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Manifiesto por la vida

La niebla, vientre materno que acunó nuestras primeras infancias. Paisaje imborrable por las pendientes rocosas del deseo, inevitable erotismo bautizando con luz solar, nuestros primeros silencios.

El juego es el natural rostro de toda esperanza. Multicolor memoria, atravesando las fantasmales sombras del miedo, por las batas-faldas amenazantes de las gitanas, leyendo la palma de la mano, de los hombres del barrio, tíos, primos y uno que otro forastero

Universo de la escuela, cicatriz en las tímidas manos de la naciente mendicidad, dogmatismo de roncas fonéticas, dictados interminables, negación de la pregunta, aprendizajes de memoria, cuerpos sedentarios, prematura fatalidad de lo humano.

La adolescencia, poética de la transgresión, nacimiento de soledades, rebelde búsqueda de lo nuevo posible, primer beso clandestino entre la niebla, temblor en los labios para toda la vida.

Juventud escénica, indignación del cuerpo y la palabra, creación, goce y sufrimiento. Carcajada y llanto, denuncia y encubrimiento.

La adultez, pesado trasteo por la tierra, fiesta del vivir, celebración sagrada de la existencia. Fatiga del tiempo sin tiempo, evangelio cansado. Frágil ternura, tomando de la mano a los nietos, para acompañar estos grises tiempos de horribles bombardeos, ordenados por hombres que dejaron en alguna esquina del mundo, olvidadas sus infancias.

Caravanas de pájaros y mariposas llevan por los cielos alertas y esperanzas, tratando de anidar los restos de humanidad que nos quedan, inventando tonadas para los caminos y ecos expandidos por las rutas del buen vivir.

Aquí estaremos siempre. En la paciente espera por el saber sagrado de las niñas y los niños, con sus metáforas y visiones de mundo, humanas, variopintas. Estaremos a la espera de las invenciones de los adolescentes del planeta, sumergidos hoy en unos silencios que no alcanzamos a descifrar plenamente.

Estaremos solicitando a los dioses de la complicidad justa, para que sus travesías y travesuras, sean de la más profunda vecindad creativa.

Y de manera festiva, solicitamos que los testimonios de nuestros mayores, inspiren los tiempos de la educación, con el pensamiento del monje Lluis Duch » La escuela está para empalabrar el mundo». En exploracion de un planeta verdadero, humano, solidario, pacífico, creativo, por los siglos de los siglos….

Necesitamos decidir amorosamente cuál es la razón esencial del existir colectivo, desde ahora hasta siempre.

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Edición No. 216