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Ciencia y Sociedad: Derechos y Responsabilidades

Traducción de Antonio García-Lozada

ISBN 0-930357-62-0
Suggested citation: International Council for Science. 2005.
ICSU Strategic Review of Science and Society: Rights and Responsibilities
© ICSU

El Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU) publicó un informe en julio de 2005 en el que se exponen inquietudes científicas y sociales en cinco secciones: equidad, acceso y universalidad, producción de conocimiento científico, riesgo e incertidumbre, responsabilidad y gobernanza, y experiencia en ciencia y sociedad.

La misión del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU) se ha encargado igualmente de fortalecer la ciencia universal en beneficio de las sociedades. Y afín con esta misión, ICSU ha monitoreado el enlace de los cambios entre ciencia y sociedad, y en consecuencia ha diseñado actividades de común acuerdo. Así, en 2002, la Asamblea General del ICSU, que reúne a representantes de más de 100 países y 27 disciplinas científicas diferentes, solicitó una revisión estratégica sobre “Ciencia y Sociedad: Derechos y Responsabilidades”.

La UNESCO es una de las instituciones intergubernamentales claves que apoya a la ICSU en muchas áreas de la ciencia, y cuenta con órganos de ética dedicados a cuyas actividades son de relevancia directa para revisiones estratégicas. Otro de los organismos es el Comité Internacional de Bioética (CIB), un grupo de 36 expertos designados independientemente y establecido en 1993. El enfoque inicial del CIB se ha centrado en la genética y fue ejecutor de la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos en 1997.

El Principio de Universalidad de la Ciencia es fundamental para el progreso científico. Este principio implica la libertad de agrupación, asociación, expresión y comunicación de los científicos, así como el acceso equitativo a los datos, la información y los materiales de investigación. Al perseguir sus objetivos con respecto a los derechos y responsabilidades de los científicos, el Consejo Internacional para la Ciencia (CIUC) defiende activamente este principio y, al hacerlo, se opone a cualquier discriminación basada en factores como el origen étnico, la religión, la ciudadanía, idioma, postura política, género, sexo o edad. El ICSU no aceptará la interrupción de sus propias actividades mediante declaraciones o acciones que intencionalmente o de otro modo impidan la aplicación de este principio.

Cómo hacer la universalidad una realidad, teniendo en cuenta que los viejos y nuevos desafíos siguen siendo una cuestión viva. Existe una necesidad continua de garantizar el libre flujo de científicos e información científica entre las naciones y de fortalecer las tareas de vigilancia de
organizaciones como ICSU que monitorean la discriminación en la ciencia. Existe una necesidad creciente de garantizar la equidad global en la producción y el intercambio de conocimientos, incluida la identificación de mejores prácticas en áreas en disputa y el desarrollo de principios
de consenso para el acceso y el intercambio de datos. Uno de los planes prioritarios de ICSU es el de desempeñar un papel activo en la reducción de las barreras de entrada a la ciencia para las mujeres y otros grupos sin reconocimiento social en el planeta. Y un objetivo principal del ICSU será mejorar el pluralismo de la ciencia.

La ciencia y la tecnología se encuentran entre las fuerzas más positivas de cambio que dispone la humanidad. Las crecientes inversiones públicas en investigación científica, educación científica, innovación tecnológica y comunicación pública de la ciencia demuestran que algunos gobiernos reconocen la importancia de la ciencia y la tecnología para el desarrollo socioeconómico. A medida que las sociedades industriales de una era anterior evolucionan hacia las actuales “sociedades del conocimiento” de alta tecnología, la ciencia y la tecnología se consideran los principales motores de la innovación, el bienestar social, el aumento de la productividad y la creación de riqueza. Esto presenta un enorme desafío para los países más pobres que, ahora más que nunca, necesitan establecer y mantener sus propias capacidades científicas si quieren ser competitivos en la economía global del conocimiento. El acceso universal y equitativo al conocimiento científico es crucial para cerrar la brecha socioeconómica entre el Norte y el Sur. La investigación y el intercambio científico desempeñan un papel central a la hora de fomentar una mejor comunicación, y recomendaciones compartidas, para la resolución de problemas a través fronteras políticas y culturales. En un mundo que cambia rápidamente, el Principio de Universalidad de la Ciencia proporciona un modelo significativo de equidad, no discriminación y cooperación intercultural.

Un área de importante preocupación atañe al acceso desigual a la información científica. En teoría, las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) han creado oportunidades sin precedentes para incluir a más científicos de regiones económicamente desfavorecidas en la investigación internacional. En la práctica, varios factores mantienen aún una “brecha digital” entre las naciones más ricas y las más pobres en relación con las TIC. Los países varían mucho en su capacidad para adoptar nuevas tecnologías, establecer sistemas eficaces de comunicación, publicación, y pagar por los datos generados en el extranjero. Por lo tanto, la promesa de la TIC para la ciencia sigue siendo distribuida de manera desigual e imperfecta en todo el mundo. Otra preocupación se relaciona con la representatividad de la ciencia. A pesar de los avances logrados en las últimas décadas, las mujeres siguen estando poco representadas en la fuerza laboral científica mundial. Muchos grupos étnicos y raciales también han sido en gran medida excluidos de la ciencia. Las barreras económicas, institucionales y culturales obstaculizan la entrada de estos grupos en muchas zonas del mundo, tanto en el Norte como en el Sur. En consecuencia, la ciencia es menos pluralista en la práctica de lo que podría ser en principio. La falta de representación equitativa tiene serias implicaciones negativas no sólo para la sociedad sino también, a través de la insuficiente inclusión sistemática de algunas perspectivas, para el alcance y la calidad de la investigación que se produce. Muchas mentes brillantes actualmente no tienen la oportunidad de contribuir a la ciencia.

El aumento en el interés y la experiencia en las relaciones entre la ciencia y la sociedad, ambas en lo civil y el mundo académico, siguen estando distribuidas de manera desigual en todo el planeta. Y los procedimientos para incorporar los conocimientos de la ciencia y la sociedad en la práctica científica y las políticas públicas están pobremente desarrollados. Hay que identificar y examinar métodos para acomodar las diferencias culturales, incluidos valores y religión, en nuevas áreas de la ciencia, particularmente en el dominio de rápido desarrollo de la biotecnología y la genética. Estos esfuerzos deberían ir más allá del énfasis principal actual en la comprensión pública de la ciencia y fomentar un diálogo bidireccional genuino entre los científicos y la población.

En términos más generales, en varias universidades se han creado programas de educación y formación en ciencia, tecnología y sociedad (CTS). Algunos se han organizado como unidades interdisciplinarias independientes y a veces integrados en disciplinas tradicionales como la historia o la antropología. Estos programas brindan capacitación formal en CTS a estudiantes universitarios, estudiantes de doctorado y becarios postdoctorales, centrándose en la relación de la ciencia y la tecnología con instituciones sociales y políticas, como tribunales, agencias administrativas, movimientos sociales o grupos de pacientes. El trabajo de CTS ha alcanzado visibilidad a través de revistas y sociedades profesionales del campo. CTS también se ha convertido, hasta cierto punto, en una fuente de asesoramiento político para los responsables de la toma de decisiones gubernamentales y empresariales.

A medida que el sector empresarial se convierte en un patrocinador importante de la investigación, y a menudo en asociación con el mundo académico, se hace necesario un diálogo abierto sobre las prácticas éticas dentro de la industria. La elaboración y adopción de códigos de conducta para científicos e ingenieros, incluidos los que trabajan en la industria, sigue siendo una prioridad, al igual que el intercambio de información sobre dichos códigos.

La ciencia y la tecnología no sólo generan enormes beneficios sino también novedades e incógnitas que pueden tener consecuencias adversas tanto físicas, como sociales y éticas. Comprender y comunicar de manera transparente los riesgos y las incertidumbres se hace cada vez más inaplazable para la ciencia y la sociedad. La proliferación de riesgos e incertidumbres han ido gradualmente en aumento lo cual demanda más responsabilidad de la ciencia. A medida que la ciencia y la tecnología vayan invadiendo más espacios de la vida, los científicos también tienen que ser más receptivos a las preocupaciones de la sociedad. En consecuencia, se necesitan mecanismos de gobernanza más participativos y transparentes. Estos mecanismos se deben estudiar a fin de abordar las diferencias interculturales en la práctica y la ética de la investigación.

La ciencia también incluye la que se ejecuta en respuesta a las necesidades específicas de quienes toman decisiones; los ejemplos incluyen pruebas de toxicidad química, ensayos de campo de cultivos genéticamente modificados (GM) para evaluar el flujo de genes, estudios epidemiológicos de la salud de los trabajadores y el desarrollo de modelos de evaluación de riesgos, modelos de simulación y evaluaciones socioeconómicas para respaldar una amplia variedad de políticas regulatorias.

La evaluación de trabajos de investigación y sus respectivas prácticas siguen siendo esenciales, pero dentro de los contextos cambiantes de la práctica científica no se han comprendido bien sus funciones. Estos merecen un seguimiento y análisis sistemáticos. De particular interés son las prácticas que certifiquen la calidad y la integridad de la ciencia producida a fin de garantizar decisiones de políticas públicas en áreas como la salud, la seguridad y la regulación ambiental.

Sin embargo, no todos los impactos de la ciencia y la tecnología son igualmente beneficiosos, ni tampoco se consideran que lo sean universalmente. En los últimos años han aumentado los reparos sobre la capacidad de la ciencia y la tecnología de intervenir negativamente en diversas dimensiones de la vida humana, incluidos sus orígenes, sus finales y sus entornos físicos y sociales. Los avances en genética y ciencias de la vida son particularmente inquietantes para muchos porque no sólo prometen curar enfermedades y aliviar el hambre, sino que también amenazan con alterar irreversiblemente la naturaleza humana, las relaciones humanas y el medio ambiente natural.

La contaminación y los daños físicos siguen estando entre las consecuencias no deseadas de muchas tecnologías beneficiosas, como la electrónica, los pesticidas y las vacunas. La creciente dependencia de las tecnologías basadas en combustibles fósiles está cambiando el clima del planeta, con implicaciones muy graves para las generaciones futuras. En varios países todavía se siguen administrando y desarrollando investigaciones con el objetivo de construir nuevas armas y más mortíferas. Por lo tanto, se necesitan nuevos entendimientos cooperativos entre la ciencia y la sociedad para contrarrestar estos avances y garantizar la transición hacia formas de vida más sostenibles. Los avances en la ciencia internacional en áreas como la biotecnología agrícola están planteando nuevas preguntas sobre la gobernanza científica global. Temas, como el cambio climático, donde existe evidencia científica muy sustancial con importantes implicaciones socioeconómicas. El cambio climático global, un efecto secundario de la industrialización, ha generado nuevas preocupaciones sobre los riesgos a largo plazo, la equidad intergeneracional y el potencial de daños desproporcionados en los países y sectores más pobres de las sociedades. La globalización del comercio ha contribuido a magnificar estas preocupaciones.

Los resultados tanto de la creciente distancia entre productores y usuarios, como al hecho de peligros relacionados con el cambio climático tienden a afectar a los pobres de manera desproporcionadamente mayor que a los ricos. El papel de los científicos, equilibrando el riesgo y la incertidumbre, al brindar asesoramiento para políticas, especialmente en cuestiones globales y transnacionales como el cambio climático, exige una mayor atención. Es necesario un significativo entendimiento intercultural de la naturaleza y las responsabilidades de competentes organismos y funciones idóneas de los especialistas.

Con respecto a la rendición de cuentas, tanto la mayor capacidad de respuesta de la ciencia a las preocupaciones sociales como la proliferación de riesgos e incertidumbres (medio ambiente, salud pública, terrorismo, desastres naturales, etc.) han originado nuevas peticiones de participación ciudadana en la definición de metas y propósitos de la investigación y el desarrollo científico. Estas demandas han llevado a mucha experimentación con nuevas formas de participación: por ejemplo, referendos, jurados ciudadanos, la inclusión de grupos principales de la sociedad civil en los diálogos de las cumbres de las Naciones Unidas, conferencias de consenso, y otros procesos de deliberación pública. Han presionado a organizaciones globales como el Banco Mundial para que reconsideren sus políticas de financiación y adopten nuevos métodos de evaluación ambiental. Numerosos tratados y acuerdos internacionales han reconocido la necesidad de incluir a los poseedores de conocimientos locales, indígenas y tradicionales en la implementación de los tratados. Se ha formado una gran cantidad de nuevos órganos, de diversa composición, para discutir la ética de las nuevas tecnologías en diferentes países. Estos se han multiplicado en la última década en relación con la genética y la biotecnología, pero también se están produciendo avances comparables en relación con otras áreas «candentes», como la nanotecnología.

Las condiciones de la práctica científica en el siglo XXI incluyen una presencia cada vez mayor del sector privado, así como una notable colaboración, a veces exigida por leyes y políticas, entre las universidades, la industria y el gobierno. Si bien este desarrollo ha generado más recursos para la ciencia y fortalecido los vínculos entre la investigación, el desarrollo y la comercialización, también conlleva posibles riesgos para la libertad académica y la ética de la investigación. Por tanto, es necesario analizar y deliberar sobre las posibles amenazas a la ética y a la libertad académica derivadas de los nuevos modos de producción de conocimiento científico. Se debe desarrollar información sobre las normas y estándares éticos que se aplican en los acuerdos de organismos garantes para la investigación en todo el mundo.

A través de su membresía internacional y su dedicación al Principio de Universalidad, el ICSU está en una posición única para desempeñar un papel catalizador con respecto a muchas cuestiones contemporáneas que surgen de las interacciones de la ciencia, la tecnología y la sociedad. Sin embargo, la estructura organizativa actual del ICSU es inadecuada para la atención amplia y vigilante que se requiere en esta área. Es esencial que el ICSU desarrolle una capacidad institucional para trabajar estrechamente con sus miembros para monitorear e intervenir efectivamente en cuestiones que afectan la conducta ética y responsable de la ciencia internacional en relación con la sociedad. Hay importantes desafíos intelectuales y prácticos que superar, pero ha llegado el momento de una iniciativa internacional cuidadosamente proactiva que impulse el bienestar de la ciencia y de la sociedad.

Miembros del Comité Evaluador

Codirectores

Profesor Bengt Gustafsson, Uppsala, Suecia (Astrofísica)
Profesor Sheila Jasanoff, Harvard, E.U. (Ciencia y Política Pública)

Miembros

Profesor Sharon Beder, Wollongong, Australia (S&T Sociedad y Tecnología)
Profesor James Dooge, Dublin, Irlanda (Hidrología)
Profesor Quiheng Hu, Beijing, China (Ingeniería)
Dr. Yadon M Kohi, Dar Salaam, Tanzania (Derecho y Medicina)
Dr. Monica Konrad, Cambridge, Inglaterra (Antropología Social)
Profesor Norbert Kroo, Budapest, Hungría (Física)
Profesor Deborah Mayo, Virginia, USA (Filosofía)
Profesor Omar Masera, UNAM, México (Ecología)
Profesor Jaraslova Moserova, Praga, Checoslovaquia (Medicina)
Profesor Indira Nath, New Delhi, India (Medicina)
Profesor Moises Wasserman, Colombia (Bioquímica)

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Edición No. 209