Combatir la «Hidra PosVerdad», un desafío cognitivo planetario
Los mercaderes de verdades falsas son peligrosos porque pueden convencera todo aquel dispuesto a escucharlos, sin importar que hagan daño o beneficio
Platón, Protágoras o de los Sofistas (siglo IV a.C.)
Desde hace veinticuatro siglos un vigía del pensamiento crítico enseñaba en Atenas a cazar sofismas, eso que llaman hoy: “PosVerdades”. Lo hacía con preguntas y argumentos, es decir, a cazar mercaderes de falsedades con algoritmos cognitivos o, como decía Pascal, “buen pensar”. Sus diálogos filosóficos, entre los cuales figura el llamado “Protágoras o de los Sofistas”, han constituido el renacimiento del pensamiento europeo y el fundamento pedagógico de todo sistema educativo moderno y contemporáneo. [i]
Tanto ayer como hoy se requieren vigías, pero vigías mentales en cada NosOtros, porque el origen de los errores y las ilusiones está en la mente humana; es pues, en la mente de cada cual que se les debe combatir, empezando por ver, con autocrítica y consciencia, la viga en el ojo propio. ¿En qué consiste ser vigía mental? Puede haberlos de todo tipo, pregonan los sofistas. Por eso es mejor preguntar: ¿y quién es educador de vigías? Sócrates, quien lo fuera, se presentaba de entrada como un ignorante sabio, es decir, como quien sabe que saber conlleva un punto de fuga o un ojo ciego. De ahí, el lema famoso de la filosofía socrática: “yo sólo sé que nada sé”. El saber de la ignorancia es un ignorante saber. Emerge una paradoja epistemológica que permite tener presente lo mucho y lo poco que es el conocimiento humano.
[i] Una versión corta de este texto fue publicada por el profesor y amigo, Eduardo Domínguez Gómez, en la revista del ALMA MATER de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2018.
Lo propio de la tarea educativa reside en lograr que cada infante se convierta en un vigía mental de paradojas, en un ciudadano responsable, es decir, en una persona capaz de verificar, en su fuero interno, el equilibrio sutil o círculo virtuoso que en cada mente, al juzgar, elabora un ecosistema cognitivo, hilvanando percepciones, impresiones, sentimientos, ideas y teorías. Edgar Morin llama “sopa de cultivo” dicho ecosistema y propone para entenderlo una “antropología del conocimiento”[1].
En efecto, cuando una persona es culta o educada, responsable, en su acepción recurrente, a saber, tener la capacidad de aportar por sí mismo respuesta y razón de un hecho o juicio, se hace referencia, implícitamente, a dicho ecosistema cultural. La cultura explica o explicita un contexto, pero no lo justifica. La justificación de un hecho es cuestión de ciencia y, de juicio es cuestión de arte y razonamiento. De nuevo, ciencia, arte y razonamiento son hilos y trama del sistema educativo.
El entramado cultural y en contexto de saberes tradicionales, modernos y en curso de experimentación, innovación y emergencia, que llamamos cultura y educación, vive una mutación paradigmática enorme, una disrupción cognitiva, pues la revolución digital trajo consigo el advenimiento de una red planetaria o internet, que interpela de entrada a cualquier sistema educativo. Esta red digital resulta ser el mejor amigo y el peor enemigo de la gestión, organización y producción de informaciones necesarias al sistema educativo y al tejido cultural de una sociedad. En efecto, estamos en presencia de un auto-eco-sistema de formación, información y desinformación en bucle recursivo, que funciona a la velocidad de la luz, y en donde los viejos vicios capitales fornican a granel, en particular vanagloria u orgullo, desidia o desesperanza, envidia y crueldad, ira.
El algoritmo en juego parece un cerebro biónico que, en casos específicos, sustituye la producción natural de conocimientos. La red funciona como memoria digital a la merced de testigo, para arreglárselas con los recuerdos propios y ajenos. Relatos individuales y colectivos se arman y desarman; se hacen y deshacen historias y reputaciones. Cada cual se fabrica identidades digitales de paso, y un muro Facebook en clave bitácora de viaje por otras identidades contemporáneas. Es como si cada uno de los humanos tuviese hoy su doble internauta. Ahí, se mal nutre, noche y día, la Hidra PosVerdad y, se engendran mil y una Fake-News.
El desafío reside en saber si emergen o no conocimientos inéditos y dignos de generar categorías y teorías que lleven una cultura responsable y solidaria y, que tengan base común para el desarrollo sostenible de una humanología por venir. No se espera moralidad o inmoralidad en la red, pues cualquier tecnología, por sofisticada que sea, es abstracta, fría e indiferente. Por eso, el mayor riesgo de la ciencia, alerta Edgar Morin, reside cuando hay, ciencia sin conciencia. Con lo cual, se requiere ética digital, es decir, lógica de confianza que aspire a lo mejor, en vez de sucumbir a la lógica de suspicacia que se alimenta de miedo, mentalidad complotista y estigmatizadora, maniquea y diabólica.
Comparo la PosVerdad con la Hidra de Lerna, aquella terrible figura de la mitología griega, porque aparece con tantas razones supuestas como aquella con cabezas renacientes. Cada que se corta o explica una, surge otra; una y otra vez. A la PosVerdad no le importa tener la razón, sino poner a disposición de quien se la quiera creer, lo verosímil. Tal era la lógica del sofista en la antigua Grecia, tan criticada por Sócrates que hasta le costó la vida.
Así pues, el desafío en la era de la revolución digital está en saber si lo que he llamado “Hidra PosVerdad”, es decir, Fake-News, es un peligro mortal para la democracia representativa y para una sociedad humana basada en valores educativos de ilustración, responsabilidad y solidaridad. O, si nos encontramos frente a un fenómeno antropológico propio al conocimiento que, como en el mito alegórico de la caverna de Platón[2], pone de manifiesto una dialéctica ciencia versus ignorancia.
En la teoría de la información, el mensaje que transmite un conocimiento lleva una dosis de ruido que le puede perturbar hasta generar desinformación. En suma, todo conocimiento trae consigo la huella de un terrible combate contra el caos, el desorden, el error y la ilusión. Edgar Morin propuso en Los Siete Saberes necesarios a la Educación del futuro[3], una base común para un sistema educativo refundado en el Pensamiento complejo. El primero de los Siete consiste en enseñar para combatir, como el vigía mental en la Caverna platónica, “las cegueras del conocimiento”, a saber: el error y la ilusión. “Es muy diciente, acota Morin, que la educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano (…) y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer”. Razón por la cual “es necesario, precisa Morin, introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error y la ilusión”[4].
Fake-News es la basura o ruido del discurso digital planetario. Se trata de rumores, anécdotas, falsos comunicados procedentes de fuentes verosímiles. Puesto que informar es dar o producir formas enredadas en lógicas culturales y contextos específicos, se generan entonces elementos cognitivos (conocimiento), datos (bases informáticas) y un destello de actualidad (las novedades). La elaboración de la información no es neutral en lo individual ni en lo colectivo. Conlleva un circuito en donde un hecho impresiona y marca un dato que implica interpretación. Se arma un mensaje en clave de novedad sociocultural, política, económica, deportiva. Es importante estar atentos al contexto, al lugar, a la fecha de tal o cual mensaje, al “orden del discurso”, como sugería Michel Foucault, pues esto conlleva al mismo tiempo objetividad y subjetividad.
En Fake-News hay, además, una obnubilación consciente e inconsciente. En ese juego de abalorios se enceguece al ingenuo, al ignorante, al estúpido, al común y corriente, pero también los pirómanos politiqueros caen en sus propias trampas, porque no hay crimen perfecto. La tarea educativa consiste en abrir puertas, aportar luces que al principio obnubilan, por eso también hay que aprender a aprender, es decir, hay saber ver-a-ver.
Digamos en suma que Fake-News es un tipo de información-desinformación propia a la red, y ésta funciona a manera de seductor-distractor-destructor de hechos, ideas, conocimientos, con tendencia a pervertir, desinformar y generar inquietud, miedo, preocupación, caos. Sus temas predilectos son los escándalos sexuales y financieros, los temas complotistas, estigmatizadores y diabolizantes.
Toda información mediática está, en principio, basada en un hecho real y verificable. Por ejemplo, el resultado de un partido de futbol, las elecciones de un país, un plebiscito político, un experimento científico, un accidente, un atentado… La lógica Fake-News se apoya de entrada en lo real, pero en perspectiva de verosimilitud y de crítica de la realidad, dándose así ínfulas de que la PosVerdad aportaría una “verdad agregada” o “la otra verdad”, que se supone supera, aclara y rectifica.
De ahí que el sofisma (pos-saber) parezca lo verdadero. Se dirá, por ejemplo, que lo importante ya no es el resultado del partido, pues el árbitro fue sobornado. Se aportará por similitud probatoria una foto en donde dicho árbitro está recibiendo dinero, a partir de un hecho real transformado mediante algún programa digital: el árbitro recibe dinero del vuelto de un pago en un mercado. Inclusive la foto hará énfasis en el gesto en cuestión, en el entorno con media-luz espeluznante, amén a manipulaciones digitales.
Luego, un trino y/o un post en Facebook pondrán a circular el “video del soborno aquel”, como prueba, en absoluto argumentativa. Ya no importará la verdad del partido ni su resultado real, solo cuenta el escándalo. Esa es la lógica Fake-News, que genera “otra verdad” en negativo, más allá de la verdad, es decir, una PosVerdad a partir de la manipulación de hechos primitivos que pueden ser verificados, pero que han sido transformados-desinformados, utilizando el sensacionalismo, el escándalo, la falsedad, la verosimilitud, la probabilidad. Uno de los dichos paisas que mejor definirían a la mentalidad PosVerdad es: “en río revuelto, ganancia de pescadores”.
Para combatir la lógica perversa o cortar desde la raíz la Hidra PosVerdad y sus Fake-News, cabezas o razones, que usa y abusa de los parabienes de la revolución digital, es necesario producir programas educativos y pedagógicos que enseñen a utilizar las técnicas de difusión, producción y gestión de informaciones. Ahí, reside un desafío educativo o cognitivo planetario, para regenerar la condición ciudadana, local y global, y con ello la democracia.
Es necesario tanto acostumbrarse a la condición efímera e inconsistente de novedades, opiniones e imágenes trastocadas en la red, como al desarrollo y promoción de capacidades y habilidades en los jóvenes desde la primaria. Está en juego el pensamiento crítico y autocritico, el análisis basado en investigación, pruebas documentadas, argumentadas y racionales. No se trata de suprimir la afectividad e impresionabilidad subjetiva, por el contrario, urge poner de manifiesto su contexto cultural y su fuente informacional.
Desde el punto de vista epistemológico y para combatir la lógica Fake-News, se debería profundizar en el principio de falsabilidad o racionalismo crítico, que Karl Popper propuso en su obra La lógica de la investigación científica (1934), es decir, frente al sensacionalismo, la inverosimilitud y lo “gato por liebre” de Fake-News, toda persona sensata debe apelar al contraejemplo o al pedido de prueba no refutable.
Origen del vocablo “PosVerdad”
La ciencia política contemporánea tendrá que profundizar la carga de corrupción mental, miedo y conflictividad que genera en las relaciones sociales la “PosVerdad”, pues la mentira se convierte ahí en estrategia auto-eco-justificada por el narcisismo. Luego, el algoritmo de los Like en la red la potencializa, cargando y recargando publicidad de productos que atizan deseos de posesión y vicios de concupiscencia (carencias, privaciones y frustraciones).
Según el reconocido Diccionario Oxford, el vocablo Post-Truht fue utilizado por primera vez en un artículo de Steve Tesich, publicado en 1992 en la revista The Nation, comentando la Primera Guerra del Golfo, cuyo apelativo fue “Tempestad en el Desierto”.
Acotemos que el fin de la Guerra fría y la caída del Muro de Berlín en 1989, suscitaron la esperanza de un liberalismo democrático, que se basara en responsabilidad y solidaridad local y global. La realidad ha contrariado esa esperanza. Refiriéndose a la identidad de los Estados Unidos, país que generó para el mundo, en su momento, un american dream. Tesich sentencia: “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”.
Este mundo decadente está en relación con el fin de la Modernidad. Se considera con razón y sin razón que tres figuras mayores de la filosofía contemporánea han contribuido a la crítica de la noción de verdad en filosofía, política y psicología: Nietzsche, Marx y Freud. Lo que cuestionaron era las ilusiones de la Modernidad. Con todo, no se ha debidamente separado la paja del trigo.
La crítica radical tenía por finalidad en filosofía el cuestionamiento de la autoridad teológica, en política (el de la real y en la persona) la de un creador omnisciente y todo poderoso. Se buscaba libertad, parlamento democrático y libre albedrío. Pero los sueños de la Modernidad (razón, progreso, ciencia) produjeron monstruos. La Revolución francesa fue una tentativa feliz e infeliz de bajar el cielo a la tierra, de hacer realidad sociopolíticamente el sueño de libertad, igualdad, fraternidad, pero la historia ha cargado, desde entonces con varias guerras locales y mundiales. Sigue pendiente en muchos ámbitos la realización de Liberté para cada uno, Egalité para todos y Fraternité para la humanidad. Con el advenimiento de la revolución digital, posmodernismo, relativismo y corrupción son cabezas de Hidra que direccionan los asuntos humanos a nivel mundial, atizados a la velocidad de la luz por el algoritmo de Like, en lógica Post-Truth en la red.
En los debates políticos del “ágora digital” prevalece la opinión y no la ciencia, las impresiones y no las interpretaciones, las pasiones tristes y no los argumentos. En la Sociedad PosVerdad la mentira es el arte del sofisma por antonomasia.
Tres ejemplos podrían ilustrar la Hidra de la que hablamos: las elecciones presidenciales de 2016 en los Estados Unidos; el Plebiscito por los Acuerdos de Paz en Colombia (2 de octubre 2016) y, el reciente proceso del Brexit o la salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido. Consta por diversos estudios que el paradigma de campaña en esos tres casos utilizó la lógica de Post-Truht. Se basaba en hechos con interpretaciones pervertidas, palabras que parecían ciertas, pero solamente eran verosímiles, en imágenes que reproducían hechos, personas o situaciones, pero solamente eran imaginarias.
Uno de los temas inquietantes que las razones capitales o “cabezas Fake-News” reproduce en la Hidra PosVerdad es la mentalidad digital conspiradora. La conspiración como dinámica social genera lógica de suspicacia que deshilacha, desorganiza y separa los componentes complementarios y necesarios a una lógica de confianza en donde el entramado de diferencias complementarias, necesarias para el buen vivir en una sociedad democrática, son responsables y solidarias.
Acótese, por ejemplo, que la red YouTube tenía en circulación, después de la matanza en Parkland (Florida-Usa), el 14 de febrero de 2018, 8.842 videos en clave conspiradora, con cuatro mil millones de vistas, según Jonathan Albrigth, director de investigación del Tow Center for Digital Journalisme. Las razones de dicho fenómeno son ideológicas y técnicas: los algoritmos de la plataforma digital YouTube retro actúan la exposición de los internautas de la red, en temas de terror y radicalización.
La financiación publicitaria aprovecha para vender productos que atizan las pasiones tristes y los vicios de posesión. Se constata que, después de un acontecimiento horroroso, el algoritmo digital reconecta todos los temas indexados con los vocablos “atentado”, “crisis”, “seguridad privada”, “venta de armas”, “protección”, etc. La plataforma digital funciona y se capitaliza con mercaderes de horror.
Guillaume Chaslot, de Maastricht University y fundador de Algo Transparency, mostró que los algoritmos de Google empujaron, durante la campaña electoral 2016 por la Presidencia en Estados Unidos, los videos con mayor capacidad disruptiva, generando así constantemente Fake-News, y provocando PosVerdades basadas en el viejo truco: denigra, denigra, denigra que al final, algo maligno quedará. El racismo, el miedo, los terrorismos eran caldo de cultivo. El argumento publicitario era que la gente se conecta más tiempo a la red, cuando los videos y sujetos muestran y vehiculan mensajes catastróficos, horrorosos, temas insólitos que convocan pasiones tristes y provocan pánico. La estrategia de política sucia consiste en enredar a los contrincantes en la filigrana de lo perverso, lo prohibido, la guerra, el sexo y el miedo.
En un diálogo llevado a cabo con el Jesuita Francisco de Roux en Paris, junio del 2017, y publicado por la Revista ALEPH (enero de 2018, N.º 184, Manizales), traíamos a colación el fenómeno de la Hidra Fake-News para comentar el tema del plebiscito, en el contexto del proceso espiritual necesario para la salida del conflicto interno armado en Colombia.
Yo creo, [me decía de Roux] que hay una vulneración de nuestra dignidad, que nos toca profundamente a los colombianos y que todavía, hoy en día, nos hace muy difícil salir de la situación en que estamos. Creíamos que había llegado ya el final, cuando se presentó el plebiscito[5]. Y que, con el plebiscito, Colombia iba a mostrar que estaba del otro lado. Pero no fue así, el plebiscito mismo mostró que continuábamos en las rupturas y en las situaciones de dolor tan hondo, en las que todavía el país anda sumergido.
Así pues, explorar y convocar la red digital implica reconocer de entrada: multiplicidad y duplicidad, diversidad, fragilidad y verosimilitud de lo que ahí se comenta y/o interpreta. El uso y abuso de la red y sus contenidos recalentados, necesita a gritos una pedagogía de ciencia con conciencia, para retomar el título evocador de un libro mayor de Edgar Morin y, que recuerda la sabia sentencia del escritor y humanista francés del siglo XVI, François Rabelais: “ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”.
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[1] cf. MORIN, Edgar (1986). El Método 3, El conocimiento del conocimiento. Paris.
[2] La República o de lo Justo, libro VII.
[3] UNESCO (1999, Paris). Traducción al castellano de Mercedes Vallejo, profesora de la UPB-Medellín.
[5] El Padre de Roux hacía referencia al mecanismo de refrendación por el que optó el gobierno de Santos para convocar al pueblo colombiano el 2 de octubre de 2016, y pedir apoyo popular a los acuerdos firmados en primera instancia con las FARC un mes antes en Cartagena. El presidente Santos buscó en esa figura constitucional una forma de reconocimiento democrático directo, en lugar de tratar tan delicado tema en el seno de la representación democrática nacional. Huelga recordar que si al salir de la segunda guerra mundial los responsables políticos de Francia y Alemania hubiesen convocado a un plebiscito para preguntarle al pueblo si unían el carbón y el acero en una política económica común, franceses y alemanes, pero sobretodo los franceses, la mayoría hubiera respondido no, pues los sufrimientos y horrores de la guerra seguían vivos en los recuerdos personales de la gente. En Colombia con una participación de únicamente 37,4% de la población inscrita, el resultado final del plebiscito fue de 50,21% por el NO y 49,79% por el SÍ. Es de anotar que el debate público por el sí y por el no, degeneró en bipolaridad entre los amigos-enemigos del binomio Santos-Uribe, y que la oposición radical al gobierno, conducida por el expresidente Álvaro Uribe, basó su campaña por el no en una lógica desestabilizadora y en el uso de argumentos posverídicos, generando el pánico y la duda dentro de la población, en particular, haciendo referencia al imaginario satanizado del comunismo estaliniano del siglo pasado y al fracaso relativo de la revolución bolivariana, denominada “castro chavismo” en Venezuela. En efecto, basada en suscitar la indignación y el rechazo por redes sociales; el Centro Democrático buscó, en la campaña por el NO a los Acuerdos, “que la gente fuera a votar berraca”. Cf. https://www.larepublica.co/asuntos-legales/actualidad/el-no-ha-sido-la-campana-mas-barata-y-mas-efectiva-de-la-historia-2427891