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Nacho

(Escribe: Oscar Domínguez G.). Le saca el mismo jugo a su oficio en una emisora de pedal de Quibdó que organizando durante siete años festivales culturales en Viena. Se faja por igual como contradictor empedernido del hoy pastor Darío Silva en emisoras de Neiva, que entrevistando cerebros fugados colombianos en Europa para su libro «Hombres de Palabra», que escribió en dueto con Olga Cristina Turriago.

Esta obra fue la declaración de amor de la pareja a la literatura. Si en Maicao o Valledupar se siente en su salsa haciendo desde las cuñas hasta los noticieros, también se divierte jalándole a su oficio de periodista y de escritor en Nueva York donde ha entrado y salido como Pedro Picapiedra por su roca-casa. Trotamundos de la imaginación, tiene por hábitat el mundo que ha recorrido sin que la fatiga le haya dibujado ojeras cerca de su nariz de Cyrano de Bergerac de la Carrera Séptima, su entorno de siempre.

Cuando una persona conoce tanta gente y ninguno habla mal de él, como es el caso de este diabético bogotano que parece de cualquier parte, es porque su travesía vital ha sido correcta. Ha utilizado su oficio para que lo quieran más, como su hermano mayor, García Márquez, y para darse al prójimo. Por ejemplo, dando a conocer la vida y milagros de escritores de todos los pelambres y todas las musas. Ahora, si su biografiado es un creador que apenas se inicia en las letras, mejor para nuestro Cristóbal Colón de talentos nuevos. Todo lo que sucede a su alrededor ha sido materia prima de sus notas en el dominical de El Tiempo, en la revista Credencial, o en Colprensa, donde fue colaborador de vieja data. Y faltan datos de muchos medios.

Si de pronto no lo encuentro para alguno de nuestros almuerzos buenos, bonitos y baratos entre semana donde doña Luva, fugaz mamá del mediodía, es porque está tirando línea cultural en algún recodo del país, o ejerciendo como jurado en algún concurso. Su plato preferido, sin duda, es la sopa de letras. Su talento lo ha llevado a incursionar en cine, radio y televisión. Permanentemente está haciendo propuestas audaces en estos campos de la imaginación.

En periodismo es de la vieja y de la nueva guardia al mismo tiempo porque siempre encara sus trabajos con la ardentía del principiante y al cancha del veterano iluminado.

A Ignacio Ramírez Pinzón, Nacho, la plata se la han dado en talento, amigos, viajes, bohemia, cine, lecturas, escritos. Ha sacado tiempo para hacer las veces de Quijote, promoviendo su agencia cultural Cronopios. En Nacho, hacer camino en la cultura todos los días es una forma de llegar. Ha hecho las cosas dentro de la concepción de que ética es obrar de tal forma que ni la policía ni la conciencia nos puedan echar abajo la puerta de la casa a las tres de la mañana. Ateo gracias a Dios, sólo tiene amigos. Ni siquiera los enemigos lo tienen a él. Su amistad ha sido la casa de todos, como en el poema de Rafael Pombo. La generosidad tiene en su apellido una de sus mejores acepciones. Personas como este argonauta empedernido no cumplen años. Cumplen lealtades, crónicas, libros, entrevistas, columnas. Suerte, salud, longevidad para Nacho. (1 de diciembre de 1996)

(Escribe: Oscar Domínguez G.). Le saca el mismo jugo a su oficio en una emisora de pedal de Quibdó que organizando durante siete años festivales culturales en Viena. Se faja por igual como contradictor empedernido del hoy pastor Darío Silva en emisoras de Neiva, que entrevistando cerebros fugados colombianos en Europa para su libro «Hombres de Palabra», que escribió en dueto con Olga Cristina Turriago.

Esta obra fue la declaración de amor de la pareja a la literatura. Si en Maicao o Valledupar se siente en su salsa haciendo desde las cuñas hasta los noticieros, también se divierte jalándole a su oficio de periodista y de escritor en Nueva York donde ha entrado y salido como Pedro Picapiedra por su roca-casa. Trotamundos de la imaginación, tiene por hábitat el mundo que ha recorrido sin que la fatiga le haya dibujado ojeras cerca de su nariz de Cyrano de Bergerac de la Carrera Séptima, su entorno de siempre.

Cuando una persona conoce tanta gente y ninguno habla mal de él, como es el caso de este diabético bogotano que parece de cualquier parte, es porque su travesía vital ha sido correcta. Ha utilizado su oficio para que lo quieran más, como su hermano mayor, García Márquez, y para darse al prójimo. Por ejemplo, dando a conocer la vida y milagros de escritores de todos los pelambres y todas las musas. Ahora, si su biografiado es un creador que apenas se inicia en las letras, mejor para nuestro Cristóbal Colón de talentos nuevos. Todo lo que sucede a su alrededor ha sido materia prima de sus notas en el dominical de El Tiempo, en la revista Credencial, o en Colprensa, donde fue colaborador de vieja data. Y faltan datos de muchos medios.

Si de pronto no lo encuentro para alguno de nuestros almuerzos buenos, bonitos y baratos entre semana donde doña Luva, fugaz mamá del mediodía, es porque está tirando línea cultural en algún recodo del país, o ejerciendo como jurado en algún concurso. Su plato preferido, sin duda, es la sopa de letras. Su talento lo ha llevado a incursionar en cine, radio y televisión. Permanentemente está haciendo propuestas audaces en estos campos de la imaginación.

En periodismo es de la vieja y de la nueva guardia al mismo tiempo porque siempre encara sus trabajos con la ardentía del principiante y al cancha del veterano iluminado.

A Ignacio Ramírez Pinzón, Nacho, la plata se la han dado en talento, amigos, viajes, bohemia, cine, lecturas, escritos. Ha sacado tiempo para hacer las veces de Quijote, promoviendo su agencia cultural Cronopios. En Nacho, hacer camino en la cultura todos los días es una forma de llegar. Ha hecho las cosas dentro de la concepción de que ética es obrar de tal forma que ni la policía ni la conciencia nos puedan echar abajo la puerta de la casa a las tres de la mañana. Ateo gracias a Dios, sólo tiene amigos. Ni siquiera los enemigos lo tienen a él. Su amistad ha sido la casa de todos, como en el poema de Rafael Pombo. La generosidad tiene en su apellido una de sus mejores acepciones. Personas como este argonauta empedernido no cumplen años. Cumplen lealtades, crónicas, libros, entrevistas, columnas. Suerte, salud, longevidad para Nacho. (1 de diciembre de 1996)

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Edición No. 144