N O T A S – En memoria de Rubén Sierra-Mejía. Graduación Instituto Caro y Cuervo. En memoria de George Floyd. Recuerdo de Ernesto Sábato
Rubén Sierra-Mejía (1937-2020). El 28 de junio del presente año murió el notable académico, escritor, conferencista, ensayista, quien marcó hito en el quehacer filosófico en Colombia. Profesor/Investigador de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro del “Patronato histórico” de la Revista, en la cual se publicaron valiosas contribuciones suyas. En su memoria y honor, transcribo algunos apartes de la lección que impartí al conferírsele el título de Doctor h.c. en la Universidad de Caldas (2002):
“Tuve la suerte de acercarme a él, con un pequeño grupo de universitarios en los años sesentas, cuando a su regreso de Alemania con estudios de postgrado, comenzaba en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Caldas, un ejercicio intelectual fervoroso, de rigor y de proyección en la cátedra. Labor que combina con la elaboración de sus ensayos que han ido saliendo de su bien estructurada pluma, con procesos lentos de maduración, hasta conformar hoy una obra maciza de reconocimiento en los medios académicos más exigentes
“De aquel primerizo vínculo con la Universidad de Caldas, como docente y como decano, quedan sus huellas en la formación de unos jóvenes que devinieron profesores y escritores. Nuestra Escuela de Filosofía continúa estando favorecida por sus contribuciones: Primero como docente y decano, en aquellos años sesentas, luego en décadas más recientes como impulsor de la maestría, con diseño personal de cursos y seminarios, y actuación periódica en ellos, en especie de puntal imprescindible; circunstancia que ha generado fortaleza que los medios académicos regional y nacional reconocen y valoran. Y continúa presente como conferenciante, director de tesis y asesor voluntario en el postgrado. Su presencia actuante ha sido además útil para atraer personas con talento de diversa procedencia profesional, quienes han encontrado en la Filosofía herramientas para la indagación seria y sostenida, en sus propios campos.
“Intelectual que ha sabido conservar la independencia, ajeno a las veleidades del poder y a los dogmatismos. Por el contrario, desde su cátedra y con la vocería pública que ha ejercido con discreción, se ha permitido examinar con cuidado los problemas de la cultura en nuestro tiempo, y en particular de Colombia, para señalar los factores que mantienen en la confusión a una sociedad como la nuestra.
“Su forma de expresión más elocuente ha sido el ensayo, un género que tiene asidero en la humanidad desde los tiempos de Michel de Montaigne, y fiel a las maneras de razonar y expresarse, demuestra perfección en las técnicas del idioma, además con la belleza de un estilo que no se deja llevar por los lugares comunes, ni por afectaciones de fácil recurrencia; ella tiene rigor metodológico, propio de la disciplina filosófica, con ritmo y tono para el examen y la meditación inquietante, o provocadora, que suscita la propia reflexión en discípulos y lectores.
“Quizá la primera conferencia que dictó, la promovimos los estudiantes de aquel entonces en el Aula Magna de la Universidad Nacional en Manizales, en la cual compartió informaciones y apreciaciones sobre la universidad alemana, luego recogida, me parece, en la “Revista Eco” que en Bogotá editaba el Señor Buchholz.
“El ensayo no es un mero artículo que alguien hace por pasar de largo con opiniones al desgaire. El ensayo requiere ante todo una fuerte formación, con dominio del tema que se va a desarrollar, sobre bases de estudio e identificación de problemas cuyos enunciados ya de suyo comprometen en el rigor intelectual, para desprender de este modo análisis coherentes, con dilucidación de aquellos y sus correspondientes desenlaces o consecuencias.
“En sus tiempos de alumno universitario en Bogotá le correspondió conocer, compartir y recibir lecciones de algunos de los inmigrantes europeos que llegaron movidos por las guerras o por la simple curiosidad, en algún caso, de encontrar ocupación. Estaban palpitantes en la vida cultural capitalina el pintor Guillermo Wiedemann, el músico Olav Roots, el crítico de arte Casimiro Eiger, el analista de literaturas Ernesto Volkening, el poeta Antonio de Zubiaurre, el físico Hans Herkrath, el también físico, matemático y pedagogo Carlo Federici, el geógrafo Ernesto Guhl, el filólogo clásico Jouzas Zaranka, el humanista José Prat, el escritor José Caballero-Bonald, el químico Sven Zetelius, el historiador del arte Antonio Begman, el arquitecto Leopoldo Rother, el entomólogo, pintor y ceramista Leopoldo Richter, entre otros. Es indudable que de ese rico ambiente recibió influencias definitivas en su formación.
“Si de intelectual se trata, Sierra-Mejía lo ha sido sin aspavientos, pero con asomo público de criterio tempranamente formado, diciendo con claridad de pensamiento e impecable estilo literario, las cosas que otros no dicen por falta de formación o por indiferencia frente a los fenómenos de la cultura en Colombia, ajeno a cualquier tono contestatario o revanchista. Heredero legítimo de la generación de la “Revista Mito”, aquella que permitió que en Colombia se estableciera el pensamiento y el arte modernos, auncuando todavía no con la generalización que era de esperarse. Su magisterio ha sido amplificador, con lecciones de libre examen, con base ilustrada y análisis meticuloso. Un ensayo en sus manos casi que no llega a tener punto de culminación, por la búsqueda continua de la precisión y la claridad. La investigación filosófica ha ocupado la parte fundamental de su dedicación académica, con apoyo en destrezas que ha alcanzado en los medios informáticos.” Carlos-Enrique Ruiz (26 Sept., 2002).
La Revista Aleph publicará una edición monográfica dedicada a honrar su memoria y su obra.
Ceremonia de Graduación, Instituto Caro y Cuervo (por Carmen Millán, Directora General). Marc Augé en Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la Sobremodernidad ( (Augé 2000), un libro originalmente publicado en 1992 (en español en 2000) nos propone la categoría del no – lugar, en la que he vuelto a pensar desde que entramos en aislamiento preventivo obligatorio a causa de la propagación de un virus a escala global. Dice Augé:
Los no lugares son tanto las instalaciones necesarias para la circulación acelerada de personas y bienes (vías rápidas, empalmes de rutas, aeropuertos) como los medios de transporte mismos o los grandes centros comerciales, o también los campos de tránsito prolongado donde se estacionan los refugiados del planeta. (Augé 2000, 41).
Pienso que esta ceremonia, tan esperada para muchas personas, las que se gradúan, sus familiares y amistades, está llevándose a cabo en la autopista de una forma de comunicación que desde marzo venimos empleando para trabajar en forma remota. “Nos vemos” en Zoom, “nos encontramos” en Teams, “asistimos” a un Webinar, “conversamos” a través de Google meetings. Espectralmente, aparecemos como un círculo, casi siempre vacío, no nos dejamos ver porque, decimos o nos dicen que apaguemos la cámara porque se daña la señal o porque estamos en piyama y no queremos que los demás lo sepan y hagan comentarios y, cuando queremos dejarmos ver, producimos un escenario que diga algo de nosotros. Amanda Hess y Shane O’Neill comentaban en el New York Times (Hess and O´Neill 2020) la forma en la que nos “producimos” para visitar a través de la autopista virtual a esas otras entidades que se dejarán o no se dejarán ver. Hess señalaba que el paisaje de moda no es ya el que muestran las ventanas que dan a rascacielos con iluminación LED, sino bibliotecas que, con su presencia como telón de fondo, quieren comunicarla seriedad intelectual de quien habla. “Celebrities bookcases” las llaman en las notas: bibliotecas de esas que son decoración y que nosotros, gentes del libro, adivinamos imposturas. ¡Y cómo se nota que lo son!
Hoy, deberíamos estar en la Casa Cuervo Urisarri, en el barrio La Candelaria. Ustedes y las personas invitadas, familares, amistades, pasarían por el primer patio y verían la fuente que estaría esperándolos para esa primera foto que el agua suscita. Luego llegarían al segundo patio, verían los papayuelos y los brevos y entrarían en el Auditorio Ignacio Chávez, resto de arquitectura que confiesa el uso utilitario de ese espacio en el siglo XIX: la fábrica de la Cerveza Cuervo. Aún otro patio esperaría a todas las personas asistentes: más de la fábrica de cerveza, árboles centenarios y los bustos de José Eusebio Caro y Rufino José Cuervo.
En uso de la hospitalidad, queridos y queridas estudiantes próximos a recibir su grado, quizás ustedes quisieran enseñar a sus invitados la puertecita que comunica con la Casa Rivas Sacconi, un espacio inesperado para quienes cruzan la puertecita.
De esta manera, haciendo la caminata con ustedes, traemos desde Aluna, el pensamiento, el mundo de las ideas, la casa, las casas, esas casas de las palabras que ustedes han habitado en estos años y que seguirán siendo sus casas, ahora que se convertirán en comunidad de ex alumnos, alumni.
Es bella la palabra aluna, en lengua Kogan hablada por los Kágabas, cultura Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta. El pasado 17 de julio, había 700 personas inscritas para recorrer las autopistas virtuales y entrar en el Seminario Permanente de Lenguas indígenas, una de las actividades que han “migrado” hacia las plataformas digitales.
Este recorrido precario que hacemos con ustedes, es una manera de confrontar la soledad desconcertante de una ceremonia de grado, rito de pasaje que no queremos que sea vaciado del gesto de hospitalidad.
Citas
Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa, 2000.
Hess, Amanda, and Shane O´Neill. The New York Times. 23 de julio de 2020. https://www.nytimes.com/video/arts/100000007120740/celebrity-bookshelves-coronavirus.html.
Bulnes – Álvarez, Luisa. «Alfredo Rodríguez Orgaz. Arquitecto.» Chía: Direcci{on de Patrimonio – Ministerio de Cultura; ICC – Imprenta Patriótica, 2015.
Príncipe negro. En memoria de George Floyd (por Nancy Morejón)
Aunque su sueño era lanzarte al Mississippi,
aquel caníbal de uniforme opaco
ha quemado en silencio su rodilla
sobre tu cuello inerte.
El humo de tu carne va subiendo hasta el cielo mojado.
Saltando entre las flores, el aire de tus bronquios
persigue su fantasma hasta morder
el colmillo sangriento del caníbal.
Y tú alientas, indómito, sobre el asfalto húmedo,
bajo la sombra quieta de un manzano
en Minneapolis,
donde colocaremos, para ti,
este brillante, este limpio
príncipe negro nuestro,
a tu memoria.
Cerro, 4 de junio, 2020
109 años de Sábato (Escribe: Graciela Maturo). El 24 de junio del 2020 se cumplió el aniversario 109 del nacimiento de Ernesto Sábato, que se produjo en la ciudad bonaerense de Rojas el 24 de junio de 1911. Falleció dos meses antes de cumplir los cien años, de modo que podemos hablar de centenario.
Ernesto Sábato, a quien tuve el privilegio de tratar desde 1968 hasta sus últimos años (aunque lo conocía desde la época de Frondizi) otorgaba especial significación a su nacimiento en el día de San Juan, día mágico para los pueblos latinoamericanos que, como todos los pueblos, otorgan valor a las estaciones del año y celebran especialmente el solsticio de invierno como paso de la Tiniebla a la Luz. En distintos lugares de América, como lo estudiaba el poeta Juan Liscano, y también en nuestras provincias y ciudades, se hacen hogueras para quemar muñecos y objetos en desuso, se cruza sobre brasas; la vida adquiere otro sentido cuando el hombre se acerca a la Naturaleza, las estaciones, los ritmos cósmicos. Lo hacen los más sencillos.
Recordé que en el año 1983, desde el Centro de Estudios Latinoamericanos – uno de los grupos que he fundado a lo largo de mi vida- le hicimos a don Ernesto un gran homenaje conformado por música, lecturas y comentarios sobre sus libros; también un ballet, representado ese día en el Hotel Libertador, y compuesto para él por la bailarina y coreógrafa Marisil Ceccarini, titulado Solsticio: De las Tinieblas a la Luz, cuyo sentido ritual conmovió al autor de las novelas El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas, y Abbadón el Exterminador.
Cuando Sábato, en 1935, tomó la decisión de abandonar su ya brillante carrera científica como físico, lo hizo a favor del arte, de las artes – pues también inició el camino de la pintura-, y se ofreció como testigo y mártir de la oscuridad que invadía cada vez más al mundo, desatando guerras crueles, guerras frías disimuladas, y todo tipo de males – a la par de los beneficios indudables que trajeron a la humanidad la ciencia y la técnica contemporáneas. Tiempos difíciles, complejos, a los que Sábato supo ofrecer su cuota de creación y reflexión ética.
A su novelística, intensa y reveladora, la acompañó una constante vigilia, presente en sus ensayos y prédicas en favor de una humanidad redimida.
Su trayectoria, que asumió con valentía el tiempo de la Oscuridad, se dirigió siempre hacia la Luz.