Literatura hispanoafricana y afrohispánica: una mirada hacia los orígenes
En las últimas décadas la denominada literatura africana de expresión castellana o literatura hispanoafricana está teniendo mucho auge y presencia a nivel del continente africano e internacional. Cada vez más la crítica académica e intelectual está mostrando un interés especial en la literatura producida por autores africanos y afrodescendientes escrita en la lengua de Cervantes. Esta literatura ha alcanzado un significativo número de lectores en varios países y está despertando la misma atención en el mundo académico español.
Existe un pujante florecimiento del español en África central y el Magreg que se deriva de la penetración de los medios de comunicación y del tradicional intercambio entre España, el Centro y Norte de África. Por lo que, la literatura hispanoafricana viene a constituir en si misma un cauce propio novedoso y en continua expansión.
En el contexto africano, Guinea Ecuatorial es el epicentro de las literaturas hispanoafricanas resultado de su filiación, conexión lingüística e histórica con España. Guinea Ecuatorial fue antigua colonia española y conquistó su libertad el día 12 de octubre de 1968. En la actualidad es el único país africano que mantiene el español como lengua oficial y administrativa. Por ende, es por excelencia el punto neurálgico del español en África y punto de partida de las letras africanas en castellano.
Si tenemos en consideración el punto de vista del historiador José Urbano Martínez Correa, “Guinea Ecuatorial ocupa uno de los vértices del triángulo afro-hispano-iberoamericano, y por ello debe servir de puente del mundo hispano en África”[1] [2].
La literatura africana de expresión castellana ha estado ausente en el debate crítico y teórico entorno a la literatura africana. No será hasta mediados del siglo XX cuando se comenzará para tener en cuenta. Como puntualiza acertadamente el investigador de la Morgan State University, M´bare N´gom Faye, especialista en literatura afrodescendiente, hispanoafricana, literatura africana francófona e hispanohablante, esta reticencia e invisibilidad académica no convierte a la literatura africana de expresión castellana en una literatura de menor calidad[3].
Es cierto que la literatura hispanoafricana tiene sus raíces en Guinea Ecuatorial como hemos puntualizado con anterioridad, pero hemos de reconocer al mismo tiempo, que esta realidad está cambiando con el paso de los años. Este epicentro se está disgregando de forma acelerada. Y, por varios motivos y razones que no abordaremos aquí, por hacer economía literaria, hay que destacar que la literatura de expresión castellana se ha convertido en una literatura deslocalizada, como expone acertadamente el profesor M´bare N´gom Faye:
La literatura africana de expresión castellana se ha deslocalizado. Guinea Ecuatorial ya no es el centro exclusivo de esa producción cultural. Si bien los autores de la mayoría de los textos africanos en castellano siguen siendo de origen guineoecuatoriano, la producción cultural africana en castellano se hace desde la transnacionalidad y la transcontinentalidad. Hemos podido identificar cuatro ejes de producción: Guinea Ecuatorial; resto de África (Camerún, Marruecos y Argelia, desde los campamentos de refugiados de Tinduf); Europa (España, Suiza, Francia) y Estados Unidos[4].
Esta literatura hispanoafricana bebe de dos tradiciones y fuentes que le permiten tener una identidad y carácter propio. Se trata de un híbrido entre la tradición oral y las influencias recibidas de su conexión con la metrópoli, es decir la lengua castellana. Lo refleja de la siguiente manera el profesor M´bare N´gom:
La literatura africana escrita en castellano nace del encuentro de dos tradiciones culturales: la primera, negroafricana y ágrafa que hunde sus raíces en la tradición bantú. Se nutre de la oralidad en sus distintas modalidades con normas expresivas y estéticas muy flexibles, dinámicas y pragmáticas. La segunda se apoya en la lengua castellana que es una herramienta lingüística transnacional importada e impuesta, basada en la escritura y sus normas más rígidas[5].
Haciendo un breve recorrido por la literatura afrohispánica o afrohispanoamericana, podemos destacar que ésta abarca y ocupa un amplio escenario de diversas tradiciones. Como le ocurre a literatura africana de expresión castellana (literatura hispanoafricana), la literatura afrohispánica ha ocupado un lugar marginal en la reflexión y debate sobre la experiencia cultural de los descendientes de los africanos en toda América. Se trata pues, de una literatura que no ha sido estudiada en su conjunto sino desde el punto de vista nacional. Es decir, cada nación se preocupa por su producción literaria de manera particular imposibilitando de esta forma la creación de nexos culturales. Haciendo que el objetivo de la producción literaria afrohispánica sea constituir y analizar un corpus de prácticas y textos literarios que representan, interpelan, simbolizan y dialogan con una experiencia histórica singular que tiene que ver precisamente con los orígenes africanos, los encuentros culturales atlánticos con el orden imperial español, la trata de esclavos, la desterritorialización cultural y lingüística, el asentamiento en amplios lugares del continente americano y contactos con otros grupos sociales, la explotación social, el racismo e invisibilidad social. Tratándose de esta forma, de una construcción crítica.
La literatura afrohispánica posee conexiones históricas y culturales con otros contextos literarios como la afrobrasileña, con diferencias sustanciales como la lengua, la experiencia histórica de la esclavitud y las políticas de mestizaje postcoloniales en el mundo luso-brasileño. Del mismo modo mantiene ciertas conexiones con la literatura afrocaribeña en francés (Guayana, Martinica, Haití, Guadalupe) y en inglés (Jamaica). Cuyos máximos exponentes son, Frantz Fanon y Eduardo Glisant, ensayistas y teóricos de gran influencia afrocéntricas.
Finalmente, hemos de destacar la variada y compleja tradición literaria afroamericana, con textos de escritores contemporáneos, como William Styron o Toni Morrison, esta última, Premio Nobel de Literatura. Y, por qué no, mencionar también los textos autobiográficos del siglo XIX, como Twelve Years a Slave (1853) de Salomon Nortthup.
________________________________________
[La nota 1 estaba referida a su hoja de vida, la cual quedó incorporada en la Sección «Colaboradores»]
[2] Citado en De Guinea Ecuatorial a las literaturas hispanoafricanas. Landry-Wilfrid Miampika y Patricia Arroyo. Madrid: Verbum. 2010., pág. 14.
[3] M´bare N´gom Faye. «La literatura africana de expresión castellana: de una «literatura posible» a una literatura real. Etapas de un proceso de creación cultural», en De Guinea Ecuatorial a las literaturas hispanoafricanas. Landry-Wilfrid Miampika y Patricia Arroyo. Madrid: Verbum. 2010., pág. 23.
[4] M´bare N´gom Faye., Ibid.., pág. 38.
[5] M´bare N´gom Faye «Introducción», en Nuevas voces de la literatura de Guinea Ecuatorial. Antología (2008-2018), Juan Riochí Siafá. Madrid: Diwan Mayrit, 2019., pág. 20.