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Germán Zuluaga-Uribe, en el humanismo de la música y la poesía

Existen personalidades que pasan un tanto desapercibidas en el medio donde viven. Pocas personas alcanzan a observarlas y a conocer de sus cualidades. Individuos de un caminar sosegado, de pocas amistades, lectores embelesados y conversadores con lustre intelectual, de escasas tertulias. Y el tiempo pasa, con años que van llegando encima, con acento en soledad y vagar con mirada de ansiedad hacia el horizonte del tiempo que va quedando. Y si su aplicación fue a la docencia, quizá llegado un momento en el cambio de generaciones, se sorprenden por la indiferencia de los estudiantes en temas de singular trascendencia, y asumen la jubilación. Si, además, se es músico con ejercicio del canto y la ejecución del armonio, la vida se vuelve más llevadera, con la compañía infaltable de los grandes compositores de todos los tiempos.

Trato de aludir de cierta manera a una selecta personalidad de Manizales, poco mediatizada, de serenidad de arcángel y porte de exquisita entonación como un paseante del mundo, en la geografía y en la cultura. Me refiero a Germán Zuluaga-Uribe, a quien no muchos consideran en cercanía, aparte de los que fueron sus alumnos en la Universidad de Caldas. Formado en lenguas, en letras, en filosofía, en música, con estudios de ciencia básica en matemáticas y física, además de teología. Ejecutante con partitura del armonio como corista, y con voz entonada en agrupaciones corales. Dominio del latín, del griego, del inglés, del francés, del italiano. Lector, con preferencia en el estilo literario de Luis López de Mesa. Apreciable su selecta antología, leída, de los Breviarios del Fondo de Cultura Económica de México, con autores prominentes. Se trata de un humanista de estirpe clásica.

La Universidad de Caldas publicó en 1993 su libro “Hojas de Otoño – Poemas”, con 50 creaciones personales, 8 en cada uno de los idiomas: griego, latín, italiano, inglés y 9 del francés. Es una joya que merecería reedición, con despliegue de pedagogía en medios de la educación y las letras. Su poesía es armoniosa en técnicas clásicas, en figuras naturales, con el contraste de sentimientos tan propios de los humanos.

Dispone de sonetos de configuración matemática y delicadas figuras en la descripción de recuerdos, de paisaje, hasta de dolencias del alma. Canta a la naturaleza y a la dignidad de sus manifestaciones, en la alta montaña, en el paisaje, al arcoíris, a las aves canoras de la madrugada, a los hijos, a la amada distante, las nostalgias y las pesadumbres. Manizales con su catedral la engloba en versos extasiados. Aquel recuerdo de nueve años enamorado de una niña que aprecia por la ventana al salir presurosa para la escuela, con sentimiento que le marca su disposición para el amor en lo ideal y en lo lejano. Mira la luz agonizante en el crepúsculo sobrecogedor, en un día lluvioso, con neblinas que a su paso semejan un lento transcurrir de las horas, con el recuerdo de alguna ilusión perdida. A la muerte de Luis-Carlos Galán dedica un poema con alusión a los dioses que dejan ir temprano a los grandes, cuando disponen de una lozana juventud.

En su mirada a la vida en la historia del mundo, refrenda su interés preponderante en los ejemplos del filósofo, el santo y el artista. En Garcilaso de la Vega clama por el significado del mestizaje de sangre inca y de la estirpe castellana. La nostalgia y la tristeza no dejan de asomar en sus versos, por las ansias de otros días de una mirada tierna, convertida luego en mirada fría. La sensación del otoño le recuerda como las hojas de los árboles agradecidos caen al suelo, a la manera de la congoja, igual los sufrimientos y los disfrutes en el cumplimiento del sino ineludible. Asume pagar con amor el maltrato y el dolor. El paisaje lo anima a reconfortar la esperanza, la ilusión y la paz, no perdidas, en especie de asomo de un arcoíris, de frágil caleidoscopio.

Del griego asume versiones de Homero, Hesíodo, Anacreonte, Simónides, Safo, Jenófanes,… Del latín: Catulo, Marcial, Publio Ovidio Nason, Horacio, Propercio, Virgilio, Albio tibulo, Prudencio. Del italiano: Torquato Tasso, Luciano Folgore, Temístocles Solera, Giovani Pascoli, Aldo Palazzeschi, Vicenzo Cardarelli, Gabriele D’Annunzio, Dante Alighieri. Del inglés: A. Pushkin, R.W. Emerson, L. Hughes, W. Wordsworth, W. Blake, A. Lord Tennysobn, W.B. Yeats. Del francés: Pierre de Ronsard, Anna de Noailles, Joaquim de Bellay, Felix Arvers, Téophile Gautier, Francis Jammes, Robert Desnos, Georges Duhamel, Paul Eluard.

En Homero de la Odisea pide a la diosa hija de Zeus que cuente la historia del astuto varón después de la destrucción de Troya. En Simónides aparece el anuncio a los Lacedemonios de permanecer en su lugar para cumplir el mandato; se trata de los sacrificados en las Termópilas. En Safo está el arrebato del corazón que impide la palabra. En Jenófanes se invoca honrar a Dios y actuar con la justicia como deber primero.

En Publio Ovidio, se considera que por prolongado que sea el tiempo no se ha podido generar alivio de los males, puesto que esos fuegos en el pecho perduran con iguales características. Y asevera que en la mujer hermosa el paso del tiempo permite que al verse al espejo la verdad se revela con el propio deterioro, sin disponer nada de inmortales.  En Horacio se inculca la necesidad de conservar la ecuanimidad en la mente y no saciarse con el regocijo. En Virgilio se invoca un mundo en paz, con virtudes heredadas y encomio de los héroes y de las gestas de los padres, y así como las espigas tiernas poco a poco doran la campiña, la virtud va teniendo lugar.

En Paul Eluard, en su poema “Libertad” hay la escritura en todas partes de ese nombre: en el cuaderno de la escuela, en las páginas leídas, en el arma del guerrero, en la corona de los reyes, en la selva, en el desierto, en el eco de la infancia, en las alas de los pájaros, en los senderos, en la lámpara encendida y apagada, en el espejo, en los refugios, en los faros… “Por el poder de un vocablo/ yo recomienzo mi vida./ Nací para conocerte y nombrarte: Libertad.”

Cada poema en la versión de Germán tiene enseñanzas y fascinación. Así los propios, iniciales en el libro, contienen sensaciones de una vida en su recorrido natural y de contrastes, con dominio de estructuras y de lenguaje.

En su condición de solitario eran frecuentes sus tertulias con el maestro Efraim Osorio-López, el gramático de cabecera, para escudriñar columnas de los periódicos en busca de errores, y para aclimatar las contribuciones semanales de Don Efraim en La Patria. También para la solución de crucigramas. Dos personalidades del saber, patrimonio nuestro. Asimismo, antes de la pandemia solían reunirse en tertulia, varias veces a la semana, para departir en especial sobre el tango: Enrique Quintero-Valencia, Germán Zuluaga-Uribe, Luis-Enrique García, Gonzalo Mejía G. y Efraim Osorio-López; de izquierda a derecha, en la siguiente fotografía (del 18 de diciembre del 2012):

Germán Zuluaga-Uribe, un humanista íntegro, con formación y apego a las letras y a las artes, con su caminar sosegado y de bastón en mano derecha, lo apreciamos con frecuencia caminar solo, por sector del Cable en la Avenida Santander (Manizales), reflexivo o musitando en los labios un aria. Los dioses del Olimpo sabrán preservar su salud y su dignidad.

[En La Patria, 12.I.2025 (p. 18), con versión corta]

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