Mi encuentro con Marcela del Río: actriz, dramaturga, narradora, poeta
El destino es cuestión segura, un proceso impredecible, con el de pronto por ahí. Y vamos todos en el camino, con algunas prevenciones y muchas incertidumbres. Tratamos de mirar adelante, entre nieblas y sospechas. Sin darnos del todo cuenta, hemos recorrido un buen trecho. Unos van adelante, despegan y coronan su ciclo, con merecimientos, por perseverancia y condiciones, otros quedan rezagados por múltiples razones y otros más la vida los despoja de futuro. El asunto es el destino. En mi caso permanezco en el sendero sin coronar la travesía. He ido de sorpresa a algunos lugares y he tenido encuentros afortunados, con personalidades que estimulan por lo recio de su espíritu.

Así ocurrió con mi encuentro el 25 de agosto de 1998 con la escritora Marcela del Río (1932-2022), en Ciudad de México, actriz, autora de obras de teatro, de cuentos, de novelas, de poesía; columnista de prensa, PhD de la Universidad de California e impartió cursos en la Universidad de Irving y en Universidad de Florida Central. Asimismo cumplió misiones diplomáticas. Me recibió, con extrema cordialidad, en su casa de la calle Nubes No. 625, esquina con Llamas (Pedregal de San Ángel), con amplia y variada conversación sobre sus orígenes, sus estudios y desarrollos como escritora. Formada en ambiente familiar en las letras y la música. Su tío-abuelo, Alfonso Reyes, humanista de hondura, la tuvo de muy joven en la catalogación de su biblioteca. Cercanía de la que se nutrió por los diálogos, las enseñanzas en el fervor por la escritura.

En 1957 tuvo invitación para el “Festival por la paz y la amistad” en Moscú, para el cual escribió un monólogo, “Fraude a la tierra”, que interpretó personalmente en esa ocasión, con escenografía y música propias. Se trató de una crítica aguda al latifundismo latinoamericano y de los braceros en Norteamérica, al amparo de Enedina, el personaje protagónico. Obra y actuación muy bien recibidas. Como actriz representó un papel en “Fuenteovejuna” de Lope de Vega, en las plazas y atrios de las iglesias por todo México. Pero su vocación iba a la escritura. Ganó un primer concurso con un cuento, y al tener tres obras de teatro, recibe beca del “Centro mexicano de escritores”, en cuya pasantía escribe “La tercera cara de la luna”. Ganadora de los premios León Felipe, Olímpico, el Juan Ruiz de Alarcón, etc. Alcanza reconocimiento en el teatro mexicano. Su novela “La cripta del espejo” es una profunda reflexión sobre la libertad, con apoyo en investigación histórica y en sus experiencias vivenciales.
A comienzos de los años sesenta publica en el “Excelsior” el manifiesto “Por un teatro relativista”, con la idea de no existir una sola realidad sino una pluralidad. Coincidente con la llegada del teatro del absurdo de los vanguardistas, pero ella rechaza ese fatalismo frente a la vida y persiste en su actitud de “relativista”, que explica en su manifiesto a favor de un teatro comprometido con una realidad dinámica.
Le correspondió padecer, desde su apartamento por entonces, en el edificio Chihuahua, la masacre de la Plaza Tlatelolco, o de las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968, con decenas de jóvenes estudiantes asesinados por la fuerza pública desde helicópteros, incluso a su apartamento llegaron balas que rompieron un espejo por donde, un tanto resguardada, veía lo que estaba ocurriendo; al asomarse luego ve cantidad de cadáveres en la plaza. Además, vivió las rebeliones juveniles de ese año también en París y la otrora Checoslovaquia.
Acerca de la reivindicación de la mujer en la historia de la cultura, recuerda la existencia del “Ateneo de mujeres” creado en 1934 con funcionamiento hasta 1948, especie de eco del “Ateneo de la juventud”, integrado por hombres a comienzos del siglo XX. Mujeres aquellas recias, con voz pública. conformado por mujeres de las ciencias, las letras, las artes, el pensamiento,… Entre las integrantes se encontraban Adela Formoso, quien fue la primera presidente, fundadora de la Universidad Femenina de México; Matilde Montoya, la primera mujer graduada en Medicina; Amalia González; Esperanza Zambrano; Guadalupe Jiménez, fundadora de la Escuela Industrial de obreras, etc. Desarrollaron conferencias, ferias del libro, mesas redondas, programas de radio y fueron promotoras del voto de la mujer. Publicaron la revista Ideas, literaria y científica, con cuarenta números entre 1944 y 1947.

La conversación con Marcela se prolonga con temas uno tras de otro. Resulta que de todos los libros de ella, hay en especial uno que me acompaña más de cerca. Se trata de “Homenaje a Remedios Varo”, con cuarenta poemas sobre respectivos cuadros, de la pintora Varo en parangón con los grandes pintores del mundo, de cuya obra dijo tener la mayor influencia, por encima de cualquier escritor de sus cercanías. Remedios Varo (1908-1963), española del transtierro, de obra singular, con detalle en la técnica y figuras en interrelación de los diversos seres, considerada en el surrealismo. En la poesía de Marcela esa pintura se expande en islas, nieblas, llamas, caminos, abismos y escombros, con líneas oscilantes y versos rítmicos, de transformación personal.
Tuve frecuente comunicación con Marcela. Pocos años antes de su muerte preparó un singular poemario: “Marcela del Río responde a la esfinge” y me solicitó escribirle el prólogo, lo cual hice con detalle. Una obra con respuesta a los enigmas de la naturaleza, con la cadena de la vida, el nacimiento del ser humano y del mito, para terminar con los tiempos de la vida y de la historia. Quiso presentarlo a un concurso, y por esas situaciones del destino, pronto le llegó la muerte. Su obra conserva calidades y honores.
Consideraciones más amplias pueden encontrarse en la Revista Aleph No. 184, en mi ensayo: “Marcela del Río y sus respuestas a la Esfinge” (2018), prólogo a su obra. https://www.revistaaleph.com.co/marcela-del-rio-reyes-y-sus-respuestas-a-la-esfinge/
[Se publica abreviado en el diario «La Patria», el domingo 08.VI.2025]