerzas sin control. Pensadores y artistas agregaron un odio terrible a la plaga que devora la carne y el espíritu de Europa. A partir de su conocimiento, memoria e imaginación, buscaron antiguas y nuevas razones para el odio, razones históricas, científicas, lógicas y poéticas. Se dedicaron a destruir el mutuo entendimiento y el amor mutuo entre los hombres. De esta manera desfiguraron, contaminaron y degradaron el Pensamiento, del cual eran sus representantes. Lo convirtieron en un instrumento de las pasiones; y (tal vez sin darse cuenta) lo volvieron una herramienta de los intereses egoístas de una camarilla política o social, de un Estado, un país o una clase. En estos momentos, cuando termina el feroz conflicto que enfrentó a las naciones, los vencedores y los vencidos emergen igualmente afligidos, empobrecidos y en el fondo de sus corazones (aunque no lo admitirán) totalmente avergonzados de su locura. Enredado en esas luchas, el Pensamiento emerge ahora también postrado y con su grandeza perdida.
¡Levantaos! ¡Liberemos la mente de estos compromisos, de estas alianzas indignas, de estas esclavitudes veladas! La mente no es servidora de nadie. Somos nosotros los servidores de la mente. No tenemos otro maestro. Existimos para llevar su luz, para defender su luz, para reunir a su alrededor todas las ovejas extraviadas de la humanidad. Nuestra función, nuestro deber, es ser un centro de estabilidad, señalar la estrella polar, en medio del torbellino de pasiones en la noche. Entre estas pasiones de orgullo y destrucción mutua no hacemos ninguna elección, a todas las rechazamos. Sólo honramos la verdad, aquella que es libre, sin fronteras, sin límites; una verdad que no reconoce prejuicios de raza o casta. No nos falta interés en la humanidad, pues para ella trabajamos, pero lo hacemos para la humanidad como un todo.
No sabemos nada de pueblos. Reconocemos el Pueblo, único y universal; el Pueblo que sufre, que lucha, que cae y se levanta una vez más, y que continúa avanzando a lo largo de un áspero camino que riega con su sudor y su sangre; el Pueblo, todos los hombres, todos igualmente nuestros hermanos. Para que ellos puedan, como nosotros, darse cuenta de esta hermandad, elevamos por encima de sus luchas ciegas el Arca de la Alianza: la Mente que es libre, una y múltiple, eterna.