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Consideraciones sobre “La Caverna” de José Saramago

(Escribe: Carlos-Mario Granados C., en la “Cátedra Aleph”, 7ª versión, II-2005). … Se cuenta que en tiempos antiguos hubo un dios que decidió modelar un hombre con el barro de la tierra que antes había creado, y luego, para que tuviera respiración y vida, le dio un soplo en la nariz. Algunos espíritus contumaces y negativos enseñan cautelosamente, cuando no osan proclamarlo con escándalo, que, después de aquel acto creativo supremo, el tal dios no volvió a dedicarse nunca más a las artes de la alfarería, manera retorcida de denunciarlo por haber, simplemente, dejado de trabajar…La CavernaJosé Saramago.

Es indudable que durante los últimos años se ha producido una gran serie de avances, de progresos, de descubrimientos en ciencia y en la técnica, pero cabe anotar que quizá todos estos avances han sido bastante desaforados, se han producido a un ritmo nunca antes visto, y no hemos tenido tiempo para reflexionar, para interiorizar, todo lo que se ha aprendido, todo lo que se ha desarrollado, todo lo que se ha descubierto para bien o para mal, así, como nos recuerda Saramago,“el hombre es capaz de lo mejor y de lo peor”, de todos modos somos la única especie de este planeta que tortura a sus semejantes… Ahora nos encontramos obnubilados ante el mundo que hemos creado, no ante lo que tenemos en frente como objetos físicos sino ante toda su simbología, ante todo lo que hay detrás, ante el poco tiempo en que se ha logrado y a como hemos llegado a manipularlo todo, quizá a favor de unos o de otros, al final, todo se mueve en torno a esos rostros y voces ignorados, ausentes, inexistentes para muchos pero siempre ocultos detrás de los hechos…

Todo este progreso parece algo beneficioso, pero como comentábamos más arriba no hemos tenido tiempo para reflexionar al respecto, para considerar los verdaderos beneficios de todos nuestros adelantos, de todo lo que traen consigo… Nos dejamos seducir por todas aquellas promesas de felicidad y de una vida mejor, sin problemas, sin mayores reparos, es una felicidad absoluta, perfecta, sin límites, es una vida siempre mejor gracias a nuestros medios adquiridos de alienación al igual que el soma, aquella maravillosa droga de Un mundo feliz de Huxley, la cual permite ver al mundo de una manera mucho más agradable, más tolerable, infinitamente mejor (recordemos que la palabra soma proviene del vocablo griego sîma atoV tó, que significa cuerpo). Después de todo, nuestra sensación más primordial de felicidad se logra gracias a una continua y completa saturación de nuestros sentidos que termina por alejarnos de nuestro mundo, del mundo tangible, a pesar de lo paradójico que parezca… Al mirar a nuestro alrededor, (aunque no sea un caso completamente nuestro pero que estamos adoptando poco a poco por influencia externa), podemos percatarnos de que todo lo que hacemos, todo lo que consumimos, todo lo que nos muestran las imágenes que nos venden, está completamente diseñado para jugar con nuestros sentidos: efectos de sonido, de imágenes, de luces formidables, cuerpos hermosos los cuales deseamos, sensaciones de bienestar jamás soñados. El problema no radica tanto en disfrutar de los placeres de la vida, más bien el verdadero problema está en lo conveniente de todo esto, en no considerar todo ese consumismo impulsado por la publicidad como si fuera un único modo de vida, no creo que la vida sólo sea eso, hay muchas otras cosas por sentir, todo un mundo ahí afuera está esperando para ser descubierto, para ser vivido, no para ser ignorado, ocultado o falseado.

Allí yace el verdadero sentido del Centro, todo lo que simboliza, es un verdadero Monstruo dispuesto a engullir a sus creadores para satisfacer su infinita hambre, para seguir creciendo sin límite… El Centro toma a sus habitantes y los vuelve esclavos suyos, les niega la realidad y a cambio de esto les ofrece otra realidad, otro mundo lleno de apariencias, de simulaciones, de máscaras; allí no se aceptan animales, pero el Centro te ofrece mejores soluciones como un acuario virtual “sin peces que tengan olor a pez ni agua que sea necesario cambiar” que le permitirá a su feliz dueño disfrutar de varios entornos que no son más reales que esta pecera. El Centro toma a sus habitantes y los vuelve esclavos suyos y los somete a una feroz ola de consumismo donde todos terminan por sentirse bien con su propio ego (“I’m all right Jack keep your hands off of my stack”- Cf.: Money, por Roger Waters, En: Dark Side of the Moon.), donde es posible conocer el mundo sin tener que salir de casa, es decir, del Centro, de aquella ciudad que es infinitamente más grande que la ciudad que lo alberga, ciudad en frenético crecimiento y que da la impresión de que terminará por absorberlo todo, pequeña imagen del mundo dentro de si misma, igual ¿Quién no quisiera vivir en el Centro, donde todo es posible, donde eres más feliz, donde aparentemente nadie muere ya que no hay algún cementerio a la vista y el humo del crematorio quizá ya haya sido eliminado por la tecnología actual, donde tendrás una vida nueva, donde es posible soñar y a cada día hacer posibles tus más descabellados sueños? ¿Quién no quisiera vivir en el Centro, donde la muerte siempre se oculta, se olvida y hasta desaparece para hacer mucho más fácil nuestras vidas?

El Centro toma a sus habitantes y los vuelve prisioneros pero se asegura de que siempre estén allí siguiendo sus vidas normales, siempre dentro de lo habitual y de lo rutinario. Sinembargo, la vida de cualquier individuo no se basa completamente en diversión, en trabajo, en preocupaciones banales, hay en cada ser preocupaciones mucho más profundas, algo que le lleva a vivir cada día en medio del temor o de la incertidumbre y que le impulsa a buscar alguna respuesta, alguna señal que le permita entender su vida, y es por eso que los oficios religiosos no son ignorados del todo en el Centro, y es que este “no es sólo un distribuidor de bienes materiales sino también un distribuir de bienes espirituales”, para que todos los desamparados y todos los infelices encuentren una razón, un motivo, de su existencia, y es que el Centro participa de la naturaleza de lo divino” y hasta termina por definir y ser toda esa naturaleza divina, termina por ser su único ser supremo y el de sus pobladores y que guía el destino de quienes lo componen, preocupándose por proporcionar toda una plataforma religiosa para sus angustiados habitantes, yendo más allá de toda diferencia de credos, pero también llegará a difundir su propia palabra, su propia doctrina de salvación y de felicidad… Al final, el Centro termina volviéndose omnipresente, todopoderoso, donde nadie es fundamental para su funcionamiento, donde un intrincado sistema burocrático determina sus acciones, como una variación infinitamente más grande que el ininteligible sistema jurídico de El Proceso de Kafka (Joseph K. jamás supo de su crimen y jamás pudo ver al juez que lo sentenció).

Al pensar un poco sobre la manera en la que se sostiene internamente el Centro, al sabernos sus creadores se hace inevitable la pregunta: ¿Es todo esto necesario, no hay otras formas de proceder? Nos descuidamos y dejamos que la bestia se escapara de nuestras manos e, insisto, el hombre es capaz de lo mejor y de lo peor y este Monstruo es el reflejo de nuestro lado oscuro y, por tanto, evidencia nuestras costumbres, nuestra forma de vivir tan caótica, tan lejana de nuestros propósitos fundamentales y tan dañina para nosotros mismos, es como una suerte de suicidio, y todo gracias a que quizá no conozcamos otra forma de vivir o, en palabras de Cipriano Algor, “Tal vez sea demasiado tarde para que haya otra manera”. De todos modos el Centro ahora es una entidad autónoma de todo control exterior, que logró implantar otra realidad a sus habitantes, una realidad falaz y a medias, y estos no tendrán ningún otro recuerdo de otra realidad o de otro modo de vivir que no sea el relacionado con el omnipresente Centro

Ahora el universo gira en torno a este Centro, toda la ciudad y todo el cosmos está hecho para él, para alimentar su infinita hambre, los alrededores están hechos para mantenerlo siempre abastecido, siempre funcionando, y de alguna manera todo terminará conectado con el Centro, pero ¿Qué sucederá si, como en el Mito de la Caverna, alguien logra liberarse de sus cadenas y salir al exterior y darse cuenta de este otro mundo mucho más cercano a la verdad? Quizá este sea el caso de los Algor quienes, luego de vivir casi toda su vida en el campo, al llegar al Centro, sus relaciones familiares se vuelven frías, sus estados de ánimo cambian profundamente, casi se diría que ya no son los mismos, es difícil reconocerlos ahora, se han vuelto como autómatas, vacíos, como muertos por dentro, pero a la vez se dan cuenta de que todo eso es una farsa, descubren su destino, lo que el Centro les tiene reservado a todos, por eso Cipriano huye, por eso lo siguen Marta y Marcial, ya es inútil hacer caer en cuenta a los demás, por eso huyen y buscan algún otro lugar donde vivir donde no les alcance la sombra de ese Monstruo quimérico que es el Centro. Dicho Monstruo no es más que una gigantesca parodia del mito de la caverna, que se ha logrado gracias a una profunda abstracción de los hechos, de su significado y de sus implicaciones, es otra versión del mito donde se muestra que el pasado ha dejado de ser necesario, que ahora es inútil, por eso se levanta sobre esa Caverna, es una muestra de infinito orgullo y de confianza en que el futuro siempre será mejor que el pasado, lo moderno, lo nuevo, no necesita de lo viejo, ni de lo arcaico ni de lo rústico (“la vieja carne de los hombres ahora es obsoleta”), aunque no reconozca que la esencia es la misma, que las cadenas y los hierros son los mismos, aunque hayan sido cambiados por monedas, por descuentos, por figuras y lozas plásticas que imitan muy bien a las de barro, por peceras virtuales que nos transportan a entornos mucho menos reales y más vívidos. Ahora el ser humano se encuentra prisionero de su propia invención, preso de sus sentidos saturados y de la falsa sensación de bienestar que trae todo ello consigo, siempre ignorante de su destino dentro del vientre del Monstruo, siempre incapaz de volver la mirada atrás y de comprender su realidad, incapaz de pensar por si mismo y de despertar… Quizá los Algor sean los únicos, ahora les queda enfrentarse al mundo lejano, inexistente miserable de su pueblo, a la odiada ciudad, para descubrir que quizá ya todo haya sido absorbido, asimilado y desaparecido, sólo queda el Centro, ese Monstruo horrible que lo cubre todo.

(Escribe: Carlos-Mario Granados C., en la “Cátedra Aleph”, 7ª versión, II-2005). … Se cuenta que en tiempos antiguos hubo un dios que decidió modelar un hombre con el barro de la tierra que antes había creado, y luego, para que tuviera respiración y vida, le dio un soplo en la nariz. Algunos espíritus contumaces y negativos enseñan cautelosamente, cuando no osan proclamarlo con escándalo, que, después de aquel acto creativo supremo, el tal dios no volvió a dedicarse nunca más a las artes de la alfarería, manera retorcida de denunciarlo por haber, simplemente, dejado de trabajar…La CavernaJosé Saramago.

Es indudable que durante los últimos años se ha producido una gran serie de avances, de progresos, de descubrimientos en ciencia y en la técnica, pero cabe anotar que quizá todos estos avances han sido bastante desaforados, se han producido a un ritmo nunca antes visto, y no hemos tenido tiempo para reflexionar, para interiorizar, todo lo que se ha aprendido, todo lo que se ha desarrollado, todo lo que se ha descubierto para bien o para mal, así, como nos recuerda Saramago,“el hombre es capaz de lo mejor y de lo peor”, de todos modos somos la única especie de este planeta que tortura a sus semejantes… Ahora nos encontramos obnubilados ante el mundo que hemos creado, no ante lo que tenemos en frente como objetos físicos sino ante toda su simbología, ante todo lo que hay detrás, ante el poco tiempo en que se ha logrado y a como hemos llegado a manipularlo todo, quizá a favor de unos o de otros, al final, todo se mueve en torno a esos rostros y voces ignorados, ausentes, inexistentes para muchos pero siempre ocultos detrás de los hechos…

Todo este progreso parece algo beneficioso, pero como comentábamos más arriba no hemos tenido tiempo para reflexionar al respecto, para considerar los verdaderos beneficios de todos nuestros adelantos, de todo lo que traen consigo… Nos dejamos seducir por todas aquellas promesas de felicidad y de una vida mejor, sin problemas, sin mayores reparos, es una felicidad absoluta, perfecta, sin límites, es una vida siempre mejor gracias a nuestros medios adquiridos de alienación al igual que el soma, aquella maravillosa droga de Un mundo feliz de Huxley, la cual permite ver al mundo de una manera mucho más agradable, más tolerable, infinitamente mejor (recordemos que la palabra soma proviene del vocablo griego sîma atoV tó, que significa cuerpo). Después de todo, nuestra sensación más primordial de felicidad se logra gracias a una continua y completa saturación de nuestros sentidos que termina por alejarnos de nuestro mundo, del mundo tangible, a pesar de lo paradójico que parezca… Al mirar a nuestro alrededor, (aunque no sea un caso completamente nuestro pero que estamos adoptando poco a poco por influencia externa), podemos percatarnos de que todo lo que hacemos, todo lo que consumimos, todo lo que nos muestran las imágenes que nos venden, está completamente diseñado para jugar con nuestros sentidos: efectos de sonido, de imágenes, de luces formidables, cuerpos hermosos los cuales deseamos, sensaciones de bienestar jamás soñados. El problema no radica tanto en disfrutar de los placeres de la vida, más bien el verdadero problema está en lo conveniente de todo esto, en no considerar todo ese consumismo impulsado por la publicidad como si fuera un único modo de vida, no creo que la vida sólo sea eso, hay muchas otras cosas por sentir, todo un mundo ahí afuera está esperando para ser descubierto, para ser vivido, no para ser ignorado, ocultado o falseado.

Allí yace el verdadero sentido del Centro, todo lo que simboliza, es un verdadero Monstruo dispuesto a engullir a sus creadores para satisfacer su infinita hambre, para seguir creciendo sin límite… El Centro toma a sus habitantes y los vuelve esclavos suyos, les niega la realidad y a cambio de esto les ofrece otra realidad, otro mundo lleno de apariencias, de simulaciones, de máscaras; allí no se aceptan animales, pero el Centro te ofrece mejores soluciones como un acuario virtual “sin peces que tengan olor a pez ni agua que sea necesario cambiar” que le permitirá a su feliz dueño disfrutar de varios entornos que no son más reales que esta pecera. El Centro toma a sus habitantes y los vuelve esclavos suyos y los somete a una feroz ola de consumismo donde todos terminan por sentirse bien con su propio ego (“I’m all right Jack keep your hands off of my stack”- Cf.: Money, por Roger Waters, En: Dark Side of the Moon.), donde es posible conocer el mundo sin tener que salir de casa, es decir, del Centro, de aquella ciudad que es infinitamente más grande que la ciudad que lo alberga, ciudad en frenético crecimiento y que da la impresión de que terminará por absorberlo todo, pequeña imagen del mundo dentro de si misma, igual ¿Quién no quisiera vivir en el Centro, donde todo es posible, donde eres más feliz, donde aparentemente nadie muere ya que no hay algún cementerio a la vista y el humo del crematorio quizá ya haya sido eliminado por la tecnología actual, donde tendrás una vida nueva, donde es posible soñar y a cada día hacer posibles tus más descabellados sueños? ¿Quién no quisiera vivir en el Centro, donde la muerte siempre se oculta, se olvida y hasta desaparece para hacer mucho más fácil nuestras vidas?

El Centro toma a sus habitantes y los vuelve prisioneros pero se asegura de que siempre estén allí siguiendo sus vidas normales, siempre dentro de lo habitual y de lo rutinario. Sinembargo, la vida de cualquier individuo no se basa completamente en diversión, en trabajo, en preocupaciones banales, hay en cada ser preocupaciones mucho más profundas, algo que le lleva a vivir cada día en medio del temor o de la incertidumbre y que le impulsa a buscar alguna respuesta, alguna señal que le permita entender su vida, y es por eso que los oficios religiosos no son ignorados del todo en el Centro, y es que este “no es sólo un distribuidor de bienes materiales sino también un distribuir de bienes espirituales”, para que todos los desamparados y todos los infelices encuentren una razón, un motivo, de su existencia, y es que el Centro participa de la naturaleza de lo divino” y hasta termina por definir y ser toda esa naturaleza divina, termina por ser su único ser supremo y el de sus pobladores y que guía el destino de quienes lo componen, preocupándose por proporcionar toda una plataforma religiosa para sus angustiados habitantes, yendo más allá de toda diferencia de credos, pero también llegará a difundir su propia palabra, su propia doctrina de salvación y de felicidad… Al final, el Centro termina volviéndose omnipresente, todopoderoso, donde nadie es fundamental para su funcionamiento, donde un intrincado sistema burocrático determina sus acciones, como una variación infinitamente más grande que el ininteligible sistema jurídico de El Proceso de Kafka (Joseph K. jamás supo de su crimen y jamás pudo ver al juez que lo sentenció).

Al pensar un poco sobre la manera en la que se sostiene internamente el Centro, al sabernos sus creadores se hace inevitable la pregunta: ¿Es todo esto necesario, no hay otras formas de proceder? Nos descuidamos y dejamos que la bestia se escapara de nuestras manos e, insisto, el hombre es capaz de lo mejor y de lo peor y este Monstruo es el reflejo de nuestro lado oscuro y, por tanto, evidencia nuestras costumbres, nuestra forma de vivir tan caótica, tan lejana de nuestros propósitos fundamentales y tan dañina para nosotros mismos, es como una suerte de suicidio, y todo gracias a que quizá no conozcamos otra forma de vivir o, en palabras de Cipriano Algor, “Tal vez sea demasiado tarde para que haya otra manera”. De todos modos el Centro ahora es una entidad autónoma de todo control exterior, que logró implantar otra realidad a sus habitantes, una realidad falaz y a medias, y estos no tendrán ningún otro recuerdo de otra realidad o de otro modo de vivir que no sea el relacionado con el omnipresente Centro

Ahora el universo gira en torno a este Centro, toda la ciudad y todo el cosmos está hecho para él, para alimentar su infinita hambre, los alrededores están hechos para mantenerlo siempre abastecido, siempre funcionando, y de alguna manera todo terminará conectado con el Centro, pero ¿Qué sucederá si, como en el Mito de la Caverna, alguien logra liberarse de sus cadenas y salir al exterior y darse cuenta de este otro mundo mucho más cercano a la verdad? Quizá este sea el caso de los Algor quienes, luego de vivir casi toda su vida en el campo, al llegar al Centro, sus relaciones familiares se vuelven frías, sus estados de ánimo cambian profundamente, casi se diría que ya no son los mismos, es difícil reconocerlos ahora, se han vuelto como autómatas, vacíos, como muertos por dentro, pero a la vez se dan cuenta de que todo eso es una farsa, descubren su destino, lo que el Centro les tiene reservado a todos, por eso Cipriano huye, por eso lo siguen Marta y Marcial, ya es inútil hacer caer en cuenta a los demás, por eso huyen y buscan algún otro lugar donde vivir donde no les alcance la sombra de ese Monstruo quimérico que es el Centro. Dicho Monstruo no es más que una gigantesca parodia del mito de la caverna, que se ha logrado gracias a una profunda abstracción de los hechos, de su significado y de sus implicaciones, es otra versión del mito donde se muestra que el pasado ha dejado de ser necesario, que ahora es inútil, por eso se levanta sobre esa Caverna, es una muestra de infinito orgullo y de confianza en que el futuro siempre será mejor que el pasado, lo moderno, lo nuevo, no necesita de lo viejo, ni de lo arcaico ni de lo rústico (“la vieja carne de los hombres ahora es obsoleta”), aunque no reconozca que la esencia es la misma, que las cadenas y los hierros son los mismos, aunque hayan sido cambiados por monedas, por descuentos, por figuras y lozas plásticas que imitan muy bien a las de barro, por peceras virtuales que nos transportan a entornos mucho menos reales y más vívidos. Ahora el ser humano se encuentra prisionero de su propia invención, preso de sus sentidos saturados y de la falsa sensación de bienestar que trae todo ello consigo, siempre ignorante de su destino dentro del vientre del Monstruo, siempre incapaz de volver la mirada atrás y de comprender su realidad, incapaz de pensar por si mismo y de despertar… Quizá los Algor sean los únicos, ahora les queda enfrentarse al mundo lejano, inexistente miserable de su pueblo, a la odiada ciudad, para descubrir que quizá ya todo haya sido absorbido, asimilado y desaparecido, sólo queda el Centro, ese Monstruo horrible que lo cubre todo.

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